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De una estrategia insurreccional a una electoral: el principal desafío del viraje de la oposición en Venezuela

Written by Debate Plural

Ociel Alí López (Russia Today, 1-7-22)

 

Este martes, Omar Barboza, secretario general de la Plataforma Unitaria, la coalición que reúne a los principales partidos de la oposición venezolana, anunció la realización de elecciones primarias abiertas para escoger un candidato presidencial único que se prepare a enfrentar al abanderado por el chavismo.

Las primarias se celebrarán en 2023, un año antes de las elecciones presidenciales, previstas para 2024.

¿Se puede unificar la oposición?

De la rueda de prensa y el documento leído por el veterano dirigente, puede destacarse el discurso unitario, aunque los criterios para lograrlo no están del todo definidos.

Una vez tomado el camino electoral, lo más importante para la oposición es lograr la unidad en torno a un solo candidato, y es eso lo que se está debatiendo cuando se convoca al proceso interno a todas las corrientes, partidos y movimientos de oposición. «Será un proceso transparente, amplio e incluyente (…) Este proceso no está concebido para que participen solamente los candidatos de los partidos que integran la Plataforma. Lo estamos promoviendo para que participen todos los demócratas que quieren un cambio», expresó Barboza.

Esto tiene singularidades importantes, debido a que varios de los principales partidos opositores –como Acción Democrática, Voluntad Popular y Copei– han sido intervenidos por el Tribunal Supremo de Justicia y sus siglas y tarjetas han sido otorgadas a autoridades también designadas por el alto tribunal, apartando de sus cargos a los líderes históricos de esas agrupaciones.

Estas designaciones ad hoc han producido una división tajante en cada uno de los partidos. Por un lado, los líderes nombrados por el tribunal que cuentan con las tarjetas y los símbolos y, por otro, los dirigentes históricos que no reconocen a las autoridades nombradas.

Así, los líderes históricos han solicitado que las autoridades nombradas sean excluidas del proceso de primarias; sin embargo, varias figuras como Henrique Capriles, excandidato opositor, han pedido que participen todos los sectores. Y es aquí donde radica la principal diferencia interna opositora en la actualidad.

Sin ahondar en el tema ni especificar, según lo declarado por Barboza puede inferirse que podrán participar todas las corrientes. No obstante, en entrevista previa, el secretario general de la Plataforma Unitaria sostenía que «la comisión electoral [que organizará las primarias] tomará las medidas para que quienes se prestaron para dañar partidos o sumarse  al estrategia del gobierno, pasen el análisis».

Lo cierto es que Barboza se ha venido reuniendo con algunos de los sectores disidentes a la línea institucional, como ocurrió a principios de junio con el líder Henri Falcón, que fue candidato opositor en las presidenciales de 2018, desacatando la línea de la abstención dictada y es uno de los más sonados «alacranes».

¿Luz verde a ‘los alacranes’?

Como ‘alacranes’ se conoce, en el mundo opositor venezolano, a aquellos políticos opositores que «juegan al reconocimiento» del Gobierno de Nicolás Maduro y que no siguieron la línea del derrocamiento violento que asumieron los principales partidos opositores congregados en lo que se llamaba el G4.

Dichos sectores son considerados «entreguistas» y «colaboracionistas» por los sectores radicales de oposición, debido a que decidieron participar en los eventos electorales cuando la línea abstencionista tenía el dominio casi total de la oposición.

Bajo esa línea, la oposición institucional, el entonces G4, decidió no participar en las presidenciales de 2018, dejando el camino libre a la reelección de Maduro, y tampoco en sucesivos comicios regionales y parlamentarios. En la práctica, esto significó el dominio institucional casi total de la formación oficialista (Partido Socialista Unido de Venezuela).

Resulta obvio que la estrategia insurreccional fracasó estruendosamente, a pesar del apoyo internacional que tuvo, pero el liderazgo opositor no ha hecho intentos de argumentar por qué se produce este cambio de estrategia.

Sin embargo, partidos como Avanzada Progresista y Fuerza Vecinal, entre otros, además de los partidos tradicionales intervenidos, sí participaron y, aunque con una votación débil, lograron mantener algunos curules en el Parlamento, así como algunas alcaldías y gobernaciones.

Una situación paradójica viene de sufrir la oposición en las pasadas regionales de noviembre de 2021, en las que la oposición «disidente» logró un cúmulo de votos importantes (Alianza Democrática, 16%; y Fuerza Vecinal, 5%), que de ser sumados a los conseguidos por la oposición tradicional (Plataforma Unitaria, 26%), que participó por primera vez desde 2017 en estas regionales, consiguieron una votación mayor (sumados todos llegan a 47%) que la que obtuvo el chavismo (45%). Aunque, por estar dividida, apenas consiguió cuatro de las 23 gobernaciones y 120 de las 335 alcaldías.

Las primarias vendrían a unificar definitivamente estos sectores para disputar la Presidencia en 2024 con un candidato único.

Nueva línea política: ¿por qué ahora sí? 

Sobre la nueva ruta electoral, es decir, sobre el giro opositor de pasar de una estrategia insurreccional a una electoral, no ha habido, ni tampoco hubo en la rueda de prensa, alguna reflexión sobre los resultados conseguidos por aquella política.

Con el llamado abstencionista, más de la mitad del electorado (54%) no participó en dichos comicios presidenciales de 2018. Sería lógico una explicación que considere a los potenciales votantes que en aquel momento decidieron no asistir a las urnas, el por qué, para 2024, sí deberían hacerlo.

Resulta obvio que la estrategia insurreccional fracasó estruendosamente, a pesar del apoyo internacional que tuvo, pero el liderazgo opositor no ha hecho intentos de argumentar por qué se produce este cambio de estrategia, para de esta forma reconvocar racionalmente a quienes están aún convencidos del camino abstencionista.

En aquel momento, el argumento central para llamar a las abstención giraba en torno al control oficialista sobre la institucionalidad que generaría un «fraude inminente». El problema para el argumento opositor es que para 2024 el poder del chavismo será aún mayor. Solo vale recordar que en 2018 la oposición controlaba la Asamblea Nacional, donde hoy el chavismo es mayoría después de su llamado a la abstención en las parlamentarias del 2020.

Entusiasmar de nuevo a sus votantes y unificarlos en torno a una única candidatura es el gran reto que tienen por delante y, para ello, deberán explicar mucho mejor el giro diametral que están convocando.

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