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Marx y el socialismo

Written by Debate Plural

Miguel Alejandro Hayes (La Trinchera, 15-2-21)

 

Durante mucho tiempo, el pensamiento de Marx ha sido asociado a la idea de la construcción de un “proyecto socialista”. Una buena parte de esa concepción se debe a la gran influencia o, mejor dicho, a la hegemonía ejercida sobre el marxismo desde la URSS.

Eso llegó a nuestro país [Cuba], y como muestra de ello es el cambio de nombre del PCC (de orientación marxista) a PSP. Más allá de la necesidad histórica de ese cambio, producto de las persecuciones políticas, en la actualidad, por razones que no mencionaré, es evidente que nosotros los cubanos, al igual que el resto del mundo, asociamos las ideas del marxismo a un pensamiento socialista.  ¿Hasta qué punto es eso correcto?

Se puede hablar de la palabra socialismo remontada a los antiguos griegos, específicamente Platón, que lanza la idea en su famosa obra La República. Pero es necesario rastrear el pensamiento o ideal socialista más cercano a su nacimiento como corriente en los marcos del capitalismo.

Como corriente, podemos hablar de socialismo a partir de lo conocido como socialismo utópico, en sus dos etapas principales: la primera, con Tomás Moro y Campanella, y la segunda con Owen, Fourier y Saint-Simon. Hubo toda una oleada de pensadores que se atribuían un socialismo. Está incluso Fichte, que hablaba de un “socialismo ético”.

Todas estas formas no dejaron nunca de ser cuestionamientos meramente morales, que hablaban de cosas como la ambición y la presencia diabólica en los hombres como elementos que generaban ese capitalismo explotador.

En eso apareció el hombre más frío y genial de la época: Carlos Marx. Entendió que los males del capitalismo no se combatían ni con fe ni con amor, sino entendiéndolos primero desde las condiciones objetivas que los generaban. Él no quería ser parte de ese ejército de discurso fácil y vacío, sobre todo porque entendía que eso no representaría un cambio de la realidad obrera. Prueba de ello es cuando afirma: “El socialismo representaba en 1847 un movimiento burgués; el comunismo, un movimiento obrero.” (1 pág. 105). Para los clásicos, la palabra socialismo era la idea de un proyecto pequeñoburgués que no comprendía el cambio radical de la sociedad.

Es cierto que esto fue dicho en un contexto de imperiosa necesidad de diferenciación de las ideas socialistas, pero Marx en su madurez continuó con ese rechazo al llamado proyecto socialista. No me resulta raro que refiriéndose a un tipo de socialismo afirmara:

“…el socialismo doctrinario, que supedita el movimiento total a uno de sus aspectos, que suplanta la producción colectiva, social, por la actividad cerebral de un pedante suelto y que, sobre todo, mediante pequeños trucos o grandes sentimentalismos, elimina en su fantasía la lucha revolucionaria de las clases y sus necesidades, mientras que este socialismo doctrinario, que en el fondo no hace más que idealizar la sociedad actual, forjarse de ella una imagen limpia de defectos y quiere imponer su propio ideal a despecho de la realidad social…” (2 pág. 288)

Esto acompaña la idea de lo que Marx pensaba del socialismo. En un momento de esencial madurez, y comprendiendo cómo aquellos socialistas solo se habían centrado en un cambio de la distribución social, en modelos como el de Lasalle [1], Marx sentencia:

“…los economistas han venido demostrando, desde hace cincuenta años y aún más, que el socialismo no puede acabar con la miseria, determinada por la misma naturaleza, sino sólo generalizarla, repartirla por igual sobre toda la superficie de la sociedad.”(3 pág. 19)

Todo esto puede quedar como una mera especulación y, quién sabe, pudiera parecer que sólo está criticando las prácticas socialistas, y que en realidad tenía todo un proyecto socialista en mente para la clase obrera diferente al de sus contemporáneos. Me gustaría que eso fuera cierto. Así, nosotros, la izquierda, nos habríamos ahorrado tanta utopía en la mesa de los programas políticos.

Desgraciadamente no fue así. Lo más parecido a un programa político dejado por Marx es su crítica al Programa de Gotha (Glosas Marginales al Programa del Partido Obrero Alemán). Aquí sólo vaticina que se comenzará el tránsito a la sociedad comunista con el inicio de un estado en el que domine la dictadura del proletariado. Sin embargo, no habla en ningún momento de cuáles serán las condiciones que gestarán ese proceso. Se puede revisar con detenimiento ese texto, pero es imposible que el hombre que quería marcar una línea (y lo hizo) entre sus ideas y los socialistas, alegando lo poco materialista que eran estas, de pronto hablara de un proyecto social basado en el socialismo.

Durante años me atormentó esa idea. Pero como dije en un post, existen muchas obras de Marx aún sin desempolvar. Hace poco más de dos años me llegó una de esas que sólo tiene unos años de publicada y que todavía el marxismo, por desgracia, no ha agregado a su dossier. En ella, como siempre, otro loco aventurero de la transformación social, Adolf Wagner, hace una serie de exposiciones como si se basara en Marx. Este, con el humor y las ironías que lo caracterizaban, le responde:

¨Según el señor Wagner, la teoría valor es ¨la piedra angular de su sistema socialista¨ (se está refiriendo a lo que dicen de su teoría). Como yo nunca he inventado ¨un sistema socialista¨, esto es una fantasía de los Wagner. ¨ (4 pág. 171), concluye Marx. Aclaro, por si es necesario, que ese Wagner se armó una lógica en la cual, según él, Marx tenía todo un proyecto de socialismo implícito en la teoría del valor. Creo que la respuesta es clara, Marx dice que no teorizó nada sobre un sistema socialista.

A lo largo de la historia, numerosos personajes se han puesto ese calificativo, desde economistas burgueses neoclásicos, que tanto el marxismo rechaza, pasando incluso por Hitler (nacional socialismo), Einstein y hasta el polémico Bertrand Russell, que también se decía socialista. Marx vio en los de su época un oportunismo, e incluso ignorancia, al igual que lo hubiese visto en esos que mencioné.

Sin dudas, él no se sentía atraído por el socialismo como doctrina y no tenía un proyecto bajo esa etiqueta. ¿Seguirá siendo hoy el socialismo esencialmente lo mismo que Marx rechazó en su época como utopía y oportunismo?

¿Seguirá siendo una corriente pequeñoburguesa disfrazada con un discurso populista y atractivo? No me sorprende que los miembros de la Internacional Situacionista afirmaran que las burocracias socialistas eran la vieja burguesía que había encontrado nuevas formas de hacerse con el poder.

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