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Joe Biden y los crímenes de guerra

Written by Debate Plural

Mark Aguirre (Topo Express, 11-12-20)

 

La guerra de Yemen significó un parteaguas en la estrategia de Estados Unidos en la región después del desastre de Iraq. Joe Biden dijo en campaña que si era elegido acabaría con esta guerra. Tiene en sus manos hacerlo. ¿Cumplirá su promesa?

¿Podrá acabar Joe Biden con la guerra de Yemen como ha prometido?

Yemen está en el umbral de lo que puede ser la peor hambruna conocida en décadas. Estamos hablando de la muerte miserable de millones de personas, la mayoría niños y mujeres, si no se pone fin a la guerra. Joe Biden, el Presidente electo de los Estados Unidos, tiene en sus manos hacerlo. Él mismo ha dicho en campaña que quiere acabar la guerra, pero ¿lo hará? ¿Podrá hacerlo?

En noviembre, durante la última reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en donde se discutió la crisis del Yemen, el jefe de la agencia humanitaria de Naciones Unidas, Mark Lowcock, volvió a quejarse de que los fondos para la ayuda humanitaria para Yemen se habían reducido drásticamente. De los 3.200 millones de dólares esperados solo se habían recogido 1.500, dijo. Puso la mirada en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, los países que iniciaron la guerra contra Yemen. Hasta entonces habían contribuido como se esperaba, pero este año habían reducido drásticamente su aportación humanitaria mientras seguían comprando armas como en el pasado.

Mark Lowcock hablaba como si el dinero humanitario otorgase una licencia de caza para poder atacar a la población civil. Naciones Unidas había tenido que reducir a la mitad las raciones de comida por falta de fondos, se quejó. La malnutrición y el hambre crecía. Pero nunca llamó a un embargo de armas para acabar la guerra. Su intervención venía a decir “pueden seguir comprando armas pero tienen que pagar lo que destruyan con ellas”.

Lo que resulta aterrador de la crisis del Yemen es que esta escalofriante tragedia humana, solo falta ver las fotos que llegan de niños escuálidos hasta la muerte, no se debe a causas naturales. A los yemeníes se les está matando de hambre, como dijo el propio Mark Lowcock. Lo hacen para hacer negocios con las armas mientras limpian su alma con donaciones.

Oxfam, que se beneficia de las mismas, ha dicho que en Yemen el G20 ha gastado desde que empezó la guerra (2015) en “asistencia humanitaria” un tercio de los 17 mil millones de dólares que el grupo ha ingresado por la exportación de armas solo a Arabia Saudí

El gobierno de Pedro Sánchez es uno de estos gobiernos que comercian dinero por hambre contra la población civil. Hay un bloqueo usado como arma de guerra que impide la entrada de comida y combustible al Yemen, el país más pobre del Mundo Árabe, y España vende barcos militares a Ryad. Naciones Unidas ha dicho que los países que ayudan a Arabia Saudí a realizar tácticas de guerra que imponen el hambre a civiles podrían ser cómplices de crímenes de guerra en Yemen.

La situación puede empeorar durante las últimas semanas de la presidencia de Trump. Se ha publicado que su administración está discutiendo meter a los huzíes, que lideran el gobierno de facto en Sanaa, en la lista negra de organizaciones terroristas. Expertos militares creen que si llegan a hacerlo tendría poco impacto en la evolución de una guerra que los huzíes están ganando, pero empeoraría las condiciones de vida de una población ya devastada por la violencia, la malnutrición y el hambre

En las últimas semanas los huzíes han roto el asedio de Ad Durayhimi, una población al sur del puerto de Al-Hudayda, y han ganado el control de la base militar de Al-Mas, un paso más a su favor en la batalla por Mareb, la única ciudad importante en el norte que sigue en manos del gobierno reconocido por Arabia Saudí y sus aliados. La inclusión de los huzíes en la lista de terroristas sería como un mensaje a la población del Yemen que dijera “no podemos en el frente de combate con los huzíes, pero os jodéis por apoyarles”.

Joe Biden dijo en campaña que si era elegido acabaría con la guerra, la izquierda del partido demócrata viene denunciando desde hace tiempo la intervención militar estadounidense y recogió su mensaje. Pero el nombramiento para su equipo de seguridad de antiguos funcionarios de la administración Obama que apoyaron la guerra es una mala señal. Alguien definió el nombramiento como una reunión de viejos alumnos. Yo me atrevería añadir de malos alumnos viendo los crímenes cometidos y el desastre humano creado por estos halcones de la “intervención humanitaria” en Siria, Libia y Yemen.

Obama no fue quien diseñó la guerra de Yemen, pero después de dar su consentimiento a Arabia Saudí y Emiratos aprovechó para venderles armas. Su administración se llevaba muy bien con contratistas militares. Vendió a los saudíes bombas guiadas por un valor de 1.300 millones de dólares. Las bombas usadas por la coalición contra mercados, bodas, funerales y viajes escolares de niños.

La guerra de Yemen significó un parteaguas en la estrategia de Estados Unidos en la región después del desastre de Iraq. La ruta hacia Irán se había encallado en Bagdad y Kabul. Había una presión ciudadana por acabar con guerras que solo despilfarraban los recursos necesarios para infraestructuras. Mientras Estados Unidos, tras la derrota, iba retirando paulatinamente de la región a sus soldados –continúa haciéndolo–, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (aliados con Israel) se convertían en sus operadores militares directos. Estados Unidos les vendía armas y servicios militares y ellos hacían el trabajo sucio.

Un firme defensor de esta alianza era Tony Blinken, un alto cargo entonces en el Departamento de Estado, un colaborador cercano de Joe Biden, y distinguido miembro del establishment demócrata, que ha sido designado el próximo Secretario de Estado. Tony Blinken también era favorable a la guerra de Yemen, aunque parece que ha cambiado, como Biden, de posición. Firmó una carta en 2018 pidiendo el fin de la participación de Estados Unidos en ella. También lo era Michèle Flournoy, una alta funcionaria con buenas relaciones con el complejo militar industrial, muy cuestionada por la izquierda del partido, nombre que se ha barajado como posible Secretaria de Defensa con Biden; o Avril Haines, que ha sido elegida por Biden como Directora de Inteligencia Nacional, uno de los autores de “la guía de política presidencial” donde se normaliza el uso de drones para asesinar alrededor del mundo a presuntos “terroristas”. Yemen fue uno de los países donde más personas inocentes fueron asesinadas con dicho programa.

Trump respetó la alianza establecida por Obama. Pero partidario de llevar el mercado a la política se aprovechó para enriquecerse, él y su familia, dejando a Mohammed bin Salman hacer lo que quisiera, incluso descuartizar disidentes, para mantener su poder. De cualquier forma lo que han mostrado estos cuatro años de Trump es que no es tan fácil controlar a unos operadores repletos de dólares que desprecian los derechos humanos. Una dificultad que había conocido ya Obama cuando en el último año de su presidencia un abogado del Departamento de Estado le advirtió que funcionarios americanos podrían ser acusados de crímenes de guerra por armar a la coalición saudí

En uno de los debates presidenciales Biden llamo a Ryad en la televisión un “paria”. Dijo que nunca más iba a darles un “cheque en blanco”, que llamó “peligroso”. No criticaba a Trump por vender armas a los saudíes. De hecho parece que Tony Blinken, el nuevo Secretario de Estado, está dispuesto a aprobar la compra por Emiratos Arabes Unidos de 50 aviones de combate F-35, 18 drones MQ-9B Reaper, misiles aire-aire y otras municiones, por un valor de 23 mil millones de dólares; lo que criticaba Biden era que Trump no había parado los excesos que dejaban al descubierto el carácter criminal de una alianza que no exige respetar las leyes internacionales y los derechos humanos.

En este contexto la guerra de Yemen no va a ser la primera prueba de que Biden ha dado un giro a la política exterior, no lo va a dar. Se trata de saber si Biden puede reinar en la alianza con los saudíes y emiratos. Si no lo consigue será arrastrado a la deriva por sus operadores como le ocurrió a Obama. Su administración hubiera podido cometer crímenes de guerra en Yemen. ¿Han leído algo de eso en su libro?

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