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Biden no ganó. Chàvez hizo fraude a Trump . El sudor de tinta de Giuliani

Written by Debate Plural

Eligio Damas (Aporrea, 24-11-20)

 

Como solían decir los cumaneses, «en este mundo quien uno menos piensa, puja su lombriz».

Algunos, los pesimistas y alienados suelen decir, de los hijos de esta parte del mundo americano, con sus respectivas y naturales excepciones, que están «como mandados a hacer» para poner la torta y ver al mundo de una manera ridícula, distorsionada y, en consecuencia, decir «disparates». Por algo es esta la tierra apenas de los «pelados», pero mágicos, «ocurrentes y sabios», personaje de Mario Moreno Cantinflas y de los diletantes, quijotes, tercermundistas como Simón Bolívar.

Y dicen todo lo contrario de los estadounidenses, quienes, según aquellos, nacen con el rábano agarrado por las hojas y por su boca habla la voz de la sabiduría seria, la ciencia y la certeza de ser los voceros de Dios y la verdad. Serían entonces, como hubiese dicho Jean Paul Sartre, unos totalizadores de nacimiento, porque la facultad o habilidad le es dada por el Creador y ni siquiera tienen que hacer ningún trámite oficial o burocrático para disfrutarla. Es más, todo lo contrario, es de ellos el derecho de invadir, sancionar, secuestrar y hasta tratar de extorsionar con rezos «amuñuñados», a quienes les dé la gana; no sólo son ajenos al mal, sino que saben dónde hallarle; el Creador a los pies de ellos se rinde.

Cuando los fenómenos se expresan, ya saben las causas que los motivaron, porque ante ellos, ni siquiera eso, fenómenos son, pues todo lo tienen bajo control y domesticado.

Y no es que solo hay gente distinta a ellos que aquello cree, lo que por sí nos hace daño, sino mucha de la nuestra lo jura y perjura, tanto como creerle superiores y con el derecho al mando, control, hasta sobre la vida, bienes y el destino nuestro, empezando por el de ellos mismos. ¡Bolívar perdió su tiempo! En veces, no se pá qué carajo, aquel caraqueño, se metió en tantas vainas y nos llenó la cabeza de telarañas. Y de paso, creó como una cultura, un sueño, un como traje de caballero andante que abunda quienes se lo ponen para salir a «desfacer entuertos», como aquella hazaña de la gran nación americana, más allá de la simple Gran Colombia. Así como Bolívar, Chávez se lo puso. Y como al caminante de la Mancha, en los vericuetos de la gran patria americana, solo dejaron le dejaron y, todos nosotros, terminamos pagando la vajilla completa. Y, tan solo estamos, que parecemos como el ánima sola, más ahora con una mano adelante y otra atrás y es muy poco lo que se nos saca aun en la molienda. ¡Y todavía nos muelen!

Y tampoco sé de qué sirven la verdad, la ciencia y hasta el buen humor, si todo está determinado o como decimos los cumaneses, «listo y puesto».

Por lo anterior, uno creía que las «justificaciones» de la oposición ultraderechista, esa de Guaidó, Ramos Allup y Leopoldo López, dadas ante sus persistentes derrotas electorales, para justificar sus preferencias por la violencia, según las cuales no ganan elecciones porque les hacen trampas, como que, en el curso del proceso de transmisión de datos, cambian los resultados, tanto como que, donde ellos ganan de arrase, aparecen haciéndolo los chavistas, eran de su autoría. Y hay sobradas razones para creerlo, siendo este el mundo donde también, por eso del soñar a montones, lo increíble se hace realidad y la naturaleza es tan distinta, donde la magia es cosa habitual y cotidiana, tanto como para que se hable de nuestro «realismo mágico» y hayamos parido una narrativa donde el mundo de lo real y lo ficticio, mágico, se confunden, tanto como para que nosotros dormidos podamos escabullirnos por unas calles distintas a las de la vida cotidiana, cada vez que eso sea necesario. Como cuando el hambre nos agobia y seamos capaces de soñar que comemos placenteramente y saciamos el hambre, estando tirados en una estera a la que llegamos con un enorme estertor de las tripas y al final nos levantamos buscando un palillo para limpiar los dientes.

Por lo anterior, uno creía, pese sabía que todo aquello era la artimaña «mágica» inventada por los hacedores de propaganda de la oposición para tapar sus debilidades e imposibilidad de llegarle al universo elector, dada su incompetencia y la distancia entre unos y otros, que sus autores eran ellos mismos, algo así como de factura criolla.

Porque hay pues una realidad, la de ella, del mundo y una que nosotros paralelamente creamos y vamos como quien camina por dos vías en paralelo y podemos cambiarnos de una para la otra, según quién o qué, en sentido contrario venga.

Pero toda esa creencia, quizás inventada como para vengarnos creyéndonos superiores ha sido también desmentida. Una abogada, que dice eso ser sólo por fingimiento, pues más parece una diosa de la mitología estadounidense acaba de demostrar que sólo, como en todo, aquel mito de creernos creadores y echadores de cuentos, amos de eso del realismo mágico, hemos sido una vez más, reproductores de lo que los gringos imaginan y hacen «realidad».

Ha dicho ella, para ratificar ante su pueblo, el estadounidense, como es de verdad aquello que inventó Obama, que «Venezuela es una amenaza inusual y extraordinaria para EEUU», que Biden no ganó, sino que se hizo trampa. Desde el mismo momento que el votante depositó su voto en el correo, comenzó un misterioso y mágico proceso de cambio, quizás por las artimañas, artilugios y sortilegios de María Lionza y hasta el Silbón, metidos en un chip, éste insertado en los sobres, diseñado por orden y bajo la batuta de Hugo Chávez.

Pues, según ellos o mejor ella, la abogada de Trump, Chávez nunca tuvo los votos para ganar holgadamente cada elección en la cual participó, sino que le hizo trampas a sus contrincantes mediante ese chips, que desde el mismo momento que la gente metía el dedo para pisar su opción, hacia los cambios para que lo hiciese en otro sitio, mayormente en donde estaba la cara de Chávez o de los suyos y de esa manera al final, desde las mesas y las cajas donde el votante depositaba su voto, hasta llegar a la sede del CNE, los resultados llegaban de manera distinta a la voluntad del elector.

Y por eso ganó Biden. Todo elector que votó por Trump, nunca supo que, en el camino a su destino final, porque en el camino se emparejan las cargas, la truculencia de Chávez, cada vota depositado para Trump lo cambió para Biden.

Habiéndome enterado de esa versión, sesuda y contundente demostración de cómo se hacen trampas en los procesos electorales y del por qué las cuentas dan resultados distintos, más a lo que uno desea a lo que dicen las tendencias inherentes a lo real, entiendo el sentido y fondo de verdad y sabiduría a aquellas frecuentes denuncias de Capriles, Ramos Allup y la persistente negativa de la ultra a participar en elecciones. ¿Para qué? Pues por mucho que hagan, pese el enorme peso intelectual, político de todos ellos, las brillantes ejecutorias de Leopoldo López y Guaido, la enorme herencia dejada por su cultura, su clarividencia para conectarse con los deseos y aspiraciones del colectivo todo y, para más vainas, teniendo el enorme respaldo de toda la parafernalia inherente al Pentágono y los mecanismos de alienación de la cultura gringa, nunca podrán evitar lo que dirán las urnas, estando de por medio los designios y recursos tecnológicos impuestos en el mundo por Chávez, a menos que ellos los destruyan, inserten otro chip o, mejor todavía, acaben con esa práctica «peligrosa e inusualmente amenazante» como son las elecciones.

Ahora si me queda claro eso de la amenaza inusual y extraordinaria. Y por qué Giuliani, el abogado de Trump, suda tinta.

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