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‎¿Quiénes son los nacionalistas integristas ‎ucranianos?‎

Written by Debate Plural

Thierry Meyssan (Red Voltaire, 17-11-22)

 

Como la gran mayoría de los analistas y comentaristas políticos occidentales, yo mismo ‎desconocía la existencia de los neonazis ucranianos… hasta el año 2014. ‎

En pleno derrocamiento del presidente electo en Ucrania –en aquel momento yo estaba viviendo ‎en Siria–, yo creía que eran sólo grupúsculos violentos que habían logrado irrumpir en el escenario ‎público para inclinar la balanza a favor de los partidarios de la adhesión de Ucrania a la Unión ‎Europea. ‎

Fue sólo después de la intervención militar rusa que fui descubriendo toda una serie de ‎documentos y gran cantidad de información sobre ese movimiento político que en 2021 ya ‎representaba una tercera parte de las fuerzas armadas ucranianas. En este artículo trato de ‎sintetizar lo que he venido descubriendo. ‎

Al principio de esta historia, o sea antes de la Primera Guerra Mundial, Ucrania era una extensa ‎llanura que había vivido pasando constantemente de la influencia alemana a verse bajo la ‎influencia rusa. Ucrania no era entonces un Estado independiente sino una provincia del imperio ‎zarista y estaba poblada de alemanes, búlgaros, griegos, polacos, rumanos, rusos, checos, ‎tártaros y de una fuerte comunidad judía supuestamente descendiente del antiguo pueblo jázaro. ‎

En aquella época, un joven poeta, Dimitro Dontsov, desarrolló una gran pasión por los ‎movimientos artísticos de vanguardia, creyendo que estos sacarían al país de su evidente atraso ‎social. El imperio zarista se veía inerte desde el fallecimiento Catalina La Grande mientras que el ‎imperio alemán se había convertido en el centro científico de Occidente, así que Dontsov optó ‎por Berlín y se puso en contra de Moscú. ‎

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Dimitro Dontsov se convertió en agente de los ‎servicios secretos alemanes. Emigró a Suiza y allí comenzó a publicar, por cuenta de la ‎inteligencia alemana, el Boletín de las nacionalidades de Rusia, que se distribuía en varios ‎idiomas e incitaba las minorías étnicas del imperio zarista a rebelarse para provocar la derrota de ‎Rusia. Fue ese el modelo que los servicios secretos occidentales escogieron para organizar, aquel ‎mismo verano en Praga, el «Foro de los Pueblos Libres de Rusia» [1]‎.

En 1917, la revolución bolchevique modificó los factores de la ecuación. Los amigos de Dontsov ‎apoyaron la Revolución Rusa pero él siguió siendo germanófilo. En la subsiguiente anarquía, ‎Ucrania se dividió de facto en 3 regímenes diferentes:
el de los nacionalistas de Simón Petlioura –que lograron imponerse en la región actualmente ‎controlada por el gobierno de Zelenski–,
el de los anarquistas de Nestor Majno –que se organizaron en la Novorrosiya, desarrollada por el ‎príncipe ruso Potemkin, una tierra que nunca conoció el sistema basado en la explotación de ‎siervos– y – el de los bolcheviques, implantados principalmente en el Donbass. ‎

No está de más recordar que el grito de guerra de los nacionalistas de Petliura era ¡Muerte a ‎los judíos y los bolcheviques! y que esos elementos perpetraron numerosos pogromos que ‎costaron la vida a gran cantidad de judíos. ‎

Antes de la derrota de Alemania, Dimitro Dontsov regresó a Ucrania, donde pasó a ser un ‎protegido de Petliura. Dontsov tuvo incluso una breve participación en la conferencia de paz de ‎París pero, sin que se sepa por qué, no se mantuvo en la delegación. ‎

En Ucrania, Dontsov ayudó a Petliura a aliarse con Polonia para tratar de aplastar a los anarquistas ‎y los bolcheviques. Cuando los bolcheviques tomaron Kiev, Petliura y Dontsov negociaron el ‎Tratado de Varsovia, firmado el 22 de abril de 1920. En ese documento, el ejército polaco ‎se comprometía a rechazar a los bolcheviques y a liberar Ucrania… a cambio de que ese país ‎cediera a Polonia las regiones de Galitzia y Volinia –exactamente lo mismo que Zelenski negocia ‎hoy para lograr que Varsovia entre en guerra para obtener esos territorios [2]. ‎Pero aquella nueva guerra fue un enorme fracaso para Kiev y Varsovia. ‎

En un esfuerzo desesperado por reforzar su bando, Petliura negoció en secreto con Zeev ‎Jabotinsky, el fundador de la Legión Judía (los batallones judíos del ejército británico) quien ya ‎era por entonces un importante dirigente de la Organización Sionista Mundial. En septiembre ‎de 1921, Petliura y Jabotinsky decidieron unirse contra los bolcheviques. A condicion de que ‎Petliura prohibiera a sus hombres perpetrar nuevos pogromos, la “Legión Judía” se convertiría en ‎la «Gendarmería Judía». ‎

Pero Petliura no logró contener a sus tropas, sobre todo porque Dimitro Dontsov seguía ‎predicando la eliminación de los judíos. En definitiva, cuando salió a la luz el acuerdo que ‎Jabotinski había concluido con Petliura, la Organización Sionista Mundial se negó a convertirse en ‎aliada de los exterminadores de judíos y creó –el 17 de enero de 1923– una comisión ‎investigadora sobre las actividades de Jabotinsky, quien se negó a dar explicaciones y renunció a ‎todas sus funciones. ‎

Petliura huyó a Polonia y de allí se fue a Francia, donde fue asesinado por un ‎anarquista judío originario de Besarabia –el territorio que hoy conocemos como Transnistria. ‎Durante el juicio en su contra, el hombre que había matado a Petliura asumió su responsabilidad y ‎explicó que había vengado a los cientos de miles de judíos asesinados por las tropas de Petliura y ‎de Dimitro Dontsov. El tribunal acabó poniendo en libertad al culpable de la muerte de Petliura y ‎fue precisamente entonces que se fundó la Liga Contra los Pogromos, la futura LICRA o Liga ‎Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo. ‎

Los nacionalistas fueron derrotados, los anarquistas también. Los bolcheviques triunfaron en ‎todo el país y optaron –en una decisión no exenta de debate– por sumarse a la Unión Soviética.‎

Dimitro Dontsov editó varias revistas literarias que fascinaron a la juventud. Siguió promoviendo la ‎idea de una Europa central bajo el dominio de Alemania y fue acercándose al nazismo, a medida ‎que los nazis iban en ascenso. Dontsov comenzó a designar su doctrina como «nacionalismo ‎integral» ucraniano, haciendo así referencia al poeta francés Charles Maurras. ‎

No está de más resaltar que la lógica del francés Maurras y la del ucraniano Dontsov era ‎inicialmente idéntica –los dos buscaban en sus culturas respectivas los argumentos para instaurar ‎un nacionalismo moderno. Pero Maurras era germanófobo mientras que Dontsov era ‎germanófilo. En todo caso, los actuales adeptos de Dontsov siguen reivindicando la expresión ‎‎«nacionalismo integral». Y también, desde la caída del III Reich, se toman también el trabajo de ‎refutar el término «nazismo» que los rusos usan para calificar las ideas de Dontsov… y ‎no le falta razón a Rusia para calificar de «nazis» a esos elementos. ‎

Según Dimitro Dontsov, el «nacionalismo ucraniano» se caracteriza por:
«la afirmación de la voluntad de vivir, de poderío, de expansión» (Dontsov promueve ‎‎«el derecho de las razas fuertes a organizar los pueblos y las naciones para fortalecer la cultura y ‎la civilización existentes»);
«el deseo de combatir y la conciencia de su extremismo» (Dontsov elogia la «violencia ‎creadora de la minoría de iniciativa». ‎

Y sus “cualidades” son:
«el fanatismo» y
«la inmoralidad». ‎

En definitiva, dando la espalda a su propio pasado, Dimitro Dontsov se convierte en un admirador ‎incondicional del Fuhrer Adolf Hitler. En 1929, los discípulos de Dontsov fundaban la Organización ‎de los Nacionalistas Ucranianos (OUN), alrededor del coronel Yevhen Konovalets, quien calificaría ‎a Dontsov como «dictador espiritual de la juventud de Galitzia». En medio de una querella entre ‎Dontsov, cuyo extremismo lo llevaba a entrar en conflicto con todos, y otro intelectual, ‎Konovalets fue repentinamente asesinado. La OUN, financiada por los servicios secretos alemanes ‎se dividió entonces en dos facciones y los «nacionalistas integristas» se reunieron en la facción ‎llamada OUN-B, en referencia al apellido del discípulo preferido de Dontsov: Stepan Bandera. ‎

En 1932-1933, los comisarios políticos bolcheviques, mayoritariamente judíos, aplicaron un ‎impuesto sobre las cosechas, como en el resto de la Unión Soviética. Al coincidir con problemas ‎climáticos tan importantes como imprevisibles, aquella política provocó una gigantesca ‎hambruna, no sólo en Ucrania sino en varias regiones de la URSS. ‎

Aquella hambruna se conoce como «Holodomor» y, el historiador nacionalista integrista Lev ‎Dobrianski, afirma lo contrario, no fue un plan de los rusos para exterminar a los ucranianos sino ‎el nefasto resultado de una gestión inadecuada de los recursos públicos en medio de un periodo ‎de cambio climático. ‎

Mucho después, Paula Dobrianski, hija de Lev Dobrianski, llegó a ser colaboradora del presidente ‎George W. Bush. Paula Dobrianski desarrolló una lucha implacable para que fuesen excluidos de ‎las universidades occidentales todos los historiadores que rechazaban la propaganda de su padre ‎‎ [3].‎

En 1934, ya como miembro de los servicios secretos nazis y como jefe de OUN-B, Stepan Bandera ‎organizó el asesinato del ministro de Interior de Polonia, Bronislaw Pieracki.‎

A partir de 1939, el ejército alemán entrenó en Alemania a los miembros de OUN-B, reunidos en ‎la UPA, una organización militar. También en Alemania, esos elementos también recibieron ‎después entrenamiento militar impartido por Japón. Stepan Bandera propuso a Dimitro Dontsov ‎que encabezara OUN-B, pero Dontsov no aceptó –le gustaba más el papel de líder que el de jefe ‎de operaciones. ‎

También es importante saber que los «nacionalistas integristas» recibieron encantados la noticia ‎de la invasión de Polonia, en el momento del pacto germano-soviético. Un observador como ‎Henry Kissinger –nada sospechoso de prosovietismo– subraya que el objetivo de la URSS no era ‎anexar Polonia sino neutralizar una parte de ese país en previsión del inevitable enfrentamiento ‎entre Moscú y el Reich. Para Hitler, al contrario, la invasión de Polonia marcaba el inicio de la ‎conquista del «espacio vital» en Europa central. ‎

Desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, siguiendo indicaciones de Dimitro Dontsov, los ‎‎«nacionalistas integristas» de OUN-B lucharon junto a las tropas nazis contra los judíos y los ‎soviéticos. ‎

La colaboración entre los «nacionalistas integristas» ucranianos y los nazis fue total durante las ‎constantes masacres perpetradas contra la mayoría de la población de Ucrania, acusada de ser ‎judía y comunista, hasta que el III Reich “liberó” el país, durante la primavera de 1941, al grito ‎de «¡Slava Ukraini!» (¡Gloria a Ucrania!)… el grito de guerra que hoy repiten el gobierno de ‎Zelenski y los demócratas estadounidenses. ‎

En aquella época, los «nacionalistas integristas» proclamaron la «independencia» de Ucrania ‎ante representantes nazis y del clero griego ortodoxo, pero no lo hicieron en Kiev sino en Lviv ‎‎(Leópolis) y siguiendo la pauta ya trazada por la Guardia Hlinka, en Eslovaquia, y los ustachis ‎en Croacia. Se formó entonces en Ucrania un gobierno lidereado por el Providnyk (Guía) ‎Stepan Bandera y con su compinche Yaroslav Stetsko como primer ministro. Hoy se estima que ‎contaban con el respaldo de 1,5 millones de personas, lo cual demuestra que los «nacionalistas ‎integristas» ucranianos han sido siempre muy minoritarios. ‎

Los nazis se dividieron entre el comisario del Reich para Ucrania, Erich Koch –quien veía a los ‎ucranianos como «subhumanos»– y el ministro nazi de los Territorios Ocupados del Este, Alfred ‎Rosenberg –quien consideraba a los «nacionalistas integristas» como verdaderos aliados del ‎Reich. ‎

Finalmente, el 5 de julio de 1941, Stepan Bandera fue deportado a Berlín y puesto en Ehrenhaft ‎o “cautiverio honorable”, o sea bajo prisión domiciliaria pero en condiciones de alta ‎personalidad. Sin embargo, el 13 de septiembre de 1941, luego de que los miembros de OUN-B ‎asesinaran a los jefes de sus rivales de OUN-M, los nazis decidieron castigar a Stepan Bandera y ‎su organización. ‎

Fue así como 48 dirigentes de OUN-B fueron enviados a un campo de prisioneros, Auschwitz, que ‎en aquel momento todavía no era un campo de exterminio y el resto de OUN-B fue reorganizado ‎bajo el mando directo de los alemanes. Y fue en aquel momento cuando todos los nacionalistas ‎ucranianos hicieron el siguiente juramento: ‎
‎«Hijo fiel de mi patria, me uno voluntariamente a las filas del Ejército de Liberación ‎ucraniano y con alegría juro que combatiré fielmente el bolchevismo por el honor del ‎pueblo. Este combate lo libramos junto a Alemania y sus aliados contra un enemigo ‎común. Con fidelidad y sumisión incondicional, yo creo en Adolf Hitler como dirigente y ‎como comandante supremo del Ejército de Liberación. En todo momento, estoy dispuesto ‎a dar mi vida por la verdad.»‎

Los nazis anunciaron que en las cárceles habían sido hallados grandes cantidades de cuerpos, ‎víctimas de los «judíos bolcheviques». Para celebrar su «independencia», los «nacionalistas ‎integristas» asesinaron en Babi Yar más de 30 000 judíos participando activamente en la ‎búsqueda de los judío de Kiev. En sólo 2 días, el 29 y el 30 de septiembre de 1941, 33 771 ‎judíos fueron fusilados en Babi Yar por los Einsatzgruppen du SS Reinhard Heydrich. ‎

En medio de toda esa barahúnda, Dimitro Dontsov desapareció. En realidad viajó a Praga y ‎se puso al servicio del encargado de estructurar la tristemente célebre «Solución final», ‎Reinhard Heydrich, quien acababa de ser nombrado Protector Adjunto de Bohemia y Moravia. ‎Heydrich organizó la Conferencia de Wannsee, encuentro donde los nazis planificaron la ‎‎«solución final de las cuestiones judía y gitana» [“The Wannsee Conference in 1942 and the ‎National Socialist living space dystopia”, Gerhard Wolf, Journal of Genocide Research, ‎Volumen 17 N°2, 2015.] y posteriormente creó ‎en Praga el Instituto Reinhard Heydrich para coordinar el exterminio sistemático de ambos ‎pueblos en Europa. ‎

El ucraniano Dimitro Dontsov, ya lujosamente instalado en Praga, inmediatamente se convirtió ‎en administrador del Instituto Reinhard Heydrich, lo cual significa –para decirlo claramente– que ‎el ucraniano Dontsov fue uno de los principales arquitectos de la mayor masacre de la Historia. ‎En junio de 1942, Heydrich murió en un atentado. Pero Dontsov conservó sus funciones y ‎privilegios. ‎

‎Oficialmente, Stepan Bandera y su segundo, Yaroslav Stetsko fueron puestos bajo prisión ‎domiciliaria en la sede de Inspección General de los campos de concentración, en Oranienbourg-‎Sachsenhausen, a 30 kilómetros de Berlín. Pero en realidad, Bandera y Stetko intercambiaban ‎correspondencia libremente con sus partidarios y también con los dirigentes del Reich y no sufrían ‎privaciones. En septiembre de 1944, mientras el ejército de Hitler retrocedía y los seguidores de ‎Stepan Bandera comenzaban a rebelarse contra Berlín, los nazis liberaron a Bandera y Stetsko y ‎reinstalados en sus funciones anteriores, así que Bandera y Stetsko volvieron a la lucha –junto ‎con los nazis– contra los judíos y los bolcheviques. ‎

Pero ya era demasiado tarde y el Reich se derrumbó. Los anglosajones pusieron bajo su ‎protección a Dontsov, Bandera y Stetsko. El teórico del nacionalismo integral fue enviado a ‎Canadá mientras que los autores materiales de la masacre eran trasladados a Alemania. El MI6 ‎británico y la OSS estadounidense –predecesora de la CIA– reescribieron de los tres personajes ‎borrando de ellas su implicación junto a los nazis y las responsabilidades que habían ‎desempeñado en la aplicación práctica de la «Solución Final». ‎

Stepan Bandera y Yaroslav Stetsko fueron instalados en Alemania para organizar las redes stay-‎behind de los anglosajones contra la Unión Soviética. A partir de 1950, Bandera y Stetsko ‎tuvieron en sus manos una potente estación de propaganda, Radio Europa Libre, instrumento que ‎compartían con la Hermandad Musulmana de Said Ramadan. El financiamiento de Radio Europa ‎Libre se garantizaba a través del National Committee for a Free Europe, una emanación de ‎la CIA, tanto que el director de la agencia, Alan Dulles, era uno de sus miembros, junto al futuro ‎presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower, el magnate de la prensa Henry Luce y el ‎realizador cinematográfico Cecil B. DeMilles. El presidente de aquella estructura era el ‎especialista en guerra psicológica Charles D. Jackson, quien se convertiría en protector de los ‎discípulos del filósofo Leo Strauss –los hoy llamados ‎«straussianos».‎

Por su parte, Zeev Jabotinsky, se refugió en Nueva York después de haber vivido en Palestina. ‎A él se unió Benzion Netanyahu –padre del actual primer ministro israelí Benyamin Netanyahu– y ‎entre los dos redactaron los textos doctrinales del «sionismo revisionista» y la Enciclopedia ‎judía. ‎

Bandera y Stetsko viajaban mucho. Organizaron operaciones de sabotaje en toda la Unión ‎Soviética, principalmente en Ucrania, y también lanzamientos de material de propaganda ‎antisoviética. Con ese objetivo crearon el Bloque de las Naciones Antibolcheviques (ABN), en cuyo ‎seno se unieron sus correligionarios de Europa central [4]. Más tarde se supo que el británico Kim Philby, informaba a ‎los soviéticos sobre las acciones que los banderistas planeaban realizar. ‎

Bandera se reunió con Dontsov en Canadá para proponerle que lidereara la acción contra los ‎soviéticos. Y nuevamente Dontsov rechazó la proposición, prefiriendo dedicarse a sus escritos. ‎En definitiva, Dontsov se hundió en un delirio místico inspirado en mitos de los vikingos Varegos y ‎anunciaba a todos el combate final de los caballeros ucranianos contra el dragón. ‎

Por su parte, Stepan Bandera se alió aal dictador chino Chiang Kai-Chek, con quien llegó a reunirse ‎en 1958. Al año siguiente, el KGB eliminó a Bandera en Munich. ‎

Yaroslav Stetsko prosiguió la propaganda a través de Radio Europa Libre y la ABN. Viajó a ‎Estados Unidos para aportar su “testimonio” a la Comisión de Actividades Antiamericanas del ‎senador Joseph MacCarthy. En 1967, él y Chiang Kai-Chek fundaron la Liga Anticomunista Mundial ‎‎ [5], que reunió en su seno a numerosos ‎dictadores proestadounidenses y que participó en la creación de 2 escuelas de torturadores –en ‎Taiwán y en la Zona del Canal de Panamá, controlada entonces por tropas de Estados Unidos. ‎Klaus Barbie, el ex SS conocido en Francia como “el Carnicero de Lyon”, donde asesinó al jefe de ‎la Resistencia francesa Jean Moulin en France –también estuvo implicado en el asesinato de Che ‎Guevara en Bolivia– era miembro de la Liga Anticomunista Mundial. ‎

En 1983, el presidente Ronald Reagan recibió en la Casa Blanca a Stetsko –quien había sido ‎primer ministro impuesto en el gobierno que los nazis instauraron en la Ucrania ocupada durante ‎la Segunda Guerra Mundial. Durante esa visita Estados Unidos, Stetsko participó –junto al ‎entonces vicepresidente George Bush padre– en la celebración de las «Naciones Cautivas» (los ‎pueblos “ocupados” por los soviéticos) orquestada por Lev Dobrianski. ‎

Yaroslav Stetsko falleció en 1986… y su viuda, Slava Stetsko, tomó su lugar a la cabeza de las ‎organizaciones que él había dirigido. Slava Stetsko recorrió entonces el mundo predicando y ‎respaldano la lucha contra los «comunistas»… o más bien, si usamos como referencia los ‎escritos de Dontsov, contra los rusos y los chinos. Prueba de ello es que, cuando desapareció la ‎Unión Soviética, Slava Stetsko se liimitó a modificar la denominación de la Liga Anticomunista ‎Mundial rebautizándola como «Liga Mundial por la Libertad y la Democracia», nombre que aún ‎lleva actualmente. A partir de la disolución de la URSS, Slava Stetsko se dedicó a retomar ‎posiciones en Ucrania. ‎

Fue así como Slava Stetsko se presento como candidata a las primeras elecciones legislativas de ‎la Ucrania independiente, en 1994… y consiguió un escaño, que no pudo ocupar porque había ‎perdido su nacionalidad en tiempos de la Unión Soviética. En definitiva, el presidente ucraniano, ‎Leonid Kuchma, se reunió con Slava Stetsko –en la sede de la CIA en Munich– y le dictó a ‎Kuchma largos párrafos de la nueva Constitución de Ucrania. Todavía hoy, la Constitución ‎ucraniana estipula en artículo 16 que:‎
‎«Preservar el patrimonio genético del pueblo ucraniano es responsabilidad del Estado.»‎

Como puede verse, la discriminación racial que promovían los nazis es una de las premisas de la ‎Ucrania moderna… como en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. ‎

Slava Stetsko fue reelecta diputada en 2 ocasiones y presidió la sesión de apertura del parlamento ‎ucraniano el 19 de marzo de 1998 y el 14 de mayo de 2002. ‎

En el 2000, Lev Dobriansky organizó en Washington un gran coloquio con numerosos dignatarios ‎ucranianos. Allí participó como invitado –invitado de Dobriansky– el straussiano Paul Wolfowitz, ‎ex colaborador de Charles D. Jackson. Durante aquella reunión, los «nacionalistas integristas» ‎ucranianos se pusieron al servicio de los straussianos estadounidenses para implementar la ‎destrucción de Rusia [6].‎

El 8 de mayo de 2007, en la ciudad ucraniana de Ternopol y por iniciativa de la CIA, los ‎‎«nacionalistas integristas» de la Autodefensa del Pueblo Ucraniano crearon un «Frente ‎Antimperialista» antirruso junto a los islamistas y bajo la presidencia conjunta del emir de ‎Itchkeria Doku Umarov y del ucraniano Dimitro Yarosh, hoy consejero especial del jefe del ejército ‎ucraniano. ‎

Por su parte, el presidente ucraniano proestadounidense Viktor Yuchenko creó un Instituto Dimitro ‎Dontsov después de la llamada «revolución naranja». Yuchenko es un buen ejemplo del trabajo ‎de “blanqueamiento” que realizan los anglosajones. Yuchenko siempre afirmó no haber tenido ‎vínculos con los nacionalistas integristas. Pero su padre, Andrei, fue guardia en un campo nazi de ‎exterminio [7]. ‎

El Instituto Dimitro Dontsov fue cerrado en 2010… y reabrió después del golpe de Estado ‎de 2014.‎

Poco antes de terminar su mandato como presidente ucraniano, Viktor Yuchenko otorgó el título ‎de «Héroe de la Nación» al perpetrador de crímenes contra la humanidad Stepan Bandera. ‎

En 2011, los «nacionalistas integristas» lograron que se adoptara una ley que prohíbe ‎conmemorar el fin de la Segunda Guerra Mundial… porque la ganaron los soviéticos mientras que ‎los banderistas estaban en el bando perdedor –el de los nazis. Cuando el presidente Viktor ‎Yanukovich se negó a promulgar esa ley, los «nacionalistas integristas» atacaron el desfile de ‎veteranos del Ejército Rojo, propinando golpizas a los ancianos que lucharon contra los nazis en la ‎Segunda Guerra Mundial. Dos años después, las ciudades de Lviv e Ivano-Frankivsk prohibieron ‎las ceremonias del Día de la Victoria y toda forma de celebración de ese hecho histórico. ‎

En 2014, los ucranianos de Crimea y el Donbass se negaron a reconocer el régimen instaurado ‎en Kiev como resultado del golpe de la plaza Maidan. Crimea, cuya población se había declarado ‎independiente antes que el resto de Ucrania, ratificó su voluntad por segunda vez y ‎se reincorporó a la Federación Rusa. Los pobladores del Donbass prefirieron optar por un ‎compromiso. En respuesta, los «nacionalistas ucranianos», encabezados por el presidente ‎Porochenko suspendieron el mantenimiento de los servicios públicos y bombardearon a la gente, ‎en 8 años asesinaron al menos a 16 000 de sus conciudadanos sin que las potencias ‎occidentales creyesen necesario intervenir o al menos denunciarlos. ‎

Fue también a partir del golpe de Estado de 2014 que las milicias nacionalistas integristas fueron ‎incorporadas a las fuerzas armadas ucranianas. El reglamento interior de esas milicias estipula ‎que cada miembro debe leer las obras de Dimitro Dontsov, principalmente Націоналізм, o sea ‎‎“Nacionalismo”.‎

En abril de 2015, el parlamento ucraniano declaró a los miembros de la Organización de los ‎Nacionalistas Ucranianos (OUN) «combatientes de la independencia». La ley en ese sentido fue ‎promulgada por el presidente Porochenko en diciembre de 2018 y los ucranianos que habían ‎luchado en las filas de la Waffen SS obtuvieron así derecho a cobrar pensiones y otras ventajas… ‎por haber luchado junto a los nazis. Esa misma ley criminalizó a quien recuerde que los miembros ‎de la OUN y los elementos armados de la UPA colaboraron con los nazis y emprendieron ‎limpiezas étnicas contra judíos y polacos. Por ejemplo, en Ucrania este artículo sería suficiente ‎para meternos en la cárcel, a mí por escribirlo y a ustedes por leerlo. ‎

El 1º de julio de 2021, el presidente Volodimir Zelenski promulgó la Ley sobre los pueblos ‎autóctonos de Ucrania. Según esa ley, los ucranianos de origen ruso ya no pueden invocar sus ‎derechos humanos ante los tribunales. ‎

En febrero de 2022, las milicias «nacionalistas integristas», que representaba la tercera parte de ‎las fuerzas armadas de Ucrania, planificaron una invasión coordinada contra el Donbass y la ‎península de Crimea pero Rusia frustró ese plan al iniciar su operación militar especial para poner ‎en aplicación la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU en aras de poner fin al ‎calvario de las poblaciones del Donbass. ‎

En marzo de 2022, el entonces primer ministro de Israel, Naftali Bennett, rompía con el «sionismo ‎revisionista» de Benyamin Netanyahu –cuyo padre fue secretario de Zeev Jabotinsky– y sugería a ‎Zelenski aceptar las demandas rusas y, sobre todo, desnazificar Ucrania [8]. Pero, después, ante las reacciones opuestas de sus aliados occidentales, Bennett hizo ‎desmentir las declaraciones que había hecho. ‎

Por su parte, el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, mencionó el caso del presidente ‎Zelenski, descendiente de judíos ucranianos, al señalar:‎

«El pueblo judío, en su sabiduría, ha dicho que los antisemitas más ardientes son ‎generalmente judíos. Como se suele decir, cada familia tiene su oveja negra.»

Era demasiado para los judíos, que se inquietan cuando se intenta dividirlos. El entonces ministro ‎de Exteriores de Israel, Yair Lapid, dijo entonces que los judíos nunca organizaron el holocausto ‎contra sí mismos. Atrapado entre su conciencia y sus alianzas, el Estado hebreo repitió sin parar ‎su apoyo a Ucrania… pero se negó a enviarle armas. Posteriormente, fue el estado mayor israelí ‎quien puso punto final a la polémica y el ministro de Defensa Benny Gantz cerró toda posibilidad ‎de apoyo militar israelí a los herederos de quienes masacraron a los judíos ucranianos. ‎

En definitiva, los «nacionalistas integristas» ucranianos son los únicos “nacionalistas” que ‎no luchan por su pueblo ni por su tierra sino sólo por alcanzar un objetivo: acabar con los judíos ‎y los rusos. ‎

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