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La Historiografía Marxista en la República Dominicana

Written by Juan de la Cruz

Por Juan de la Cruz

 

La historiografía marxista es una de las piedras angulares de la dialéctica materialista que nos permite investigar y comprender en todas sus profundidades la totalidad compleja en movimiento que es la sociedad.

  1. Historiografía, epistemología y metodología

La totalidad social e histórica, al igual que la naturaleza, se rige por leyes objetivas que existen con independencia del pensamiento humano, las cuales podemos conocer y poner a nuestro servicio en la medida en que se traduzcan al cerebro mediante el proceso de reflejo –por intermediación de la práctica social-, convirtiéndolas así en leyes de la lógica y de la teoría del conocimiento. En ese sentido, Lenin expresa: “Las leyes de la lógica son el reflejo de lo objetivo en la conciencia subjetiva del ser humano”[1] .

     Existen altos niveles de relación e identidad entre la ontología, la teoría del conocimiento y la lógica dialéctica en lo que concierne al contenido; o lo que es lo mismo, hay plena coincidencia entre las leyes del pensamiento y las leyes del ser, siendo aquellas el reflejo de éstas. Aunque es preciso aclarar que ambas difieren significativamente por su forma[2] .

La práctica es el factor de intermediación o unidad entre el sujeto y el objeto, con primacía de este sobre aquel. En la práctica, el sujeto supera su subjetiva y el objeto su objetividad, en virtud de la contradicción sujeto-objeto, la cual se manifiesta en forma de choque, de lucha… y se traduce en determinación creadora. En este proceso de confrontación, transformación y creación, el ser humano humaniza a la naturaleza al tiempo que se humaniza así mismo.

Pedro Mir

La práctica social, considerada como un todo, integra las relaciones sociales a todos los niveles, las relaciones materiales e ideológicas, la producción y el desarrollo de la conciencia, la satisfacción de todas las necesidades del ser humano, la construcción del destino y de la historia… La práctica está inserta en el origen del conocimiento (vía lo concreto-sensorial y las percepciones) e igualmente en el fin (a través de la verificación, el control, la aplicación y la realización de las acciones); es decir, envuelve toda una espiral ascendente. En la unidad de la teoría y la práctica, esta última tiene primacía, de la misma manera que hay primacía del objeto en la unidad sujeto-objeto.

La práctica siempre es concreta. La teoría vive en constante renovación en la medida en que la práctica aporta permanentemente nuevas facetas del objeto, que el ser humano se ve precisado a investigar. Así se desarrolla el movimiento dialectico de lo concreto a lo abstracto y el retorno a lo concreto enriquecido –de lo particular a lo general y recíprocamente y al tiempo que se superan mutuamente-. La práctica plantea los problemas y exige la solución; la teoría elabora, anticipa, formula, une y completa[3] .

Para la teoría marxista, el conocimiento tiene un conjunto de atributos esenciales, de los cuales destacan los siguientes:

-El conocimiento es esencialmente práctico, en tanto que la experiencia es su referencia más inmediata y solo la práctica nos pone en contacto directo con la realidad objetiva.

-El conocimiento es esencialmente social, en tanto que los seres humanos vivimos en sociedad y en ella nos relacionamos, convivimos, compartimos, trabajamos, estudiamos… con otros seres que tienen características semejantes y/o diferentes a nosotros, de los cuales aprendemos y a los cuales también aportamos.

-El conocimiento es esencialmente histórico, en tanto ha sido adquirido y conquistado por la humanidad en un largo y difícil proceso que va de la ignorancia al saber, de lo pequeño a lo grande, de lo más simple a lo más complejo[4] . Pero es un proceso que no tiene fin, tal como lo sugiere Lenin: “El conocimiento es la aproximación eterna, infinita, del pensamiento al objeto¨[5] .

Federico Engels

La historiografía marxista parte de esas premisas epistemológicas al investigar la realidad social en su devenir, buscando aprehenderla en toda su complejidad, para lo cual asume la teoría dialéctico-materialista y su método –el dialéctico-. Esa teoría y este método al ser enfocados al estudio de la totalidad social e histórica asumen la denominación de materialismo histórico, pero ambos continúan siendo al mismo tiempo materialismo dialéctico. Sin embargo, se establece la distinción entre ambos para significar que este último abarca también otras esferas de la realidad objetiva y subjetiva que trascienden el campo de acción del primero. De todas maneras, por el nivel de identidad que existe entre ambos, a la filosofía marxista se le reconoce bajo la denominación de materialismo dialéctico e histórico.

El siguiente esquema, tomado del historiador polaco Jerzy Topolsky[6] , nos revela los niveles de relaciones existentes entre el materialismo histórico y el materialismo dialéctico:

El materialismo histórico nos permite estudiar las diferentes instancias de la vida social en una dinámica y compleja articulación que nos hace avanzar progresivamente al conocimiento de la totalidad social concreta, vía el proceso de aprehensión de la realidad por el pensamiento.[7] En tal sentido, Lenin hace la siguiente afirmación: “El desarrollo de la totalidad de los momentos de realidad = la esencia del conocimiento dialectico”. [8]

A continuación, presentamos un esquema de la sociedad como un todo (totalidad social), donde se muestran los puntos de articulación de las partes que lo constituyen:[9]

Ese todo social se rige por leyes que dan cuenta de regularidades sincrónicas (estructuradas), regularidades diacrónicas (causales, direccionales) y regularidades sincrónicas-diacrónicas (regularidades de desarrollo, regularidades estructurales-direccionales), las que a su vez dan cuenta de condicionamiento profundo, a los cuales están subordinadas las causas principales de los hechos históricos y subsecuentemente –a través de estas últimas- las cadenas de causas directas, accidentales o adventicias.

Mao Tsé Tung

Ahora veamos las principales regularidades y leyes que rigen a la totalidad social en movimiento.

Las regularidades sincrónicas (estructurales) indican las relaciones mutuas que se establecen entre hechos históricos simultáneos, al tiempo que condicionan la existencia de una red específica de uniones entre los elementos del sistema.

Las leyes correspondientes a las regularidades sincrónicas (estructurales) son las siguientes:

  1. Ley de la macroestructura;
  2. Ley de la estructura económica;
  3. Ley de la estructura social;
  4. Ley de la estructura Jurídico-Política e Ideológica (o superestructura).

La ley de la macroestructura se refiere al sistema histórico más amplio que contribuye a la formación de la humanidad. Ese macrosistema está constituido por los siguientes elementos: la infraestructura y la superestructura. La infraestructura se refiere a la base económica de la sociedad, la cual se expresa a través de las fuerzas productivas y las relaciones de producción.

Las fuerzas productivas son el resultado de la unidad dialéctica que se establece entre los medios de producción (objeto de trabajo + medio de trabajo) y la fuerza humana de trabajo. El objeto de trabajo es aquello que deseamos transformar; los medios de trabajo son el conjunto de útiles, herramientas, procedimientos, maquinarias, edificaciones, medios de transportes, obras públicas…, mediante los cuales los seres humanos transformamos elementos de la naturaleza con miras a la producción de bienes materiales y servicios; la fuerza humana de trabajo es la fuerza que gasta el ser humano para llevar a cabo la transformación del objeto con los medios de trabajo, o sea, es la fuerza que invertimos los seres humanos para producir un bien material o un servicio.

Las relaciones de producción son relaciones o uniones entre los seres humanos que se desarrollan en el curso de los procesos de producción. Hay diferentes tipos de relaciones de producción: de propiedad, de intercambio, de circulación, de consumo…

Hay una gran reciprocidad entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, ya que las unas no pueden existir sin las otras, al tener siempre una unión paralela, la cual opera según el principio de retroalimentación, puesto que –al ser la unión fundamental en el mecanismo del desarrollo histórico (el punto de partida del autodesarrollo)- no depende de ningún sistema de réplica. La necesaria coexistencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se refleja en la categoría de modo de producción.

Otro elemento del macrosistema es la superestructura, la cual se refiere al conjunto de instituciones sociales y políticas, a las normas jurídicas y a las múltiples expresiones ideológicas que se ponen de manifiesto en una sociedad determinada en un periodo concreto de su desarrollo histórico.

Hay una estrecha relación entre la infra y la superestructura, en la cual si bien es cierto la base económica o infraestructura es el aspecto determinante –en última instancia-, no es menos ciertos que la superestructura cuenta con márgenes de autonomía relativa e influye de manera considerable en los cambios que se producen en la infraestructura.

Antonio Gramsci

De manera que la ley de macroestructura podría formularse así: ningún elemento de macrosistema o totalidad de los hechos sociales (las fuerzas productivas. Las relaciones de producción –la infraestructura- y la superestructura) pueden existir independientemente uno de otros; solo pueden funcionar relacionados sincrónicamente.

     La ley de la estructura económica señala la coexistencia de dos esferas de relaciones económicas: relaciones de producción y relaciones de distribución. Ambas están relacionadas por objetos materiales que sirven para satisfacer las necesidades humanas, es decir, mercancías (medios de producción y productos). La satisfacción de las necesidades es el objetivo de la actividad económica del ser humano. El intento de satisfacer las necesidades es, en este caso, un sistema de réplica que enlaza estos dos elementos de las relaciones económicas, tal como muestra el siguiente esquema:

Aunque no hay una unión paralela “pura”: como es el caso de las uniones en el macrosistema, tenemos una combinación de uniones paralelas con retroalimentaciones, de modo que las fuerzas de acción de los diversos elementos difieren entre sí. Los problemas relacionados con estas uniones son estudios a profundidad por la economía política.

La ley de la estructura social afirma que en el proceso de la producción social los seres humanos son mutuamente dependientes, lo cual significa que ese proceso no podría tener lugar sin su acción simultánea. Partiendo de situaciones modelos, la naturaleza de esa dependencia mutua puede tener dos caras: 1) Solo en el área de la tecnología de la producción (cooperación) y 2) Tanto en el área de la tecnología productiva como en el aspecto social de la producción (propiedad).

Las relaciones sincrónicas de cooperación solo tienen lugar cuando los medios de producción pertenecen por igual a todos los que participan en el proceso social de la producción, es decir, cuando hay posesión pública de los medios de producción. Esto ocurre en la comunidad primitiva y en la sociedad socialista.

Si las diversas personas tienen diferentes relaciones con la propiedad (o sea, con el elemento básico de las relaciones de producción), entonces hay propiedad privada de los medios de producción. Esto significa que las personas se distinguen unas de las otras no solo por el lugar que ocupan en el proceso de producción (o sea, por profesión u oficio), sino también por ser propietario o no de los medios de producción. Este último criterio es el que hace posible distinguir los dos grupos sociales básicos (y opuestos), que podemos llamas clases sociales básicas.

Rosa Luxemburgo

La ley de la estructura social se convierte entonces en la ley de la estructura de clase. Afirma que una sociedad en la que hay propiedad privada de los medios de producción existen dos clases básicas y opuestas, cuya existencia depende la una de la otra: una es propietaria de los medios de producción y la otra es desposeída de los medios de producción. Esta situación conduce al enfrentamiento clasista (o lucha de clases) entre las dos clases antagónicas de la sociedad, que se expresa en luchas por demandas económicas inmediatas, en luchas por hacer prevalecer sus ideas y visión de la realidad y en luchas por la toma del poder político. La ley de la estructura de clases fue descubierta por Marx y Engels y desarrollada en varias de sus obras.

La ley de la superestructura es aquella en que hay una unión paralela –completada en algunos casos con retroalimentaciones de fuerzas variables- entre la parte institucional (jurídico-política) de la superestructura y aquellos elementos que están basados en la conciencia (ideológica).

En la parte institucional el aparato llamado legitimar el sistema de dominación existente y al mismo tiempo regularizar el funcionamiento de la sociedad dentro de determinados límites que favorezcan la reproducción de las relaciones de producción vigentes, en el Estado. Este cumple tres funciones básicas: 1) Una función represiva, que tiene su expresión en el ejército permanente, loa policía, las cárceles, los tribunales de justicias… 2) Una función técnico-administrativa, que tiene como forma de expresión el gobierno, el parlamento y a la administración pública en general… y 3) Una función ideológica, que tiene su expresión a través de los aparatos ideológicos del Estado (iglesias, escuelas, familias, justicias, sistema de partidos, sindicatos y asociaciones civiles, medios de comunicaciones de masas, cultura…).

La ideología también juega un rol muy importante en el mantenimiento del sistema de dominación, ya que las clases dominantes la utilizan para deformar la realidad, con miras a su justificación y así tratar de conciliar las contradicciones que se expresan al interior de la sociedad. Sin embargo, las clases dominadas y revolucionarias están en el deber de producir ideologías que den cuenta de las verdaderas contradicciones que les son inherentes a las sociedades clasistas, así como potenciarlas y promoverlas, cara a la transformación revolucionaria de la realidad.

Roberto Cassá

La ideología se expresa a través de dos tipos de sistemas básicos: 1) Los sistemas de ideas-representaciones sociales, y 2) los sistemas de actitudes-comportamientos sociales. Estos últimos son más difíciles de modificar por el hecho de que se han convertido en parte esencial de la cotidianidad de los seres humanos.

Las características principales de la ideología se pueden resumir del modo siguiente:

-Asegura la cohesión del sistema de dominación social;

-Cohesiona a los individuos en sus roles, en sus funciones y en sus relaciones sociales;

-Transforma la conciencia, actitudes y conductas de los seres humanos, adecuándolas a sus        tareas y a sus condiciones de existencia;

-Tiene presencia en las esferas del cuerpo social, expresándose a través de regiones específicas que poseen autonomía relativa;

-Expresa las representaciones que tienen las diferentes clases sociales sobre la realidad, las cuales se manifiestan en forma de tendencias ideológicas contrarias: unas en procura del mantenimiento del sistema de dominación vigente, otras en procura de su transformación revolucionaria y las demás con posturas intermedias entre las unas y las otras.

Franklin Franco Pichardo

La ideología es el resultado de dos tipos de determinaciones fundamentales: una interna a la estructura ideológica misma y la otra externa (jurídico-política y económica). Es decir, la ideología es el resultado de una determinación compleja, estructural, no de una determinación directa, mecánica, de la base económica o infraestructura.

Las regularidades diacrónicas (causales, direccionales) indican el paso del tiempo necesario para que llegue estimulo de un elemento o sistema a (o unas condiciones de salida a) y que provoque una respuesta en un elemento o sistema b (o unas condiciones de entrada de b).

Las regularidades diacrónicas (causales) describen los modos en que ciertas clases de hechos son direccionalmente dependientes de otras clases de hechos. En otras palabras, afirman que los hechos específicos (sistemas) siempre dan lugar a otros hechos (sistemas), o que los cambios dentro de ciertos hechos (sistemas) son estímulos que provocan respuestas en otros hechos específicos (sistemas). En el primer caso, un hecho (sistema) causa una transformación del primer sistema de alcance tan largo que podemos hablar del surgimiento de un nuevo sistema. En el último caso, un cambio en el estado de las conexiones del sistema a produce una transformación de otro sistema b. esto tiene lugar de nacimiento, en b, de nuevos elementos, cuyo proceso se debe a la influencia de elementos de a.

Las regularidades diacrónicas (direccionales) se refieren a un sistema que produce transformaciones en otro sistema. Esto significa: nos encontramos con un sistema a que produce una transformación en un sistema b. Esto presupone que, en cierto momento, la transformación llega a un punto en el que el sistema transformado se convierte en un nuevo.

Hugo-Tolentino-Dipp

Las principales leyes correspondientes a las regularidades diacrónicas (causales, direccionales) son las que presentamos a continuación:

  • La ley de los cambios en las relaciones de producción: Esta plantea que cada cambio en el sistema de las fuerzas productivas da lugar a un cambio en el sistema de las relaciones de producción, lo cual muestra que las relaciones de producción son direccionalmente dependientes de las fuerzas productivas. Esto no anula ni pretende obviar la mutua dependencia paralela que hay entre ambas.
  • La ley de los cambios en la superestructura: Esta ley afirma que los cambios en la superestructura dependen de los cambios que se operen en las relaciones de producción, es decir, cada cambio en el sistema de producción da lugar a un cambio en el sistema de la superestructura. Esto no anula, sino que presupone, la mutua dependencia que hay entre la superestructura y las relaciones de producción. Ambas leyes son parte de las leyes de desarrollo.

Las regularidades sincrónicas-diacrónicas (regularidades de desarrollo, regularidades estructurales-direccionales) indican las constantes del desarrollo histórico y se pueden interpretar como retroalimentaciones. El dinamismo del desarrollo se percibe solo cuando se subraya la naturaleza dual de estas regularidades. Una regularidad direccional pura pone en movimiento un sistema una sola vez. El desarrollo de un sistema solo puede tener lugar si el sistema que funciona como causa y el sistema sobre el que actúa el primero están interrelacionados sincrónicamente, y con esa interrelación reforzada por una retroalimentación. En un macrosistema como la sociedad, hay una fuente básica de su desarrollo, acompañada por tres fuentes más, formando todas ellas la materia de las regularidades del desarrollo histórico.

Las leyes que comprenden estas regularidades son:

  • La ley del desarrollo de las fuerzas productivas (junto a la ley del progreso histórico y la ley del desarrollo de la ciencia);
  • La ley del desarrollo de las relaciones de producción;
  • La ley del desarrollo de la superestructura;
  • La ley de la lucha de clases.

La ley del desarrollo de las fuerzas productivas es primaria: sus efectos se manifiestan en la labor de todas las otras leyes de desarrollo. Todavía más: es la única ley de desarrollo que no puede dividirse en leyes direccionales, ya que en su caso nos encontramos con un ejemplo especial de retroalimentación, una auto unión de un sistema.

La ley de desarrollo de las fuerzas productivas nos deja ver como las contradicciones entre el hombre y la naturaleza dan lugar a un desarrollo dialectico constante (con posibles cambios regresivos) de las fuerzas productivas. Esta ley se podría formular así: todo cambio en el entorno natural del hombre, es decir, todo paso destinado al control sobre su entorno estimula otras acciones humanas, vale decir, otro cambio en ese entorno.

Vladimir Lenin

La ley del progreso histórico nos habla de la contradicción, constantemente vencida, entre el número de puesto para quienes guían de algún modo el proceso de control de la naturaleza y el número de los que se ocupan de ese proceso. Mientras más capaces sean esas personas más rápido será el proceso de control de la naturaleza. Esta ley indica que el progreso histórico está en manos de los seres humanos, quienes lo construirán a partir de sus acciones.

La ley del desarrollo de la ciencia: Para conseguir el control sobre la naturaleza, los seres humanos se ven ayudados por la ciencia. La calidad de un organizador depende cada vez más de su capacidad para utilizar los avances de la ciencia. El conocimiento científico se convierte así en un factor importante del progreso histórico.

La ciencia es un factor que está estrechamente conectado tanto con las fuerzas productivas como con las relaciones de producción, según el principio de retroalimentación.

La ley del desarrollo de las relaciones de producción afirma que estas despenden de las fuerzas productivas, aunque existe una retroalimentación entre ambas. Esto da lugar a contradicciones entre el estado de las fuerzas productivas y el carácter de las relaciones de producción.

Esa ley podría formularse así: cada cambio en el sistema “fuerzas productivas” da lugar a cambios en el sistema “relaciones de producción”, de tal modo que el carácter de las relaciones de producción está hecho para corresponder el nivel de las fuerzas productivas. Esto ocurría si todas las entradas y todas las salidas estuvieran operando, lo cual no ocurre en la realidad concreta.

Por lo tanto, la ley que abordamos solamente señala la tendencia hacia la situación que permite a las fuerzas productivas desarrollarse.

La ley del desarrollo de la superestructura, también conocida como ley de la conformidad necesaria entre la superestructura y la base económica, afirma que los cambios que se producen en el sistema de las “fuerzas productivas” dan lugar a cambios correspondientes en el sistema de la “superestructura”. Estos últimos cambios les permiten a la superestructura adecuarse a la situación imperante en las relaciones de producción, de modo que no obstruya el desarrollo de estas. La adecuación podría consistir en cambios en una serie de elementos de la superestructura, los cuales estarían relacionados con el conocimiento de nuevos elementos o con una transformación más o menos esencial de los existentes. Algunos elementos de la vieja superestructura podrían permanecer iguales, mientras estén a la altura de las exigencias del desarrollo de las relaciones de producción; en tal caso, son adoptados en su forma previa –aunque en una perspectiva de desarrollo- por la nueva superestructura. En síntesis, la superestructura es un sistema –que incluye viejos elementos y otros cualitativamente nuevos- muy necesarios para la conservación de las nuevas relaciones de producción.

José Cordero Michel

La ley de la lucha de clases puede ser formulada del modo siguiente: En una sociedad que está conformada por clases opuestas que representan intereses en conflicto se desarrollan actitudes antagónicas. En último término, una de las clases antagónicas tiende a mantener el tipo de relaciones de producción existente, mientras que la otra intenta cambiarlo, lo cual significa que una de las clases realizara acciones que provocarían contra acciones de la otra, que a su vez dará lugar a cambios sociales. Esta es una retroalimentación combinada con una unión paralela, un fenómeno, típico del desarrollo histórico.

En las sociedades clasistas, la lucha de clases se convierte en una fuente importante de cambios, pero no llega a desplazar la ley de desarrollo de las fuerzas productivas, que es la fundamental. Esta última refleja la lucha del ser humano para satisfacer sus necesidades, las cuales son un estímulo permanente para que este se plantee el control de la naturaleza.

La lucha de clases tiene lugar en varios niveles, que se pueden resumir en tres: económico, ideológico y político. Muy a menudo ocurre que el conflicto se desarrolla en los tres niveles, pero a veces observamos un claro predominio de un conflicto en un solo nivel.

La lucha en el nivel político es la forma superior de lucha de clases, ya que involucra el auténtico núcleo del conflicto entre las clases: la posesión del poder, y por lo tanto es una manifestación de un nivel de conciencia de clase de altura equivalente.

En el nivel político, la revolución es la forma más violenta de lucha de clases, ya que consiste en luchar para abolir y/o desplazar a las clases dominantes y tomar el poder por la fuerza. Una revolución indica que la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el desarrollo de las relaciones de producción es de largo alcance y que no existe otra forma de vencerla que no sea la vía violenta.

En general, se puede decir, que la ley de la lucha de clases indica el papel sobresaliente de las masas populares en la historia, ya que estas forman los grupos más numerosos que luchan por cambiar las condiciones existentes y promover así el desarrollo histórico.

Resumiendo, podemos plantear que la totalidad social e histórica es tan rica y compleja, que la formulación de leyes implica siempre una cierta simplificación (abstracción o reducción) de la realidad[10].

El mismo modo que las leyes nos permiten conocer las regularidades propias de la totalidad social del movimiento, las categorías nos acercan a la esencialidad de los principios, las leyes y el método de la teoría materialista de la historia.

En la parte procedente de este escrito hemos consignado un conjunto de categorías que nos han permitido una comprensión más cabal de la realidad y de las regularidades que les son inherentes. Entre esas categorías se encuentran las fuerzas productivas, las relaciones de producción, la fuerza de trabajo, la infraestructura, la superestructura, las clases sociales, la lucha de clases…

Hay otras categorías con un mayor grado de generalidad, que nos dan una perspectiva verdaderamente integral de la realidad. Entre esas categorías tenemos: modo de producción, formación social…

El modo de producción se refiere a la estructura más ampliada y compleja que se aproxima a la totalidad social, en tanto que comprende a la infraestructura –con sus expresiones: fuerza productiva y relaciones de producción- y a la superestructura. Pero al mismo tiempo cada modo de producción tiene características propias que requieren del establecimiento de categorías específicas, de un marco cronológico, del estudio de las peculiaridades de las fuerzas productivas, de las relaciones de producción y de la superestructura, de las clases sociales que engendra, de las diferentes confrontaciones clasistas que se producen…

Leyendo a Marx y Engels y siguiendo el grado de evolución actual de la historiografía marxista, nos damos cuenta de que se han escogido los siguientes modos de producción, por ser los que expresan con mayor nivel de generalidad y concreción el devenir histórico de la humanidad: comunidad primitiva, tributario o asiático, esclavista, feudal, mercantil simple, capitalista y socialista.

Por otro lado, la formación social se refiere al nivel de articulación que se da entre las fuerzas productivas, las relaciones de producción y la superestructura, correspondientes a modos de producción diferentes, en un periodo histórico determinado.

De acuerdo con los textos marxianos y a las investigaciones recientes en la historiografía marxista, hay diferentes formaciones sociales, a partir del nivel de articulación que se da entre los diferentes modos de producción y la predominancia de uno sobre los demás. La formación I social coincide con el modo de producción de la comunidad primitiva, pero en su fase final incluye elementos de los modos de producción clasistas en gestación; la formación II es la resultante de la conjunción de los diferentes modos de producción precapitalistas, tendiendo uno a hacerse dominante respecto a los demás; la formación III coinciden con el capitalismo, logrando un gran nivel de predominancia respecto a todos los modos de producción precapitalistas y la formación IV coincide con el socialismo, donde este adquiere primacía sobre los demás modos de producción, sean estos precapitalistas o capitalistas[11] .

En los apartados donde abordaremos las reflexiones teórico-metodológicas y los estudios concretos realizados por los historiadores marxistas dominicanos sobre los modos de producción que se han sucedido tanto en la historia de la humanidad como en nuestro país y su nivel de articulación y predominancia en formaciones sociales dadas, nos proponemos profundizar estos elementos y al mismo tiempo externar nuestro parecer al respecto.

  1. Aportes de la Historiografía Marxista a la Reinterpretación del Proceso Histórico Dominicano

En el trayecto histórico comprendido entre las postrimerías de la dictadura de Trujillo y los mementos actuales, se ha venido configurando un novedoso universo investigativo, en el cual la ciencia del materialismo histórico ha logrado una preeminencia significativa respecto a las demás corrientes historiográficas tradicionales que tienen su influjo en la historiografía dominicana contemporánea.

La producción historiográfica marxista se ha hecho predominante respecto a la producción historiográfica tradicional, en nuestro país, tanto por la objetividad y novedad de sus enfoques como por la aprehensión que hace de la totalidad concreta latente en las distintas esferas de la realidad social dominicana, esto es el resultado de un complejo, rico y aleccionador proceso dialectico, en que ha habido avances significativos, estancamientos momentáneos y ciertos retrocesos –aunque muy escasos-. Ese proceso tiene sus raíces más remotas –a veces imperceptibles- en los orígenes, etapa de implantación y niveles de desarrollo del marxismo en la Republica Dominicana, pero se torna más tangible en el trayecto histórico que va desde las postrimerías de la dictadura trujillista hasta el periodo actual.

En la perspectiva de contribuir a la sistematización critica de los resultados de ese proceso, nos hemos planteado evaluar de manera aproximativa la producción historiográfica de los autores más representativos de la corriente del materialismo histórico en nuestro país, partiendo de parámetros como los siguientes:

* La aplicación creativa de los postulados teórico-metodológicos del materialismo histórico a la realidad social dominicana. Esto implica, por un lado, analizar críticamente el dominio que poseen los autores marxistas sobre los postulados básicos del materialismo histórico; y por el otro, determinar el nivel de aplicación efectiva que ellos le dan en la investigación de determinadas esferas de la realidad dominicana, de tal manera que nos proporcionen nuevos conocimientos.

*  La aportación empírica de conocimientos por parte de los autores estudiados. Esto supone la investigación de áreas de la realidad poco exploradas o el enfoque de aspectos anteriormente tratados, pero desde ángulos totalmente inéditos hasta ese momento. Igualmente, el uso de técnicas y fuentes documentales, que al tiempo que aporten cierta novedad en el abordaje del tema, hagan posible la aprehensión del objeto estudiado en su integridad.

*  Nivel de contribución a la reconstrucción del proceso histórico dominicano. Esto sugiere una delimitación del nivel de aporte concreto de cada uno de los autores estudiados a la inmensa tarea de restituirle al proceso histórico dominicano toda su complejidad, colorido u originalidad, situando correctamente las grandes coordenadas de nuestro desarrollo, los momentos cruciales de nuestra existencia como pueblo, las múltiples determinaciones y relaciones que se operan entre la base económica y los elementos superestructurales en las formaciones económico-sociales que se han sucedido en nuestro país, el proceso constitutivo de la identidad nacional en la República Dominicana, los actores sociales de cada periodo, los niveles de  confrontación en diversos momentos históricos…

Asimismo, ha contribuido a desterrar los mitos, leyendas, prejuicios y estereotipos que la historiografía tradicional ha impuesto durante muchos años, como expresión directa de los intereses de las clases dominantes.

Al evaluar la producción historiográfica marxista en la República Dominicana en tales dimensiones, partimos de la premisa de que esta es el resultado de un complejo y fructífero esfuerzo multidisciplinario de diferentes cientistas que han aportado –en mayor o menor proporción- desde diversos ámbitos de las ciencias sociales, razón por la cual enjuiciaremos dichos aportes tomando en consideración su procedencia, el contexto en que fueron concebidos y los niveles de formación de cada autor en todo lo relativo a la teoría y el método del materialismo histórico y demás aspectos relacionados con el objeto de investigación.

La escogencia de este tema de investigación tiene una relación muy estrecha con una serie de factores de trascendencia capital para la historia dominicana contemporánea y el protagonista de esta: el pueblo dominicano. Esos factores podemos resumirlos de modo siguiente:

-La corriente historiografía marxista ha producido una gigantesca revolución en todo lo concerniente al enfoque de la problemática histórica nacional, al romper con la visión politicista-culturalista acuñada por la historiografía tradicional y al propiciar un análisis objetivo y totalizante del proceso histórico dominicano.

-La historiografía marxista ha sido propulsora de profundos cuestionamientos desde la sociedad civil y la sociedad política hacia los enfoques unilaterales, distorsionados y distorsionantes de la realidad histórica nacional, impuestos por la historiografía tradicional y las clases dominantes dominicanas durante siglos, lo que ha posibilitado la vertebración de espacios y propuestas político-culturales y sociales alternativos, que han hecho aportes inmensos en torno al rescate de nuestra verdadera identidad histórico-cultural y en el desplazamiento en aquellas concepciones, mitos y leyendas con que quieren falsificar nuestro devenir histórico.

-La historiografía marxista ha ganado cierto terreno en la producción de libros de textos, sobre todo de los niveles secundario y universitario. Sin embargo, hay todavía una preeminencia de los libros de textos que parten de una visión positiva en el enfoque del proceso histórico dominicano, muy a pesar de que sus autores dicen situarse en una perspectiva científica.

-La historiografía marxista ha valorado en su justa dimensión los inmensos aportes hechos por la historiografía tradicional erudita a la recuperación y compilación de fuentes documentales de distintos periodos históricos, a las cuales le ha dado un uso adecuado, al proceder con rigor en la crítica interna y externa de éstas.

A pesar de la confluencia de estos y otros factores en beneficio del pueblo dominicano y el desarrollo de la historiografía marxista, esta última ha sido objeto de muy poca ponderación y análisis por parte de sus principales exponentes y los demás intelectuales estudiosos de las ciencias sociales. En los casos en que se han realizado esfuerzos reflexivos sobre la historiografía dominicana, el énfasis principal ha sido puesto en la crítica a la historiografía tradicional y no en la ponderación de los aportes gigantescos realizados por la historiografía marxista a la producción historiográfica nacional en los aspectos teórico-metodológicos, en la aportación de conocimientos empíricos y en la reinterpretación de nuestro devenir histórico. Esto quiere decir que estamos ante un tema virgen, con una vastedad de ángulos desde los cuales puede ser abordado, y donde cada uno puede ser objeto de múltiples investigaciones monográficas.

El paradigma marxista fue seriamente cuestionado por los ideólogos del neoliberalismo y el conservadurismo, entre los que destaca el publicista japonés Francis Fukuyama, quienes sostienen que la humanidad se encamina al fin de la historia y de las ideologías, a raíz de la caída del Muro de Berlín en 1989 y el derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el socialismo real en Europa del Este en 1991, como consecuencia de la implementación por parte del último presidente soviético Mijaíl Gorbachov de políticas neocapitalistas reformadoras conocidas bajos los nombres de «la perestroika» y «la glasnost».

Si bien es cierto que, producto de esos acontecimientos, desde entonces hasta recientemente se produjo un reflujo importante en las fuerzas revolucionarias y de izquierda en el mundo, en América Latina en los momentos actuales parece repuntar una nueva tendencia de izquierda que parte de las verdaderas raíces histórico-culturales de cada uno de los países que la integran. En tanto, los sectores dominantes, que han tenido la suerte de vivir durante todo este tiempo en un mundo unipolar encabezado por los Estados Unidos, no han sido capaces de formular una propuesta paradigmática más coherente y consistente en el terreno historiográfico que la sustentada por la corriente marxista, dado su visión integral y holística respecto. de la sociedad y su devenir. Es por esa razón que hoy se hace más imperativo que antes producir una evaluación aproximativa sobre la producción historiográfica marxista en la República Dominicana, como un aporte concreto a la sistematización del proceso seguido por esa importante corriente de pensamiento en el plano histórico. Esto se hace más perentorio aún, en un momento en que el país asiste al ocaso ineluctable de toda una generación política e intelectual que ha gravitado por mucho tiempo en la vida nacional, al tiempo que emerge una nueva generación que desde ya está haciendo esfuerzos por ocupar el escenario local, nacional e internacional.

  1. La Historiografía Marxista en la República Dominicana

La historiografía marxista que, como ya hemos expresado, se plantea el estudio de la realidad social e histórica del país como un todo complejo, abierto, dinámico, cambiante y articulado, tiene sus más claros orígenes en la República Dominicana en las postrimerías de la dictadura de Trujillo con las obras de tres grandes luchadores antitrujillistas residentes en el exilio: Juan Isidro Jimenes Grullón, Pedro Mir y José Ramón Cordero Michel.

La primera obra histórica con un enfoque marxista escrita por un dominicano fue «República Dominicana. Análisis de su pasado y su presente», publicada en la ciudad de La Habana, Cuba, en el año 1940, por el doctor en Psiquiatría y eminente investigador social Juan Isidro Jimenes Grullón, con un prólogo del eminente intelectual y político liberal profesor Juan Bosch. En esa obra Jimenes Grullón analiza los hechos históricos, en lo fundamental, desde las perspectivas de una especie de filosofía de la historia marxista, aunque es importante destacar que su autor estaba fuertemente influido por una lógica y militancia populistas, por la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud y por el positivismo sustentado por el maestro puertorriqueño Eugenio María de Hostos.

La segunda obra producida bajo el influjo de la corriente del materialismo histórico fue «Tres Leyendas de Colores. Ensayo de Interpretación de las Tres Primeras Revoluciones del Nuevo Mundo» del poeta e investigador social Pedro Mir, escrita en el año 1949 en México, aunque publicada por primera vez al filo del año 1968, tras habérsele extraviado los originales a su autor por espacio de casi veinte años, en la cual se hace una radiografía de los procesos revolucionarios encabezados por Francisco Roldán contra Cristóbal Colón a finales del siglo XV, la Rebelión del cacique Enriquillo en la sierra del Bahoruco en 1527 contra la opresión colonial española de que fue objeto su raza y la lucha de Sebastián Lemba y la raza negra contra el ominoso sistema esclavista impuesto a sangre y fuego por los colonizadores europeos durante el siglo XVI.

El tercer texto sustentado en los presupuestos teóricos y metodológicos del materialismo histórico lleva por título «Análisis de la Era de Trujillo (Informe sobre la República Dominicana, 1959), escrito por el abogado, economista e investigador social José Ramón Cordero Michel, el cual fue publicado por el Instituto de Estudios del Caribe de la Universidad de Puerto Rico en el afio 1959, varios meses después de la inmolación del autor en la Expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo efectuada el 14 de Junio de 1959 contra la dictadura trujillista.

Los intelectuales más representativos de esta corriente, tomando como referencia su abundante producción historiográfica y sus valiosos aportes teórico-metodológicos y empíricos a la reconstrucción del proceso histórico dominicano, son: Juan Isidro Jimenes Grullón, Pedro Mir, José Ramón Cordero Michel, Franklin Franco Pichardo, Juan Bosch, Francisco Antonio Avelino, Roberto Cassá, Emilio Cordero Michel, Hugo Tolentino Dipp, Luís Gómez Pérez, Wilfredo Lozano, André Corten, Isis Duarte, Frank Báez Evertsz, Mercedes Acosta, Carlos María Vilas, Juan Daniel Balcácer, Ismael Hernández Flores, Carlos Dore Cabral, Jaime de Jesús Domínguez, Carlos Acuasiasti, José Oviedo, Pedro Catrain, Max Puig, Walter Cordero, Otto Fernández, Rubén Silié, José Serrulle Ramia, Jacqueline Boin, Miguel Ceara Hatton, Mario Bonetti, Diógenes Céspedes, José Antinoe Fiallo, Pablo Maríñez, Nelson Moreno Ceballos, Fidelio Despradel, Carlos Julio Báez, Ramonina Brea, Lusitania Martínez, Vanna Ianni, César Pérez, Pedro Hernández, Faustino Collado, Andrés L. Mateo, Alejandro Paulina, Amaury Justo Duarte, Ciprián Soler, Ángel Mareta, Carlos Andújar Persinal, Juan Francisco Viloria y Filiberto Cruz Sánchez, entre otros.

La mayor parte de estos intelectuales sigue abrazando la corriente del materialismo histórico como instrumento de análisis de la realidad socio-histórica dominicana, aunque en los hechos no mantengan una praxis cónsona con la visión marxista, ya que no pocos de ellos desde hace años abandonaron su militancia en los partidos de izquierda, unos se mantienen independientes y otros han optado por cerrar fila en algunos partidos tradicionales de derecha y  participar en la estructura de poder del Estado capitalista imperante en la República Dominicana.

Los grandes ejes desarrollados por los historiadores e investigadores sociales marxistas en las últimas cinco décadas son los siguientes:

  1. La realización de investigaciones globales sobre el proceso histórico dominicano desde la época de la colonia hasta la actualidad, que dan cuenta de una visión integral sobre el desarrollo socio-económico, jurídico-político, cultural e ideológico vivido por la República Dominicana en sus diferentes épocas históricas, desplazando así las obras con enfoques tradicionales que distorsionaban las verdaderas coordenadas de nuestro desarrollo. Entre los textos que fueron escritos con la perspectiva integral del materialismo histórico desde mediado de la década de los sesenta destacan: República Dominicana. Análisis de su Pasado y su Presente (1940), La República Dominicana: Una Ficción (1965), y Sociología Política Dominicana 1844-1966, tres tomos (1975-1980), de Juan Isidro Jimenes Grullón; Las Ideas Políticas en Santo Domingo (1966), de Francisco Antonio Avelino; Introducción a la Historia Social de Santo -Domingo (1968), de Hugo Tolentino Dipp; Fundamentos de Historia Social Dominicana (1970), de Francisco Alberto (Chito) Henríquez; Composición Social Dominicana (1970) y De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, Frontera Imperial (1970), de Juan Bosch; Historia Social y Económica de la República Dominicana Tomos I y II (1976-1977), de Roberto Cassá; Enciclopedia Dominicana, 8 tomos (1976), dirigida por Franklin Franco Pichardo con la asistencia de un conjunto de intelectuales de todas las áreas de conocimiento, Historias de las Ideas Políticas en la República Dominicana (1989), Historia del Pueblo Dominicano (1990), El Pensamiento Dominicano 1780-1940 (2001) e Historia Económica y Financiera de la República Dominicana 1844-1962 (2003), de Franklin Franco Pichardo; La Noción de Período en la Historia Dominicana (Tres tomos, 1981-1983), de Pedro Mir; Estado, Clases Sociales y Luchas Políticas en la República Dominicana (1844-1982), de Nelson Moreno Ceballos; Historia de República Dominicana (2001), escrita por Filiberto Cruz Sánchez e Historia Dominicana (2001), de Jaime de Jesús Domínguez, entre otros. La mayor parte de ellos con varias reimpresiones y ediciones.
  2. Un estudio exhaustivo del período colonial de la República Dominicana, donde han sido desmitificados aspectos tan importantes como la «leyenda blanca», que consiste en presentar como blanda la esclavitud que ejercieron los colonizadores españoles en la parte oriental de la Isla de Santo Domingo, cuando esta fue tan brutal como la implementada por los franceses. Igualmente, han puesto de relieve el aporte de los negros africanos y los mulatos a la definición de una cultura y una identidad propias, las cuales a su vez fueron echando las bases para la creación de la nacionalidad dominicana; el influjo positivo de la revolución haitiana en la parte oriental de la Isla de Santo Domingo, ya que bajo su cobijo Toussaint L’Ouverture procedió a abolir la esclavitud en 1801 y dos décadas después hizo lo mismo Jean Pierre Boyer, lo cual fue consignado por primera vez en una constitución americana, en cuya elaboración participaron representantes de ambas partes de la Isla. Los historiadores coloniales de la corriente marxista analizan los factores que contribuyeron a que se originaran y entronizaran los prejuicios raciales en la Isla de Santo Domingo en los primeros siglos de la empresa colonial española. Los textos más representativos en el enfoque de esos y otros aspectos son: Tres Leyendas de Colores (1968), El Gran Incendio (1969) y Las Dos Patrias de Santo Domingo (1974), de Pedro Mir; Los Negros, los Mulatos y la Nación Dominicana (1969), Santo Domingo: Cultura., Política e Ideología (1971), Haití: De Dessalines a Nuestros Días (1988) y Sobre el Racismo y Antihaitianismo ( y otros ensayos) ( 1996), de Franklin Franco Pichardo; La Revolución Haitiana y Santo Domingo ( 1974 ), de Emilio Cordero Michel y Raza e Historia en Santo Domingo. Los orígenes del Prejuicio Racial en América (1974), de Hugo Tolentino Dipp; «El Racismo en la Ideología de la Clase Dominante Dominicana», de Roberto Cassá, Ciencia, Vol. III, No.1, enero-marzo, 1976, pp. 59-85; Economía., Esclavitud y Población (Ensayo de Interpretación Histórica del Santo Domingo Español en el siglo XVIII) (1976), de Rubén Silié; La Ideología Hispánica (1977), de Ramonina Brea, y La Presencia Negra en Santo Domingo (1997), Identidad Cultural y Religiosidad Popular (1999), de Carlos Andújar Persinal, entre otros.
  3. Las investigaciones pioneras sobre el proceso del desarrollo del capitalismo en la República Dominicana, las cuales generaron importantes debates que contribuyeron a un esclarecimiento del conjunto de factores que permitieron que esa formación económico-social se hiciera predominante a partir del tercer lustro del siglo XIX en el país. En esa orden se analizan como factores determinantes la inversión de importantes capitales extranjeros (cubano, italiano y norteamericano) en la industria azucarera dominicana y el proceso de modernización vivido por el país en el plano de las comunicaciones vial, ferroviaria y telegráfica desde finales del siglo XIX. Los textos más representativos sobre esa temática son: «Acerca del Surgimiento de Relaciones Capitalistas de Producción en República Dominicana» (1975), Capitalismo y Dictadura (1982), y Modo de Producción, Clases Sociales y Luchas Políticas (República Dominicana, Siglo XX) (1984), de Roberto Cassá; Relaciones de Producción Dominantes en la Sociedad Dominicana, 1875-1975 (1977), de Luis Gómez; Azúcar y Política en la República Dominicana (1973), de André Corten, Carlos María Vila, Mercedes Acosta e Isis Duarte; El Proceso de Desarrollo del Capitalismo en la República Dominicana (Tomos I y 11), de Jacqueline Boin y José Serrulle Ramia; Capitalismo y Superpoblación Relativa (1980), de Isis Duarte; Ensayo sobre la Formación del Estado Capitalista en la República Dominicana y Haití (1983), de Ramonina Brea; La Dominación Imperialista en la República Dominicana (1976), Proletarización y Campesinado en el Capitalismo Agroexportador (1985), de Wilfredo Lozano; Azúcar y Dependencia en la República Dominicana (1978) y la Formación del Sistema Agroexportador en el Caribe, República Dominicana y Cuba (1985) de Frank Báez Evertsz; El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo (1968), Las Clases Sociales en la República Dominicana (1982) y La Pequeña Burguesía en la Historia Dominicana (1989), de Juan Bosch.
  4. La desmitificación del rol jugado por diversos personajes dominicanos en diferentes momentos de nuestro discurrir histórico, con lo cual se ha intentado colocar a cada quien en el justo lugar que le corresponde. De igual manera, se ha procedido a elevar a otros personajes que habían sido dejados de lado u olvidados por la historiografía tradicional. Los historiadores que más han contribuido con esta temática son: Juan Isidro Jimenes Grullón con textos como Pedro Henríquez Ureña, Realidad y Mitos y otros ensayos (1968), El Mito de los Padres de la Patria (1971) y John Bartolow Martin: Un Procónsul del Imperio Yanqui (1977); Juan Daniel Balcácer con el texto Pedro Santana: Historia Política de un Déspota (1974) y varios textos sobre los Padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella; Franklin Franco Pichardo, con textos sobre Francisco Alberto Caamaño y Rafael Tomás Fernández Domínguez; Filiberto Cruz Sánchez con un texto sobre el patricio Ramón Matías Mella; Roberto Cassá con una serie de biografías de divulgación sobre personajes como Juan Sánchez Ramírez, José Núñez de Cáceres, Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Matías Mella, Tomás Bobadilla, Pedro Santana, Antonio Duvergé, Buenaventura Báez, Gregario Luperón, Gaspar Polanco, Ulises Hereaux, Eugenio Dechamps, Minerva Mirabal, Manolo Tavárez Justo, Rafael Tomás Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño, entre otros.
  5. La producción de textos sobre períodos específicos de la historia dominicana, sean de la época colonial, del siglo XIX, del siglo XX o del siglo XXI, como son: República Dominicana: Clases, Crisis y Comando (1966), de Franklin Franco Pichardo; Los Taínos de la Española (1974), Los Indios de las Antillas (1992), Los Doces Años: Contrarrevolución y Desarrollismo (1991) y Los Jóvenes Dominicanos. Situación y Tareas de Roberto Cassá; Reformismo Dependiente (1985) y Después de los Caudillos (2002), de Wilfredo Lozano; El Gran Incendio (1969), Las · Raíces Dominicanas de la Doctrina de Monroe (1984) e Historia del Hambre. Sus Orígenes en la Historia Dominicana (1987), de Pedro Mir; Crisis de la Democracia de América Latina en la República Dominicana (1964), El Próximo Paso: Dictadura con Respaldo Popular (1970) y Las Dictaduras Dominicanas (1988), de Juan Bosch; Cambio Social en Santo Domingo (1968) y El Estado Débil. Haití y la República Dominicana (1989), de André Corten; Problemas de la Estructura Agraria Dominicana (1982) y Problemas Sociológicos de Fin de Siglo (1999), de Carlos Dore Cabral¡ Estado y Crisis Política (República Dominicana 1980) (1981), de Pedro Catrain y José Oviedo; Democracia y Proyecto Socialdemócrata en República Dominicana ( 1986), de José Oviedo y Rosario Espinal; Poder y Política en la Era de Trujillo (Filosofía y Política 1930-1961) (1995), de Miguel Pimentel; Estado de Situación de la Democracia Dominicana (1978-1992) (1995), ¿Hacia Dónde va la Democracia? (2002), de Ramonina Brea, Isis Duarte y otros.
  6. Reflexiones sobre las ideas socialistas, el movimiento revolucionario dominicano, el movimiento obrero, los movimientos mesiánicos y los diferentes movimientos sociales que han surgido en la República Dominicana durante el siglo XX. Los textos más destacados son: La América Latina y la Revolución Socialista (1970), El Camilismo y la Revolución Dominicana (s.f.), Nuestra Falsa Izquierda (1977) y Debate sobre la Izquierda (1980), de Juan Isidro Jimenes Grullón; Movimiento Obrero y Lucha Socialista en la República Dominicana (Desde los Orígenes hasta 1960) (1990 ), Los Orígenes del Movimiento 14 de Junio (1999) y «Significación Histórica de la Guerra de Abril» (2000), de Roberto Cassá, Departamento de Historia y Antropología de la UASD, Colección Conferencias No. 39, Santo Domingo, Editora Universitaria UASD; «La Clase Obrera Dominicana y su Movimiento en los Orígenes», de Roberto Cassá y Ciprián Soler, Isla Abierta, 29 de junio, 6 y 13 de julio, 1985; Historia Gráfica de Abril (1980), de Fidelio Despradel; Palma Sola, Opresión y Esperanza (Su Geografía Mítica y Social) (1991), de Lusitania Martínez; La Izquierda y el Futuro del País (1978) y Orígenes del Socialismo Latinoamericano y Dominicano (2009) de Franklin Franco Pichardo; Los Movimientos Sociales. Identidad y Dilemas (1986), de César Pérez y Leopoldo Artiles; Masas y Revuelta y El Territorio de las Masas de Vanna Ianni, entre otros.

Estos avances constituyen tan sólo una caracterización preliminar de las principales tendencias de desarrollo de la corriente historiográfica marxista en la República Dominicana. En la actualidad nos encontramos desarrollando este proyecto de investigación, donde procederemos a trabajar más profundamente cada uno de los aportes realizados de forma colectiva e individual por los diferentes cientistas sociales alineados a esta corriente de pensamiento.

           [1] . V. I. Lenin: Cuadernos Filosóficos, Editorial Ayuso, Madrid, 1974. Pág. 171.

            [2]  . P. V. Kopnin: Lógica Dialéctica, Editorial Grijalbo, México, 1966. Págs. 23-41.

[3] . H. Lefebvre y N. Guterman: Qué es la Dialéctica, Editorial Dédalo, Buenos Aires, 1964. Págs. 109-121.

[4] . Henry Lefebvre: Lógica Formal, Lógica Dialéctica, Siglo Veintiuno Editores, México, 1984, págs. 55-56.

[5] . V.I. Lenin: Cuadernos Filosóficos, Editorial Ayuso, Madrid, 1974. Pág. 182.

[6] . Jerzy Topolsky: Metodología de la Historia, Ediciones Catedra, S.A., Madrid, 1982, pág. 168.

[7] . Georg Lukács: Historia y Conciencia de Clase (2 volúmenes), Sarpe, Madrid, 1984. Págs. 74-118.

[8] . V. I. Lenin: Cuadernos Filosóficos, Editorial Ayuso, Madrid, 1974. Pág. 145

[9] . MPS. Estructura del Poder y el Estado en la Sociedad Capitalista, Editora Nuevo Rumbo, Santo Domingo, 1982. Págs.: 14-19.

[10] . Jerzy Topolsky: Metodología de la Historia. Ediciones Catedra, S.A., Madrid, 1982. Págs.: 216-233.

-Martha Hacnecker: Los Conceptos Elementales del Materialismo Histórico, Editora Siglo XXI, México, 1984.

-Roberto Cassá: Elementos Introductorios a la Teoría Materialista de la Historia, Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, 1984, págs. 11-30 y 80-102.

[11] . Roberto Cassá: Elementos Introductorios a la Teoría Materialista de la Historia, Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, 1984 págs. 31-80.

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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