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El fin del superimperialismo: una critica a la guerra financiera de EEUU

Written by Debate Plural

Mision Verdad (25-10-21)

 

El imperialismo estadounidense, se sabe, tiene su basamento en el poderío militar (francamente en decadencia frente a otros poderes euroasiáticos) y las finanzas dolarcéntricas, un recurso del que ha hecho escuela y que ha sido descrito con detalle y fineza analítica el economista Michael Hudson.

Hace unos días los periodistas estadounidenses Max Blumenthal y Ben Norton, quienes lideran el proyecto The Grayzone, conversaron con Hudson sobre su libro Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (en español: Superimperialismo: la estrategia económica del imperio estadounidense).

Antes de reseñar las consideraciones sobre esta nueva edición, es importante comentar que el economista y autor del libro rompe el molde de la academia económica cómplices de los intereses financieros, pues entre su larga trayectoria en el campo, al trabajar en el Chase Bank se dio cuenta que los bancos internacionales consideran las ganancias de exportación de países extranjeros como ingresos que pueden usarse para pagar intereses sobre préstamos extranjeros, es decir, que el objetivo de los acreedores es capturar todo el superávit económico de un país en pagos del servicio de la deuda.

De hecho, Hudson comenta que en cuanto mayor era el déficit de la balanza de pagos, más dinero se reciclaba para financiar el déficit presupuestario de Estados Unidos a la CIA y al Departamento de Defensa estadounidense.

Volviendo al repaso del libro, que ya consta de tres ediciones, la primera publicada fue en 1972 después del contexto Bretton Woods y la imposición de Richard Nixon suspendiendo la convertibilidad dólar-oro y otros activos de reserva en 1970.

La segunda edición del libro se publicó luego de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en World Trade Center de Nueva York, describiendo la génesis de la dominación política y financiera de Estados Unidos, sumando esta vez, la nueva fase del imperialismo.

Esta edición se enmarca en la Nueva Guerra Fría, las alternativas para desdolarizar la economía mundial y el reposicionamiento de Rusia y China en la palestra geopolítica, tomando en cuenta la fase del fin del superimperialismo.

Sobre esta edición, Hudson expresa la lógica argumentada de que Estados Unidos decidió desindustrializar su esquema debido a que las corporaciones esencialmente necesitaban contratar mano de obra barata en el extranjero, es decir, la economía de Estados Unidos es de alto costo porque está orientada a la deuda y se ha privatizado.

LA DEUDA COMO YUNQUE

Para el economista, China y Rusia ven a Estados Unidos como una lección objetiva, para evitar repetir esas dinámicas, cuestión que no tiene relación con ideologías sino solo con los temas de la deuda. En otras palabras, no es una rivalidad con Estados Unidos: es un rechazo a toda la estructura neoliberal que Estados Unidos ha puesto en marcha.

De hecho, el autor comenta sobre Evergrande que no tiene una onda expansiva en China, porque las deudas se deben al gobierno y éste simplemente puede amortizar la deuda. En comparación con Estados Unidos, allá sí sería un problema porque si las grandes empresas inmobiliarias y de inversiones como BlackRock se hundieran eso derribaría a los bancos y, por ende, derribaría todo el sistema actual.

Hudson resalta, de nuevo, la función retrógrada de instituciones como el Banco Mundial que era hacer que los países del Tercer Mundo, el Sur Global, dependieran de los Estados Unidos para su suministro de alimentos, financiando únicamente la agricultura de exportación, las plantaciones de exportación y no el cultivo de sus propios alimentos.

En cuanto a la función del Fondo Monetario Internacional, era utilizar el apalancamiento de la deuda para obligar a otros países a imponer austeridad a sus poblaciones y, en esencia, crear los mecanismos de control de gobiernos y que tales gobiernos estén en consonancia con los intereses de los Estados Unidos.

Más de lo recurrente en las prácticas de injerencia de esas administraciones norteamericanas, que le dan corte como organizaciones internacionales cuando realmente tributan y maniobran para ese solo país. En su libro, Hudson muestra el doble rasero que ha pervertido a algunas organizaciones aparentemente internacionales en brazos nacionalistas estadounidenses, básicamente, por medio del Departamento de Defensa y del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Simple: Estados Unidos no se unirá a ninguna organización en la que no tenga poder de veto.

Por ello, desde esta trinchera desplegamos algunas claves importantes sobre los comentarios de Hudson a los periodistas estadounidenses:

  • La utilidad pública más importante para China es mantener la creación de dinero, la banca y el crédito en el dominio público.
  • El modo de control de Estados Unidos ya no es militar: es financiero. Y el superimperialismo se trata de cómo Estados Unidos se diferencia del colonialismo europeo al controlar el mundo desde el punto de vista financiero y, de manera encubierta, político, no por la fuerza militar.
  • El brazo militar lo manejan así: cuando Estados Unidos gastó dinero en Vietnam, o cuando lo gasta ahora en Medio Oriente o en las 800 bases militares que tiene en todo el mundo, estos dólares van a la economía nacional. La Reserva Federal termina con estos dólares que se desprenden del gasto militar estadounidense, es decir, el sistema financiero recicla todo este gasto militar en el extranjero en los Estados Unidos.
  • Señala el ejemplo de Japón, que hizo exactamente lo que Estados Unidos les sugirió: recicló sus ganancias de exportación de automóviles y sus exportaciones electrónicas para ayudar a financiar el déficit de la balanza de pagos y el déficit presupuestario de Estados Unidos simultáneamente.
  • Hudson enfatiza que el cambio se traduce a que Estados Unidos pasó de ser el acreedor global a ser el deudor global. La diferencia es que la deuda estadounidense con países extranjeros es una deuda que nunca espera pagar.
  • China ha decidido minimizar sus tenencias de dólares, excepto los que necesitan para negociar en los mercados de divisas para mantener estable el tipo de cambio.
  • También explica que el Banco Mundial no hizo ningún préstamo a Chile, Venezuela u otros países de América Latina para aumentar su propio suministro de alimentos, porque la condición era comprar alimentos solamente en los Estados Unidos y agregando la imposición de «sanciones» para cercar más este escenario.
  • Estados Unidos no contó con que los países que se encuentran bajo el asedio de estas prácticas sancionatorias unilaterales han gestado fases importantes de desarrollo interno productivo para deslastrarse de la coerción estadounidense.
  • Explica la amenaza alimentaria sobre América Latina con el ejemplo de golpe de Estado al presidente hondureño Manuel Zelaya (2009), al narrar que cuando Hillary Clinton visitó Honduras y observó los planes de desarrollo de la agricultura hondureña, inmediatamente articuló un golpe de Estado. La dependencia en el argot del dominio es fundamental para los Estados Unidos.
  • El propósito de la tecnología, para China, no es aumentar el precio de las acciones en las empresas que la fabrican. Están tratando de reducir el costo de producción y desarrollar nuevas tecnologías para desarrollar mejor su instrumentalización técnica.
  • Blumenthal y Norton comentan que BlackRock estaba pidiendo una impresión masiva de dinero de la Reserva Federal, con lo que han estado dopando a la economía desde entonces para evitar la inflación, el mayor problema que presenta el gobierno de Joe Biden, a lo que se le suma el alza de los precios de la gasolina en Reino Unido y la crisis gasífera en Europa.

HACIA LA DESDOLARIZACIÓN

El sinfín de alternativas complejas adoptadas por todos los países asediados por Estados Unidos, que son acompañados por esa desdolarización que se busca consolidar, con la opción del yuan digital a cuestas y las nuevas operaciones de compra de oro de grandes países como Rusia, son muestras palpables de los nuevos escenarios que están por venir en el espectro global.

Hudson comenta en el marco de los embates de la pandemia de covid-19 que la única opción por las que las corporaciones en Estados Unidos están dispuestas a luchar a muerte es para prevenir la medicina socializada y así impedir la instalación de un sistema de salud pública, y esto se ejemplifica con el acaparamiento de 300 millones de vacunas.

Ante esto, el economista asegura que la nueva forma de controlar el trabajo y la guerra de clases en los Estados Unidos es privatizar los productos farmacéuticos y la atención médica, a fin de evitar que las personas tengan acceso a la atención médica y los productos farmacéuticos, a menos que sea a través de su empleador.

Asimismo, los periodistas consultaron al economista sobre la crisis energética de Europa, y él se refirió al gasoducto Nord Stream II y los bloqueos que ha recibido:

«Cuando un político europeo dijo que preferiríamos morirnos de hambre en la oscuridad que tener que comprarles a los rusos, lo que quiere decir es que preferimos aceptar los sobornos que recibimos de los estadounidenses en nuestras cuentas bancarias», contó Hudson.

Entonces, la solución está a la vuelta de la esquina: lo que tienen que hacer es abrir el gasoducto y el precio del gas bajará en Europa.

Finalmente, Hudson comenta que la lógica de las autoridades europeas es que si Estados Unidos les va a hacer lo que Hillary Clinton le hizo a Honduras y lo que Barack Obama le hizo a Libia, entonces ellos tienen que aguantar y prepararse para eso.

En definitiva, este economista estadoundiense dicta múltiples datos que dejan ver las maniobras de dominación e injerencia de los Estados Unidos y, en paralelo, a todas luces explica los elementos que diluyen los mecanismos de control del caduco hegemón.

China y Rusia puntean las estrategias para dinamitar el control y asedio contante de Estados Unidos en el mundo. Nuevos horizontes por obligación deben trazarse ante esta fase decadente del superimperialismo.

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