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EE.UU. repatria migrantes haitianos, varados en la frontera con México

Written by Debate Plural

Mirko C. Trudeau (CLAE, 21-9-21)

 

Las autoridades estadounidenses, tras cerrar parte de su frontera en Del Río ante la oleada de ciudadanos de Haití que procedentes de México habían instalado un campamento, repatrió en tres vuelos a más de 300 migrantes a Puerto Príncipe.

Se prevé que otros tres mil de los aproximadamente 12.600 migrantes haitianos que quedan sean devueltos en breve.

Hay miles de haitianos varados en la frontera, bajo los puentes que comunican Ciudad Acuña, en la mexicana Coahuila, con Del Río, en la estadounidense  Texas, que cuenta con unos 35 mil habitantes y se ubica a unos 230 kilómetros al oeste de San Antonio.

Tom Cartwright, del grupo de defensa Witness at the Border, que rastrea los vuelos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, dijo que tres aviones, cada uno con 145 personas a bordo, salieron de Texas, uno de Laredo y dos de San Antonio, llevando haitianos hacia Puerto Príncipe. A su llegada, recibieron un plato con arroz, frijoles, pollo y plátano, al tiempo que se preguntaban dónde iban a dormir y cómo conseguirían dinero para mantener a sus familias.

Todos los deportados recibieron 100 dólares y fueron sometidos a una prueba de coronavirus, aunque las autoridades no planeaban colocarlos en cuarentena, comentó Marie-Lourde Jean-Charles, de la Oficina Nacional de Migración.

Mathias Pierre, ministro electoral, cuestionó si la nación podía manejar un flujo de migrantes que regresan al país y dijo que el gobierno estadounidense debería suspender la repatriación.” Tenemos la situación en el sur por el terremoto. La economía es un desastre y no hay trabajo (…) la mayoría de los haitianos no pueden satisfacer sus necesidades básicas. El primer ministro debería negociar con el gobierno de EEUU para que suspenda esas deportaciones en este momento de crisis”, puntualizó.

Las expulsiones expeditas fueron posibles gracias a un mandato de emergencia por la pandemia de coronavirus, el cual fue implementado por el ex presidente Donald Trump en marzo de 2020 y permite que los migrantes sean retirados del país inmediatamente sin darles la oportunidad de solicitar asilo. Biden exentó a los niños que viajan sin compañía de un adulto, pero para el resto de los migrantes sigue vigente.

Más allá de juicios sobre el desempeño de las autoridades migratorias mexicanas ante esta crisis, para los analistas es claro que el país se encuentra desbordado por la llegada masiva de extranjeros procedentes diversas naciones de Asia, África y América Latina.

Obviamente, la génesis del fenómeno está fuera del alcance de las autoridades mexicanas, no solo por las razones que obligan a miles de personas a dejar sus lugares de origen sino también por la inconsecuencia del nuevo gobierno estadounidense de Joe Biden, quien como candidato presidencial prometió una apertura migratoria que ha sido incapaz de poner en práctica.

El gobierno de México insiste en su propuesta a Estados Unidos de enfrentar de raíz el flujo migratorio procedente del llamado Triángulo Norte de Centroamérica, formado por Guatemala, Honduras y El Salvador.

Parece necesario incluir en esa iniciativa a Haití, el país más pobre de América y uno de los más golpeados por la miseria, las enfermedades, la inestabilidad política y, encima, por el efecto de fenómenos naturales devastadores como los terremotos de enero de 2010 y agosto de 2021, y los huracanes Sandy (2012) y Matthew (2016), que en conjunto causaron cientos de miles de muertes y dejaron sin vivienda y sin trabajo a millones de personas.

México insta a la aplicación en esos países de programas sociales para generar fuentes de empleo, así como reducir la marginación social y las expresiones delictivas para evitar, con ello, que miles de personas se vean en la necesidad de huir del hambre y de la inseguridad. Pero para eso se necesita del financiamiento de Estados Unidos que, en definitiva, sería también beneficiado.

Pero la comunidad internacional y en especial los países de América no han emprendido una acción concertada de solidaridad que permita a Haití superar sus circunstancias más trágicas y acuciantes, a excepción de Cuba, que ha mantenido una ayuda constante a los haitianos, en especial en lo que se refiere a servicios médicos, y de Venezuela, que en sus tiempos de bonanza les surtió petróleo subsidiado. La ayuda humanitaria ha sido un gran negocio para agencias y ONGs estadounidenses y europeas.

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