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El (rápido) retorno del neoliberalismo y la deriva de Lenín Moreno (1)

Written by Debate Plural

Matthieu Le Quang (Rebelión, 10-4-19)

 

Mayo de 2017: después de una victoria estrecha frente a Guillermo Lasso, el nuevo presidente del Ecuador Lenin Moreno sucede a Rafael Correa luego de diez años de transformación del país a través de un proceso que se denominó Revolución Ciudadana. Los actores y los analistas políticos veían en el nuevo presidente la continuación de este proceso político, con algunos cambios de forma en la manera de hacer política (sobre todo con menos conflictividad discursiva), como lo anunciaba su lema de campaña “continuidad con cambios”.

Marzo de 2019: después de menos de dos años en el poder, el nombre de la “Revolución Ciudadana” ha desaparecido de todos los soportes comunicacionales del gobierno; las tensiones aparecidas a partir de septiembre del 2017 hicieron explotar el partido ganador de las elecciones presidenciales y legislativas, Alianza PAIS; la consulta popular de febrero de 2018 permitió trastornar de manera radical la institucionalidad del país; y se instaló poco a poco un nuevo programa de gobierno que se puede calificar de neoliberal. Los cambios han sido muchos más profundos y radicales que lo previsto, sin ninguna continuidad con el proceso anterior. Más bien, las alianzas políticas se han rediseñado al mismo tiempo que se desacredita todo lo sucedido en la década pasada que, en el discurso de los voceros gubernamentales, es sinónimo de despilfarro de los fondos públicos, de corrupción o de ampliación de un Estado obeso para obedecer al autoritarismo de Rafael Correa.

Este giro político de Lenin Moreno acaba con una década de post-neoliberalismo para lanzar de nuevo el país en los devastadores brazos del Fondo Monetario Internacional (FMI) con la excusa de intentar resolver la fuerte crisis económica, responsabilidad, según ellos, del gobierno de Rafael Correa. Antes de analizar lo sucedido en el último año en Ecuador, es preciso volver sobre lo que es el neoliberalismo para entender mejor lo que está pasando.

1. ¿Qué es el neoliberalismo?

A pesar de que sus primeros experimentos políticos tuvieron lugar en el Chile de Pinochet, son los gobiernos de Thatcher en Reino Unido y Reagan en Estados Unidos, al inicio de los años 1980, que hicieron del neoliberalismo un modelo socio-económico a copiar en otros países. Sus bases teóricas se construyeron desde los años 1930 con el intelectual Fredrich von Hayek, alrededor de dos temas claves: la defensa del liberalismo político – principalmente la democracia representativa y el Estado de derecho – y la oposición a toda intervención del Estado en las actividades económicas. Después de la Segunda Guerra Mundial, el keynesianismo se impuso en todos los países centrales del capitalismo mundial lo que hizo que los neoliberales tuvieron que esperar su crisis en los años 1970 para surgir como una alternativa a este sistema. Para eso benefició de las redes que había tejido antes y que se articulaban alrededor de algunos think tanks [2] que se convirtieron en instancias privilegiadas del activismo político de los intelectuales neoliberales. Ahí podían influir directamente, a través de la lucha de ideas, en los campos económicos y políticos reuniéndose con otros académicos, ciertos políticos de derecha (principalmente del partido conservador en Reino Unido), editorialistas de medios de comunicación importantes y algunos grandes empresarios. Pero una cosa es establecer las condiciones intelectuales para crear opiniones, influir en la elite política, económica y mediática; otra es hacer de esta idea una fuerza política capaz de ser ejecutada en el campo político. Para lograr este objetivo, los think tanksneoliberales aprovecharon de una coyuntura favorable con la crisis del keynesianismo, el cuestionamiento de un modelo basado en una importante intervención del Estado y la crisis política que atravesaba Reino Unido y el partido conservador.

Una vez que este modelo llegó al poder con Thatcher y Reagan, se ha convertido progresivamente en hegemónico a nivel mundial. En sus cuarenta años de vigencia, ha evolucionado adaptándose a las crisis que el mismo genera: “ el neoliberalismo se nutre actualmente de las reacciones de hostilidad que suscita.” Al principio, se ejecutó en los campos económico y social con el apoyo de una cierta institucionalidad y de normas jurídicas para luego propagarse en los campos políticos, culturales, intelectuales, entre otros. Siguiendo a Gilles Christoph, concebimos el neoliberalismo como un “sistema complejo” es decir “un conjunto de elementos unidos por relaciones de interacción y de interdependencia, de las cuales emerge una estructura coherente, ordenada.” [3]

Para que este sistema pueda existir y ser coherente, el neoliberalismo necesita de la acción del Estado para crear las condiciones favorables a la expansión de la libre competencia – entre empresas pero también entre países para atraer las inversiones –, la libre circulación de los capitales, es decir someter a los países e individuos al orden económico. Se necesita de un Estado que legisle y adopte normas para que el derecho privado prima sobre lo público y los individuos, para disminuir el precio del trabajo y la carga tributaria para las empresas. También los Estados deciden someterse a instituciones internacionales que garantizan el funcionamiento del orden neoliberal como son la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial o la Unión Europea.

Se trata de una nueva “razón-mundo” [4] que se basa en la extensión de la lógica capitalista en todas las esferas de la sociedad y de la vida. Es parte de la evolución del capitalismo como nueva etapa de acumulación de capital que se esparce territorialmente en todos los rincones del mundo. Dentro de la historia del capitalismo, el neoliberalismo corresponde a su fase financiera, sucediendo al capitalismo mercantil y al industrial. Esta financiarización de la economía se acompaña de la globalización de los intercambios comerciales y de la mercantilización de todos los espacios. Un ejemplo de esto es el éxito recién del concepto de economía verde que, aprovechando de la crisis ambiental y del cambio climático, abre nuevas oportunidades y mercados para el capital, valorizando , entre otras cosas, la naturaleza para mercantilizarla.

El neoliberalismo es inseparable del productivismo y del consumismo que empezó a aparecer en los años 1950 en las sociedades occidentales pero también del individualismo de los años 1970. El ser humano ya no es visto como un ser social sino como un consumidor, lo que vuelven más borrosos los vínculos sociales, el sentimiento de pertenencia a una colectividad común. Las consecuencias en la vida en comunidad son importantes porque ese individualismo lleva a concentrarse en la esfera privada considerada como el núcleo base para la emancipación y el respeto de las libertades individuales. La desafección por la política es real y se expresa, entre otras cosas, por porcentajes cada vez más importantes de abstención electoral o por un alejamiento de los partidos políticos. La satisfacción de las necesidades y deseos individuales y la búsqueda de la realización personal son los principales objetivos de este individualismo para alcanzar la felicidad.

El sistema neoliberal se mantiene alimentándose de las diferentes crisis. Por ejemplo se pensaba que la crisis de 2008 iba a generar un cambio de orientación en las políticas públicas en el centro capitalista yendo hacia un post-neoliberalismo. Pero no fue así y asistimos más bien a una radicalización neoliberal reafirmando así que el neoliberalismo gobierna a través de las crisis: “La crisis se ha convertido en un verdadero modo de gobierno [5] . Aunque tenga que tomar medidas contrarias a la mayoría de la población, la prioridad es salvar al capital y relanzar la economía.

2. La deriva neoliberal de Lenin Moreno

Fue con el argumento de afrontar la crisis económica que el presidente Lenin Moreno dejó de lado el programa con el cual ganó las elecciones presidenciales de 2017 para apropiarse las críticas y las soluciones de sus opositores durante estas elecciones. Si repite desde dos años que heredó de una crisis económica fuerte (“La mesa no estaba servida”), de un sobreendeudamiento público y de un Estado obeso que vivía por encima de las capacidades financieras del país, parece más bien que esta crisis ha sido inducida para facilitar la aceptación de las medidas de shock que está implementando para resolverla: austeridad presupuestaria, privatizaciones, disminución de los subsidios, eliminación de ciertos impuestos para las empresas, etc.

En los tres últimos años en el poder, el gobierno de Rafael Correa tuvo que afrontar una crisis económica que venía de cuatro componentes: la dependencia de la economía ecuatoriana a la volatilidad de los precios internacionales de las materias primas (entre 2014 y 2016 el precio del petróleo pasó de cerca de 120 dólares a 20 dólares en sus niveles más bajos); la presencia de un dólar fuerte, lo que tiene consecuencia para sus exportaciones; la devaluación de las monedas de los países vecinos, Perú y Colombia, lo que disminuye la competitividad de sus productos; y las consecuencias económicas del terremoto de abril de 2016 evaluadas en alrededor del 3% del PIB. Además del pago de más de 1000 millones de dólares a la petrolera OXY por un arbitraje internacional a inicios de 2016.

Este periodo de crisis ha profundizado la polarización política y la frontera correismo/anti-correismo. Las manifestaciones de junio de 2015 , las más importantes que tuvo que afrontar la Revolución Ciudadana, mostraron el descontento de una parte de las clases medias, producto, en gran parte, de las políticas públicas de la Revolución Ciudadana pero muy sensibles a los discursos consumistas. Fue por eso que se movilizaron cuando se tomó la decisión de implementar salvaguardias (aranceles) para desincentivar ciertas importaciones y la consecuente salida de divisas. Durante los diez años de la Revolución Ciudadana, a pesar de la existencia de un cierto discurso hegemónico en cuanto a la apropiación de los derechos sociales, no hubo cambios profundos en lo que Gramsci llama el sentido común [6] a partir del cual se construye formas específicas de subjetividad: no se ha desarrollado una contra-hegemonía cultural al neoliberalismo [7] . Además no ha sido posible tampoco luchar contra un discurso anti-impuestos muy vinculado con un discurso anti-Estado, herencia de los años neoliberales pre-Revolución Ciudadana.

 

 

 

 

 

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