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Lumumba vuelve a Moscú

Written by Debate Plural

Oleg Yasinsky (Russia Today, 24-3-23)

 

Decenas de miles de ciudadanos de todas partes del planeta, egresados de la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patrice Lumumba de Moscú, nunca se enteraron de que, en 1992, durante el gobierno de Borís Yeltsin, profundamente anticomunista y prooccidental, el apellido del héroe y mártir de los pueblos de África, Lumumba, fue sacado del nombre oficial de la universidad. En todos lados, en todo el mundo, la seguían llamando ‘Universidad Patrice Lumumba’. Y hasta la mayoría de los rusos vecinos de la universidad, ni siquiera supieron de este cambio y seguían llamándola como antes.

Esta universidad fue inaugurada en 1960, solo 15 años después de la Gran Guerra Patria y su objetivo fue el de dar educación a los estudiantes de los países pobres de Asia, África y América Latina, para apoyar así la futura verdadera independencia de estos países, que en su lucha antiimperialista tenían que convertirse en los amigos y aliados de la Unión Soviética y del mundo socialista. La prensa occidental escribió mucho sobre los «cuadros terroristas y guerrilleros» formados en la Lumumba.

Pero en realidad este proyecto de la Universidad de la Amistad de los Pueblos era mucho más subversivo que eso: tenía que asegurar a los países colonizados por Occidente, por primera vez en su historia, sus propios especialistas técnicos, agrícolas, mineros y administrativos, para reemplazar así, a las élites extranjeras y las oligarquías nacionales en los mandos del poder que siempre requieren preparación y conocimiento.

El 22 de febrero de 1961, un mes después del asesinato en el Congo de Patrice Lumumba, crimen ordenado por la CIA, a manos de los colonialistas belgas y sus mercenarios locales, la universidad tomó su nombre. Eran los años de la lucha de los pueblos de África por su primera independencia, y el primer ministro de la República Democrática del Congo, el marxista Patrice Lumumba, no era solo un revolucionario más.

Fue uno de los líderes africanos más preparados, más decididos y carismáticos de la época. Cuentan que era el personaje africano más temido por los EE.UU. y en caso de quedar con vida y consolidar el poder, su dirección del proceso revolucionario africano podría haber cambiado la historia del continente. El odio de los colonizadores belgas hacia Lumumba era total

La Universidad Patrice Lumumba, entre otras cosas, era una especie de epicentro de uno de los pilares de la cultura soviética: el internacionalismo. Todas las escuelas del país obligatoriamente tenían clubes de la amistad internacional, donde los niños aprendían historia, las costumbres, conocían la música, los bailes y la poesía de otros pueblos. Los estudiantes extranjeros fueron invitados a estos eventos para compartir, convivir y disfrutar ese aprendizaje mutuo. La calle donde se construyeron las residencias para los estudiantes extranjeros lleva el nombre de Nikolái Miklujo-Maklái, un gran humanista y antropólogo ruso, quien a fines del siglo XIX vivió en Papúa Nueva Guinea entre las tribus nativas, construyendo con ellos una relación de igualdad absoluta y haciendo unos escritos científicos donde hablaba con mucho amor y admiración de esos pueblos. Los textos de Miklujo-Maklái también fueron parte de la formación de los niños soviéticos. «Adoctrinamiento comunista», dirían algunos.

El 23 de marzo de este año, es decir, hace muy poco, recibimos una excelente noticia: el primer ministro de Rusia, Mijaíl Mishustin, anunció que «hace pocas horas por el ministro de Ciencia y Educación fue firmada una orden para devolver a la universidad internacional el nombre de Patrice Lumumba…». También agregó que consideraba justa tal decisión.

Aunque muchos no sabían que el nombre de Lumumba fue secuestrado de la universidad hace bastante tiempo, los pocos, los más amargados y vengativos, no lo olvidábamos, y pedíamos, exigíamos y esperábamos el regreso de la memoria del héroe a su lugar.

Nuestra historia es una sola. Estoy absolutamente convencido de que, entre una conversación de estudiantes en una escuela de Vladivostok, una asamblea de una comunidad indígena en México o una ceremonia ritual en una aldea de pescadores en el sur de la India, existe una conexión absoluta, cuando los sucesos en una parte de nuestra realidad condicionan o provocan los otros, en varios puntos y diferentes tiempos a la vez, y si no lo notamos o simplemente desconocemos sus mecanismos no es una razón para negar esta posibilidad. Y no se trata de los ‘efectos mariposa’. Simplemente las ideas de los grupos humanos que son capaces de convertirse en una fuerza material transformadora de las realidades, aunque parezcan estáticas, hacen que cualquier experiencia social positiva sea altamente contagiosa.

Nuestra espiritualidad se construye con los nombres y con los símbolos que le indican sus caminos y los puntos cardinales. La liberación de los países de África del colonialismo europeo no sería posible sin la gran victoria soviética sobre la Alemania nazi, ese proceso de la independencia africana sería mucho más complejo y largo sin la activa participación de Cuba, de Fidel y del Che, que a su vez tuvieron su proceso previo condicionado por sus propias realidades, aciertos y frustraciones. No es solo que Patrice Lumumba vuelve a Moscú, sino que también es Rusia que vuelve a África, y como Lumumba no representa en términos éticos o históricos solo al continente africano, sino a todas las luchas de todos los pueblos para elegir libremente su futuro.

Es Rusia que vuelve al mundo, que desde hace siglos no tiene ilusiones proeuropeas y quiere construir sus propios rumbos

El rol de África en nuestra historia es muy especial no solo porque es la cuna de la humanidad y el continente más saqueado y depredado, con el que se construyó el bienestar material del ‘primer mundo’. También en África, en las últimas décadas, se cruzaron todos los absurdos de la civilización de este momento: guerras eternas y tremendas hambrunas que son invisibles para los medios de comunicación, mil maravillas humanas y culturales que aún no están nombradas en los idiomas europeos, enormes poblaciones en un abandono total y formas bestiales del crimen organizado, más escandaloso e inhumano que en los tiempos de la colonia. Uno de los mejores retratos de nuestro tiempo a través del negro espejo de África es el documental ‘La pesadilla de Darwin’ (milagrosamente está en YouTube con varios subtítulos). Es lo suficientemente terrible, para no poder olvidarlo más y es demasiado verdadero para que fuese difundido por Netflix para las amplias capas de creyentes en el sistema.

Al hablar de África no podemos dejar de tomar en consideración por qué para los rusos la sombra del continente africano es inseparable de la imagen de su poeta más querido e importante y el creador del idioma ruso literario moderno, Alexánder Pushkin. Su bisabuelo, Abram Petrovich Gannibal, nacido en el territorio de lo que hoy es Camerún, fue prisionero del sultán turco, comprado y traído a Moscú por un mercader, como un personaje exótico. Fue adoptado por Pedro el Grande (quien se convirtió en su padrino), bautizado en la Iglesia ortodoxa, y se volvió el principal ingeniero militar del Ejército ruso, nombrado general.

Y si un niño ruso al ver el nuevo letrero de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos (RUDN) un día les preguntara a sus padres quién es este hombre con un nombre tan raro y sus padres, que seguramente son jóvenes y no tienen cómo saber, pero pueden dedicar algunos minutos para consultarlo, tal vez, de repente serán quemados por el aliento de esta reciente historia que también es de todos nosotros, y este niño (o niña) ruso crecerá acompañado por un nuevo héroe en alguna parte del sur de su corazón, y recordará que su nombre es Patrice Lumumba, conocido por muchos en América Latina como ‘Patricio Lumumba’.

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