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La política de la OTAN e Israel de bombardear televisiones y asesinar periodistas

Written by Debate Plural
Pascual Serrano (Sputnik, 19-5-21)
El 15 de mayo el Ejército israelí bombardeó el edificio de oficinas de los medios de prensa extranjeros en Gaza. No es un hecho aislado, la historia nos muestra que los ataques a cadenas de televisión y periodistas también es una constante en las intervenciones de Estados Unidos y la OTAN. Sucedió en Serbia, en Irak, en Afganistán o en Libia.
El 15 de mayo el Ejército israelí bombardeó y destruyó un edificio que albergaba oficinas de medios extranjeros en Gaza, incluidas las de Associated Press y Al Jazeera. La Federación Internacional de Periodistas (FIP) condenó el ataque y apeló al Consejo de Seguridad de la ONU, pero ni este órgano emitió ninguna declaración, ni tampoco Estados Unidos o la Unión Europea, las dos potencias que suelen acusar a otros países de ataques a la libertad de expresión, condenaron el bombardeo.
Si repasamos los últimos conflictos descubrimos que los bombardeos de sedes de televisiones internacionales o centros de prensa han sido frecuentes. Pero, además de frecuentes, también podremos comprobar que las bombas siempre proceden del mismo bando y con el mismo resultado de impunidad. Podríamos afirmar que, si el año que viene una televisión del mundo sufriese un bombardeo, habría un 99% de posibilidades de que las bombas se las lanzase EEUU, la OTAN o Israel.
A las dos y media de la madrugada del 23 de abril de 1999, la OTAN bombardeó la sede de la televisión oficial serbia, la RTS, una decena de misiles guiados por láser redujeron a escombros las instalaciones, el eje europeo-estadounidense la consideraba un instrumento clave en el aparato de propaganda del régimen del presidente serbio, Slodoban Milosevic. El portavoz del Pentágono, Ken Bacon, justificó el ataque porque «la televisión serbia es una parte de la maquinaria asesina de Milosevic». Murieron 16 trabajadores.

Belgrado

Dos semanas después, el 7 de mayo, cinco bombas, de nuevo de la OTAN acaban con la vida de tres periodistas que se encontraban en la embajada china en Belgrado. Se trataba de una pareja que trabajaba para el Guangming Daily, un diario del Partido Comunista chino, y el tercero, de la agencia de la agencia oficial china Xinhua. El representante de China ante la ONU denunció lo que consideró «un crimen de guerra» y «una barbarie».
Estos bombardeos no contaron con la aprobación del Consejo de la ONU, puesto que encontraron la oposición de China y Rusia en el Consejo de Seguridad, por lo que suponían una flagrante violación de la legislación internacional. Más todavía si el objetivo termina siendo una embajada. Según el entonces jefe de la CIA, fue un error técnico porque su aviación no tenía incluida la ubicación de la embajada. A pesar de que muchos diplomáticos estadounidenses habían estado dentro del complejo, era un edificio de cinco pisos con techo inclinado de tejas verdes orientales, una placa de bronce anunciando la embajada, y una gran bandera roja china ondeando a más de 10 metros en el aire.

Kabul

Nos vamos a Kabul, en 2001, allí el 13 de noviembre aviones estadounidenses bombardearon y dejaron totalmente destruida la emisora que la cadena de televisión árabe Al Jazeera tenía en Afganistán. La editora de la cadena, Dima Jatib, dijo que el Gobierno de EE UU no se comunicó con la cadena para dar explicaciones sobre lo sucedido.

El periodista de investigación de The Wall Street Journal y premio Pulitzer Ron Suskind, afirmó en su libro The One Percent Doctrine (La Doctrina del Uno Por Ciento): «El 13 de noviembre [de 2001], un día ajetreado cuando la Alianza del Norte tomó el control de Kabul y se llevaron a cabo celebraciones en las calles de la ciudad, un misil estadounidense destruyó la oficina de Al Jazeera. La CIA y la Casa Blanca sentían satisfacción por haberle enviado un mensaje a Al Jazeera». En una entrevista con la CNN, Suskind dijo que fuentes del Gobierno le habían dicho que el Gobierno de Bush estaba «muy enojado» porque Al Jazeera estaba llevando a cabo la cobertura de la invasión a Afganistán. Y agregó:

«Se los diré categóricamente, este fue un acto deliberado de Estados Unidos».

Bagdad

Parece que todas las «liberaciones» de la OTAN y Estados Unidos incluyen el bombardeo de una cadena de televisión. Y parece que Al Jazeera es la que suele tener más números para esa rifa, su delito es ser la emisora más escuchada en árabe. El 8 de abril de 2003 un avión de combate estadounidense bombardeó la sede de Al Jazeera en Bagdad y mató al periodista Tareq Ayoub. Aquel martes de 2003 las oficinas de la capital iraquí del canal satelital Abu Dhabi, de los Emiratos Árabes, también fueron sacudidas por un ataque aéreo estadounidense. En el transcurso del día, todas las señales de televisión en directo no estadounidenses de Bagdad fueron silenciadas.

Y por si no fuese suficiente ese apagón informativo, a mediodía, un tanque estadounidense disparó contra el Hotel Palestina, que estaba siendo utilizado como centro de prensa, y mataron al cámara español de Telecinco José Couso y al ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia Reuters, otros tres periodistas más resultaron heridos. Ya en 1989, el fotógrafo español Juantxu Rodríguez, del diario El País, murió por disparos un marine estadounidense mientras cubría la invasión de Panamá. Quince días después del ataque al hotel bagdadí, el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, le envió una carta oficial a la ministra de Asuntos Exteriores de España, en la que indicaba que: «Según los informes de los militares estadounidenses sobre el incidente, nuestras fuerzas respondieron al fuego hostil que aparentemente provenía de un punto que más tarde fue identificado como el Hotel Palestina».

Sin embargo, según un informe del Comité para la Protección de los Periodistas, no existe ninguna evidencia que corrobore la versión oficial del Gobierno estadounidense y, por el contrario, existen varios testimonios de testigos presenciales —periodistas que estaban alojados en el hotel— que desmienten que las tropas estadounidenses hayan actuado en respuesta a fuego hostil.
Las investigaciones del CPJ identificaron al menos 150 periodistas y 54 trabajadores relacionados con los medios muertos en Irak desde la invasión dirigida por Estados Unidos en 2003 hasta la declaración del final de la guerra en diciembre de 2011.

Doha

El 22 de noviembre de 2005 el diario británico Daily Mirror reveló, citando como fuente a un funcionario británico, tener un memorándum de la transcripción de una conversación entre Tony Blair y George W. Bush, en la cual Blair trataba de persuadir a Bush de que no bombardeara las oficinas centrales de Al Jazeera en Qatar. La oficina del primer ministro, Tony Blair, se negó a hacer ningún comentario sobre estas informaciones. Según el rotativo, Bush habló de la posibilidad de bombardear la sede de Al Jazeera en Doha cuando se reunió con Blair en la Casa Blanca el 16 de abril de ese año, al considerar que este medio de comunicación es un «portavoz de los sentimientos antiestadounidenses».

Trípoli

Parece que no hay intervención militar de la OTAN que no conlleve el consiguiente bombardeo de la televisión del bando enemigo. El 30 de julio de 2011 un ataque aéreo de la OTAN arrasa con la televisión estatal libia Al-Jamahiriya, dejando tres empleados de la cadena muertos y quince heridos, según informó en su día el director del canal en inglés de la Autoridad Libia de Radiodifusión, Jaled Bazelya. Por su parte, la Alianza Atlántica dijo que el objetivo era «silenciar la emisión de terror de (el líder libio, Muamar) Gadafi» y que consiguió inutilizar tres antenas de transmisión de televisión vía satélite, pero no informó de víctimas mortales o heridos. En su comunicado, la OTAN subrayó que el ataque se realizó en el marco de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU para impedir que «Gadafi siguiera usando la televisión por satélite para intimidar a los ciudadanos libios e incitar a actos violentos contra ellos». Sin embargo, no existía nada en esa resolución que pudiera justificar o autorizara bombardear las instalaciones de una televisión.
El entonces presidente venezolano Hugo Chávez acusó a la OTAN de convertirse «en la única alianza militar contemporánea que ha transformado a los profesionales de la comunicación en objetivos sistemáticos de guerra».

Que nadie lo cuente

Este repaso muestra la premeditación de las potencias de la OTAN y su socio Israel en atacar cualquier voz periodística que pueda ser testigo de sus agresiones militares. Y más grave todavía es la impunidad con la que lo están haciendo, desde Gaza a Irak, Afganistán, Yugoslavia o Libia. Ninguna condena en el Consejo de Seguridad donde mantienen su poder de veto, ni en otras instancias nacionales e internacionales que están bajo su control.
Resulta paradójico que los países que históricamente han abanderado en sus discursos la libertad de expresión y de prensa, desde que cayó el bloque soviético y su «mundo libre» quedase triunfador, han iniciado una criminal secuencia de bombardeos de televisiones instaladas en la parte del mundo que no era de su agrado.

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