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La crisis de la Unión Europea bloquea la ampliación a los Balcanes

Written by Debate Plural

Luis Rivas (Sputnik, 11-10-21)

 

La integración en la Unión Europea seguirá vetada a los seis países de los Balcanes Occidentales. Intereses contrapuestos entre los 27 actuales miembros sellan las fronteras hacia el Oeste y abren la vía a una mayor influencia china, rusa y turca.

La reciente «cumbre», celebrada en la ciudad eslovena de Brdo, ha vuelto a certificar la negativa de la UE a cumplir con una ampliación prometida desde hace 18 años en Salónica (Grecia).

Albania, Bosnia-Herzgovina, Kosovo, Macedonia del Norte, Montenegro y Kosovo son los aspirantes. Montenegro y Serbia ya iniciaron el camino de negociación, ahora en punto muerto; Macedonia y Albania aún no han iniciado el proceso; Bosnia-Herzegovina y Kosovo pueden ir olvidándose de firmar siquiera un protocolo de promesas; no tienen ni el estatus de candidato.

«El mal ejemplo» de Bulgaria y Rumanía

Desde la reunión de Salónica en 2003, donde se veía un porvenir diáfano para la adhesión múltiple del flanco suroriental europeo, ha llovido mucho y las tormentas políticas y económicas han empantanado los sueños de ampliación. La inclusión de Bulgaria y Rumanía como miembros de pleno derecho, en enero de 2007, fue considerada por muchas capitales como precipitada, teniendo en cuenta — según ellas – que, por entonces, las condiciones que se exigen a los futuros candidatos sobre «valores democráticos» y «lucha contra la corrupción», no se cumplían en Sofía ni en Bucarest.
A la crisis económica y financiera del 2008, que estuvo a punto de costar a Grecia la expulsión del club de los 27, siguió más tarde la provocada por la llegada masiva de inmigrantes, fruto de la apertura de fronteras decretada por la Canciller alemana, Angela Merkel, sin prevenir a sus socios.
Más de un millón de personas que buscaban instalarse en el generoso Norte europeo estaban obligados a atravesar los países de la Europa Central y suroriental, lo que desencadenó una respuesta de defensa del territorio e hizo florecer los ánimos soberanistas de naciones a las que nadie consultó y que sufrían el desprecio de Berlín y, en ese momento de París, autoproclamados adalides de la Europa «humanitaria».

Integración, no; «perspectiva europea»

Al trauma del Brexit le siguió la catastrófica gestión europea del virus de la COVID-19, una muestra más de la fragilidad de la supuesta solidaridad intercomunitaria y ejemplo claro del «sálvese quien pueda», eslogan europeo cuando se desatan las crisis.
Los dirigentes de la UE juegan ahora con la semántica para frenar el desencanto y el enfado de los aspirantes a la integración. La presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, hablan ahora de «agenda estratégica», de «perspectiva europea», todo antes que mencionar la palabra prohibida, «adhesión».

Euros y vacunas

A falta de ampliación, la UE propone ayuda en metálico, lo que mejor sabe hacer. En Brdo se decidió repartir casi 30.000 millones de euros entre los países aspirantes, en un plazo de 4 años. De esa cifra, 9.000 millones serán subvenciones para impulsar vías de comunicación terrestre, sustitución del carbón, energías renovables y el desarrollo de internet. Además, se enviarán casi tres millones de dosis de vacunas anti-COVID. 30.000 millones de euros es un pequeño óbolo en comparación con el maná que supondría para esos países la plena adhesión.
El dinero es la respuesta a la impotencia de Bruselas. Pero, en descargo de Von der Leyen y Michel hay que reiterar que las decisiones transcendentales de la UE no se toman en Bruselas y no son decididas por los altos funcionarios de la organización, sino por los dirigentes de los 27 países miembros.
Francia, Dinamarca y Países Bajos encabezan el grupo de los «duros», opuestos a la ampliación, en buena parte por cuestiones de política interior, por el rechazo de sus ciudadanos a ampliar la UE. Recordemos, además, que tanto Francia como Países Bajos hicieron caso omiso de sus votantes cuando estos rechazaron democráticamente y por mayoría el Tratado para una Constitución europea.

Vetos cruzados entre socios

Los diferendos bilaterales entre los 27 miembros afectan también a la negociación. Así, Alemania es acusada de oponerse a Serbia. Bulgaria bloquea la adhesión de Macedonia del Norte por diferencias de interpretación históricas. España y otros cuatro países de la UE (Eslovaquia, Grecia, Rumanía y Chipre) no reconocen la independencia de Kosovo.
Sin mencionarlos específicamente, Bruselas exige a estos países «luchar contra el crimen organizado y la corrupción»; a algunos, resolver sus conflictos bilaterales: a todos, «favorecer la competitividad», es decir, eliminar en lo posible el peso del sector público. En el apartado de «conflictos bilaterales», la reciente crisis entre Kosovo y Serbia por el asunto de las placas de identificación de los vehículos ha servido a la UE como excusa para reiterar el largo camino que conduce a la ampliación.

El avance de China, Rusia y Turquía

Los mandamases de la UE advierten, a pesar de todo, del interés estratégico de estos países «frente a la influencia de otras potencias en esta región de Europa». La Unión Europea se enfrenta al dilema de integrar a las naciones de los Balcanes occidentales o aceptar el aumento de la influencia de China, Rusia y Turquía en la zona.
Once países de la UE integran ya el grupo 16+1, creado por China en su proyecto de la «Nueva ruta de la seda». Las históricas relaciones entre Serbia y Rusia no se pueden eliminar de un plumazo ni por razones políticas ni económicas. Turquía extiende su influencia apoyándose en las minorías musulmanas de Bosnia, Macedonia del Norte, y en las mayorías de Albania y Kosovo.
Estados Unidos, por su parte, tiene en Kosovo su principal aliado y base de operaciones en los Balcanes. Washington utiliza los diferendos en la zona para avanzar sus intereses, como ocurrió con el pacto de intercambio de territorios entre Kosovo y Serbia, auspiciado por Donald Trump, a espaldas de sus «aliados europeos».
Demasiadas variantes para alcanzar un consenso entre 27 gobiernos. Más complicado todavía entre 33.

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