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EE.UU. y Corea del Norte: muchos pasos antes de llegar a la cumbre

Written by Debate Plural

Alberto Salazar Gutiérrez (Kaosenlared, 27-2-19)

La cumbre Estados Unidos-Corea del Norte entra hoy a una última y definitoria fase, pero sea cuales fueren sus acuerdos, las partes aún deberán vencer muchos riscos antes de coronar una cima de oxigenada paz en la zona.

El primer gran obstáculo en la escalada es la definición del concepto ‘desnuclearización’, pues Washington y Pyongyang parecen entenderlo de distinta manera, sobre todo en términos de procedimientos y ritmos.

Estados Unidos pretende que la República Popular Democrática de Corea (RPDC) se deshaga de un día para otro de su arsenal nuclear y que ese sea un proceso irreversible y verificable.

Pero a cambio ha ofrecido muy poco hasta ahora: ni siquiera el levantamiento de una de las muchas sanciones que aplica a ese país.

Para peor, desde la primera cumbre en Singapur (junio de 2018) reforzó su presencia militar en Corea del Sur y realizó más de una maniobra naval en aguas aledañas a la península.

Corea del Norte, en cambio, desmanteló varias de sus instalaciones nucleares y suspendió sus pruebas con misiles.

A un gesto debiera corresponder otro, pero Trump parece poco dispuesto a hacer un negocio equivalente y tiende una mano para recibir, y la otra para presionar.

La negativa de Estados Unidos a relajar las sanciones a Pyongyang, y el lento paso que lleva la normalización de las relaciones entre las dos partes de Corea, son circunstancias que poco contribuyen a sacar el proceso de su estancamiento.

En este capítulo pesan, esencialmente, los ‘castigos’ impuestos a Corea del Norte por la simple ‘culpa’ de la prpia defensa. Es difícil negociar con quien te atenaza el cuello y al mismo tiempo pide (exige) respuestas amistosas.

Está, por otra parte, el hecho aparentemente simbólico, pero de mucho peso anímico, del estado de guerra técnico entre Estados Unidos y Corea, prevaleciente desde 1954, pues aunque el fragor de los cañones se apagó entonces, la contienda entró a unos cauces de beligerancia ‘fría’ que a la vuelta de tantos años aportan ninguna calidez a estas cumbres.

También sería saludable que Trump anunciara hoy en Hanoi el fin de la guerra en Corea. Ello daría a Pyongyang garantías relativas de no sufrir un ataque estadounidense, como ha prometido aquel.

En el muy improbable caso de que Estados Unidas levante el estado de guerra técnico, sería aún mejor que ese sea un proceso tan ‘irreversible y verificable in situ’ como el de la desnuclearización, porque como bien se sabe, la guerra puede hacerse de muy distintas maneras.

A crear una atmosfera de mayor confianza también ayudaría el establecimiento de relaciones diplomáticas -y presumiblemente esa decisión solo depende de Washington- después de más de medio siglo de alejamiento y tirantez.

Ayer Trump y Kim tuvieron un primer encuentro privado y este jueves lo abrieron con otro de igual carácter, antes de presidir las conversaciones ampliadas con sus equipos.

Al mediodía las partes tendrán un almuerzo de trabajo y después sobrevendrá el momento quizás más importante de la cumbre: la firma de los acuerdos a que lleguen. Si llegan a alguno.

El preámbulo fue bastante auspicioso: antes de su aparte ayer, Trump y Kim dijeron a la prensa sentirse optimistas respecto al desenlace de esta cita en Hanoi.

‘Estoy seguro de que esta vez habrá grandes resultados, resultados que serán bien recibidos por todos’, señaló Kim. Lo haré lo mejor que pueda para que ocurra, dijo.

El gobernante norteamericano aseguró que ambos estaban ‘muy satisfechos’ de los avances que han tenido las conversaciones sobre la desnuclearización y la estabilidad de la situación en la península coreana desde la primera cumbre en Singapur.

Las negociaciones (en Vietnam) serán muy exitosas, auguró.

Pero eso fue ayer, de cara las cámaras. Los contactos de hoy dirán la última palabra.


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