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Los dogmas de la oligarquía

Written by Debate Plural

Enoc Sánchez (Aporrea, 11-6-21)

 

Un dogma es una proposición que se acepta como cierta y no admite discusión, en el caso de la religión, sus preceptos son de carácter indiscutibles y obligados. Este término es de uso frecuente en la filosofía en la ciencia, en los diferentes cultos y en los sistemas políticos.

Los anales de la historia nos recuerdan ciertos comportamientos de carácter dogmático, es el caso del derecho divino de los reyes. Dicha idea reposaba en que la autoridad del rey para gobernar un pueblo provenía de la voluntad de una deidad y no de una autoridad temporal. Es decir, el Rey era un elegido por Dios y no tenía que rendirle cuenta a ningún súbdito; como consecuencia el Monarca era la imagen de Dios en la tierra, por lo tanto, se consideraban propietario de los bienes y la vida de los seres humanos. El poder soberano residía en su persona, dando lugar a lo que se conoce como el absolutismo, en su persona residía el poder ejecutivo, legislativo y judicial. Evidentemente, esto no tenía discusión, el carácter divino del Rey era un dogma.

Lo anterior trajo ciertas discusiones con los jerarcas de la iglesia, dado que el papa, por ser vicario de Cristo, pretendía ejercer sobre los pueblos el poder temporal, tanto en lo político como en lo gubernamental, el cual estaría a cargo de la Santa Sede, así mismo, el poder espiritual sobre la Iglesia Católica. En verdad, tanto uno como el otro tenían carácter dogmático sin ningún tipo de sustento.

Ciertamente, la monarquía extendió sus dogmas que hasta la misma Iglesia los plagió, hasta dar a Dios el título de Rey de reyes en imitación a Darío, el emperador persa quien se autoproclamó Rey de todos los pequeños reinos de la región. Es por eso que es frecuente escuchar a Dios como el rey de los cielos como si este lugar paradisíaco fuera una monarquía. Así mismo, a la virgen María la representan en sus esculturas como una reina con la testa coronda, con una capa y con todos los atuendos propios de una majestad. Para completar, a los cardenales purpurados se les denomina «príncipes de la iglesia».

Todo esta introducción es una muestra de cómo los poderosos crean sus dogmas para evitar que dichos preceptos tengan disputa alguna: el rey es una representación de Dios en la tierra y punto, no hay discusión; el papa ejerce la autoridad espiritual y el poder temporal, por ser el vicario de Cristo y punto, no hay discusión; Dios es el Rey de reyes y la virgen es una reina y punto, no hay discusión.

Son numerosos los dogmas que los ricos y poderosos inventan. Uno de estos es la propiedad privada como un asunto sagrado, es decir, algo digno de veneración y objeto de culto, por atribuírsele carácter divino o una relación con la divinidad o dominado por fuerzas sobre naturales. También se considera sagrado a cualquier objeto digno de veneración y respeto o de una importancia que se considera irrenunciable. Esta apreciación tiene una razón, resulta que la iglesia católica y en general otros cultos, fueron los primeros latifundistas durante el medioevo. Era dueña de grandes extensiones de tierras productivas, las cuales incluía los siervos que trabajaban en condición de esclavos. Era normal que en dichos señoríos se destacaba un esplendoroso y colosal alcázar, cuyo propietario era un obispo o un arzobispo. Evidentemente, lo de la propiedad privada y lo sagrado de ella fue un invento de la Iglesia para proteger lo que le habían robado a los campesinos. Como se nota, lo sagrado de la propiedad privada es un dogma de fe. Existieron y existen muchas civilizaciones donde la tierra no tiene dueño, se les entrega tierra a los campesinos para que las trabajen y el usufructo de esta se comparte entre los que la ponen a producir.

Por los relatos anteriores concluyo que los poderosos han elaborado sus normas, sus teorías o sus doctrinas que son casi dogmáticas. En un principio las monarquías absolutistas con un Rey de carácter divino, era un dogma sin discusión. Ningún ser temporal podía discutir la autoridad de un rey. Del mismo modo, todas las iglesias se arrogaron un dogma de fe para evitar cualquier discusión, a riesgo de caer en un pecado mortal y el alma del relapso tenía seguro un pasaje vip para el infierno. Esto le permitió a la iglesia convertirse en una de las instituciones que recibe colosales cantidades de dinero, que no provienen del trabajo productivo, además, de no producir nada. Y a pesar de las ingentes cantidades de dinero que recibe, no paga impuesto.

La antigüedad se debatió entre dos seres divinos escogidos por Dios, era el rey o el emperador, dado que el imperio fue otra forma de gobierno que instituyó el poderoso para hacer más dinero. Quién era el osado qué podía dudar que César, el Káiser o el zar tenían carácter divino, era el título que los alejaba del común de los mortales para que él y sus aliados llenaron sus arcas con los despojos y los robos de los tesoros y tierra ajenas.

Pero la historia no esconde nada y siempre hay literatura suficiente para leer entre líneas y descubrir otros dogmas. El imperio español tuvo los suyos, durante siglos trató de mostrarle al mundo europeo que el «descubrimiento» de América, la conquista y la colonización, fue una actuación noble que por lo siglos los herederos de los pueblos originarios deberían agradecerles. Aquella trilogía no fue más que una invasión, un avasallamiento y el blanqueo de diversas culturas, respectivamente, basada en la esclavitud, la destrucción de civilizaciones, la aniquilación de los pueblos y el robo de las riquezas. Aquel dogma del reino de Castilla y Aragón no fue más que una farsa.

Los sistemas políticos no son eternos y por lo general tienen su final, así le pasó al feudalismo, a la monarquía y a los imperios, pero los poderosos siempre están atentos para no perder sus beneficios. Una vez agotados la monarquía y los imperios los burgueses inventaron otra forma de gobierno encubierta detrás de la conocida Revolución Francesa. Surge así la Democracia Representativa y así se acabó el absolutismo de los reyes y como secuela, brota el parlamentarismo y con este, el absolutismo del dinero. Este será el nuevo rey, disipado entre los miembros de las cámaras altas y bajas o senadores y diputados, quienes representa los oligarcas, los industriales, el clero, los terratenientes, los banqueros y algunos que otros tahúres que esconden sus malas mañas detrás de un lujoso traje y un cuello almidonado. Pero no solo inventan la llamada Constitución, los burgueses mostraron otras cartas escondidas, la llamada separación de los poderes. Cuanta mentira hay detrás de todo esto: si los diputados y senadores representan la alta burguesía y estos eligen a los jueces, quiere decir que el Poder Judicial está dominado por los dueños del dinero. Aquí ni hay separación sino control de poderes por los burgueses. Esos dogmas, que la democracia es perfectible es una gran mentira, dado que los hombres son imperfectos; eso que para que la democracia funcione debe existir la separación de poderes, es otra gran mentira. Estos no son más que dogmas para vender a los incautos una democracia que nunca ha resuelto los problemas fundamentales que agobian la humanidad.

Los dueños del dinero no paran de inventar dogmas como la industrialización, la globalización, el neoliberalismo y los otros que solo sirven para que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres. El capitalismo es como Dios, nunca ha resuelto los serios problemas que afectan a los habitantes del planeta. Por esta razón, cuando un candidato presidencial o gobernante plantea y logra construir casas para los pobres a bajo costo; educación y salud gratuita; cooperativas de trabajo; las tres comidas para la población, tierra para todos los campesinos que quieran trabajarla; industrias comunitarias, entre otros logros, de inmediato el imperio busca los mecanismos adecuados para impedirlo. Entre estos, las sanciones y el boicot, para evitar que aquellos planes se lleven a cabo o también, sabotear los logros que solo son posibles bajo un gobierno socialista. Razón tuvo el médico canadiense William Osler: «Cuando mayor es la ignorancia, mayor es el dogmatismo»: Lee que algo queda.

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