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Rafael Leónidas Trujillo Molina: de cuatrero y violador de menores a dueño absoluto de la República Dominicana (parte II)

Written by Juan de la Cruz

el culto a la personalidad de Trujillo: una egolatría narcisista y obsesiva

El huracán de San Zenón les sirvió a los alabarderos de Trujillo para exacerbar su ego. Fue así como el senador por Santiago de los Caballeros y Presidente del Senado de la República, Mario Fermín Cabral, el mismo que en el 16 de agosto de 1931 había auspiciado la creación del Partido Dominicano, hizo aprobar el cambio de nombre de la común de San Cristóbal por el de Provincia Presidente Trujillo en 1932 y el de la cuatricentenaria ciudad de Santo Domingo por el de Ciudad Trujillo en 1936. Lo mismo ocurrió con otras provincias, como la de Dajabón por Provincia Libertador, la de San Juan de la Maguana por Provincia Benefactor, la de Baní por Provincia José Trujillo Valdez, su padre, la de Nagua por Provincia Julia Molina, su madre, y la de Elías Piña por el de Provincia San Rafael, que correspondía al primer nombre del dictador.

El culto a la personalidad de Trujillo y su familia más cercana se expresó en los nombres de carreteras, parajes, villas, campos, avenidas, paseos, edificios públicos, parques, escuelas y hospitales. Esto era parte de su egolatría, su narcisismo manifiesto, tanto en sus relaciones sexuales con las mujeres como en su relación con la sociedad, ya que tenía la necesidad psicológica y afectiva de reconocimiento social y que se le distinguiera para sentirse parte de las denominadas “familias de primera”, que tanto al menos le habían tratado cuando se encontraba en posiciones sociales más bajas.

El narcisismo se mostraba en Trujillo desde temprana edad en la sobrevaloración de su personalidad frente a las mujeres y ante los demás, que siempre se expresó en la pulcritud en su aseo personal y en el buen vestir, tanto en la vida civil como militar. Existen fotos de Trujillo posando ante un escultor para hacerse un busto, cuando apenas era capitán de la Policía Nacional Dominicana. Al mismo tiempo, siendo Director de la Policía Nacional en San Francisco de Macorís, hizo que a un parque de la comunidad se le pusiera su nombre. De igual manera, desde una edad muy temprana desarrolló una obsesión por coleccionar tapitas de sodas y cervezas, de lo cual el escritor German Ornes supone provenía el mote de “chapita” que desde la infancia le decían y que cuando pasó a la edad adulta siguió desarrollando con el atesoramiento de medallas y condecoraciones.

Eliades Acosta (2013:31) al describir el culto a la personalidad de Trujillo señala que: “toda conmemoración pública, acto escolar o ceremonia militar debía incluir loas al Jefe y su familia. Ni las misas escapaban a esta obligación. Condecoraciones, ceremonias militares, distribución de fotos de Trujillo a cada soldado, actos escolares en los que se incluían siempre loas al Jefe, botones con sus iniciales, monumentos a sus padres, misas y rogativas por su salud, fueron algunas de las expresiones más frecuentes de un culto a la personalidad enfermizo y sistemático”.

Las estatuas, monumentos y arcos de triunfo en honor a Trujillo fueron constantes. Según señala Eliades Acosta (2013: 67) las iniciativas para erigir bustos en honor a Trujillo fueron tantas que la “dictadura se vio obligada a establecer mecanismos de aprobación y control de las mismas, a la vez que detallados reglamentos. Muchas de estas iniciativas se costeaban por suscripción popular, que, por supuesto, era obligatoria”.


El culto a la personalidad al dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina incluyó la creación de Órdenes Heráldicas para premiar a sus más cercanos colaboradores como la Orden del Mérito de Trujillo, las diferentes creaciones literarias y composiciones musicales. El 10 de enero se proclamó como Día del Benefactor de la Patria, el 16 de mayo, Día Inicial de La Era de Trujillo. Como día conmemorativo, el 17 de julio como Día de la Redención de la Deuda Externa y el 24 de septiembre fue designado como día del Aniversario de la Restauración Financiera y Día de la Patria Nueva.

Las alabanzas a Trujillo que se hacían tanto en las escuelas públicas y colegios privados, liceos, politécnicos como en la Universidad de Santo Domingo se convirtieron en centros de adiestramiento psicológico de la dictadura. Los niños y las niñas entonaban himnos y cantos de alabanza al autodenominado Benefactor de la Patria. La Cartilla Cívica nombraba a Trujillo como Generalísimo, Doctor y Constructor de la Nacionalidad Dominicana. Afirma que al alumnado se le decía que Trujillo había implantado la paz y el progreso donde antes había desorden y pobreza.

En los textos de las primeras lecciones de los niños y las niñas se incluían frases como éstas: Ama a Trujillo porque te da Paz; Trujillo no duerme pensando en el bienestar de su pueblo. El uso de diversos apelativos como Ilustre, Amadísimo, Benefactor, así como los diversos títulos y honores recibidos son expresión de una megalomanía glorificante de su persona muy presente en muchos líderes populistas.

Entre los diferentes títulos que recibió Trujillo estaban los de Primer Agricultor Dominicano, Primer Anticomunista de América, Genio de la Paz, Paladín de la Libertad, Salvador de la Patria, Héroe del Trabajo, Salvador de la Dignidad Nacional, Benefactor de la Patria, Padre de la Patria Nueva, Restaurador de la Independencia Financiera del país, Primer Maestro de la República, Primer Médico de la República, Primer Periodista de la República, Protector de Todos los Obreros, etc. Además de los títulos que ostentaba Trujillo, sus familiares también poseían títulos, su madre, Julia Molina, era La Excelsa Matrona y Primera Madre de la República; su hijo primogénito, Ramfis Trujillo, era La Promesa Fecunda y Príncipe Favorito. Su hija mimada, Angelita Trujillo, fue la Princesa del Corso Florido y Reina de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre.

Trujillo

CONCENTRACIÓN MONOPÓLICA DE LA ECONOMÍA DOMINICANA

Cuando Trujillo asumió la Presidencia de la República el 16 de agosto de 1930, la crisis económica mundial que había iniciado en octubre de 1929 todavía estaba en su momento más elevado, ya que la economía norteamericana, de la cual el país dependía tanto económica como financieramente, había colapsado totalmente y los 31 y 32 presidentes de los Estados Unidos, Herbert Clark Hoover y Franklin Delano Roosevelt, hacían esfuerzos inmensos por rescatarla aplicando medidas restrictivas en las diferentes esferas de la economía. En República Dominicana el huracán de San Zenón contribuyó a profundizar la crisis económica que ya desde el gobierno de Horacio Vásquez se venía desarrollando, la que aprovechó Trujillo para pedir una moratoria de la deuda externa y tomó medidas de austeridad orientadas a reducir la nómina pública y disminuir los salarios de los empleados del Estado, lo que contribuyó a incrementar los niveles de pobreza existentes en el país.

José Ramón Cordero Michel (1975: 31-32) expresó con las palabras correctas cómo se dio el proceso de concentración de la producción capitalista y el carácter monopolista de la economía durante el régimen nepótico trujillista:

Trujillo desde un principio comprendió la verdadera esencia del Estado moderno, es decir, que el Estado -sin importar cuál fuese su forma- tiene por fundamento el progreso continuo de la producción capitalista. En consecuencia, los intereses de la burguesía, los terratenientes y el capital extranjero fueron convertidos en la piedra angular de toda su política interior y exterior. Sin embargo, sería inexacto decir que el régimen ha sido un instrumento dócil en manos de estos intereses. Por el contrario, utilizando la palanca del Estado, la nepótica camarilla militar-burocrática que detenta el poder maniobró para someter a su propia voluntad los intereses de esas clases y para escapar lo más posible de la tutela del capital extranjero. Sirviéndose de la violencia, de jugosas operaciones fiscales y financieras con el Estado, Trujillo y sus favoritos lograron apoderarse en pocos años de los mayores capitales del país. En estas circunstancias, el desarrollo del capitalismo ha devenido monopolista. En la actualidad, no existe ninguna empresa industrial de importancia -incluyendo las empresas extranjeras- en la cual Trujillo o sus militares o burócratas no posean un interés directo. Más del 75% de todas las inversiones industriales pertenecen o son controladas por este reducido círculo gobernante. Cerca del 35% de las tierras cultivadas y más del 25% del ganado vacuno también le pertenece. La riqueza de sólo la familia Trujillo está calculada en más de $600 millones de dólares, una de las mayores del mundo”.

Esto revela con toda claridad que no había una sola área de la economía dominicana en donde el déspota Trujillo no tuviera la mayor parte de las acciones, cuando no el control absoluto de determinados renglones, como ocurrió con el sector azucarero, con la producción de arroz, de carnes y leche, así como con la explotación de sal, mármol, yeso, bauxita, oro, plata, ferroníquel, carbón mineral y otros metales. Lo mismo ocurrió con la producción de aceites, harinas, cerveza, calzados, pintura, sacos, cordelería, cemento, los seguros, la banca y otros.

Para zafarse totalmente de la tutela norteamericana y manejar a la República Dominicana como una finca particular, Trujillo aprovechó los altos precios del azúcar en el mercado internacional con motivo de la segunda guerra mundial, para pagar la deuda externa de la República Dominicana con los Estados Unidos el 9 de julio de 1947, ascendente a 9 millones 271 mil 855 dólares, tras haber firmado el 24 de septiembre de 1940 el Tratado Trujillo-Hull, acuerdo mediante el cual se derogó la convención domínico-americana firmada en 1924 y se restableció el control absoluto de las aduanas por parte de las autoridades dominicanas.

Rafael Leonidas Trujillo

En 1941 Trujillo compró la sucursal del National City Bank of New York en Santo Domingo y el 24 de octubre de ese mismo año fundó el Banco de Reservas. En 1947, fundó el Banco Central de la República Dominicana y el 10 de enero de ese mismo año quedó establecido el peso dominicano como moneda oficial, terminando de esa manera el uso del dólar estadounidense como moneda de curso legal en el país.

En el año 1954 Trujillo adquirió la Compañía Eléctrica de Santo Domingo, empresa de servicios de capital norteamericano. En 1955, con motivo del 25 aniversario de su dictadura, Trujillo compró todos los ingenios de la compañía norteamericana West Indies Sugar Company, quedando en el país únicamente la compañía norteamericana Central Romana Corporation, subsidiaria de la South Porto Rico Sugar Company.

La novela Over, publicada en 1943, que se ha convertido en una novela clásica, retrata la cruda realidad que viven los bateyes y comunidades de los campos cañeros y centrales azucareros, donde los picadores de caña y los carreteros son engañados vilmente por los tickeros y pesadores de caña en confabulación con las autoridades de los ingenios: superintendentes, mayordomos y capataces. Esta novela le fue encargada a Ramón Marrero Aristy por Trujillo para así desacreditar a los ingenios azucareros de capital norteamericano. Marrero Aristy moriría en un trágico y provocado accidente en la carrera de Constanza el 17 de julio de 1959, en un hecho que se atribuye a la mano tenebrosa del dictador Trujillo, quien lo responsabilizó del contenido de un artículo publicado el 12 de julio de 1959 en The New York Times, en el que se acusaba a su gobierno de corrupto. Una semana después, el cuerpo de Marrero Aristy fue encontrado carbonizado dentro de su automóvil en un precipicio de la carretera que comunica a Santo Domingo y Constanza.

Marrero Aristy fue un intelectual de ideas propias y que mantenía muy buenas relaciones con los sectores obreros y socialistas dominicanos que vivían en el exterior por razones de persecución por sus ideas, razón por la cual el dictador le encargó varias misiones diplomáticas de negociación de un acuerdo con esos sectores que vivían en Cuba para que retornaran al país, lo cual logró e hizo posible su retorno y la consiguiente formación del Partido Socialista Popular (PSP) en 1946.

La celebración de la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre en 1955, con motivo del 25 aniversario de la Era de Trujillo, llevó al tirano a realizar una inversión multimillonaria en la construcción de diferentes obras de infraestructura en la capital dominicana y a derrochar una cuantiosa suma de dinero para coronar a su hija mimada “Angelita” Trujillo como reina de esa fiesta, al tiempo que se vio obligado a incrementar los gastos militares para enfrentar a los expedicionarios de junio de 1959 en Constanza, Maimón y Estero Hondo. Esas medidas totalmente desatinadas contribuyeron a que el dictador incurriera en un déficit fiscal que le obligó a recurrir a un préstamo Stand By por 11.3 millones de dólares ante el Fondo Monetario Internacional -FMI-, a finales de 1959, organismo financiero internacional del cual la República Dominicana pasó a ser miembro el 28 de diciembre de 1945.

Trujillo

EXPEDICIONES DE LA OPOSICIÓN CONTRA EL DICTADOR TRUJILLO

Durante los 31 años de la dictadura de Trujillo, miles de dominicanos se exiliaron a diferentes lugares de Europa, América y el Caribe, pero los lugares de residencia considerados más seguros, donde las manos largas del “Jefe” no le alcanzaran, fueron Puerto Rico, Cuba, Venezuela, Guatemala, Costa Rica, México y Nueva York. Como resultado de la implantación de ese régimen de terror, en República Dominicana perecieron más de 50 mil personas por razones políticas e ideológicas, donde el Servicio de Inteligencia Militar -SIM-, la Banda de la 42 y el Grupo de Los Paleros, tuvieron una participación muy destacada en ese saldo trágico.

Los exiliados fueron estructurando organizaciones antitrujillistas a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe, algunas de las cuales contaban con varias filiales, mientras que otras solo contaban con una sola filial en Puerto Rico, Cuba, Venezuela, Guatemala, Costa Rica, México o Nueva York. Esas organizaciones eran la Unión Patriótica Dominicana -UPD-, el Partido Socialista Popular -PSP-, el Frente Unido Dominicano -FUD-, el Frente Democrático Dominicano -FDD-, y el Frente Dominicano Independiente -FDI-.

En el año de 1947 se organizó desde Cuba la primera expedición armada encaminada a derrocar el régimen del dictador Rafael Leónidas Trujillo, denominada Cayo Confites, cuyo nombre proviene del cayo perteneciente al archipiélago de Camagüey en el océano Atlántico, llamado Cayo Confites.

En medio de los aires democráticos que trajo la posguerra, Trujillo se encontraba rodeado de gobiernos opuestos a su régimen autocrático: Rómulo Betancourt en Venezuela, Juan José Arévalo en Guatemala, Ramón Grau San Martín en Cuba y Elie Lescot en Haití. Cuando Trujillo se enteró de que el gobierno de Cuba estaba involucrado y apoyaba desde su territorio la salida de la expedición, le envió un mensaje al presidente de Cuba donde le decía que una vez los expedicionarios llegaran a territorio dominicano La Habana y Santiago de Cuba serían bombardeados por la Fuerza Aérea Dominicana.

El jefe militar cubano ordenó la intercepción de las embarcaciones para evitar la expedición y como consecuencia el bombardeo a su país. Mientras el presidente de Cuba trató de obtener el apoyo del presidente de Haití, Elie Lescot, a quien se le pidió permitiera que las fuerzas rebeldes pudieran tener un territorio desde donde ocupar por tierra a la República Dominicana y tener un espacio donde almacenar armas. Elie Lescot, además de acceder a sus peticiones, le donó $25, 000 como contribución a los expedicionarios.

Rafael Leonidas Trujillo

Luego de un congreso unificador el exilio dominicano celebrado en la Universidad de La Habana quedó constituido el Frente Unido de la liberación Dominicana, con Ángel Morales como presidente, Ramón de Lara y Juan Isidro Jimenes-Grullón secretarios, Leovigildo Cuello delegado plenipotenciario y Juan Bosch delegado especial ante los países americanos. Esta dirección hizo gestiones ante los gobiernos americanos del área del Caribe con la finalidad de obtener ayuda para una acción militar contra Trujillo.

Mientras los expedicionarios esperaban que los aviones fueran equipados con armamento de combate para poder iniciar la expedición a Santo Domingo contando con respaldo aéreo, el general Genovevo Pérez Damera, jefe del ejército cubano, viajó a Washington DC, donde se entrevistó con altos militares del ejército norteamericano y con diplomáticos al servicio de Trujillo.

Varios días después, el general Pérez Damera procedió a confiscar un cargamento de armas de la finca del ministro José Manuel Alemán y a intervenir el local que los expedicionarios de cayo Confites tenían en el hotel Sevilla. Paralelo a esa acción, el embajador norteamericano en Cuba, Henry Norweb, exhortó a los aviadores norteamericanos Rupert E. Waddel, Thomas Sawyer y Hollis Smith, comprometidos en Cayo Confites, a que regresaran a Estados Unidos y abandonaran la expedición; los pilotos se acogieron al llamado y regresaron a su país.

El 21 de septiembre de 1947 los expedicionarios de Cayo Confites decidieron salir del cayo al enterarse por la radio del allanamiento del hotel Sevilla y ante los rumores de que el jefe del ejército se rebelaría contra el gobierno. Luego de deserciones de tropas, confusiones entre las naves expedicionarias y escaramuzas con la marina cubana, los expedicionarios fueron obligados a desembarcar en el puerto de las Antillas, donde fueron apresados, desarmados y conducidos al recinto militar de Columbia en La Habana.

Juan Bosch fue hecho prisionero en Colombia y se declaró en huelga de hambre hasta tanto se produjera la liberación de todos los expedicionarios en Cuba. Luego de un acuerdo entre el general Pérez Damera y Bosch, los prisioneros fueron liberados y los dirigentes del movimiento iniciaron gestiones ante el gobierno cubano para que les devolvieran las armas confiscadas. Ante la negativa del gobierno cubano de devolver las armas a los expedicionarios, intervino el presidente de Guatemala, Juan José Arévalo, quien reclamó la propiedad de estas.

La segunda acción armada importante contra el dictador Trujillo Molina, que tocó el territorio dominicano, fue la ocurrida el 19 de junio de 1949. Dieciséis luchadores por la democracia y la libertad, procedentes del lago Izabal, en Guatemala, a bordo del hidroavión “Catalina”, desembarcaron en la bahía de Luperón, Puerto Plata, en una nueva hazaña que- aunque frustrada por el poderío militar de la dictadura trujillista- se constituyó en uno de los más importantes episodios en la larga lucha del pueblo dominicano para allanar el camino hacia la democracia, la dignidad, las libertades públicas y la recuperación de los derechos humanos.

El grupo que descendió en la localidad de Luperón estaba integrado por José Rolando Martínez Bonilla, Jefe del Estado Mayor para la zona de Puerto Plata; el veterano de la Segunda Guerra Mundial Federico Henríquez Vásquez (Gugú); Alejandro Selva y Alberto Ramírez, ex militares de la Guardia Nacional de Nicaragua y el civil nicaragüense José Félix Córdoba Boniche. Asimismo, Alfonso Leiton, veterano de la revolución de Costa Rica en 1948; Hugo Kundhardt, dominicano, egresado de las universidades de Santo Domingo y Harvard; Manuel Calderón Salcedo y Salvador Reyes Valdez, dominicanos, ambos estudiantes de medicina. Los dominicanos Tulio H. Arvelo Delgado y Miguel Feliú Arzeno, abogado y deportista, respectivamente.  El grupo estaba acompañado de una tripulación formada por el capitán piloto John M. Chewing; el copiloto Habet Joseph Maroot, y el ingeniero mecánico Raymond Scruggs, todos norteamericanos.

La última gran expedición armada desde el exterior contra el dictador Rafael Leónidas Trujillo fue la de Constanza, Maimón y Estero Hondo, realizada entre los días 14 y 20 de junio de 1959, liderada por el Enrique Jiménez Moya, quien fue elegido en Cuba como Comandante del Ejército de Liberación Dominicana, quien había alcanzado el grado de Capitán en las filas del Ejército Rebelde, que había comandado Fidel Castro en la Sierra Maestra.

La Expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo estaba constituida por 198 combatientes, entrenados en el Campamento Mil Cumbres, tras asumir el poder el Comandante Fidel Castro Ruz el 1º. de enero de 1959. Se constituyeron tres frentes: 1. Constanza (14 de junio de 1959), en la aeronave C-46 Curtiss piloteado por el venezolano Julio César Rodríguez y copilotado por Oreste Acosta y Juan de Dios Ventura Simó (ex capitán de la Fuerza Aérea Dominicana de Trujillo), bajo la dirección del comandante Enrique Jiménez Moya y Delio Gómez Ochoa (cubano), constituido por 54 personas. 2. Maimón (20 de junio de 1959), en la lancha Carmen Elsa, capitaneada por José Horacio Rodríguez y José Mesón, integrada por 96 combatientes y 3. Estero Hondo (20 de junio de 1959), en la lancha Tinina, capitaneada por José Antonio Navarro e integrada por 48 combatientes.

La mayor parte de los combatientes de los tres frentes fueron fusilados, otros fueron hechos prisioneros y torturados cruelmente en las mazmorras de las cárceles trujillistas de la 40 en Cristo Rey, del Kilómetro 9 de la Carretera Mella y de la Base Aérea de San Isidro. Los sobrevivientes fueron a penas cinco combatientes: tres dominicanos (Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas y Francisco Medardo Guzmán) y dos cubanos (comandante Delio Gómez Ochoa y Pablito Mirabal, de 16 años).

Aunque los objetivos políticos y militares de esta trascendental gesta patriótica no se lograron de inmediato, sirvió de ejemplo a la juventud dominicana para dar un paso al frente para articular todos los esfuerzos dispersos que había en diferentes puntos del país en un movimiento político clandestino que diera al traste con el régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo Molina. El 10 de diciembre de 1959, a siete meses de producirse la gesta de la Raza Inmortal, se constituyó en Valverde Mao el Movimiento Revolucionario Clandestino 14 de Junio, bajo el recio liderato del doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo), en honor a los héroes y mártires de junio de 1959, abrazando al mismo tiempo el Programa Mínimo que le sirvió de sustento.

El 23 de febrero de 1960 el Encargado de Negocios de la Embajada Dominicana en Costa Rica, Víctor A. Fernández Jiménez, envió al Ministro de Relaciones Exteriores, Porfirio Herrera Báez, una comunicación en la que le informaba que el periodista Ángel G. Penelas había publicado un artículo en el periódico “El Diario Nacional”, cuyo título era “ROCKEFELLER FINANCIA REBELIÓN PARA ACABAR CON TRUJILLO Y SOMOZA”, en la que refiere que “Nelson Rockefeller y Rómulo Betancourt están unidos, con los recursos económicos del primero, para promover rebeliones contra los gobiernos legítimamente constituidos de varios países de América, en particular contra la República Dominicana, Nicaragua y Paraguay, agregando que como primer paso para ese descabellado y comunistoide propósito se efectuó en Maracaibo, el 21 de los corrientes, una reunión a la cual concurrieron los enemigos del Honorable Presidente Somoza residentes en Venezuela, Costa Rica, Panamá, México, Argentina, Cuba, Guatemala y otros países”.

Penelas en el artículo de referencia, publicado en “El Diario Nacional”, página 3, de San José de Costa Rica, de fecha 22 de febrero de 1960, expresa:

Para nadie es un secreto que Rockefeller fue, desde hace muchos años, ‘el padrino’ de Rómulo Betancourt en varias facetas de su vida, principalmente, literarias y en su continuo peregrinar de desterrado político.

Hoy en día, aquel que en los años 1934-1935 fue ‘un tanto revolucionario’ en Costa Rica y actualmente se halla dirigiendo los destinos de Venezuela, es sin lugar a dudas, uno de los hombres más demócratas del mundo y más admirado del Continente, así como, el eje principal del movimiento que lucha por dar fin a las tiranías americanas. Rómulo Betancourt es ‘el hombre’ que maneja los hilos invisibles del movimiento con el apoyo incondicional de Rockefeller formando el triángulo NUEVA YORK-VENEZUELA-COSTA RICA”.

En otra parte del artículo, debajo de una foto del dictador Rafael Leónidas Trujillo, el periodista Ángel G. Penelas plantea:

Jamás el sanguinario Trujillo se las vio tan negras como en la actualidad. ¡Y es que, con Rockefeller, Betancourt y otros grandes hombres de fama en contra, es difícil resistir palabras!”.

Es seguro que la comunicación enviada al Canciller Herrera Báez y el artículo de prensa de “El Diario Nacional”, relativo al apoyo de Rockefeller y Betancourt de una rebelión en contra de Trujillo y Somoza, fue lo que llevó al dictador dominicano a contratar a uno de sus sicarios internacionales para que asesinara con un carro bomba al presidente venezolano Rómulo Betancourt el 24 de junio de 1960 mientras se dirigía por la Avenida Los Próceres, acción que dejó un saldo de dos muertos y cuatro heridos, incluyendo entre estos últimos al presidente del país sudamericano.

LAS RELACIONES DE TRUJILLO CON LA IGLESIA CATÓLICA

Las relaciones de Trujillo con la Iglesia Católica no siempre fueron armónicas, como podría pensarse, ya que Monseñor Rafael Conrado Castellanos Martínez, que durante la primera ocupación militar norteamericana se había opuesto militantemente, hasta llegar a ser un alto dirigente del Partido Nacionalista, asumió una postura crítica en los primeros años de la dictadura cuando defendió las libertades públicas y se opuso abiertamente a los incipientes métodos dictatoriales del tirano.

Ante el retiro del Arzobispo de Santo Domingo, Monseñor Adolfo Nouel, por razones de edad, vino a sustituirle Castellanos Martínez, quien en Santiago de los Caballeros y en presencia del dictador Trujillo, invocó a la Virgen de la Altagracia, al tiempo que pidió para el pueblo dominicano… «paz moral, paz jurídica, paz sin sangre», lo que provocó un incidente entre el régimen trujillista imperante y la Iglesia Católica.

Esa y otras situaciones que se produjeron en Monseñor Castellanos Martínez y el dictador Trujillo, motivó que este último gestionara ante el Vaticano que restituyeran al Arzobispo Monseñor Nouel como Jefe de la Iglesia Católica Dominicana Ad Vitam, lo cual consiguió, hasta el año 1935 en que se produjo su deceso, pasando a ser su sucesor el Monseñor Ricardo Paolo Pittini Piussi. Años después, ante problemas visuales de Monseñor Pittini, le sustituye el seibano Octavio Antonio Beras Rojas, quien quedó como Obispo Metropolitano al producirse el fallecimiento de éste.

En ambas gestiones eclesiásticas las relaciones entre el Estado Dominicano y la Iglesia Católica fueron muy armónicas y de clara subordinación al tirano, quien compró con dádivas, canonjías, facilidades y privilegios a la curia dominicana, que logró institucionalizar con la firma del Concordato entre la Santa Sede y la República Dominicana, representados por Domenico Tardini y Rafael Leónidas Trujillo Molina, respectivamente, el 16 de junio de 1954, hasta que se produjo la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo del 14 al 20 de Junio de 1959 y el apresamiento de los principales dirigentes del Movimiento Clandestino 14 de Junio en enero de 1960, ocasión que aprovecha el Episcopado Dominicano para emitir su Carta Pastoral del 25 de enero de 1960, donde enfrenta abiertamente al régimen de Trujillo.

El documento del clero alertaba que millones de seres humanos “continúan viviendo bajo la opresión y la tiranía”. “No hay nada seguro para ellos ni para el hogar, ni los bienes ni la libertad, ni el honor”, decían los obispos. Esta situación de enfrentamiento se agudiza con el asesinato de las hermanas Mirabal el 25 de noviembre de 1960, siendo presidente títere el Dr. Joaquín Balaguer, y se mantiene hasta el ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina el 30 de mayo de 1961.

EL AJUSTICIAMIENTO DEL DICTADOR TRUJILLO

El control tanto político como ideológico que tenía el tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina sobre el conjunto de la sociedad dominicana, a través del Partido Dominicano, el Servicio Militar Obligatorio, el Servicio de Inteligencia Militar -SIM- y los medios de comunicación escritos, radiales y televisivos, en conjunción con la escuela y la familia, que servían cabalmente al proceso de lavado de cerebro que se realizó desde la instalación misma del régimen, se había quebrado. Esto motivó que sectores directamente relacionados con el “Jefe”, que habían sido humillados y ultrajados por él en diferentes circunstancias, conspiraran abiertamente contra Trujillo y su gobierno dictatorial.

A ese hecho se agrega la matanza de miles de haitianos en la frontera dominico-haitiana en octubre de 1937, el secuestro de que fue objeto en 1956 en la ciudad de Nueva York el intelectual vasco Jesús de Galíndez por parte del piloto norteamericano Gerald Lester Murphy, por haber publicado la obra La era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana, donde se denunciaba el régimen del dictador dominicano y se ponía de manifiesto que su hijo Ramfis no era hijo biológico del dictador, la forma terrorífica como trató Trujillo a los prisioneros de la gesta del 14 de junio de 1959, el apresamiento de 350 dirigentes del Movimiento Revolucionario Clandestino 14 de Junio, la actitud asumida por el Jefe del SIM, Johnny Abbes García, hacia la Iglesia Católica a propósito de la Carta Pastoral emitida por los Obispos Dominicanos el 31 de enero de 1960, el ordenar a sus agentes extranjeros que colocaran una bomba en el coche de Betancourt, acción que se llevó a cabo el 24 de junio de 1960 e hirió pero no logró asesinar al presidente venezolano cuando se dirigía a un desfile militar en el paseo Los Próceres de Caracas, ordenó la muerte de su ex Secretario Particular, José Almoina, el 4 de mayo de 1960  y, como la gota que hizo rebozar y derramar la copa, ordenó el asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal el 25 de noviembre de 1960, mientras regresaban de la cárcel de San Felipe de Puerto Plata de ver a Manolo Tavárez Justo, esposo de Minerva, y a Leandro Guzmán, esposo de María Teresa.

Varios de esos hechos de carácter internacional o interno obligaron a Trujillo a colocar presidentes títeres para simular un régimen democrático inexistente, al colocar a Jacinto B. Peynado en 1938, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha en 1940, Héctor Bienvenido Trujillo -Negro- en 1952 y Joaquín Balaguer en 1960, al tiempo que le otorgó el derecho al voto a la mujer dominicana en 1942 y después de haberse vendido como el campeón del anticomunismo en América le permitió operar públicamente al Partido Socialista Popular -PSP- en 1946 y al Movimiento Popular Dominicano -MPD-.

La conjura estaba planeada con lujo de detalle: una parte de los complotados participaría en la ubicación del objetivo, fue el caso de Teniente Amado García Guerrero, quien también participó en la emboscada y disparó contra Trujillo y su chofer; otra parte participaría de forma directa en el ajusticiamiento del tirano, integrada por Antonio de la Maza, Modesto Díaz, Salvador Estrella Sadhalá, Amado García Guerrero, Manuel (Tunti) Cáceres, Juan Tomás Díaz, Roberto Pastoriza, Antonio Imbert Barrera, Pedro Livio Cedeño y Huáscar Tejeda, lo cual se cumplió cabalmente pero el dictador y su chofer resistieron e hirieron a Pedro Livio Cedeño, mientras que Luis Amiama Tió y el general José René Román Fernández -Pupo-, Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, quienes, una vez desaparecido Trujillo, encabezarían una junta cívico-militar que se encargaría de organizar elecciones presidenciales en 1962.

El hecho se consumó el 30 de mayo de 1961 a las 9: 45 de la noche, mientras Rafael Leónidas Trujillo Molina, el macho cabrío de 70 años a quien le esperaba en su alcoba una joven de apenas 20 años, se dirigía a su Hacienda María en San Cristóbal. El vehículo en que viajaba recibió más de 60 impactos de bala de diversos calibres, de los cuales siete alcanzaron el cuerpo del dictador causándole la muerte, mientras que su chofer, Zacarías de la Cruz, recibió varios impactos, pero no perdió la vida, aunque fue dado por muerto por los ajusticiadores.

Al producirse el hecho, Ramfis Trujillo Martínez, el hijo mayor del dictador, se encontraba en París en un torneo de Polo, pero al enterarse voló a Santo Domingo inmediatamente. Procedió a interrogar al chofer de su finado padre, quien le informó en detalle quienes habían participado en el asesinato de Trujillo y luego acudió a la clínica en donde se encontraba convaleciente Pedro Livio Cedeño, al cual torturó hasta sacarle informaciones relativas a los posibles lugares en que podrían estar sus compañeros de conjura. De esa manera, Ramfis fue ajustando cuentas con cada uno de los participantes en el magnicidio de su padre, logrando sobrevivir únicamente los complotados Antonio Imbert Barreras y Luis Amiama Tió.

Así terminó el imperio de los Trujillo, muy a pesar de que hicieron ingentes esfuerzos por quedarse en el poder. El Déspota Ilustrado del doctor Joaquín Balaguer, que durante 31 años estuvo esperando debajo de la mata que cayeran los mangos maduros, hizo todo lo que estuvo de su lado para quedarse con la Presidencia de la República, para lo cual tomó un conjunto de medidas populistas con el propósito manifiesto de ganarse el favor del pueblo dominicano y de la comunidad internacional. En su célebre discurso ante la Organización de las Naciones Unidas -ONU- el 2 de octubre de 1961, aseguró que la Era de Trujillo había sido una Era de Terror y que él garantizaría la paz y la libertad en la nueva democracia dominicana. Sin embargo, los años se encargarían de demostrar que los gobiernos del doctor Joaquín Balaguer serían la continuidad del régimen de oprobio y terror de Rafael Leónidas Trujillo Molina, o como ha dicho el cineasta René Fortunato: La Herencia del Tirano. El dos de junio de 1961, durante el acto de inhumación del cadáver de Rafael Leónidas Trujillo Molina, en la Iglesia Parroquial de San Cristóbal, Balaguer despidió al “Jefe” con las siguientes palabras laudatorias en el panegírico que pronunció para la ocasión:

He aquí, señores, truncados por el soplo de una ráfaga aleve, el roble poderoso que durante más de treinta años desafío todos rayos y salió vencedor de todas las tempestades. El hecho horrendo consterna nuestro ánimo y estremece con fragoroso estrépito de catástrofe el alma nacional. Jamás la muerte de un hombre produjo tal sentimiento de consternación en un pueblo ni gravitó con mayor sensación de angustia sobre la conciencia colectiva. Es que todos sabemos que con este muerto glorioso perdemos al mejor guardián de la paz pública y al mejor defensor de la seguridad y el reposo de los hogares dominicanos. El acontecimiento ha sido de tal modo abrumador que aún nos resistimos a creerlo. ¡La tierra vacila todavía bajo nuestros pies y parece que el mundo se ha desplomado sobre nuestras cabezas!

¡Quien nos hubiera dicho que el hombre extraordinario a quien hace apenas dos días vimos partir sonriente de su despacho del Palacio Nacional, iba a volver a él pocas horas después cobardemente inmolado! Pero ahí está la tremenda realidad con toda su elocuencia aterradora. Muda está ya la boca de donde salieron tantas órdenes de mando. Inmóviles se hallan sobre el pecho, donde el corazón ha cesado de latir, las manos que sostuvieron la espada que simbolizó durante cuarenta años toda la fuerza física de la nación. Exánime y vilmente atravesado por los proyectiles, yace ahí el pecho heroico donde flameó orgullosamente, como si flotara en su asta, el lienzo tricolor”.

 

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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