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América Latina, ¿hacia un nuevo ciclo progresista en 2021?

Written by Debate Plural

Ociel Alí López (Russia Today, 4-1-21)

 

Prontamente, quizá durante el primer trimestre del 2021, ya sabremos si las vacunas lograron atajar la pandemia y el mundo se dirige hacia la normalización.

Sólo después, veremos si el esperado efecto rebote en el área económica puede hacerse realidad o si, por el contrario, habrá nuevas oleadas del covid-19 y la recuperación se retrasa más de lo previsto.

Para América Latina, este 2021 es crucial. La política estará caracterizada por sensibilidades abiertas que van a seguir manifestándose durante el año y que ya podríamos ir agendando.

Por lo pronto, ya sabemos que en febrero y abril habrá presidenciales en Ecuador y Perú, respectivamente. Luego, en noviembre, le tocará el turno a Chile, entre otros países.

¿Primer año pospandémico?

El comienzo de año no será el más soñado debido a que el coronavirus sigue acechando con nuevas olas y nuevas cepas, y la mayoría de países ya se preparan para la vacunación masiva.

Así, los Estados inician este año en ofensiva sanitaria, lo que en comparación con el 2020 marca un cambio de rumbo de 180 grados. Sin embargo, que el proceso de vacunación sea lo suficientemente efectivo, democrático e incluyente todavía está por verse.

Podría suceder que el virus salga de los ‘trending topics’ pero que se quede incrustado en poblaciones vulnerables y continúe haciendo estragos, aunque también podría pasar que en un tiempo prudencial la pandemia sea controlada y el mundo vuelva a su proceso de vida cotidiana.

De ocurrir este segundo escenario, los resultados económicos podrían ser incluso mejores de los que se esperan en la región.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de América Latina y el Caribe (PNUD) proyecta un crecimiento de 3,7 para toda la región en 2021, estimación optimista que igual no equipararía a la situación prepandémica.

Según los balances de la organización multilateral, Perú, Panamá y Bolivia serán los países con mayor incremento del PIB, aunque se espera que toda la región tenga altos porcentajes de crecimiento, recuperación de empleo y mayores posibilidades de enfrentar la crisis sanitaria que deja el covid-19.

Independientemente de lo que suceda al respecto, la política se seguirá moviendo en la que ha sido la región del mundo más convulsionada de los últimos años.

Solo que este 2021, el cambio de administración en EE.UU. puede coadyuvar en el relajamiento de las tensiones en la región, si partimos de la idea de que en la agenda de los demócratas, a diferencia de los halcones republicanos, América latina no tiene la relevancia de otros lugares, como Oriente Medio o Ucrania.

Un año de presidenciales en América Latina

A finales de este año sabremos si con las presidenciales en Chile, Perú y Ecuador se consolida un nuevo ciclo progresista en la región.

Antes, este 5 de enero, Venezuela comienza la diatriba política con la instalación de la nueva Asamblea Nacional y, en paralelo, con la convocatoria a movilización de algunos diputados salientes dirigidos por Juan Guaidó.

Ya en febrero, el 7, tocan las presidenciales en Ecuador en las que el correísmo intentará volver al poder con el candidato Andrés Arauz.

El 11 de abril se realizarán las elecciones de convencionales constituyentes en Chile y las presidenciales en Perú.

Es decir, en el primer cuatrimestre ya tendremos un escenario bastante avanzado de lo que será el mapa político de 2021 en América latina.

Luego, en noviembre, le tocará el turno a las presidenciales de Chile y Honduras.

Conflictividad

En Chile tienen planificado un inusual año en el que deberán redactar una nueva constitución y que culminará con las presidenciales. Así, es posible que se avive el debate público sobre temas neurálgicos pero que baje el nivel de conflicto que se ha instalado desde 2019, especialmente en torno a protestas violentas y a represión desmedida.

Este año, seguramente, tampoco será bueno para Bolsonaro. Ningún año desde que asumió su gestión lo ha sido. Viene perdiendo poder dentro de su propio gobierno, son muy ventiladas sus diferencias con el vicepresidente Hamilton Mourao y es un escenario algo probable que durante 2021 sufra en carne propia un típico golpe parlamentario «a lo brasileño».  Cuando mínimo, su voz altisonante e incorrecta ya no tiene al trumpismo como aliado.

Los gobiernos de Argentina y México van a tender a consolidarse como referencias y van a tratar de liderar la época postrump en una región que no tiene espacios legítimos de encuentro, una vez la Organización de Estados Americanos (OEA) ha sufrido un proceso de deslegitimación, UNASUR y CELAC han sido desmontados y el Grupo de Lima ha fracasado.

Venezuela debe seguir su tendencia a la estabilidad política que ha vivido desde hace más de un año, pero no se vislumbran salidas económicas rápidas por lo que es posible que no tenga recuperación visible durante este año y siga sumida en la crisis.

Algo similar pasa en Bolivia, donde las fuerzas opositoras más radicales parecen muy débiles para emprender nuevas aventuras, por lo cual el año debería ser de recuperación económica y estabilización política.

Diferente se vislumbra la situación en Colombia, donde desde el 2019 la ciudadanía ha tomado las calles con diferentes formas de protestas y, en paralelo, el bloque hegemónico en torno al uribismo viene fragmentándose luego de sus derrotas electorales, legales y políticas.

Centroamérica se espera mucho más movida que años anteriores. Las contundentes protestas de diciembre en Guatemala no hacen sino recordar que el subcontinente tiene mucha vitalidad.

Por su parte, Cuba vivirá tempranamente cambios económicos tras establecerse, este 1 de enero, la unificación de la moneda, así como un conjunto de medidas cambiarias y financieras cuyo desenlace aún no está confirmado.

En cambio, Guyana seguirá esperando por su tan ansiado auge petrolero, que el pasado año no pudo llegar debido al bajón en los precios del petróleo que deberían tender a estabilizarse al alza durante 2021.

Como decíamos al principio, es mucho lo que estará en juego estos doce meses en los que Latinoamérica podría acentuar los cambios hacia un nuevo ciclo progresista como los que vienen acaeciendo desde 2019.

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