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Rafael Leónidas Trujillo Molina: de cuatrero y violador de menores a dueño absoluto de la República Dominicana (Parte I)

Written by Juan de la Cruz

La dictadura que encabezó durante 31 años el general Rafael Leónidas Trujillo Molina es hasta ahora el gobierno de la República Dominicana que por más tiempo ha regido los destinos de este país caribeño.

Trujillo se ha convertido en el gobernante de América Latina y el Caribe en torno al cual se han realizado más investigaciones y se han publicado más obras de análisis historiográfico y de ficción.

Rafael Leónidas Trujillo Molina nació el 24 de octubre de 1891 en el seno de una familia disfuncional, aglutinada, extensa y sobre envuelta, de acuerdo con lo expresado por el psiquiatra dominicano José Miguel Gómez, ya que su padre, José Trujillo Valdez, y su madre, Altagracia Julia Molina Chevalier, se casaron el 29 de septiembre de 1887 en San Cristóbal y se fueron a vivir a la casa de Luisa Erciná Chevalier, quien sería su abuela.

Luisa Erciná Chevallier era hija natural de Justin Alexis Víctor Turenne Carrié Blaise y Eleonore Juliette —Diyetta— Chevallier Moreau viuda Saladín. Alexis Turenne Carrié Blaise, bisabuelo materno de Trujillo, fue ministro del gobierno haitiano de Nissage-Saget (1869-1874) y antes lo fue del gobierno provisional integrado por Nissage-Saget, Victorin Chevallier (pariente de Diyetta) y Sylvain Salnave; también fue miembro del Consejo de Secretarios que gobernó Haití en 1874. Alexis Turenne Carrié Blaise era hijo de Barthélémy —Compére— Carrié Levigne, quien casó en la Catedral de Santo Domingo en fecha 1 de enero de 1828 con Blaisine Blaise Croside. Ella había nacido en Santo Domingo y era hija de los franceses Jean Blaise y Marie Pierre Croside.

Alexis Turenne Carrié Blaise era a su vez nieto de Bernard Phillipe Alexis Carrié Azéma y de Henriette Léveque. Alexis Carrié Azéma, cuarto abuelo materno de Trujillo fue el oficial haitiano de más alta jerarquía durante los 22 años de dominación haitiana en la parte oriental de la isla de Santo Domingo. Era General de División, Duque de la Vega Real, comandante de la parte española de la isla (hoy República Dominicana) y comandante de Les Cayes en Haití. Casó y enviudó varias veces, celebrando su último matrimonio en fecha 29 de diciembre de 1838 en la Catedral de Santo Domingo con Louise Victoire Joséphine Labatte Agustine, teniendo por testigos al coronel del Regimiento 32 y comandante de la Plaza de Armas de Santo Domingo, Jean Marie Saladín, al coronel José Lavastida y al coronel y comandante del Regimiento 31, Pablo Alí. Por lo civil, este matrimonio se realizó ante el oficial Martín Guzmán-Galicia en fecha 28 de diciembre de 1834, figurando los mismos testigos.

Cuando Trujillo visitó a la República de Haití el 8 de marzo de 1936 dijo sentirse orgulloso de sus raíces haitianas y el 9 de marzo firmó en Puerto Príncipe un acuerdo preliminar fronterizo con el entonces presidente haitiano Sténio Vincent. El reporte del Ministro de los Estados Unidos en Haití en el año 1936 refiere que Trujillo bajó las escalinatas del Palacio Presidencial, se dirigió directamente a donde estaba la Guardia de Honor, estrechó contra su pecho las banderas dominicana y haitiana, procedió a estamparles sendos besos a sus pliegues, al tiempo de expresar en alta voz:

Me enorgullezco en declarar ante mis conciudadanos y el mundo, que una alta proporción de sangre africana corre por mis venas” (Bernardo Vega, 2021: 241).

Sténio Vincent luego visitó la República Dominicana y el 14 de abril de 1936 ambos presidentes efectuaron en Ciudad Trujillo el canje de la Ratificación del Protocolo Final del Acuerdo Fronterizo Dominico-Haitiano. Sin embargo, tras darse cuenta Trujillo de que había cometido un gran error al ceder un 3% del territorio nacional en el Acuerdo Fronterizo de 1936 junto a un 8% que había cedido el anterior presidente Horacio Vásquez en el Tratado Fronterizo de 1929, suscrito con el entonces presidente haitiano Louis Borno, para una pérdida total para la República Dominicana de 6,200 km², reaccionó violentamente al llevar a cabo la denominada Masacre del Perejil o El Corte entre los meses de septiembre-octubre de 1937, causando así la muerte de más de 20 mil haitianos y dominicanos de piel negra.

Los territorios cedidos en ambos acuerdos fueron los que actualmente ocupan las poblaciones de Hincha, San Miguel de la Atalaya, San Rafael de la Angostura, Las Caobas y la totalidad de la Laguna del Fondo como resultado del Tratado Fronterizo que firmó Vásquez en 1929, así como los territorios que ocupan las poblaciones de Veladero, El Saltadero y la Miel, resultantes del Acuerdo Fronterizo que firmó Trujillo en 1936.

José Trujillo Valdez, padre de Rafael Leónidas Trujillo Molina, era hijo natural del suboficial español nacido en 1827 en Las Palmas de Gran Canaria, José Trujillo Monagas, quien vino al país con la anexión de la República Dominicana a España en 1861, y de Silveria Valdez Méndez, banileja, vinculada a los Valdez de San Cristóbal. Cuando las tropas españolas se retiraron a Cuba en julio de 1865, tras su derrota en la Guerra de la Restauración en la República Dominicana, Trujillo Monagas se fue con ellas, siendo premiado en 1880 con el cargo de Jefe de la Policía de La Habana, por los “servicios especiales” que realizó en contra de los sectores independentistas, cometiendo todo tipo de actos de barbarie, que fueron muy similares a los que cometería su nieto posteriormente.

José Trujillo Valdez y Altagracia Julia Molina Chevalier tuvieron once (11) hijos en condiciones muy precarias, muy a pesar de que, en el acta de nacimiento de Rafael Leónidas Trujillo Molina, dice que su padre era Administrador de Correos y su madre costurera. Eran siete varones y cuatro hembras, en una casa de madera con techo de zinc, que tenía ocho habitaciones, seis de las cuales eran utilizadas como dormitorios. Rafael Leónidas Trujillo Molina era el tercero de los hijos del matrimonio, después de Flérida Marina y Virgilio Rafael Trujillo Molina. Los otros hermanos en orden de llegada fueron: Rosa María Julieta, José Arismendy (alias Petán), Amable Romeo (Pipí), Aníbal Julio, Nieve Luisa, Pedro Vitilio, Ofelia Japonesa y Héctor Bienvenido Trujillo Molina. Tuvo, además, un hermano de padre, Luis Rafael (Nené), quien fue integrado al hogar de los Trujillo-Molina.

Las precariedades materiales en que se vio envuelta esta familia tan extensa probablemente llevaron a su padre, José Trujillo Valdez, a cometer constantemente actos reñidos con la moral y la ley, tal como expresa el licenciado Ángel Morales: “El padre de Rafael Leónidas Trujillo ha vivido siempre de negocios ilícitos, negociando con cosas ajenas (vacas, caballos, mulos, tierras, maderas, casas, etc.).”. Esto lo confirma Víctor Manuel Medina Bennet al referirse a José Trujillo Valdez, a quien apodaban Pepe y Pepito, cuando afirma: “Pepito era alto conocido en la región de Baní, así como en el Cibao, por sus actividades cuatreras”. Su padre tenía antecedentes delictivos, como se aprecia en la Gaceta Oficial del 18 de diciembre de 1899, en la parte correspondiente al Poder Judicial, línea #31. Aquí figura José Trujillo Valdez procesado por haber cometido homicidio en 1898.

Las actividades ilegales en que estuvo envuelto José Trujillo Valdez es lo que podría explicar que varios de sus hijos, entre ellos Rafael Leónidas Trujillo (Chapita), José Arismendy (Petán), Aníbal Julio y Amable Romeo (Pipí) estuvieran involucrados en actos delincuenciales como robo de ganado y pandillas, siguiendo el mal ejemplo de su padre. Así lo confirma Ángel Morales en carta enviada al representante de los Estados Unidos en la República Dominicana, Sumner Welles:

Trujillo y sus hermanos anduvieron hasta la edad de doce años por las calles y los caminos de San Cristóbal, ejerciendo todas clases de malicias y pillerías que desesperaban a la población, la cual los tenía bautizados con motes tales como ‘La pandilla de Pepito’ referente a Pepe Valdez, el padre de ‘los muchachos’”.

José Arismendy Trujillo (Petán) estuvo preso en varias ocasiones por cuatrero y por cometer otras acciones de robo y vandalismo, tal como lo consigna el periódico La Información de Santiago, de fecha 29 de junio de 1923, cuando informaba:

Ayer fue traído de Puerto Plata, con esposas, el célebre timador Petán Trujillo, quien tiene como veinte procesos pendientes con la justicia”.

El prontuario delictivo de Trujillo entre los años de 1911 y 1918, fecha en que ingresó a la Guardia Nacional, lo describe Ángel Morales en carta dirigida a Sumner Welles en fecha 30 de julio de 1930, desde San Juan, Puerto Rico, con las siguientes palabras:

En 1911, cuando el General Trujillo era empleado en el servicio de Correos y Teléfonos del Estado, sustrajo de la oficina de correos y telégrafos de San Cristóbal fondos del Estado, y perseguido judicialmente salió para Saint-Thomas clandestinamente, permaneciendo allí hasta después de la muerte del presidente Cáceres, en ocasión de las revueltas suscitadas entonces y que permitieron su entrada al país.

En 1912, Trujillo fue nuevamente perseguido y preso en unión de su hermano Virgilio, por robo de animales; en Zorra Buena, colonia del Ingenio Angelina, fue preso y agredido por el español Suragna, por robo de caballos.  (Este señor Suragna vive actualmente en el kilómetro 28 de la Carretera «Duarte»).

En 1918, Trujillo falsificó la firma al señor Bernardino, del cual era empleado; fue procesado y condenado en Santo Domingo a seis meses de prisión, y al salir de la cárcel se enlistó en la Guardia Nacional. En Ramón Santana abusó del señor Coss, a quien le compró un automóvil mediante pagares que nunca le pagó, obligándole por la fuerza ante un pelotón del Ejército a devolverle dichos pagarés.

Durante la Intervención, Mc Lean, que dirigía el cuerpo de Policía Nacional en la Capital, le dio a Trujillo una plaza de agente secreto mediante recomendación del tío de éste, Sr. Teódulo Pina Chevalier. En vez de denunciar y hacer perseguir las casas de juego se combinó con ellas y les recibía un sueldo semanal que partía con su pariente Teódulo Pina. Descubierto por su jefe, fue separado del cuerpo.  Luego fue guardia campestre del Central Andrés y más tarde ingresó a la Guardia Nacional utilizando la estrecha amistad de Teódulo con Mc Lean”.

A ese prontuario delictivo, Morales agrega todas las acciones de violaciones sexuales cometidas contra niñas menores de edad, muchas veces en presencia de sus padres, al tiempo de timarlos económicamente, tal como lo expresa horrorizado en otra parte de esa comunicación:

En Los Llanos, común de San Pedro de Macorís, estupró una jovencita en la sacristía de la iglesia y la raptó, abandonándola pocos días después. La indignación de ese poblado está hoy todavía tan encendida como antes; luego en el Seibo repitió la misma hazaña, raptando otra joven para ofrecerla a un oficial americano.

En Paso del Medio, sección rural de San Pedro de Macorís, le violó al tío de Raúl Mieses una hija y le quitó en su propia casa ochocientos pesos en efectivo; al reclamarlos éste, en unión de su sobrino Raúl, amenazándolo con denunciarlo a los jefes americanos, Trujillo prometió devolverlos y les entregó un pagaré a noventa días por la suma sustraída. Cuando solamente faltaban quince días para el vencimiento, citó al interesado a que fuera donde él a llevar el pagaré y recibir el dinero.  Al siguiente día de esto se encontró al propietario del pagaré muerto de balazos en el camino y el pagaré había desaparecido. Rogelio Jiménez, comerciante de La Vega, hermano de la víctima, hizo la confidencia de esta muerte misteriosa a un amigo, ofreciendo trasladarse a Macorís para aclarar y discutir la cosa en interés de su familia; diez o doce días después de esto, Rogelio fue asesinado horrorosamente por motivo fútil en su establecimiento comercial.

El sobrino, Raúl Mieses, que conocía estos detalles, al cabo de seis años cometió la imprudencia de decirle una noche a Trujillo, ya Jefe del Ejército: ‘Ud. sabe bien que yo lo conozco y que llevo la llave de su cárcel en mis bolsillos’; dos o tres días después de esto murió violentamente, en presencia de los médicos de San Pedro de Macorís, que no pudieron concluir en acuerdo sobre las causas de la muerte.

En Mata de Palma, jurisdicción del Seibo, violó la hija de Secundino Japa (1920-1921); en la Ceibita, del Central Quisqueya, capturó en unión de dos oficiales más, tres señoritas, y en presencia de su padre amarrado fueron violadas; para liberar al padre encarnecido, le exigieron dinero, que el infeliz tuvo que entregar para escapar a la amenaza de ser fusilado como gavillero. Estas fechorías fueron objeto de procesos y consejos de guerra por oficiales americanos que pedían su expulsión del ejército, pero la protección de Mc Lean siempre lo ayudaba y hacia descargarlo.

Tanto Trujillo como Teódulo Pina complacían mucho a Mc Lean, a quien buscaban mujeres, llegando esto en Haina y San Cristóbal al extremo de poner presas y amarrar mujeres negras para que el oficial norteamericano saciara en ellas su erotismo. Mateo Allou, peón del Dr. García Mella en aquel entonces, tuvo que intervenir en cierta ocasión y denunció el caso a los oficiales de la capital. En el prostíbulo llamado ‘La casita blanca’, de San Pedro de Macorís, quiso reclamarle a Pedro Manguala la mitad de lo producido del negocio ilícito que él debía impedir como oficial de la Guardia Nacional y Manguala lo abofeteó en público, amenazándolo con denunciarlo ante sus superiores si lo volvía a molestar.

Fue también procesado por fullerías en San Pedro de Macorís, en donde aplicaba la justicia cobrando multas, reclamando dinero por perdonar faltas, etc. En el mismo lugar perseguía y apresaba a personas inocentes, amenazándolas de hacerlas pasar como gavilleros y fusilarlas, si no le entregaban dinero; fue el inventor de las célebres «encerronas», ayudado por Emilio Franco, Diego Machado y Miguel Berroa, quienes ocultos detrás de un tablado indicaban a los culpables de gavillería, mientras Trujillo hacía desfilar a los moradores del campo. Los que observaban desde el escondite conocían a los pobres y a los pudientes de cada campo y solamente declaraban culpables de gavillerismo, a fin de exigirles dinero, a los que podían pagar. Merckle descubrió el plan y procesó a Trujillo. Durante la prisión que, como alemán, sufrió el Dr. George, lo explotó Trujillo, quitándole dinero frecuentemente dizque para diligencias que harían los oficiales americanos a favor de su liberación.

Trujillo fue en aquel entonces el principal autor de los crímenes, robos y fechorías atribuidos al Capitán Merckle. No se conoce ninguna acción de guerra realizada por Trujillo; pero si se sabe que ponía mucho ensañamiento en castigar a los gavilleros cuando caían presos o se rendían, sin embargo, en el asalto de Fermier, Trujillo se portó tan cobardemente que fue juzgado en público y condenado a retraso del ascenso que tenía prometido”.

Como se ha podido observar, Trujillo abusó sexualmente de varias niñas menores de edad, procediendo a violarlas o estuprarlas, prevaleciéndose de la autoridad que tenía, extorsionando o amedrentando a los padres de las víctimas con que los denunciaría como gavilleros o guerrilleros contrarios a los marines norteamericanos o simplemente procediendo a eliminarlos para borrar todo tipo de evidencia. Aún los propios norteamericanos, en ocasiones, fueron menos crueles que Trujillo en sus actuaciones, viéndose precisados a enfrentarlo públicamente, abofetearlo, juzgarlo en público y aplicarle multas y castigos por sus tropelías, mientras que otros lo encubrían, apoyaban e intercedían en su favor.

INGRESO Y ASCENSO METEÓRICO DE TRUJILLO EN LA GUARDIA NACIONAL DOMINICANA

En el mes de diciembre de 1918, Rafael Leónidas Trujillo Molina solicitó su ingreso a la Guardia Nacional Dominicana al coronel C. F. Williams, el cual comandaba este cuerpo armado que había sido creado por las fuerzas de ocupación norteamericana en el año 1917. Al momento de la incorporación de Trujillo con el rango de Segundo Teniente, este estamento armado tenía en sus filas 21 oficiales norteamericanos, 17 oficiales dominicanos y 691 alistados.

Con la creación de la Guardia Nacional, los norteamericanos se propusieron sustituir al ejército dominicano que se había constituido al calor de la guerra de Independencia, la guerra de la Restauración, la lucha contra el intento de anexión de la República Dominicana a Estados Unidos por parte del presidente Buenaventura Báez y de las luchas inter caudillistas que se dieron en las diferentes regiones del país.

El coronel Williams envió la solicitud de ingreso de Trujillo a la Guardia Nacional al mayor James J. MacLean, con lo que quedó asegurada la aceptación del joven dominicano, ya que había vivido en el país desde 1907 y se desempeñó por mucho tiempo como oficial norteamericano de aduanas en la zona fronteriza, antes de incorporarse a la Guardia Nacional Dominicana como inspector al momento de su creación, donde cultivo una gran amistad con el tío de Trujillo, Teódulo Pina Chevalier. Posteriormente, McLean pasaría a ser comandante de la guardia en los distritos del sur y el este del país, donde consolidaría su relación con Trujillo, lo protegería y defendería ante sus superiores. El rango de Segundo Teniente le fue confirmado a Trujillo el 22 de diciembre de 1921 después de cursar estudios en la Academia Militar de Haina, creada en agosto de ese año.

MacLean sería sometido a la justicia militar cuatro años después de la solicitud de Trujillo, por haber criticado a sus superiores, razón por la cual fue expulsado de la Guardia Nacional. Este oficial norteamericano fue asesinado por un dominicano en circunstancias misteriosas en 1925, mientras cuidaba una finca de sisal de un norteamericano en el poblado de Enriquillo. El asesino admitió haber recibido una paga de US$300 para cometer el hecho. Según afirma Albert Hicks (1946), Trujillo tuvo que ver con su muerte, pues conocía demasiados secretos suyos. La incorporación de Trujillo a la Guardia Nacional quedó asegurada porque desde hacía varios años MacLean era amigo íntimo de Teódulo Pina Chevalier, tío de Trujillo.

En su carta de solicitud de ingreso a la Guardia Nacional, Trujillo expresaba:

Con perdón de la modestia, debo significarle, que no poseo vicios de tomar bebidas alcohólicas ni de fumar y que no he sido sometido a tribunales, ni siquiera por asuntos de simple policía» (Bernardo Vega, 1992:3). Asimismo, en esa comunicación agregaba que “en mi pueblo natal pertenezco a la primera sociedad”. Todo esto contrastaba con la realidad, ya que Trujillo y sus hermanos desde sus años de adolescentes estaban involucrados en hechos delictivos y no pertenecían a la sociedad de primera, sino a la clase media pobre de San Cristóbal.

Trujillo fue aceptado en la Guardia Nacional con el rango de Segundo Teniente, siendo el oficial dominicano de mayor rango el capitán Adriano Valdez. Junto con Trujillo, como Segundos Tenientes, también entraron José Alfonseca y César Lora, entre otros. En el año 1918 la Guardia Nacional se dedicaba principalmente a perseguir a los campesinos rebeldes que las tropas norteamericanas denominaban despectivamente “gavilleros” en toda la región Este de la República Dominicana, cuyos principales líderes en las diferentes provincias eran Vicente Evangelista (Vicentico), Ramón Natera, Fidel Ferrer, Martín Peguero, Ramón Batía, José Piña, Luciano Reyes, Pedro Celestino del Rosario (Tolete), Marcial Guerrero, Cabo Gil, Mayito Pérez y Félix Laureano.

Asimismo, las fuerzas de ocupación hostigaron al líder mesiánico Olivorio Mateo (Liborio), a quien los campesinos del Valle de San Juan de la Maguana llamaban “Dios Olivorio”, el cual en 1917 sufrió más de 40 bajas en un enfrentamiento con las fuerzas de ocupación y en 1918 fue atacado nuevamente, logrando escapar otra vez. Finalmente, Liborio fue asesinado el 27 de junio de 1922 en una emboscada preparada con la colaboración de dos hermanos traidores Lalín y Enerio Romero quienes, tras ser comprados por la Policía Nacional Dominicana, guiaron a las tropas norteamericanas hasta su último escondite en el lugar denominado La Joya del Infierno, ubicado entre los picos Pelona y Duarte, de la Cordillera Central.

Igualmente, los marines norteamericanos, con el auxilio de la Policía Nacional Dominicana, sitiaron a diferentes grupos rebeldes que operaban en la provincia de Santo Domingo, en la parte Oeste de San Cristóbal, en el Norte de Baní, en las montañas de Neiba, así como también en los campos de Yamasá.

Fue en las labores de persecución de los “gavilleros” en la región Este del país cuando Trujillo ganó fama de cruel, abusador, delator, timador, violador y de involucrarse en todo tipo de acciones ilegales, prevaliéndose de la autoridad que da el informe. Trujillo fue enviado a San Pedro de Macorís a combatir los “gavilleros”. Precisamente dos meses antes de la incorporación de Trujillo a la Guardia Nacional, el Ingenio Consuelo reportaba que en un período de 17 días sus propiedades habían sido atacadas cinco veces, estimándose en 400 el número de los “gavilleros” que lo atacaban. Fue en esa zona del país donde Trujillo se dio a conocer en la Guardia Nacional al dedicarse a perseguir y cazar reales o supuestos “gavilleros”, con lo cual logró escalar meteóricamente al interior de ese cuerpo militar, al tiempo de valerse de las relaciones que cultivó con los oficiales norteamericanos y de todo tipo de artimañas.

El ex Ministro de los Estados Unidos en Santo Domingo, Horace Knowles, relató en el periódico The New York Times, de fecha 29 de diciembre de 1921, los abusos, crueldades y asesinatos cometidos en Santo Domingo por los marines y destacó de forma específica el crimen de que fue víctima el líder “gavillero” Vicente Evangelista («Vicentico») y algunos de sus acompañantes, lo cual estaba abordando en ese momento una comisión del Congreso norteamericano que había visitado el país.

Knowles se refirió a la declaración jurada del ex oficial norteamericano de la Infantería de Marina James C. MacLean, amigo del tío de Trujillo, de que habían invitado a Vicentico a visitar la fortaleza de El Seibo, donde supuestamente recibiría de los norteamericanos una oferta de ingresar a la Guardia, pero no fue así. MacLean expresó que Watson le informó haber recibido instrucciones de espiar a Evangelista y posteriormente asesinarlo, pero que evitó cumplir esa orden para “no ensuciar sus manos de sangre negra”. Efectivamente, Vicente Evangelista se rindió ante los norteamericanos en El Seibo, pero sus verdugos le aplicaron “la ley de fuga”, para justificar su vil asesinato. No obstante, en sus declaraciones formales ante la comisión congresional norteamericana que había estado en Santo Domingo, Knowles no señaló por sus nombres a los oficiales norteamericanos MacLean y Watson al describir la captura y muerte de Vicentico.

Ante esa acusación pública, Watson dirigió una comunicación desde Santiago de los Caballeros directamente al jefe del U.S. Marine Corps en Washington, sin poner al tanto a ninguno de sus oficiales superiores en Santo Domingo, en la que decía que las denuncias realizadas en su contra eran absolutamente falsas, ya que entre enero y septiembre de 1917 había estado en Santo Domingo mientras que Vicentico había sido muerto en julio de ese año. Sin embargo, un periódico de los propios infantes de marina publicado en Santo Domingo en que se describían las actividades de la 44 Compañía, destacaba que durante el mes de julio de 1917 ese cuerpo militar fue tras Vicentico, logrando su entrega y que, precisamente un mes antes, el 6 de junio, el Segundo Teniente Thomas E. Watson sustituyó al Capitán Rubén como Comandante de la Compañía y que fue en octubre que ésta se trasladó a Barahona. Esto revela que el oficial Watson había mentido a su superior, ya que fue bajo su comandancia que ocurrió el asesinato de Vicentico, razón por la cual escribió directa y exclusivamente a Washington, pues sus superiores en Santo Domingo hubiesen advertido la mentira al estudiar su expediente.

A principios del año 1922 Trujillo fue trasladado a Santiago, para seguir operando bajo las órdenes de Watson, quien ostentaba la posición de Comandante del Departamento Norte de la Guardia Nacional, en virtud de su requerimiento, ya que tenía plena confianza en él. En un »Informe sobre aptitudes de oficiales», del primero de abril al 30 de septiembre de 1922, Watson diría sobre Trujillo: “Este oficial es muy eficiente. Es de los mejores oficiales del Departamento Norte”. Cuando estuvo como oficial en la ciudad de Santiago, Trujillo vivía en la casa del Comandante Watson, lo que pone de manifiesto la relación estrecha que había entre ambos.

En octubre de 1922 a Watson le asignaron el manejo de un centro de entrenamiento de oficiales dominicanos en Santiago y ascendido a Teniente Coronel de la Guardia. En noviembre de 1922, Trujillo fue ascendido a Capitán instructor y trasladado a San Francisco de Macorís, como Comandante. En ese momento cinco dominicanos ostentaban una jerarquía superior a la suya dentro de la Policía Nacional Dominicana (PND), que fue el nombre que se le dio al cuerpo armado creado a raíz del denominado Plan Hughes-Peynado. Trujillo era uno de los diecisiete capitanes en la Policía Nacional, que entonces comandaba el Coronel Buenaventura Cabral y Báez, de 49 años, nieto del Presidente Buenaventura Báez y hermano de quien sería uno de los principales personeros de Trujillo, Mario Fermín Cabral y Báez, así como del destacado abogado, político y empresario José María Cabral y Báez.

En febrero de 1924, siendo presidente provisional el magnate azucarero Juan Vicini Burgos, el oficial César Lora, quien era Director del Departamento Norte, casualmente murió trágicamente en Santiago. Vicini Burgos contaba con un mayor y 15 capitanes entre los cuales escoger para llenar el vacío. Sin embargo, optó por Trujillo, quien en ese momento era inspector en Barahona, pero sin pasarlo al rango de Mayor, aunque sí dejándolo temporalmente como Director de la Plaza de Santiago, ya que estaban en pleno período electoral y quería dejarle la decisión definitiva al nuevo presidente electo.

Trujillo estuvo, pues, en la tercera posición más alta dentro de la PND al momento de juramentarse Horacio Vásquez como Presidente en julio de 1924. Vásquez confirmó a Trujillo como Director del Departamento Norte en septiembre de 1924 y lo ascendió al rango de Mayor. Entonces Trujillo tendría tan sólo dos superiores: el Coronel Comandante Buenaventura Cabral y el Teniente Coronel Jesús García, ya que Manuel Aybar -a quien se le había pasado por encima- había renunciado. Pocos días después los infantes de marina de los Estados Unidos, Thomas E. Watson entre ellos, abandonaban el país.

Habían transcurrido apenas cuatro meses desde su juramentación, cuando en el año 1925 el presidente Horacio Vásquez ascendió vertiginosamente a Rafael Leónidas Trujillo Molina al rango de Teniente Coronel, Jefe de Estado Mayor y Comandante Auxiliar de la Policía Nacional Dominicana, en sustitución de Jesús García, renunciante, en virtud de la preferencia que el mandatario había mostrado hacia ese oficial. Dos años después, hacia el 1927, Trujillo sería elevado al rango de General de Brigada por parte del presidente Vásquez, pasando a ser el Comandante General de la Policía Nacional Dominicana. En 1928 el presidente Horacio Vásquez cambió el nombre de este cuerpo armado por el de Ejército Nacional, siendo el brigadier Rafael Leónidas Trujillo Molina su Jefe de Estado Mayor.

Desde esa elevada posición, a Trujillo le fue fácil ir articulando a su favor a una serie de sectores tanto en Santo Domingo, Santiago como en San Cristóbal, para neutralizar a las personas más cercanas al presidente Horacio Vásquez como el vicepresidente Federico Velázquez, el Presidente del Senado, Dr. José Dolores Alfonseca y Martín de Moya, quienes tenían ambiciones presidenciales y tenían serias contradicciones entre sí.

Cuando el presidente Vásquez y sus seguidores en el Congreso Nacional impusieron la extensión del período presidencial en dos años más, justificando que había sido electo de acuerdo con la Constitución de 1908 que le otorgaba seis años consecutivos y no conforme a la de 1924 que tan sólo le concedía cuatro años, desataron los demonios entre sus aliados y sus partidarios más cercanos. Es así como el vicepresidente Velázquez decide desmontarse del tren, ya que se le había incumplido la promesa de que en el 1924 él iba a ser el candidato presidencial de la Alianza Nacional Progresista, lo que aprovecha Vásquez para colocar al Dr. José Dolores Alfonseca, senador por Santiago de los Caballeros, como vicepresidente de la República.

Esta situación desata al interior del Partido Nacional una lucha por el poder entre José Dolores Alfonseca y Martín de Moya, sobrino político de Vásquez y Ministro de Hacienda, que el Jefe de Estado intenta detener con la reelección presidencial, muy a pesar de su delicado estado de salud que le llevó de emergencia a Baltimore, donde hubo que extraerle un riñón por sus graves complicaciones renales. Esto lo aprovechó el Jefe del Ejército, Rafael Leónidas Trujillo Molina, para orquestar una trama conspirativa denominada paradójicamente Movimiento Cívico que inició el 23 de febrero de 1930, en coordinación con el abogado santiagués Rafael Estrella Ureña, quien había vivido en Italia y a su regreso a la República Dominicana formó el Partido Republicano y organizó una marcha armada desde Santiago hasta Santo Domingo para derrocar de la Presidencia de la República a Horacio Vázquez, tal como había hecho Benito Mussolini con la Gran Marcha sobre Roma en 1922.

Estrella Ureña y Trujillo, con la participación de Desiderio Arias, en tanto jefe del Partido Liberal y encargado del Batallón Armado; de Elías Brache, jefe de la Coalición Patriótica de Ciudadanos; de Joaquín Balaguer, abogado y redactor del Manifiesto del Movimiento Cívico; del poeta Tomás Hernández Franco, quien bautizó el movimiento bajo la denominación de “La más anunciada Revolución de América”, así como de otros intelectuales y cientos de adeptos, impusieron la designación de Estrella Ureña como Ministro de Interior y Policía.

Posteriormente, forzaron la renuncia de Horacio Vásquez y José Dolores Alfonseca de la Presidencia y la Vicepresidencia de la República, para en su lugar colocar interinamente el 2 de marzo de 1930 a Rafael Estrella Ureña como Presidente de la República, tal como lo establecía la modificación constitucional de enero de 1929. De esa manera, el Jefe del Ejército allanaba el camino para, en unas elecciones caracterizadas por la violencia contra los opositores perpetrada por el grupo vandálico o paramilitar de la 42 y por un gran fraude electoral como las realizadas el 16 de mayo de 1930, asumir la Presidencia de la República Dominicana a partir del 16 de agosto de 1930.

FACTORES QUE CONTRIBUYERON A LA CONSOLIDACIÓN DE LA DICTADURA DE TRUJILLO

Habían transcurrido apenas dos semanas de que el general Rafael Leónidas Trujillo Molina había asumido la Presidencia de la República Dominicana, cuando el ojo del poderoso Huracán de San Zenón, de categoría 4, entró, azotó y destruyó todos los barrios y sectores periféricos a la Zona Colonial de la ciudad de Santo Domingo, Primada de América, el 3 de septiembre de 1930, donde solo sobrevivieron las construcciones coloniales centenarias de piedra y concreto armado. Los barrios del gran Santo Domingo que quedaron más destruidos fueron Villa Duarte, Villa Francisca, Ciudad Nueva y Gazcue.

La incredulidad de la ciudadanía ante los reportes meteorológicos dados por las autoridades junto a las condiciones precarias de las viviendas de los barrios y sectores periféricos, fueron las causas principales de las grandes pérdidas materiales y humanos. Las pérdidas económicas sobrepasaron los 25 millones de pesos, lo cual dejó al país sumergido en la más extrema pobreza. En tanto que el saldo que dejó el Huracán San Zenón fue de 4 mil muertos y más de 20 mil heridos, al tiempo que dejó a miles de hogares sin viviendas y otros miles de damnificados. Las víctimas fueron quemadas y enterradas en una fosa común en la entonces conocida plaza Colombina, hoy plaza Eugenio María de Hostos, por disposición del presidente Trujillo.

De igual manera, los árboles caídos bloquearon e hicieron colapsar puentes, calles, redes eléctricas y telefónicas, así como el suministro de agua potable y el sistema de alcantarillado. Los hospitales públicos y los centros médicos privados fueron abarrotados por la presencia masiva de personas heridas y en condiciones de extrema gravedad.

Se improvisaron refugios con casas de campaña proporcionadas por naciones vecinas en los distintos sectores de la ciudad de Santo Domingo, al tiempo que se levantaron casuchas con la madera que las personas lograron recolectar en diferentes lugares. La solidaridad internacional no se hizo esperar, la ayuda de países hermanos como Puerto Rico y de organizaciones internacionales como la Cruz Roja Internacional no se hizo esperar.

Esa situación caótica generada por el Ciclón San Zenón le sirvió de excusa al presidente Trujillo para declarar al país en Estado de Emergencia, perseguir y linchar a sus enemigos políticos, sobre todo aquellos sectores vinculados al horacismo como Horacio Vásquez, Federico Velázquez, José Dolores Alfonseca, Ángel Morales y Virgilio Mainardi Reyna, al tiempo de aprovechar la situación para ajustar cuentas con sus aliados circunstanciales que tenían aspiraciones presidenciales o podían constituirse en un obstáculo para su permanencia en el poder, como Desiderio Arias y Rafael Estrella Ureña.

Trujillo Molina enfrentó, encarceló o deportó a los intelectuales que tenían posiciones críticas hacia su régimen y que no bajaron la cerviz para arrodillarse ante él, como fueron los casos de Américo Lugo, Juan Isidro Jimenes-Grullón, Luis F. Mejía, Juan Bosch y Pedro Mir, entre otros. En tanto que otros intelectuales, que otrora habían asumido una actitud crítica ante la ocupación haitiana, el gobierno de Horacio Vásquez y en cierta medida al gobierno de Trujillo en sus inicios, al tiempo que adoptaron ideas socialistas, como fueron los casos de Francisco Prats Ramírez, Joaquín Balaguer, Gilberto Sánchez Lustrino, Manuel Arturo Peña-Batlle, Tomás Hernández Franco, Héctor Incháustegui Cabral, Emilio Rodríguez Demorizi, Max Henríquez Ureña, Virgilio Díaz Ordóñez y Virgilio Díaz Grullón, entre otros, se convirtieron en intelectuales orgánicos de la dictadura de Trujillo e ideólogos de la visión hispanófila y antihaitiana que asumió características de ideología de Estado en el régimen trujillista.

El general Trujillo Molina allanó así el camino para establecer en la República Dominicana un régimen totalmente dictatorial, personalista, paramilitar, parapolicial y criminal, que se caracterizaría por un rotundo irrespeto a los derechos humanos, a las libertades públicas y al Estado de Derecho, al tiempo de monopolizar las diferentes áreas de la economía dominicana, hacer una alianza indestructible con la Iglesia Católica en perjuicio del ideal hostosiano de una educación laica, convertirse en el campeón del anticomunismo en América Latina y el Caribe, así como encuadrar política y socialmente a los diferentes sectores de la sociedad dominicana en organizaciones trujillistas para garantizar su control absoluto.

 

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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