Cultura Nacionales

La Lógica Formal de Andrés Avelino Hijo, de la mano con el Materialismo Dialéctico

Written by Juan de la Cruz

El texto Lógica Formal (Tomos I y II), de Andrés Avelino García Ramón, constituye un extraordinario esfuerzo de sistematización de lo que se ha producido en el campo de la lógica formal desde que fuera fundada, en Grecia, por Aristóteles, en el siglo IV antes de nuestra era hasta la época actual, con la sola exclusión de la lógica matemática o simbólica, en tanto área del pensamiento que tiene sus propias especificidades.

En el abordaje de la Lógica Formal, García Ramón parte de la teoría del Materialismo Dialéctico e Histórico, que sostiene que el conocimiento es la resultante del proceso de reflejo de los objetos y fenómenos de la realidad objetiva y sus caracteres en el cerebro humano, a partir de una praxis transformadora del mundo material, que tiene como horizonte la solución de la problemática existencial de los seres humanos en sociedad. En ese orden afirma:

“De acuerdo al materialismo dialéctico e histórico, el reflejo en el cerebro humano de los objetos y fenómenos de la realidad objetiva y sus caracteres (propiedades, estados y relaciones o conexiones) -reflejo que surge y se desarrolla en el seno del proceso de desarrollo de la actividad práctico-productiva (praxis) humana transformadora del mundo material objetivo con el fin de solucionar la problemática existencial en general de los hombres vivientes en sociedad; el pensamiento, en tanto especie de reflejo de la realidad material objetiva -o de los reflejos ya existentes de dicha realidad material- en el cerebro humano, posee determinados caracteres específicos que lo diferencian en cuanto tal de la otra especie de reflejo de la realidad material objetiva que es el conocimiento sensorial o sensible; la cual, por su parte, y a la inversa, se diferencia del pensamiento por constituir una forma de reflejo de la realidad material objetiva con caracteres específicos muy diferentes a los del pensamiento” (García Ramón, 2002, tomo I, p. 29).

La teoría del reflejo condicionado (o de la función de los grandes hemisferios cerebrales) del fisiólogo ruso Iván Pavlov ha tenido una influencia determinante en la teoría del materialismo dialéctico, sobre todo, a partir de que Vladimir Illich Lenin, en sus Cuadernos Filosóficos (1974, p.171), escritos en plena Primera Guerra Mundial a partir de una lectura materialista de la obra Ciencia de la Lógica de Hegel, planteara: “Las leyes de la lógica son los reflejos de lo objetivo en la conciencia subjetiva del hombre”.

Pavlov en su texto Los Reflejos Condicionados (1997, pp. 7-8) dice:

“Como punto fundamental tomaremos nosotros el concepto de Descartes sobre el reflejo. No cabe duda de que este concepto es genuinamente científico, puesto que el fenómeno por él definido se determina de un modo riguroso como sigue: un estímulo externo o interno alcanza un determinado receptor nervioso, dando lugar a un impulso nervioso; este impulso se transmite, a lo largo de las fibras nerviosas, al sistema nervioso central, y allí, merced a conexiones ya existentes, es elaborado y trasladado al órgano efector, que mostrará su actividad específica, determinada por la estructura celular específica. De esta manera, un estímulo aparece conexionado a la respuesta definitiva necesariamente como la causa al efecto”.

Esta definición cartesiana del reflejo, asumida por Pavlov, muestra las limitaciones propias de las ciencias neurológicas entre los siglos XVII y principios del siglo XX, donde las investigaciones sobre los hemisferios cerebrales se reducían al estudio de las relaciones causales estímulos-respuestas, por desconocer los factores autogénicos relacionados con el sistema nervioso central y los diferentes subsistemas neuronales interconectados. El mismo Pavlov (1997, pp. 8-9) reconoció los limitados avances de la fisiología en las primeras décadas del siglo XX, época en que publicó sus investigaciones sobre el estudio de los procesos internos del órgano cerebral, cuando afirmaba:

“Los reflejos, del mismo modo que las máquinas hechas por las manos del hombre, son de dos clases: positivos y negativos; es decir, excitadores e inhibidores. Ahora bien, el estudio de estos reflejos, por mucho tiempo que lleven ocupados en esto los fisiólogos, está todavía muy alejado de su fin. Continuamente se descubren nuevos mecanismos reflejos. Nosotros ignoramos las propiedades de aquellos órganos reflectores en los que el estímulo efectivo está en el interior mismo del organismo, y los reflejos internos en sí mismos forman como un campo inexplorable. Las vías por las que el impulso nervioso va a los centros son, en su mayor parte, muy pocos conocidas, o desconocidas por completo. El mecanismo de los procesos inhibitorios confinados en el sistema nervioso central permanece completamente oscuro”.

Pavlov cometió un error de apreciación cuando comparó los reflejos de los seres humanos con los de las máquinas fabricadas por las manos del hombre, los cuales define como positivos o excitadores y negativos o inhibidores, sin entender la complejidad que se expresa en todos los actos de la especie humana, los cuales trascienden esa concepción mecanicista. Al mismo tiempo, mostró cuán poco fundamentada estaba su teoría de los reflejos al significar que ignoraba las propiedades de los órganos reflectores que posibilitan el estímulo interno del organismo humano.

De igual modo, reconoció que no se habían estudiado a profundidad los reflejos internos, propiamente dichos, y las vías por las cuales el impulso va al sistema nervioso central, lo que pone al desnudo el completo desconocimiento que poseía sobre el funcionamiento interno del proceso de reflejo y su vínculo con la realidad exterior. Las características del proceso de reflejo recogidas por Pavlov (1997, p. 8) se sintetizan de este modo:

“Es absolutamente evidente que toda actividad del organismo se realiza conforme a leyes definidas. Si el animal no estuviese capacitado exactamente para reaccionar adecuadamente a los estímulos del mundo externo, tarde o temprano dejaría de existir. Si el animal, en lugar de dirigirse al alimento se apartara de él, si en lugar de huir del fuego se precipitara a él, etc., etc., de un modo o de otro perecería. Por consiguiente, debe reaccionar adecuadamente ante el mundo exterior para que con toda su responsable actividad quede asegurada su existencia. Lo mismo sucederá exactamente si nos representamos la vida en términos físicos y químicos. Cada sistema material puede subsistir solamente, aisladamente, en tanto que sus fuerzas internas cohesionadas y ligadas entre sí se equilibren, por decirlo así, con las influencias externas entre las que se encuentre. Y lo mismo se refiere este principio a la más simple piedra que a la sustancia química más complicada, y exactamente lo mismo podemos imaginarnos en cuanto al organismo de los animales. Como sistema material circunscrito y definido, solo puede subsistir en tanto sus actividades se equilibren con las excitaciones que le vengan del mundo exterior. A penas este equilibrio se quebrante seriamente dejará de existir como tal sistema. Los reflejos son los elementos de esta adaptación o equilibrio constante”.

Las características del proceso de reflejo presentadas por Pavlov son evidentemente muy generales porque no entran en los detalles propios de la anatomía humana, sino que se refieren a los factores comunes a todos los seres, animados e inanimados, que, de una manera u otra, interactúan con el medio ambiente en que le ha tocado surgir y desarrollarse. Incluso, en el caso en que trata de dar una explicación más relacionada con el ser humano, como es la proclividad a la alimentación y a cerciorarse del peligro, son reacciones que no se limitan exclusivamente al hombre, sino que también abarcan a los demás animales, sean estos inferiores o superiores.

Es evidente que la fisiología a principio del siglo XX estaba muy poco desarrollada. Si Pavlov se propuso desarrollar esa teoría debió aventurarse a derivar conclusiones y a hacer propuestas más contundentes, tanto en torno a los factores internos y externos que están relacionados con el proceso de reflejo, como en relación con las propiedades y características de este complejo proceso.

Más adelante Pavlov (1997, pp. 11-12) da más detalles sobre los reflejos instintivos relacionados con los seres humanos y los animales, aunque siempre mostrando los límites de su teoría y de las investigaciones neurofisiológicas en general:

“Un conjunto de reflejos constituye la base fundamental de la actividad nerviosa, tanto del hombre como de los animales. Es, por consiguiente, de la mayor importancia el estudio detallado de todos los reflejos fundamentales del organismo. Desgraciadamente, hasta el presente, estamos lejos todavía de poseer un conocimiento acabado de todos los reflejos, muy especialmente de aquellos a los que se les ha designado con el nombre de instintos. El conocimiento de éstos es muy limitado y fragmentario. Su clasificación en alimenticios, defensivos, sexuales, paternales y sociales, es por completo inadecuada. En cada uno de estos grupos se encuentran, con frecuencia, reflejos aislados, cuya esencia no la concebimos en absoluto, o la confundimos con otros, y, en realidad, no sabemos apreciar en su justa medida su significación vital”.

Ya antes que Pavlov, hacia el 1895, el psiquiatra alemán Sigmund Freud había formulado una teoría más compleja (que la del médico ruso) sobre los procesos cerebrales y el surgimiento del fenómeno de la conciencia. Veamos:

“Digamos algunas palabras sobre la relación de esta teoría de la conciencia con otras teorías. De acuerdo con una teoría mecanicista moderna, la conciencia no sería más que un mero apéndice agregado a los procesos fisiológicos psicológicos, un apéndice cuya ausencia nada modificaría en el curso del suceder psíquico. De acuerdo con otra teoría, la conciencia sería inseparable de los procesos fisiológico anímicos. La teoría que aquí desarrollo se encuentra entre estas dos. La conciencia es aquí la faz subjetiva de una parte de los procesos físicos que se desarrollan en el sistema neuronal -a saber, de los procesos perceptivos-, y su ausencia no dejaría inalterado el suceder psíquico, sino que entrañaría la ausencia de toda contribución del sistema neuronal perceptivo… Desde el exterior inciden magnitudes de excitación sobre las terminaciones del sistema neuronal perceptivo, topándose primero con los aparatos teleneuronales, que lo fragmentan en fracciones cuyo orden de magnitud probablemente sea superior al de los estímulos intercelulares (¿o quizá aún del mismo orden?). Aquí nos encontramos con un primer umbral: por debajo de determinada cantidad no puede constituirse ninguna fracción eficaz, de modo que la efectividad de los estímulos está limitada en cierto modo a las cantidades de la magnitud mediana. Al mismo tiempo, la naturaleza de las envolturas nerviosas actúa como una criba, de manera que en las distintas terminaciones nerviosas no todos los tipos de estímulos pueden ser efectivos. Los estímulos que realmente llegan a las neuronas perceptivas poseen una cantidad y una característica cualitativa; en el mundo exterior forman una serie de la misma cualidad que los estímulos y de creciente magnitud de cantidad, desde el umbral hasta el límite del dolor. Mientras los procesos forman en el mundo exterior un continuo bidireccional -ordenado de acuerdo con la cantidad y con el período (cualidad)-, los estímulos que les corresponden se hallan, de acuerdo con la cantidad, reducidos primero y luego limitados por selección, y en cuanto a su cualidad son discontinuos, de modo que ciertos períodos ni siquiera pueden actuar como estímulo. La característica cualitativa de los estímulos se propaga ahora sin impedimentos por el sistema neuronal perceptivo, donde se genera la sensación; está representada por un período particular del movimiento neuronal, que no es, por cierto, el mismo que el del estímulo, pero que guarda con él determinada relación” (Freud, 2003, tomo 1, pp. 224-226).

La teoría del reflejo condicionado de Pavlov fue durante mucho tiempo la que prevaleció entre los medios científicos más destacados. En tanto, la teoría de Freud ha sido vista, por muchos estudiosos de los procesos cerebrales, como quimérica, fantasmagórica y más cercana a la literatura de ficción que al ámbito científico. Sin embargo, los avances logrados por las neurociencias en las últimas décadas del siglo XX y en lo que va del siglo XXI, han permitido entender, con mayor flexibilidad y amplitud, que el sistema nervioso central es un biosistema, sumamente complejo, que además de procesar entradas y controlar salidas, se mantiene en actividad autónoma constante, con importantes niveles de creatividad.

Mario Bunge (1988, pp. 54-55) revela que la neurofisiología y la psicología fisiológica están interesadas en seis niveles de sistemas relacionados con el cerebro, que son:

  1. Subcelular (membranas neuronales, conexiones sinápticas, dendritas); 2. Celular (neuronas y neuroglias); 3. Microsistemas neuronales (sistemas multineuronales -integrados por cientos, miles y millones de neuronas-); 4. Microsistemas neuronales (sistemas de cientos, miles o millones de microsistemas neuronales); 5. Organismo (animal) y 6. Pequeñas agrupaciones (sistema integrado por animales que interactúan directamente, a través de familias u hordas).

Bunge (1988, p. 55) destaca que en los primates se encuentran los siguientes niveles de microsistemas neuronales: sistema somatoestésico, sistema visual y auditivo, sistema regulador de la temperatura, córtex no comprometido…; hemisferios cerebrales; cerebro; sistema nervioso central (SNC) o cerebro y médula espinal; sistema nervioso (SN), integrado por el SNC más los centros nerviosos periféricos; sistema neuroendocrino, compuesto por el SNC más las glándulas endocrinas, como son las glándulas pituitarias (hipófisis) y las glándulas suprarrenales. En relación con el Homo Sapiens dice que tiene cerca de un billón de neuronas y en cualquier proceso mental que realiza, utiliza millones de neuronas, lo que no sólo ocurre en los micros o macrosistemas neuronales, sino también en los niveles celulares y subcelulares.

Está claro que la teoría del reflejo condicionado de Pavlov hoy día es insuficiente para poder captar la complejidad envuelta en los procesos cerebro-mentales relacionados con el grado lógico del conocimiento, puesto que los mismos están integrados por entradas sensoriales y salidas motoras que condicionan todo su funcionamiento sistémico.

El tálamo es el centro regulador de las entradas y las salidas, las cuales interactúan de forma compleja y dinámica a través de los órganos sensoriales, el núcleo reticular sensorial, el núcleo medio, el cerebelo, el hipotálamo, las estructuras límbicas, las áreas de proyección sensorial, el área frontal, el área sensorial secundaria, el área cortical motriz, los ganglios basales, el núcleo motor cerebral, el núcleo reticular y las interneuronas espinales. Esto significa que el materialismo dialéctico creativo debe estar al tanto de los últimos avances de las neurociencias y de las diferentes áreas del conocimiento científico-técnico para no continuar repitiendo aquellos niveles de conocimiento que han sido superados por la praxis científica novedosa y por el curso dinámico de la vida en todas sus expresiones.

García Ramón (2002, pp. 30-37) también toma como premisa clave la idea de que el conocimiento racional se diferencia del conocimiento sensorial por los rasgos específicos contenidos en cada uno de ellos, pues mientras el primero tiene un carácter mediato, abstracto y general, el último se distingue por ser inmediato, concreto y particular.

El conocimiento sensorial o sensible sólo puede producirse como una consecuencia necesaria de la acción inmediata de los objetos materiales y sus propiedades sobre el cerebro humano, sin cuya existencia no pudiera darse el proceso de reflejo. A su entender, esto contribuye a despejar cualquier tipo de duda que surja en torno al dilema que ha marcado históricamente a la filosofía en cuanto a si la realidad material existe o no con independencia de nuestras sensaciones, percepciones, representaciones, pensamientos e ideas. Sobre el conocimiento racional dice que no requiere de la acción inmediata de los objetos sobre nuestro cerebro para aprehender la realidad, sino que parte de la experiencia acumulada históricamente por los seres humanos a través de los diferentes sistemas de signos lingüísticos que constituyen los lenguajes naturales y su vínculo estrecho con el pensamiento, de lo cual se deriva el conocimiento mediato y abstracto, pero teniendo como fuente nutricia esencial las imágenes concretas que emergen de las percepciones y las representaciones.

Esa concepción sobre el proceso del conocimiento, nos parece muy limitada, esquemática y lineal. Nosotros concebimos el conocimiento como el resultado de un proceso complejo que envuelve interactivamente la estructura biopsíquica, lo óntico, lo epistémico, lo histórico, lo lógico y la praxis humana. Aquí cada parte del todo es fundamental, por cuanto cumple un rol específico insustituible.

La parte biopsíquica es esencial por cuanto está relacionada con el cerebro, el cual podría asemejarse a un motor que mueve toda la corporeidad y la psique del ser humano, de cuyo funcionamiento se desprenden las diferentes señales que envían las neuronas y recibe cada órgano de la anatomía humana. Esta parte entra en contacto con la realidad óntica a través de la praxis histórico-social, originándose así las sensaciones y percepciones, las cuales, mediante un proceso autogénico y reflexológico, se truecan en representaciones y asumen la dimensión abstracta, al ser racionalizadas en forma de ideas, conceptos, juicios, proposiciones, silogismos y razonamientos, componentes esenciales del pensamiento, de cuyo movimiento permanente y detenciones momentáneas resulta el conocimiento humano y el acervo cultural que hoy puede exhibir la humanidad.

Lo dicho pone en evidencia que los innumerables esfuerzos realizados por diferentes pensadores para mostrar la supremacía de lo biológico, lo psíquico, lo racional, lo experiencial, la praxis, las ideas y la materia, son desviaciones que carecen de sólidas bases de sustentación. Esto ha permitido que sus concepciones extremistas hayan recibido las consabidas denominaciones de biologismo, psicologismo, racionalismo, empirismo, pragmatismo, idealismo y materialismo.

Ahora bien, es sumamente importante subrayar que el proceso del conocimiento no sigue parámetros lineales, sino perspectivas multidireccionales, lo que implica que no necesariamente deben agotarse todas las fases primarias del denominado conocimiento sensorial para luego ascender a la fase superior del conocimiento lógico-abstracto. Y es que el ser humano consciente, portador de un pensamiento educado en la reflexión sistemática, no está obligado a cumplir de forma esquemática con cada uno de los pasos requeridos para alcanzar los altos vuelos reflexivos e imaginativos que envuelven el complejo proceso del pensar y el conocer.

García Ramón (2002, pp. 39-42) entiende que la lógica formal estudia la estructura formal de los pensamientos para determinar la veracidad o falsedad de éstos. Igualmente, considera que la lógica formal contiene aspectos que dan cuenta de su necesidad e importancia, pero también de sus debilidades y limitaciones. Entre esos aspectos, destaca los siguientes:

  • Que la Lógica Formal solo investiga el proceso del pensar conducente a la verdad en su forma deductiva. Esto consiste en la inferencia o deducción necesaria de un juicio verdadero de otro u otros juicios verdaderos existentes, pero haciendo abstracción del proceso histórico del pensar conducente a la obtención o formación de los conocimientos verdaderos que constituyen los fundamentos de toda deducción o inferencia.

 

  • Que la Lógica Formal como método heurístico es limitada porque constituye un método para obtener nuevos conocimientos verdaderos, pero sólo partiendo de otros conocimientos cuya verdad ha sido establecida dentro del ámbito de lo ya contenido en las premisas de los juicios y razonamientos; no en función de la experiencia y la práctica.

 

  • Que, como método de demostración, la Lógica Formal es limitada, por cuanto el proceso deductivo del pensar y sus leyes formales presuponen la existencia de premisas verdaderas, cuya veracidad, en última instancia, no puede demostrarse por esta misma vía, sino en base a la experiencia y la práctica. Eso mismo sucede con las reglas de los razonamientos e inferencias en que se fundamenta la necesidad de la deducción o inferencia de conclusión verdadera.

 

  • Que, de la forma deductiva en el proceso del pensar, la Lógica Formal solamente investiga sus formas y leyes formales (conceptos, juicios, proposiciones y razonamientos), haciendo abstracción del contenido concreto que envuelve.

 

Para García Ramón esto no significa que la Lógica Formal carezca de contenido objetivo, ya que las formas y leyes formales investigadas por ella no son puramente subjetivas, puesto que constituyen un reflejo verdadero de las formas y nexos reales, aunque no tenga un vínculo directo con el contenido de la realidad. En tanto, de la Lógica Dialéctica dice que estudia las leyes objetivas que norman la formación y desarrollo de las diferentes formas del pensamiento y su contenido. Esto quiere decir que la lógica dialéctica investiga las leyes más generales del desarrollo histórico del proceso del pensar a través del cual el ser humano alcanza la verdad objetiva. De lo dicho se desprende que mientras la lógica formal es la ciencia estática del proceso del pensar conducente a la verdad objetiva, la lógica dialéctica es la ciencia dinámica de ese mismo proceso.

García Román sostiene que la lógica dialéctica constituye el método heurístico universal de descubrimiento y demostración de la verdad, ya que el proceso del pensar se desarrolla partiendo de la realidad objetiva dada en la percepción, orientada por el pensamiento y de cara a la práctica; de los conocimientos verdaderos ya formados, y de la propia inferencia o deducción aplicada a la realidad objetiva, para arribar a nuevos conocimientos derivados del movimiento de la realidad y sus leyes.

Plantea, asimismo, que la Lógica Dialéctica se diferencia esencialmente de la Lógica Formal por ser una lógica de contenido, una lógica cuyas formas, categorías y demás leyes generales, no son externas, sino internas al contenido objetivo concreto, con el cual coexisten como vínculos o nexos generales, esenciales y necesarios. Esto explica que su observancia en el proceso del pensar siempre conduzca a la obtención de conocimientos verdaderos en función de su contenido objetivo, como resultado de su desarrollo histórico y lógico.

Sin embargo, es preciso indicar que entre la Lógica Formal y la Lógica Dialéctica no existe una separación extrema y excluyente, sino que, muy por el contrario, hay un alto nivel de complementariedad que es necesario reconocer y se debe tener muy presente. En ese sentido Federico Engels (1964, p. 163) apuntó:

“La Lógica Formal es ante todo método para el hallazgo de nuevos resultados, para progresar de lo conocido a lo desconocido, y eso mismo es la dialéctica, aunque en sentido más eminente, pues rompe el estrecho horizonte de la Lógica Formal y contiene el germen de una concepción del mundo más amplia”.

Queda claro, pues, que existe una relación multívoca y de complementariedad entre ambas lógicas, puesto que la lógica formal y la lógica dialéctica constituyen teorías generales sobre el pensamiento y sus leyes, que han conducido y conducen al ser humano, tanto a lo largo de su desarrollo histórico-social como especie como en su desarrollo individual, a la adquisición y creación de conocimientos verdaderos en el proceso de investigación y aprehensión de la realidad objetiva y subjetiva.

Es importante observar que la concepción asumida por García Ramón sobre la lógica formal y la lógica dialéctica está fuertemente influida por la visión que sobre el particular asumieron los filósofos, científicos e investigadores de la antigua Academia de Ciencias de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), mayormente matizada por una perspectiva dogmática y de manuales.

La influencia mayor de los pensadores marxistas soviéticos en el pensador dominicano la encontramos en la obra que lleva por título Lógica de D. P. Gorski y P. V. Tavants, la cual fue publicada originariamente por el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a mediados de los años 50 y editada en español, por primera vez, en 1958 por Editorial Grijalbo de México, siendo reeditada en 1960, 1968 y 1974, edición esta última que nos sirve de base para hacer nuestra valoración.

No obstante, esto no ha sido obstáculo para que García Ramón realizara aportes de gran calidad a la disciplina creada por Aristóteles y desarrollada por otros eminentes pensadores de diferentes épocas y concepciones filosóficas, tanto a través de diferentes generaciones desde las aulas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo -UASD-, como a lo largo del texto que aquí analizamos.

 

BIBLIOGRAFÍA

Aristóteles (1995), Tratados de Lógica (Órganon) II: Sobre la interpretación- Analíticos Primeros- Analíticos Segundos, Madrid: Editorial Gredos.

Aristóteles (2000), Tratados de Lógica (Órganon) I: Categorías-Tópicos- Sobre las Refutaciones Sofísticas, Madrid: Editorial Gredos.

Austin, John L. (2004), Cómo Hacer Cosas con Palabras, Barcelona: Ediciones Paidós.

Avelino, Andrés (1951), El problema Antinómico de la Fundamentación de una Lógica Pura, Ciudad Trujillo: Editora Montalvo.

Avelino García hijo, Andrés (2002), Lógica Formal (Tomos I y II), Santo Domingo: Editora Universitaria-UASD.

Ayer, Alfred Julius (1981), Lenguaje, Verdad y Lógica, Barcelona: Ediciones Martínez Roca.

Bacon, Francis (1984), Novum Órganon, Barcelona: Ediciones Orbis.

Bunge, Mario (1985), Teoría y Realidad, Barcelona: Editorial Ariel.

Bunge, Mario (1988), El Problema Mente-Cerebro. Un Enfoque Psicobiológico, Madrid: Editorial Tecnos.

Cassirer, Ernst (1976), Filosofía de las Formas Simbólicas, volumen 3, México: Fondo de Cultura Económica.

Condillac, Esteban (1960), Lógica, Madrid: Ediciones Aguilar.

Condillac, Esteban (1963), Tratado de las Sensaciones, Buenos Aires: EUDEBA.

De Gortari, Eli (1965), Lógica General, México: Editorial Grijalbo.

De Gortari, Eli (1980), La Ciencia de la Lógica, México: Editorial Grijalbo.

De Occam, Guillermo (2002), Suma de la Lógica, Capítulos 14, 15 y 16, recogidos en Textos de los Grandes Filósofos. Edad Media de F. Canals Vidal, Barcelona: Editorial Herder.

Descartes, René (1966), Discurso del Método y otros Tratados, Madrid: Biblioteca Edaf.

Descartes, René (1994), Reglas para la Dirección del Espíritu, Madrid: Alianza Editorial.

Freud, Sigmund (2003), Obras Completas (Tomos 1, 2 y 3), Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.

Gorski, D. P. (1962), Pensamiento y Lenguaje, México: Editorial Grijalbo.

Gorski, D. P. y Tavants, P. V. (1974), Lógica, México: Editorial Grijalbo.

Hegel, Federico (1982), Ciencia de la Lógica (Tomos 1 y 2), Buenos Aires: Ediciones Solar.

Husserl, Edmund (1962), Lógica Formal y Lógica Trascendental, México: Universidad Autónoma Nacional de México.

Husserl, Edmund (2001), Investigaciones Lógicas, Volumen 1, Madrid: Alianza Editorial.

Husserl, Edmund (2002), Investigaciones Lógicas, Volumen 2, Madrid: Alianza Editorial.

Kant, Emmanuel (1960), Crítica de la Razón Pura, Buenos Aires: Editorial Losada.

Kant, Emmanuel (1977), Tratado de Lógica, México: Editora Nacional.

Kopnin, P. V. (1966), Lógica Dialéctica, México: Editorial Grijalbo.

Lefebvre, Henri (1964), Qué es la Dialéctica, Buenos Aires: Editorial Dédalo.

Lefebvre, Henri (1984), Lógica Formal, Lógica Dialéctica, México: Siglo Veintiuno Editores.

Lenin, Vladimir Illich (1974), Cuadernos Filosóficos, Madrid: Editorial Ayuso.

López de Medrano, Don Andrés (1814), Lógica. Elementos de Filosofía Moderna Destinados al Uso de la Juventud Dominicana, Santo Domingo: Imprenta de la Capitanía General de Santo Domingo.

Martin, John H. (2004), Neuroanatomía, Madrid: Prentice Hall. 2da. Edición.

Marx, Carlos y Engels, Federico (1975), Obras Escogidas, dos tomos. México: Akal Editor.

Mendoza, Joseph y De la Cruz, Juan (2008), Andrés Avelino, El Más Grande Filósofo Dominicano. Pensamiento y Trascendencia, Santo Domingo: Impresos La Escalera.

Mendoza, Joseph y De la Cruz, Juan (2010), Lógica, Hermenéutica y Filosofía de la Historia en República Dominicana, Santo Domingo: Impresos La Escalera.

Pavlov, Iván (1997), Los Reflejos Condicionados, Madrid: Ediciones Morata.

Russell, Bertrand (1951), Misticismo y Lógica, Buenos Aires: Editorial Paidós.

Russell, Bertrand (1966), Lógica y Conocimiento, Madrid: Taurus.

Wittgenstein, Ludwig (2007), Tractatus Logico-Philosophicus, Madrid: Editorial Tecnos, S. A.

About the author

Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

Deja un comentario