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Perspectivas e inamovibles de la mesa de diálogo en México

Written by Debate Plural

Misión Verdad (27-7-21)

 

En recientes declaraciones, el presidente Nicolás Maduro Moros ha indicado que «está listo» para un nuevo ciclo de conversaciones y acuerdos con la oposición venezolana, esta vez vía México.

El presidente detalló que la Mesa de Diálogo se está adelantando con la mediación de México y de otros gobiernos. «Estamos listos para ir a México. La delegación del Gobierno Bolivariano y los delegados de las oposiciones, aspiro que en agosto se pueda instalar en México con el apoyo de Noruega y de varios gobiernos (incluyendo Estados Unidos) una Mesa de Diálogo, Negociación, Paz y Reconciliación con todas las oposiciones», explicó.

EL CHAVISMO Y «LAS OPOSICIONES»

El presidente venezolano no es el primero que ha señalado las posibilidades de la cita en agosto. La agencia estadounidense Reuters, citando fuentes sin revelar, había publicado como exclusiva a inicios de julio que el chavismo y la oposición se encontrarían en agosto en México.

Sin embargo hay una importante discrepancia entre lo dicho por Reuters y lo dicho por el presidente Maduro. Mientras el medio estadounidense se refirió solo a un encuentro entre el chavismo y la oposición representada en Juan Guaidó, el presidente ha referido que «las oposiciones» están convocadas.

Tal discrepancia no es una ligereza, pues sectores importantes de la oposición interna, no alineados a Guaidó, han luchado desde 2019 en ser reconocidos como oposición política, pese a estar deslindados del «sectarismo» de Guaidó, de los métodos de presión a Venezuela como el bloqueo económico que recae en la población y por declararse en contra de una intervención militar en el país.

Las divisiones internas en la oposición venezolana y sus conflictos se han reflejado en el frente externo, pues gracias al patrocinio estadounidense Juan Guaidó y su séquito fueron reconocidos por la Unión Europea (UE) y el Grupo de Lima como los únicos opositores, mientras que a otros sectores antichavistas electoralmente no abstencionistas y adversos al G4 se les llama «colaboracionistas».

Esa situación cambiará cuando otras agrupaciones, más allá de Guaidó, acudan a México. Bernabé Gutiérrez dijo que la «oposición democrática» designará a Luis Eduardo Martínez (AD) y a Timoteo Zambrano (Cambiemos) para la comisión de diálogo en los Estados Unidos Mexicanos.

EEUU SE SENTARÁ «AL LADO DE GUAIDÓ»

Las negociaciones en México vendrán con el difícil desafío de no terminar truncadas, tal como ocurrió en 2019 en las negociaciones de Guaidó con el chavismo con mediación de Noruega en Barbados y como sucedió a principios de 2018, en República Dominicana, donde justo antes de que se firmara un acuerdo, la oposición se retiró por orden de los estadounidenses y seguidamente el G4 no participó en las presidenciales de ese año, que se adelantaron a solicitud de ellos en República Dominicana.

Tanto en las fallidas negociaciones de 2019 como en las de 2018, el chavismo denunció que la mano del gobierno estadounidense impidió que las partes venezolanas alcanzaran acuerdos razonables.

Recientemente Estados Unidos aseguró que se sentará al lado del líder opositor Juan Guaidó en la mesa de negociaciones con el chavismo. O al menos así lo señaló Juan González, director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos, en entrevista con Mega TV reseñada por Infobae.

«Si se sientan los dos lados en la mesa, que quede claro que nosotros estamos por parte de la mesa de unidad dirigida por Juan Guaidó”, expresó el funcionario. Añadió que «ese es el lado en el que vamos a estar y vamos a actuar basados en cualquier acto concreto que lleve a pasos democráticos para que también los venezolanos sean los que determinen su propio futuro».

González ratificó que el gobierno de Joe Biden está dispuesto a actuar en caso de que se retomen las negociaciones entre la oposición y el chavismo e insistió en que cree que es posible una salida negociada y pacífica a la crisis en Venezuela.

El alto nivel de participación de los estadounidenses en los asuntos venezolanos se expresa mediante el desplazamiento de facto de los opositores venezolanos que integran el séquito de Guaidó.

Hasta ahora no existe claridad o al menos una respuesta oficial sobre la participación formal, presencial y directa de los estadounidenses en México. Por el claro control que ejercen sobre Guaidó, es claro que este no acudirá a México sin su beneplácito y además será teledirigido.

En caso de que el gobierno estadounidense no participe directamente, es evidente que lo que debería ser una negociación entre venezolanos, será en los hechos una negociación entre el chavismo y una extensión del gobierno norteamericano integrada por venezolanos, y eso expone a los factores e intereses reales de la cita.

El cuadro y contexto en el que el chavismo irá a estas discusiones es claramente complejo.

De confirmarse la presencia de varias «oposiciones» en México, el Gobierno Bolivariano va a encarar tanto a las versiones del antichavismo venezolano, como al propio gobierno estadounidense (bien sea por vía directa o indirecta). También va a encarar a las mediaciones participantes, incluyendo la de Noruega y la UE, esta última que también ha adversado a las instituciones venezolanas y ha aplicado férreamente el bloqueo económico al país.

Pero lejos de verse abrumado, ha sido el mismo chavismo el que más ha promovido estas negociaciones y ha sido el factor político que, por la vía de los hechos, ha tenido que promover acuerdos en varias bandas, reuniéndose por separado y tras bastidores con las varias oposiciones en el país y al mismo tiempo creando puentes con Estados Unidos y la UE.

LOS INAMOVIBLES

El chavismo ha propuesto varios inamovibles; básicamente, yacen en el rechazo de las medidas coercitivas unilaterales que han bloqueado la economía venezolana, el establecimiento de un compromiso para el abandono de las vías violentas entre sectores de la oposición venezolana y el reconocimiento de los poderes públicos, incluyendo la vigente Asamblea Nacional (AN), la cual a expensas de los acuerdos tras bastidores entre oficialismo y oposición, renovó al actual Consejo Nacional Electoral (CNE) que organizará las próximas megaelecciones regionales y municipales.

La oposición con sponsor estadounidense, en cambio, mediante un llamado «Acuerdo de Salvación Nacional», propone la ruta de «elecciones libres y justas», incluyendo la de cargos de manera extemporánea y fuera del lapso constitucional, como es el caso de diputados a la AN y elecciones presidenciales. Esto, a cambio de la «posibilidad» de que «la comunidad internacional» retire las «sanciones» contra el país, ha dicho Guaidó.

A simple vista, los principales hasta ahora «inamovibles», por ser diametralmente adversos, dan a entender que la cita en México se aproxima a nuevos encuentros fallidos, pero tal alerta de proximidad podría venir con la posibilidad de que algunas posiciones puedan desescalarse, dado que no tendría sentido para ninguna de las partes acudir a México para salir con las manos vacías.

En efecto, en un marco de negociación, mucho podría ser posible. Así lo ha asomado el presidente Maduro: «Nuestra exigencia es que se levanten todas las sanciones contra Venezuela, tenemos el derecho de una libertad económica, comercial y financiera», dijo.

Seguidamente aludiendo a los avances de la negociación, agregó: «Del uno al diez, hemos llegado a nueve, esperemos que en los próximos días se llegue a un acuerdo definitivo».

EL CAMBIO DE CONDICIONES

El empuje hacia los diálogos en México tiene la conjunción de condiciones que han sufrido desgaste.

El «gobierno interino» de Guaidó, pese al actual (pero distante) apoyo estadounidense, no prosperó como estrategia de desmantelamiento del chavismo y ha perdido enormemente su base de apoyo político e institucional en el extranjero.

Las presiones económicas ha recaído dramáticamente sobre la población venezolana, pero no generaron ni una gran conmoción o estallido social, ni han generado la salida del chavismo del poder. Ahora, a expensas de muchas reformas económicas, el chavismo ha logrado maniobrar las circunstancias, al punto de que algunos análisis económicos, como el del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) y la UCAB, han previsto que la economía venezolana podría crecer (o al menos acercarse mucho a ello) este año.

El país ha desmantelado diversas operaciones de magnicidio, inserción mercenaria y golpes militares clásicos que han sido organizados por la oposición venezolana, con apoyo de Colombia y de Estados Unidos. De ahí que no son cuestiones fáciles las «soluciones» de fuerza en Venezuela.

En Venezuela la política interna ha avanzado, sin Guaidó y algunos dirigentes y partidos que lo apoyan. De hecho, partidos como Acción Democrática (integrante del G4) se han desalineado del abstencionismo y la parálisis promovida por Guaidó, que se instrumentó recrear su discurso sobre la «dictadura» en el país. En ello se consuma una pérdida real de espacios de la oposición abstencionista y su estrategia se vuelve más insostenible e inviable en la escena doméstica.

En términos estrictamente políticos en el frente externo, el desarrollo de unas nuevas negociaciones viene con la encrucijada para la llamada «comunidad internacional» de virar o continuar su estrategia para Venezuela, que tiene también rasgos de agotamiento que se traducen en costos políticos (y hasta económicos). Este punto recae con énfasis en Estados Unidos y seguidamente en Europa, donde hay sectores cada vez más crecientes que constituyen la ruptura de consensos alrededor del bloqueo y la agresión a Venezuela.

Todos los rasgos de un cambio diferenciado de condiciones implican también la posibilidad de nuevos resultados en México, si es que finalmente acuden las partes. Pero todo está por verse.

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