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Una novela cubana poco conocida

Written by Debate Plural

Luis Beiro (Listin, 21-7-18)

 

El señor Presidente” del guatemalteco Miguel Angel Asturias (1899- 1974) y “El reino de este mundo” del cubano Alejo Carpentier (1904-1986), opacaron de manera trágica el resto de las obras literarias de sus respectivos autores.

Tanto Asturias como Carpentier crearon un relevante abanico de novelas inscritas en la mejor tradición de la narrativa moderna. Sin embargo, solo las dos mencionadas los llevaron a la cumbre de la gloria escritural.

El caso de Asturias fue más trágico que el del cubano porque solo una del resto de sus novelas (Hombres de maíz) se menciona con algún que otro ribete de erudicción. Pero en materia de reediciones ha sido desheredado de la fortuna. Otras de sus obras como “El alhajadito”, “Mulata de tal”, “Maladrón” y “Los ojos de los enterrados” prácticamente son desconocidas.

De su parte, Carpentier aunque tuvo la suerte de ser exhibido por el mundo como “producto neto de la revolución cubana”, hoy en día la mayoría de sus novelas tampoco cuentan en los planes de las grandes casas editoras de la lengua.

Y en ambos escritores, la subvaloración hacia el resto de sus producciones toca la puerta de la injusticia, toda vez que ellos, amén los méritos excepcionales de sus obras citadas, han legado para la historia de la literatura otros aportes no menores que aquellos, aunque puede ser que se encuentran escondidos entre digresiones y puntos de vista inmediatos dentro de sus obras.

Asturias y Carpentier firmaron una serie de obras clásicas de la modernidad, no solo por los índices de venta y niveles de aceptación crítica alcanzados, sino por sus profundas huellas de sabiduría literaria y que deben servir no solo para enfrentar disímiles procesos para estudios etnoculturales, sino de puntos de referencia para  lograr nuevos horizontes en el arte de la escritura.

“El reino de este mundo”, “Concierto barroco”, “Los pasos perdidos” y “El acoso”, por ejemplo, son algunas de las obras a las que habrá que volver sin sonrojarnos, a la hora de hablar de las grandes ficciones del Caribe español de los últimos cincuenta años.

Carpentier no ocultó sus divertimentos. Escribía dos novelas a la vez. Una extensa y otra breve. Repetía su necesidad de un clima desigual desde el punto de vista del lenguaje. Solo así podía partir de cero todos los días ante la página en blanco. Era evidentemente una prueba de fuego contra sí mismo porque, sus novelas breves -”El acoso” y “Concierto barroco”- no llevan signos de vergüenza. Por el contrario, pueden sobresalir entre otros de sus grandes proyectos que,  como “La consagración de la primavera”, mostraron involuntaria desigualdad.

“El acoso”, no debe verse a través del resplandor de su escaso volumen. Tampoco por marcar como telón de fondo la veleidades de la cultura habanera de los años 30.

Por dentro
No obstante el poco estudio de que ha sido objeto, es una de las obras más interesantes que pueden encontrarse en el amplio universo carpenteriano, sobre todo, porque partiendo de la unidad de tiempo y espacio, abre la narrativa a la múltiple manifestación de la realidad, algo que más adelante, el propio Carpentier experimentaría hasta sus últimas consecuencias (y a mi modo de ver, con menos fortura) en su novela “La consagración de la primavera”.

Además, el tema de “El acoso” es cautivante: las música ligada con la vida política del país. El vestíbulo de un teatro habanero, los cuarenta y seis minutos de duración de una sinfonía de Beethoven, no son más que el punto de partida para tejer una intensa trama que pretende la totalidad de la novela breve.

A través de la pluralidad de voces -el narrador omnisciente, el acosado, el taquillero del teatro- el lector desvela la historia. Aún  sin referencias históricas concretas, el relato conduce por los años de la dictadura de Gerardo Machado en Cuba. En este período de marcadas turbulencias políticas, algunos de los protagonistas de la oposición a la dictadura machadista (1925-1933) se emboscaron en una serie irreversible de traiciones, delaciones y ajusticiamientos. Del protagonista de “El acoso”, omnipresente en el relato, no conocemos su nombre. Sin embargo, ha pasado del combate político a la acción derrotista, y de esta a la traición. Lo hallamos escondido, perseguido, culpable, en el interior de un teatro donde la orquesta se dispone a empezar el concierto. Dos filas atrás, sus antiguos camaradas, hoy sus perseguidores, lo aguardan. El término de la “Sinfonía heroica” -obra que Beethoven dedicó a Napoleón, dedicatoria que rompió al proclamarse este emperador- es el plazo concedido.

Un tiempo objetivo -el de la interpretación de la pieza- se descompone en múltiples tiempos. El acosado vive el tiempo del condenado. A tientas, buscará en su pasado: un carnet del partido que se convierte en mera cartulina, el redescubrimiento del sexo, las visitas a la madre y la búsqueda de Dios cuando la culpa amenaza. El narrador omnisciente, que nos conduce a los registros más recónditos de la memoria del acosado, y la voz del taquillero, testigo y contrapunto, nos hacen avanzar en la espiral de tiempos diversos.

Situada entre dos de sus grandes novelas, “ Los pasos perdidos” y “El siglo de las luces”, esta obra representada, en el conjunto de la obra de Alejo Carpentier, una viva y sólida muestra de su quiebra con los modelos narrativos tradicionales.

Este ejemplo de narración urbana aborda la frustración política de una generación de cubanos que partiendo de una situación concreta, se constituye como modelo universal. En ella también se presentan los contactos con la música que Alejo Carpentier marcó en su narrativa. El propio autor señala que “está estructurada en forma de sonata”: primera parte, exposición, tres temas, diecisiete variaciones y conclusión o coda. Un lector atento, que conozca elementos de música, puede descubrir, entre capítulo y capítulo, este desarrollo instrumental.

Pienso que las nuevas promociones de latinoamericanos van a encontrar en este breve y medular ensayo narrativo, además de su disfrute artístico, un motivo de reflexión. Pasión e imaginería dentro de un Caribe convulso que no perdona ni al mejor de sus hijos por las manchas de su memoria política. Venganza y temor dentro de seres marcados por sus propias circunstancias hístoricas y sociales de manera irreversible que se repiten una y otra vez como si no quisieran aprender la condición humana.

“El acoso” no es de este tipo de obras que por su grosor deban ser enfundadas al calor de otras. “El acoso”, sin los grandes vuelos de la épica de Carpentier, marca un hito de perfección que se disfruta y agradece por el original replanteo de la insurgencia política. Pero además, es un ejemplo de maestría literaria que merece nuestra atención y respeto.

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