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De depender de Rusia a depender de Estados Unidos

Written by Debate Plural

La marea climática (30-3-22)

 

La Unión Europea cambia los gasoductos rusos por los buques metaneros estadounidenses. Las organizaciones medioambientales prevén un «desastre» ante la resistencia europea a la transición energética.

El pasado viernes la Unión Europea y Estados Unidos llegaron a un acuerdo para aumentar el suministro de gas natural licuado (GNL). Con él pretenden paliar la crisis energética desatada por la invasión rusa de Ucrania. Europa cambia así una parte del gas que compra a Rusia a través de gasoductos por el transportado en buques metaneros desde América. Para este año, el incremento de GNL estadounidense se cifró en 15.000 millones de metros cúbicos adicionales. Según el Departamento de Energía de Estados Unidos, su producción de gas crecerá un 20% durante 2022.

Diversas organizaciones medioambientales han alertado de las consecuencias de esta maniobra diplomática y económica. «Deberíamos hacer una transición rápida hacia una energía limpia y asequible, no duplicar los combustibles fósiles», advertía Kelly Sheehan, directora de las campañas de energía de Sierra Club. «Reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles es la única forma de dejar de ser vulnerable a los caprichos de la geopolítica y de unas industrias codiciosas», añadió.

En 2021, EE.UU. ya exportó 22.000 millones de metros cúbicos de GNL a Europa, muchos de los cuales fueron transformados en las seis plantas de regasificación operativas en España. Esa cantidad aumentará en más de un 65% (un ambicioso plan que sólo servirá para reemplazar el 10% del gas ruso) y será exportado por la compañía Cheniere Energy desde dos terminales situadas en Sabine Pass (Luisiana) y Corpus Christi (Texas). El estado texano fue señalado en un reciente estudio como uno de los principales focos de fugas masivas de metano a la atmósfera. El metano, como es sabido, tiene un poder de calentamiento entre 28 y 80 veces superior al del CO2. Además, en EEUU el gas natural (nombre comercial del gas fósil) se obtiene principalmente mediante fracturación hidráulica (o fracking), un método con enormes impactos en el medioambiente.

Joe Biden, que presentó su plan en Bruselas junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, omitió todas estas contraindicaciones asociadas al gas. De hecho, aseguró que el acuerdo no compromete los objetivos climáticos y que la guerra de Ucrania actuará como «catalizador» en el desarrollo de las energías renovables. Pero los hechos contradicen sus palabras: en el mejor espíritu retardista, EEUU maneja proyectos para la construcción de 16 nuevas plantas de gas en el Golfo de México. Según Sheehan, esa ampliación alargaría «durante décadas» la dependencia de unos combustibles fósiles «volátiles y peligrosos» y significaría «un desastre para nuestro clima y para las comunidades del Golfo, que ya están sobrecargadas».

«Impulsar más plantas para la exportación de productos tóxicos y para aumentar la emisiones de metano durante décadas es una sentencia de muerte para quienes están en primera línea de la emergencia climática», ha señalado, por su parte, Kassie Siegel, directora del Instituto de Derecho Climático del Centro para la Diversidad Biológica. Y, en cualquier caso, «no resolverá la actual crisis europea», agregó.

Rusia sigue vendiendo gas (con sus condiciones)

Rusia ha reiterado hoy que no suministrará gas a los países europeos si no le pagan en rublos, una maniobra ideada para contrarrestar las sanciones internacionales y rehabilitar su maltrecha economía doméstica. «Es evidente que no vamos a suministrar gas gratis. En la situación actual Rusia no puede dedicarse a la caridad», declaró Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin.

Pagado en dólares o en rublos, el gas sigue fluyendo hacia Alemania, incapaz de afrontar una desconexión rápida de este hidrocarburo. Desde Berlín aseguran que tienen un plan para abandonar el gas en dos años. Mientras eso ocurre, siguen comprando a Rusia y buscan proveedores en el Golfo Pérsico.

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