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Max Henríquez Ureña: la voz de su recuerdo y hermandad

“Evoco mis recuerdos más remotos, aquellos que se confunden con los primeros destellos de mi razón, y veo en torno mío dos imágenes inseparables y constantes: la de mi madre y la de mi hermano Pedro.  El mundo, para mí, se concentraba en esos dos seres.  Mi padre y mi hermano mayor se encontraban ausentes desde tiempo atrás y yo no podía hacer memoria de ellos”.  (Max Henríquez Ureña: Pedro Henríquez Ureña. Antología, Eds. Librería Dominicana, Ciudad Trujillo, 1950, p. X).

Así comienza el primer párrafo de la antología preparada por Max Henríquez Ureña y publicada por la Librería Dominicana en su Colección Pensamiento Dominicano, en 1950, bajo su cuidado, selección, prólogo y notas.  Escrito en Ginebra, aparece publicado como ensayo introductorio a la selección hecha por el mismo Max  de los escritos de Pedro Henríquez Ureña.

Lo más importante en este libro de MHU es el encuadre intelectual de PHU y el recuerdo de su infancia y juventud, tal y como aparece acotado en el subtítulo de dicho ensayo, donde la evocación revela tiempos, raíces, recorridos y luces de su hermano Pedro Henríquez Ureña.

Este ensayo testimonial que ha servido de referencia a muchos investigadores, genealogistas, seguidores, biógrafos, memorialistas y ensayistas, resulta ser una fuente para el conocimiento de su vida-obra en el contexto hispanoamericano.

Al hablar la memoria, la voz de la hermandad, es legítimo entender su espacio de recordación, luego del fallecimiento de Pedro Henríquez Ureña en 1946.  La evocación como espacio de la comprensión familiar, arroja datos importantes no solo para la biografía de PHU, sino también para la de MHU, quien fue también un intelectual seminal de la América continental.

Desde sus recuerdos, nuestro autor alude a un evento fundamental para su conocimiento de vida y obra:

“Fue él, pues, mi primer maestro en los rudimentos de las matemáticas.  Desde tan temprana edad demostraba él su natural vocación y aptitud para la enseñanza…” (Ver p. XI, en Op. cit.).  Otro foco biográfico al que alude Max es el relativo a su familia como espacio de enseñanza y pasión por la educación:

“Nuestra residencia en la calle Duarte, estaba separada solamente por una manzana de la casa solariega de nuestra familia materna, situada en la calle 19 de marzo, esquina a la calleja de la Cruz (sic), hoy Salomé Ureña.  Algún familiar nos conducía a Pedro y a mí, a esta última casa, donde vivía nuestra abuela Gregoria Díaz viuda Ureña, a quien llamábamos Manina, con su hermana Ana,  que regenteaba desde hacía cincuenta años una escuelita de primeras letras, y con nuestra tía Ramona, única hermana de mi madre y madrina de Pedro, a quien profesaba especial cariño”.  (Ibídem.)

Como rasgo autobiográfico MHU recuerda aquel trayecto que arroja un dato sobre su temprano aprendizaje y corrección vocálico-consonántico, esto es, sobre la adquisición de su lengua-habla o lengua-lenguaje:

“Durante el corto trayecto, Pedro me hacía leer en alta voz los números de las casas. Mi dicción era incompleta y defectuosa: pronunciar algunas letras, como la erre, representaba para mí una empresa imposible, y me daban mucho trabajo los diptongos:”.  Untes y un Catotenta cato!”, exclamaba yo, ufanado, descifrando un número que Pedro señalaba. “İtre-nta-y-cua-tro! Rectificaba él pacientemente. “Eso es, -confirmaba yo-, ¡ten-ta-y-cato!” Lo cierto es que, en poco tiempo, la numeración corriente no tuvo secretos para mí”. (Ibídem.)

El evento de formación del habla a temprana edad explica una función fundamental sobre la adquisición de la lengua-lenguaje, pero también del hablar que tendría sus efectos más tarde, en la juventud y en la madurez.  La biografía intelectual de MHU demuestra que fue un gran orador académico, político, institucional y público,  a pesar de aquellas dificultades de habla en su niñez, pues tanto en Cuba, México, los Estados Unidos de América, Francia, Suiza, República Dominicana y Perú, entre otros lugares, demostró  arte y destreza en la toma de la palabra como representante gubernamental, o como académico y profesor.

En efecto, MHU habló siempre allí donde se le conoció tuvo la oportunidad de ejercer su derecho a la opinión pública nacional e internacional.  Las cartas suyas, publicadas en el Epistolario de la Familia Henríquez Ureña, así como las recogidas en su Epistolario en tres tomos (Op. cit.), constituyen un documento con respecto a una obra que solicita lectura persistente y pasión por la comunicación epistolar contextualizada.

En cuanto a la adquisición del hábito de lectura declara que:

“Poco tiempo me bastó para convertirme en un lector asiduo, como lo era Pedro, y en compartir con él muchas lecturas.  Desde tan temprana época adquirimos el hábito de leer juntos, que conservamos hasta muy avanzada nuestra juventud”. (Vid. p. XII).

El ensayo autobiográfico y biográfico presenta en MHU una visión familiar que pondrá más al día como proceso formativo y detalle Yolanda Ricardo en su Magisterio y CreaciónLos Henríquez Ureña. (Ver Publicaciones de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, Santo domingo, 2003; con estudio crítico y selección de la editora de la obra, pp. 13-79).

Los juicios y la selección de dicha obra respaldan la importancia del libro, así como  la doxa crítica de la investigadora cubana dicha doxa le sirve de estudio y aporte al conocimiento de la familia Henríquez Ureña ( Ver Yolanda Ricardo: “Martí en los Henríquez Ureña” (1995); “Las Antillas en el pensamiento americanista de Pedro Henríquez Ureña” (1996); “Huellas de Camila en la literatura cubana” (1995).

La recordación de su “Hermano y maestro” es también un homenaje póstumo a la memoria de quien fuera su guía espiritual y su ejemplo cabal de educador, pensador y erudito orientador de juventudes de América, su “Magna patria”.

MHU lleva a cabo una escritura de la historia familiar que se hace legible en este ensayo citado, y que por lo mismo constituye uno de los escritos de Max más profundamente sentidos de nuestro autor.  La travesía familiar relatada en base a caminos y travesías; desplazamientos familiares y acontecimientos que marcaron la vida del niño y del joven Max.

Los datos familiares que contiene el citado ensayo fueron determinantes en la vida futura de MHU y las influencias en el marco de su vida intelectual, acentuada por el esfuerzo de un trabajo que lo llevó al desarrollo de una carrera literaria, productiva, brillante y significativa, acercándose a las fuentes de un saber que cultivó también su “hermano y maestro”.  Al comparar sus travesías académicas encontramos coincidencias y elementos comunes que provienen de su formación y tradición familiar. Ambos hermanos estudiaron Derecho y, Filosofía y Letras y se ocuparon de temas comunes a los dos.

Tanto el tiempo presente como el tiempo futuro fueron de grandes expectativas; viajes, empresas políticas familiares, estudios, creación de revistas y posibilidades de vida le permitieron a los dos hermanos asumir responsabilidades intelectuales que compartían dentro de su lar nativo y en tierras extranjeras.

“El porvenir se presentaba halagüeño y venturoso a nuestros ojos; pero a poco el panorama cambió.  Vinieron días aciagos para la república.  El gobierno de Jimenes fue derribado por la revolución injustificable del veintiséis de abril de 1902. Mi padre se apresuró a comunicarnos que no podía mantenernos en Nueva York porque carecía de recursos para tal fin y se preparaba a trasladarsea Cuba en busca de un nuevo centro de actividad profesional”. (Op. cit. p. XXXV.)

En efecto, había que buscar, decidir y asumir un presente difícil y políticamente tumultuoso, marcado por fenómenos históricos, económicos y sociales que afectaron su estabilidad familiar.  La fragmentación y la búsqueda de espacio de vida y producción, llevaron a MHU,  a PHU y a los demás hermanos a “buscar el modo” de ganarse la vida en Nueva York. El rutario de trabajo y crecimiento moral e intelectual, pedía también nuevas actitudes frente a un comienzo de siglo amenazado por guerras económicas y políticas que influyeron en el mundo hispanoamericano y europeo de entonces.

About the author

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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