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La Historiografía Dominicana Contemporánea: Raíces, corrientes y representantes

Written by Juan de la Cruz

Por: Juan de la Cruz

 

La historiografía dominicana contemporánea tiene raíces muy profundas en el positivismo hostosiano. Con la introducción del positivismo a nuestro país por parte del filósofo y educador dominico-puertorriqueño Eugenio María de Hostos en las últimas décadas del siglo XIX, el liberalismo encontró una sólida sustentación teórica, ya que a través del mismo se promovió la laicidad de la enseñanza y el espíritu científico como guía filosófica, en desmedro de la perspectiva escolástica que había predominado hasta entonces.

El método planteado por Hostos en las ciencias sociales fue el inductivo-deductivo, siendo su procedimiento el experimental, al inducir de las experiencias históricas “la realidad de la vida colectiva del ser humano, la igualdad de la naturaleza del ser colectivo en todos los tiempos y lugares y su igual conducta en igualdad de circunstancias y en todo lo esencial a su naturaleza” ([1]).

Esto nos indica que para Hostos la colectividad humana es el sujeto central de la historia, quien tiene capacidad para incidir en la marcha de los procesos, no obstante, la coacción universal de las leyes que rigen el orden social, estableciendo así conexiones entre política y conocimiento de la historia.

Hostos cuestionaba al procedimiento narrativo y en su lugar postulaba la intelección de leyes, al considerar que la realidad social constituye un complejo orgánico que responde a leyes generales, que pueden ser racionalmente objeto de conocimiento.

Vetilio Alfau Duran

Las leyes que formuló Hostos fueron las siguientes: Una constitutiva, la ley de la sociabilidad; una de procedimiento, la ley de los medios; y cinco leyes orgánicas o funcionales (trabajo, libertad, progreso, conversación y civilización o ley del ideal). La verdad de esas leyes se puede demostrar, según Hostos, a través del estudio de las relaciones de los fenómenos sociales entre sí y de éstos con los fenómenos cósmicos.[2]

Hostos elaboró criterios novedosos sobre la historia dominicana, que resultaban de sus convicciones anticolonialistas. Es así como observamos que el destacó el rol decisivo del pueblo en la consumación de la guerra restauradora de 1863 contra el imperio español, considerándola como la verdadera independencia nacional. Asimismo, reivindicó los efectos democráticos del influjo haitiano en la primera mitad del siglo XIX.

El pensador liberal y nacionalista José Gabriel García, con su obra monumental Compendio de Historia de Santo Domingo, en cuatro tomos, publicada entre los años 1867-1906, así como también con los textos Breve refutación del informe de los Comisionados de Santo Domingo. Dedicado al pueblo de los Estados Unidos (1871), Rasgos biográficos de dominicanos célebres (1875), Memorias para la historia de Quisqueya de la parte española vieja de Santo Domingo desde el descubrimiento de la isla a la constitución de la República (1875), Partes oficiales de acciones de guerra durante la guerra dominico-haitiana (1888), Guerra de Separación: Documentos para su historia (1890), Coincidencias históricas: Escritas según tradiciones populares (1892), El Lector Dominicano: curso gradual de lecturas compuestas para uso por las escuelas nacionales (1894),  La colección de tratados internacionales firmadas por la República Dominicana desde su creación al día presente (1897) e Historia Moderna de la República Dominicana (1906), entre otros textos escritos en diversos periódicos y revistas, hizo una contribución sin precedentes al desarrollo de la historiografía progresista dominicana.

Esos aportes inmensos al desarrollo de la historiografía dominicana, han permitido que el pueblo dominicano le otorgue el título muy bien merecido de Padre de la Historia Dominicana y que en su honor el día 13 de enero, fecha de su natalicio, haya sido declarado mediante el decreto presidencial 562-20, de fecha 15 de octubre del 2020, por parte del presidente Luis Abinader, Día Nacional del Historiador.

Juan Isidro Jimenes Grullon

La mayor parte de la intelectualidad dominicana, desde 1880 hasta las tres primeras décadas del siglo XX, estuvo marcada significativamente por el estilo hostosiano de buscar las causas determinantes de los fenómenos como medio conducente a la elaboración de propuestas. Sin embargo, la ausencia de una formación integral como la tuvo el maestro Hostos, le llevó a acentuar el carácter atemporal de las leyes históricas.

Los hostosianos intentaron estudiar las características del pueblo dominicano, pero al considerarlas inferiores a la de los países industrializados- teniendo como punto de referencia sus modelos de civilización-, se plantearon el imperativo de superarlas, a fin de ingresar a la senda del progreso. En tal virtud, formularon propuestas donde desconocían el rol protagónico del pueblo en la construcción de la nación y la civilización; planteando en su lugar la necesidad de un gobierno integrado por una minoría ilustrada o notable, que por medio de un gran esfuerzo educativo podría llevar al pueblo a tomar conciencia de su identidad y al ejercicio de una política pública que fuera el fundamento básico para el surgimiento de la nación.

Entre los hostosianos más prominentes que desarrollaron era visión pesimista podemos destacar a José Ramón López, Américo Lugo, Federico García Godoy, Félix Evaristo Mejía, Emiliano Tejera, Federico y Francisco Henríquez y Carvajal, entre otros.[3]

El positivismo ha tenido una incidencia considerable en la producción historiográfica reciente, al punto que la gran mayoría de los libros de texto que hasta hace poco se usaban en la educación primaria, secundaria y universitaria estuvieron influidos de una manera determinante por esta corriente de pensamiento.

Emilio Rodriguez Demorizi

La producción historiográfica reciente, de factura positivista, pone un mayor énfasis en los problemas políticos y culturales en desmedro de los fenómenos económicos- sociales de la República Dominicana y cuando aborda estos lo hace desde una perspectiva puramente emperica. Entre los autores que han hecho causa común con el positivismo en el orden historiográfico, podemos destacar a Jacinto Gimbernard, Danilo de los Santos y Valentina Peguero, Frank Moya Pons, Mu-kien Adriana Sang Ben y Juan Francisco Martínez Almánzar, entre otros.

Otra corriente que ha marcado de una manera inequívoca a la historiografía dominicana contemporánea, lo es el irracionalismo historiográfico construido por la intelectualidad trujillista para darle fundamento ideológico a la dictadura.

Esta corriente historiográfica contrapone el pasado desgraciado que vivió el pueblo dominicano durante más de cuatro siglos (plagado de tribulaciones, rivalidades, guerras civiles capitaneadas por caudillos regionales y otras barbaridades de procedencia tanto interna como externa), al presente luminoso, caracterizado por la plenitud de la realización nacional en la era del Jefe o Benefactor y Padre de la Patria Nueva: Rafael Leónidas Trujillo.

Así el sátrapa devenía en instrumento de la voluntad divina, que vendría a redimir al pueblo dominicano de todos sus avatares y problemas, al cual le han sido reservados designios trascendentales en la afirmación del catolicismo y el combate al comunismo, por su esencia atea y disociadora del colectivo nacional. Ese papel le viene dado por la atribución ontológica hispánica del pueblo dominicano (supuestamente constituido por blancos y mestizos), quien para conservar su esencia debía enfrentar con éxito a la nación haitiana, a la que le atribuían una supuesta representatividad de lo salvaje, lo negro y lo africano, cuyos dirigentes se han planteado siempre –de acuerdo a lo postulado por Trujillo y sus acólitos- aniquilar a la nación dominicana.

En consecuencia, la disputa entre los pueblos que integran la isla de Santo Domingo no había concluido; Trujillo -quien tenía descendencia directa de Haití- se atribuyó la misión decisiva de desterrar los peligros de anulación del pueblo dominicano a causa de la africanización proveniente del occidente de la isla, la cual consumó con la matanza de 18 mil haitianos inocentes e indefensos, tanto en la frontera de Haití como en el interior del país.

 

Pedro Mir

Los intelectuales que le dieron fundamento filosófico al irracionalismo historiográfico trujillista fueron Manuel Arturo Peña Batlle, Joaquín Balaguer, Emilio Rodríguez Demorizi, Cesar Herrera, Marino Incháustegui y Ramón Marrero Aristy, entre otros.[4]

Esta corriente sigue gravitando en la producción historiográfica de intelectuales de procedencia trujillistas o neo trujillistas, aunque hoy día es cada vez menos significativa su influencia.

Sin embargo, justo es consignar que no todos los historiadores que vivieron en el marco de la dictadura trujillista fueron apologistas o ideólogos del régimen. Entre estos cabe mencionar a: los hermanos García Lluberes, Américo Lugo, Vetilio Alfau Durán, Rufino Martínez y al sacerdote español Manuel Arjona Cañete, mejor conocido como Fray Cipriano Utrera, la mayoría de los cuales estaban adscritos a la corriente historiográfica erudita, procediendo a especializarse en el estudio de la sociedad colonial, unos, y en el conocimiento de la República Dominicana del Siglo XIX, otros. Pero es oportuno señalar que sus perspectivas de análisis de los hechos históricos fueron totalmente contradictorias, puesto que algunos los enfocaban desde una óptica conservadora y los más desde una visión progresista.[5]

Una vez fue derribada la dictadura de Trujillo, algunos intelectuales de la talla de Emilio Rodríguez Demorizi se distanciaron del irracionalismo historiográfico trujillista, se adscribieron a la historiografía erudita e hicieron una gran labor de compilación de documentos históricos de difícil acceso para una buena parte de la intelectualidad dominicana, a los cuales ellos habían accedido fácilmente en virtud de su estrecha vinculación a los resortes del poder.

Más recientemente, el economista Bernardo Vega ha retomado esta corriente historiográfica, procediendo a hurgar en los archivos secretos del Departamento de Estado Norteamericano y el Palacio Nacional de la República Dominicana todo lo relacionado con la dictadura trujillista, habiendo publicado al presente unos 32 volúmenes sobre diversas temáticas.

La corriente que más incidencia tiene en la historiografía dominicana reciente es la marxista. Esta corriente se plantea el estudio de la realidad social e histórica como un todo complejo, dinámico, cambiante y articulado, tiene sus más claros orígenes en las postrimerías de la dictadura de Trujillo con las obras de dos grandes luchadores anti trujillistas en el exilio: Pedro Mir y José Ramón Cordero Michel. Esas obras fueron: “Tres Leyendas de Colores. Ensayo de Interpretación de las Tres Primeras Revoluciones del Nuevo Mundo” de Mir, escrita en 1949 aunque publicada por vez primera en 1968 y “Análisis de la Era de Trujillo (Informe sobre la Republica Dominicana, 1959)” de Cordero Michel, Publicada por el Instituto de Estudios del Caribe de la Universidad de Puerto Rico en 1959, meses después de la inmolación del autor en el marco de la expedición armada de Constanza, Maimón y  Estero Hondo contra la dictadura trujillista.

Sin embargo, justo es reconocer que fue Juan Isidro Jimenes-Grullón el primero que abordó la realidad histórica y social de la Republica Dominicana desde la perspectiva del marxismo, aunque desde una lógica y militancia populista, a través de su obra “República Dominicana. Análisis de su pasado y su presente”, publicada por primera vez en La Habana, Cuba, en 1940, mientras estaba en el exilio, con prólogo de Juan Bosch. Asimismo, esta obra está influida por otras corrientes de pensamiento, como son: el freudismo y el positivismo hostosiano –aunque lo enfrenta abiertamente en la misma-, entre otras.

Los/as intelectuales más representativos/as de la corriente historiográfica marxista, por su abundante producción historiográfica y sus valiosos aportes teórico-metodológicos, empíricos y de cara a la reconstrucción del proceso histórico dominicano, a nuestro parecer son los/as siguientes: Juan Bosch, Juan Isidro Jimenes- Grullón, Franklin J. Franco, Emilio Cordero Michel, Pedro Mir, Francisco Antonio Avelino, Hugo Tolentino Dipp, Roberto Cassá, Luis Gómez, Wilfredo Lozano, André Corten, Isis Duarte, Mercedes Acosta, Carlos María Vilas, Franc Báez Evertsz, Carlos Dore Cabral, Jaime de Jesús Domínguez, Carlos Ascuasiasti, José Oviedo, Pedro Catrain, Max Puig, Rubén Silié, José Serrulle Ramia, Jacqueline Boin, Miguel Ceara Hatton, Mario Bonetti, Ángel Moreta, Alexis Viloria, Diógenes Céspedes, José Antinoe Fiallo, Otto Fernández, Nelson Moreno Ceballos, Carlos Julio Báez, Ramonia Brea,  Lusitania Martínez y Filiberto Cruz Sánchez, entre otros/as.

([1]).- Pedro Henríquez Ureña: Ensayos-Horas de Estudios (1910): “La Sociología de Hostos”-Editorial Pueblo La Habana, 1990 Pag.29.

[2] . Pedro Henríquez Ureña: Ensayos-Horas de Estudios (1910): “La Sociología de Hostos”- Editorial Pueblo y educación, la Habana, 1990. Pags.30-35.

-Roberto Cassá: “Historiografía de la Republica Dominicana”, ECOS, Años I (1993). No 1, Págs., 15-17.

[3]. Roberto Cassá: “La Historiografía de la Republica Dominicana”. ECOS: Año 1 (1993). No. 1, Págs., 17-21.

[4]. Roberto Cassá: “La Historiografía de la Republica Dominicana”. ECOS: Años 1 (1993), No. 1, Págs., 17-21.

[5]. Roberto Cassá: “La Historiografía de la Republica Dominicana” ECOS: Año 1 (1993), No. 1.

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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