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Venezuela en el limbo de Borrell (o las secuelas del trumpismo en la política exterior europea)

Written by Debate Plural

Ociel Alí López (Russia Today, 13-1-21)

 

Cientos de miles de europeos viven actualmente en Venezuela. La mayoría son españoles, portugueses e italianos, pero hay residentes de todas las nacionalidades, especialmente adultos mayores.

Como ciudadanos están siendo afectados por la crisis venezolana, pero han decidido o tenido que quedarse en el país, y desde 2017 sufren también las consecuencias del bloqueo financiero estadounidense, que ha sido aplaudido por los Gobiernos europeos con apenas alguna excepción.

En el último comunicado del 6 de enero del alto representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, puede interpretarse que Venezuela es un territorio que está en cierto limbo, puesto que no reconocen gobierno o institución alguna en él.

Desde enero de 2019, desconocen al gobierno de Nicolás Maduro y ahora tampoco reconocen a Juan Guaidó como presidente interino. Hacen lo mismo con la Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre, y también con la «continuidad administrativa» de la «Asamblea de Guaidó», que han calificado de «saliente».

Un país «sin gobierno» es una nación donde no se acatan las leyes, donde no hay monopolio legítimo de la fuerza, donde la vida podría estar en peligro. Por tanto, este estatus pone en riesgo a Venezuela y, por supuesto, a quienes viven en él, incluyendo a los eurodescendientes.

¿Podría cambiar esta situación?

El comunicado

«La UE mantendrá su compromiso con todos los actores políticos y de la sociedad civil que luchan por devolver la democracia a Venezuela, incluido en particular Juan Guaidó y otros representantes de la Asamblea Nacional saliente elegida en 2015», reza el comunicado de la UE, que ha recibido numerosas críticas por ambivalente, indeterminado e inservible para cualquiera de las partes.

Si bien es cierto que el comunicado expresa un momento de extravío diplomático porque no atina con desarrollar una política o intentar sacar del atolladero las relaciones entre el bloque y el país suramericano, no podemos obviar el complejo escenario con el que terminaron las relaciones de Europa con Venezuela durante la gestión de Federica Mogherini, que culminó en octubre pasado.

A partir de este comunicado, la UE ya no le da beligerancia alguna a Guaidó sino el mismo status que a otros actores políticos. Apenas lo incluye de manera «particular», pero sin reconocimiento en cargo alguno.

Tampoco menciona la «comisión delegada» que instaló Guaidó, de manera virtual, junto a un grupo de diputados.

El comunicado, redactado un día después de que la nueva Asamblea Nacional se instalara y el parlamento «saliente» decidiera perpetuarse en el poder por un tiempo indefinido, ha pasado la página del «interinato», que con tanto esfuerzo defendió esa oficina desde enero de 2019.

Habría que recordar que el gobierno paralelo tuvo un gran mentor con mucho poder en Europa: Trump. Y que rehacer las relaciones implica desmontar al trumpismo que afectó la institucionalidad europea.

¿Fin del trumpismo en Europa?

El trumpismo tuvo sus seguidores en Europa. Mogherini, por ejemplo, supeditó de manera muy proactiva la política europea sobre Venezuela a los dictámenes mundiales del gobierno conservador estadounidense que está a punto de culminar.

El trumpismo se caracterizó en su relación con Venezuela por la aplicación de medidas coercitivas unilaterales, primero contra personeros oficiales y luego contra las empresas del Estado y su comercio básico. Recientemente ha extendido el régimen de sanciones hacia el diesel, principal combustible para el transporte de alimentos y personas, lo que puede agravar la crisis las próximas semanas.

Mogherini respaldó ese tipo de medidas. Durante su gestión, la Unión Europea aplicó medidas contra personeros del gobierno venezolano. Las sanciones fueron usadas como amenazas en cada coyuntura.

Entonces, no es que Venezuela quede en el limbo de Borrell, es que el péndulo está girando muy lentamente hacia el postrumpismo, impregnado por las expectativas sobre la salida del gobierno republicano.

No quiere decir esto que Borrell va a recomponer del todo las relaciones diplomáticas y económicas. Significa que va a tratar de desmontar, hasta donde el conservadurismo europeo se lo permita, la arquitectura trumpista que se armó en los espacios de gobierno europeo.

Ahora, el momento actual que marca el inicio de la gestión de Borrell es de mayor incógnita porque, hasta el pasado 6 de enero, la UE reconocía a la Asamblea Nacional. Ahora no reconoce nada. Pareciera que perfila un territorio sin gobierno, sin autoridad.

Este estatus es algo que hay que revertir rápidamente, entre otras cosas, por la seguridad de los propios europeos. Y no solo la seguridad de personas naturales.

Basta recordar las amenazas puntuales que contra la española Repsol y la italiana Eni, empresas petroleras, hiciera el gobierno de Trump. Según Mauricio Claver-Carone, quien fungía como director para las Américas del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. (y que ahora es director del Banco Interamericano de Desarrollo), las sanciones serían «devastadoras», mencionando en concreto a dichas empresas.

¿La situación hoy podría ser otra? 

El giro de Borrell

Borrell deja en el limbo a Venezuela al desconocer su institucionalidad, pero desde ya está desmontando al trumpismo.

Lo primero que hace el comunicado es dejar de reconocer a Guaidó como presidente interino del país. Y eso es un adelanto importante porque está terminando con el simulacro que montó el gobierno de Trump, y que deja en ridículo constantemente a quienes siguieron su juego porque el interinato apenas puede ser calificado como imaginario.

Borrell está esperando que el péndulo gire hacia el postrumpismo, tal como está ocurriendo, y esto permita retomar a Venezuela desde la política y ya no desde las «cartas sobre la mesa», que incluían una invasión militar, con las que Trump amenazaba. Aunque la comprensión posterior da para pensar que el presidente saliente nunca lo dijo seriamente, sino siempre como forma de congraciarse con el voto latino del importante estado de Florida, es evidente que tuvo impacto en el mundo, y muchas empresas europeas tuvieron que cancelar sus negocios con el país caribeño.

Borrell ya ha declarado que Venezuela debe volver al diálogo entre las partes, algo que ha sido negado de manera constante por los actores de oposición radical, considerados hasta ahora interlocutores válidos por los gobiernos europeos, algunos de los cuales están asilados en España, como es el caso de Leopoldo López, quien incluso se ha reunido con el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez.

Todo parece indicar que aunque el presidente electo Joe Biden no necesariamente va a pasar la página sobre Venezuela, sí vendrán momentos en que bajen las tensiones políticas, y ello puede normalizar las relaciones comerciales desde Europa, signadas por el desconocimiento diplomático y las presiones del trumpismo, hoy en caída libre.

¿Podrá Borrell cambiar el enfoque hacia Venezuela y desactivar los mecanismos punitivos? Eso lo veremos. Si lo hace, probablemente estaría logrando, cuando menos, un lugar más seguro para los europeos que allí viven.

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