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Desarrollo, clímax y elementos polarizantes de la 2da vuelta electoral en Perú

Written by Debate Plural

Franco Vielma (Mision Verdad, 26-5-21)

 

La 2da vuelta electoral por la elección presidencial en Perú es, como pocas, sumamente crucial para la nación andina, tanto por la singularidad del cuadro político precedente como por el propio momento político electoral.

Perú es el único país del mundo con todos sus expresidentes judicializados y donde el lawfare ha tenido expresiones descaminadas al punto de perturbar claramente la estabilidad política de todas las instituciones y el país.

La atomización de las fuerzas políticas tradicionales, tanto como su deslegitimación, abrieron un boquete que fue atravesado por Pedro Castillo y la organización Perú Libre. El novísimo dirigente, procedente del Perú rural y profundo, irrumpió en la política ganando en la 1ra vuelta presidencial sin haber siquiera figurado en las encuestas como probable ganador.

Su contraparte, Keiko Fujimori, procede de la herencia de su padre Alberto y la que también labrara su hermano Kenji Fujimori en el parlamento. A su candidatura se han unido todas las fuerzas de derecha y los medios y empresarios peruanos se le han alineado claramente.

LAS ESTADÍSTICAS ELECTORALES

Castillo inició la ruta por la segunda vuelta con más de 15 puntos de ventaja sobre Keiko, pero luego de semanas, al calor de la campaña y con las alianzas que Fujimori ha logrado a su favor, eso sí, sin olvidar la posición fijada desde los medios de comunicación, la ventaja de Castillo se redujo y la preferencia por Fujimori aumentó.

Acorde a las matemáticas electorales, por el vertiginoso ascenso de Fujimori y por el claro descenso de Castillo, era previsible que ambas candidaturas quedaran al menos igualadas a 15 días antes de la elección. Pero las estadísticas se estancaron.

El 22 de mayo se publicó un estudio que arrojó un resultado que dio al traste con la tendencia precedente. Reflejó la consolidación en el primer lugar de Pedro Castillo. De acuerdo con las cifras de Datum, elaboradas para el tabloide Perú 21, Castillo subió un punto y medio afianzándose con un 45,5%, mientras que Fujimori bajó casi un punto registrando un 40,1%. En ese mismo sentido, el voto en blanco creció a 9,1%.

Urpi Torrado, directora de Datum, ha considerado que el simulacro electoral confirma el aumento de preferencias hacia Pedro Castillo y el respaldo electoral de Keiko Fujimori se estancó. «En el caso de Castillo vemos en esta última medición un incremento. En el caso de Keiko Fujimori, en esta última medición vemos que no hay mayor cambio respecto a la semana pasada», dijo.

En la más reciente encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) para La República, que se publicó el 23 de mayo, se revela que el candidato presidencial de Perú Libre, aumentó la ventaja sobre su contendiente de Fuerza Popular, Keiko Fujimori.

El dirigente sindical consiguió un respaldo del 36,5%, mientras que la representante del fujimorismo obtuvo el 29,6%. El estudio también precisó que el 23,6% de la ciudadanía votaría en blanco o nulo; en tanto, el 7,8% manifestó que todavía no tenía definido a quién elegir.

El último sondeo de IPSOS Perú, para la cadena América Televisión, arroja que Pedro Castillo tiene el 52,6% de los votos válidos, mientras que Keiko Fujimori obtiene el 47,4% de las preferencias electorales. La diferencia entre ambos candidatos es de 5,2%. En esa misma frecuencia, el voto blanco es de 14,3%.

 

Las preferencias tienen una composición geográfica. Keiko domina en Lima y su eje metropolitano, el cual agrupa a un 30% del electorado, mientras que Castillo lidera en todo el resto del territorio nacional, especialmente en pueblos y pequeñas ciudades, como si se recreara una disputa entre el Perú urbano y el rural, no solo por las preferencias de los electores, sino por la propia procedencia de los candidatos.

Entretanto, el voto también tiene una composición de clases. Los sectores D y E, los más desposeídos, apoyan a Castillo mientras que Keiko domina en los sectores más acomodados, igualmente como si se recreara una disputa entre las clases sociales, nuevamente no solo por las preferencias de electores, sino por la propia procedencia de los candidatos.

Sin embargo y más allá de los números al relieve, esta elección tiene como pocas la posibilidad de que irrumpa el factor denominado «voto oculto», que de hecho ya apareció en la 1ra vuelta. Castillo obtuvo un inesperado 19,1% sin que esa cifra o alguna parecida a ella apareciera en el radar de encuestadora alguna.

Ello reflejó que, en efecto, las mediciones no fueron para nada precisas y un segmento importante de la población peruana no fue abordado por las encuestas.

Aunque las encuestadoras podrían haber mejorado sus muestreos para corregir esto, es todavía probable que esta situación aparezca nuevamente, más todavía cuando muchos seguidores de Castillo, habitantes rurales, no son abordados telefónica o personalmente y hasta en muchos casos se rehúsan a responder a encuestas.

El gran diferendo estadístico de las encuestas antes de la 1ra vuelta, frente al resultado real, estuvo en gran medida entre quienes se declararon indecisos o que votarían nulo. De ahí surgieron muchos de los votantes ocultos de Castillo.

HECHOS POLARIZANTES Y UN BAÑO DE SANGRE

Durante el pasado fin de semana hubo lugar a manifestaciones en las ciudades peruanas, especialmente en Lima. Se levantaron protestas, no proselitistas, pero anti-Keiko. El movimiento #KeikoNoVa que ya ha aparecido en las campañas presidenciales donde la candidata se ha presentado, reapareció con gran solidez y convocatoria.

No es usual que en una campaña electoral aparezcan expresiones políticamente heterogéneas de rechazo a un candidato. En un país donde el voto es obligatorio, como en Perú, por defecto estas protestas masivas polarizan el cuadro a favor de Castillo y a favor del voto blanco, que también favorece a Castillo.

Entretanto, la candidatura de Castillo está completamente fuera del canon de lo «políticamente correcto» acorde a las campañas de fuerzas de izquierda tradicionales, edulcoradas y moderadas. Esta resulta vigorosa por su fuerte discurso anti-clase política tradicional, que tiene gran calado frente a un electorado agotado por el bucle creado por el fujimorismo y los demás partidos tradicionales.

La retórica, casi sin cortapisas de Castillo, cimentada desde los imaginarios del Perú rural y marginado, desde los sentimientos de clase y desde un verbo llano y accesible, tiene el desafío de promover una oferta electoral creíble para achicar la brecha frente a Keiko en Lima, para blindar su victoria. Mientras que Keiko ha puesto toda la carne en el asador, atizando contra Castillo y acusándolo de chavista y comunista, y promoviendo un gobierno empresarial, neoliberal, pero «novedoso».

El factor «venezolano» en Perú ha aparecido como un elemento de campaña no formal, pero claramente articulado en los estilos de campañas en ese país, con sus tonalidades estilo «Prensa Chicha» ahora en su versión modificada en redes sociales, es decir, desde el amarillismo.

El uso de migrantes venezolanos en Perú en videos y fotos usadas en la campaña, alertando sobre los «peligros del comunismo», se vuelven tendencias virales, claramente aupadas como contenidos pagados y el uso del algoritmo de las redes para posicionar matrices.

Sin embargo, un hecho de sangre ha irrumpido. El asesinato de 18 personas en una comunidad rural, entre ellos mujeres y niños, presuntamente por remanentes del grupo terrorista Sendero Luminoso prendió las alarmas.

Los tristes hechos se llevaron a cabo en la provincia de Satipo, donde Castillo ganó holgadamente en la 1ra vuelta. En el lugar curiosamente fueron encontrados panfletos dejados por los terroristas, donde instaban a no votar por Fujimori, reviviendo los tiempos de la propia presidencia de Fujimori padre, quien se enfrentó a esta organización que era el enemigo público número uno del gobierno.

Castillo ya había sido señalado por el fujimorismo de estar vinculado a Sendero Luminoso, y luego de una campaña consistente en esa línea, sorpresivamente irrumpe este evento.

De hecho, no es la primera vez que algún dirigente de izquierda es señalado de estar vinculado a Sendero Luminoso. El expresidente Ollanta Humala, en su última elección, también fue señalado de estar vinculado a esta agrupación cuando se produjo un ataque en la víspera electoral. El medio Swissinfo ha hecho una cronología de estos ataques en la víspera electoral: han tenido lugar en los años 2016, 2014 y 2011. En los años 2011 y 2016, Keiko Fujimori fue candidata presidencial y además usó esos atentados como tema de campaña, vale la pena agregar.

De acuerdo a Orazio Potestà, experto peruano en temas de narcoterrorismo, quien declaró para el medio BBC Mundo, este ataque «perturba la campaña por completo».

En la zona donde ocurrió el ataque, Potestà cree que «habrá un amedrentamiento de la población» y que «probablemente haya ausentismo» el día de la votación. En el resto del país o en Lima, el analista opina que el atentado tendrá efecto a nivel de los debates políticos.

«En el ámbito del debate, alguno de los dos candidatos debe apropiarse del tema antiterrorista. Podría haber un favorecimiento hacia el candidato que ofrezca soluciones concretas y probadas contra el terrorismo», dice Potestà. Precisamente el eje discursivo de la «mano dura» encuadra claramente a favor de Fujimori, tanto por sus antecedentes familiares como por su propia línea narrativa de campaña.

Ante la recurrencia de estos ataques, Potestà reconoce que algunas personas podrían «abrirle una ventana a la sospecha» a este último atentado y preguntarse «de dónde sale, quién lo hizo, qué intereses hay», o «si se trata de un tema orquestado, buscando favorecer a algún candidato», refirió el consultado para BBC.

Hay justo ahora una disputa por el relato, sobre a quién convienen estos hechos, y evidentemente muchas sospechas van contra Fujimori, tanto por sus antecedentes familiares y sus operaciones de bandera falsa como por el discurso de la candidata. De ahí que se desarrolla una confrontación no oficial en la campaña, donde en medios y en redes se disputa y se cuaja el inevitable saldo político. ¿Podrá esto voltear las preferencias actuales? Está por determinarse, pues aunque para eso sirven las conmociones, no siempre son concluyentes o definitivas.

Sobre los señalamientos en su contra, Castillo usó su particular verbo y dio al traste con las acusaciones para despejar dudas. El candidato propuso al presidente de Perú, Francisco Sagasti, que las autoridades lo incluyan en las investigaciones sobre el caso para descartar estar involucrado. «Que empiecen por mí y mi entorno, por Pedro Castillo y su comando», enfatizó de manera tajante.

De esta manera, la campaña alcanza su cúspide y a poco menos de dos semanas para la elección, no hay dudas de que este evento es relevante como pocos por las réplicas que tendrá, sea cual sea el resultado.

El desarrollo y punto final de este trecho tendrá una síntesis en esta disputa, entre el continuismo y la esperanza. Justamente lo que ambos candidatos representan, tal como si se tratara de una disputa entre el Perú del pasado y el Perú del presente y del futuro. Insistamos, como dijimos líneas arriba, no solo por las preferencias de electores, sino por la propia naturaleza de los candidatos.

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