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La Guerra de la Restauración: triunfo del pueblo dominicano en armas (3)

Written by Juan de la Cruz

La Batalla de Arroyo Bermejo.

El 30 de septiembre de 1863 se encontraba el general Gregorio Luperón en la Común de Cevicos cuando se escucharon las primeras descargas de las columnas del general Santana en la común de Bermejo. Esto obligó al general Luperón a salir a marcha forzada con su tropa, adelantándose con la caballería. Cuando llegó al desfiladero del Sillón de la Viuda se encontró con el coronel Dionisio Troncoso y su tropa, quienes habían sido desalojados de Bermejo por la vanguardia de Santana. Fue en ese momento que Luperón tomó la decisión de formar una guerrilla, mientras llegaba su tropa, y descendió del desfiladero del Sillón de la Viuda en busca del enemigo.

Cuando lo encontró, el general Luperón rompió fuego y obligo al enemigo a desalojar las posiciones que ocupaba, tomándole algunos prisioneros. El manto negro de la noche fue quien puso término a aquella acción militar. No obstante, aquella misma noche el general restaurador ordenó atrincherar los pasos más estrechos del Sillón de la Viuda y a las cuatro de la mañana abrió fuego contra el enemigo, quien en su retirada procedió a incendiar los ranchos que les habían servido de Cuartel al coronel Troncoso y pasaron rápidamente a Arroyo Bermejo, donde se presentó en seguida el general Pedro Santana con todas sus tropas e inmediatamente comenzó la batalla.

Observemos la descripción que hace el propio General Luperón sobre el enfrentamiento que sostuvo con el General Santana en la Batalla de Arroyo Bermejo, efectuada el 1 de octubre de 1863:

El General Santana estuvo aquel día intrépido y arrojado, demostrando energía admirable de gran capitán. En los márgenes de aquel arroyo flotaban frente a frente los pabellones de la Monarquía y de la República, y dos Capitanes, el uno lleno de gloria, de fama y de poder, el otro desconocido y lleno de entusiasmo y de patriotismo, que iban a disputar el paso de un arroyo, y la victoria en una importantísima  refriega.

Eran dos voluntades poderosas que miraban como fieras y probaban su valor y su habilidad como generales que no sentían perturbada su firmeza por lo rudo del combate. Llenos de seriedad, ambos comprendían la importancia de la victoria de aquel encuentro. El General Santana sabía que la derrota de su tropa, significaba el sitio de la Capital, y el levantamiento del Sur y el Este.

Para Luperón, dejar que el General Santana pasara a Bermejo y escalara la pendiente del Sillón de la Viuda, era decapitar la revolución, y sólo se oían dos voces: la de los dos Capitanes, a cual más terrible.

En ambas filas cada maniobra era prevista y las sorpresas eran imposibles. Hay que notar que la tropa del General Santana era doblemente superior en número, y bien armada, con su artillería correspondiente, y sus oficiales estaban plenamente llenos de la mayor información práctica relativa a la manera de conducir sus soldados en la campaña, tenían todos los elementos necesarios, mientras que muchos asuntos del mayor interés para la revolución embarazaban el espíritu de Luperón.

El General Santana ponía todas sus facultades en su marcha sobre el Cibao, pudiendo prescindir completamente de las demás circunstancias del Gobierno Español. Además poseía con justo titulo la reputación de hábil General, y Luperón era un guerrillero improvisado por las circunstancias, sin ningunas probabilidades de éxito, estando todas las probabilidades favorables de parte del General Santana, que era impertérrito e indomable.

La tropa de éste era regular y bien disciplinada: Luperón tenía que formarla y organizarla en el campo de batalla. Ambos capitanes con imperturbable firmeza, atendían a todos los movimientos y concentraban toda su energía en vencer.

Allí, por  segunda vez venían a chocar de muerte los opresores y los libertadores, la Monarquía y la República, la dominación y la independencia y dos  hombres de singular energía dirigían aquella lucha furiosa y desesperada, y quizás también la representaban con todas sus circunstancias.

Bermejo separaba al héroe de lo pasado, del héroe de lo porvenir, y entrada la noche el General Santana dejó una parte de la tropa en Bermejo y se retiró con el resto a San Pedro. Luperón pasó el arroyo, derrotó la retaguardia, le hizo algunos prisioneros y antes de amanecer, sus guerrillas rompían el fuego en San Pedro. El General Santana se replegó a Guanuma, y Luperón ocupó a San Pedro.

Esto acaeció entre el 30 de Septiembre y el 1°. De Octubre de 1863. Mandó una fuerte guerrilla en persecución de los realistas, dejando una guardia en Bermejo, otra en el Sillón de la Viuda, otra en el camino de Don Juan, colocó otra en el camino de Monte Plata y recorrió toda la cercanía de San Pedro para el mejor conocimiento de sus operaciones.

Capturó un Convoy que venía de Monte Plata, racionó su tropa, examinó sus pertrechos y ya listo a marchar sobre el General Santana, llegó el General Salcedo. Le rindió los honores de ordenanza, sin hacer ostentación de la victoria. Informó al presidente de todas las disposiciones tomadas y su plan de seguir adelante, lo que fue desaprobado por Salcedo” (Luperón, 1992, Tomo 1: 169-171).

 

Aunque el General Luperón no entra en detalles con respecto a las acciones militares que involucraron de forma directa a los dos más importantes titanes enfrentados en el vórtice de la revolución -una especie de Jerjes persa enfrentado a un Leónidas espartano-, puesto que en su descripción se quedó en la mera retórica del encuentro, lo cierto es que las tropas dominicanas derrotaron a las tropas peninsulares en la Batalla de Arroyo Bermejo y lo mismo haría la guerrilla enviada hacia San Pedro, ocupando Luperón ese lugar y viéndose obligado el hatero seibano a replegarse a su Cuartel General de Guanuma.

Los detalles de lo ocurrido en la Batalla de Arroyo Bermejo los narra el  historiador y alto funcionario del Gobierno Restaurador, Manuel Rodríguez Objío (2004, Tomo 1: 111-112):

 Al amanecer del 29 el cañón tronó en Bermejo, anunciando a Luperón el principio de la batalla. Este montó a caballo y puso sus fuerzas a paso de carga; serían las siete, y a las nueve ocupaba ya las alturas del Sillón: allí encontró una pieza de artillería que él había mandado desde Cotuí y algunos prófugos que abandonaban el combate.

La desmoralización había comenzado a cundir. Nuestro héroe no se detiene; alienta los cobardes, imprime nuevo vigor a los valientes, engrosando a cada paso sus filas con los fugitivos que se les incorporan, llega al teatro de los acontecimientos.

Santana en persona mandaba aquel día las fuerzas enemigas; ya habían pasado el Arroyo Bermejo y avanzaban sobre el Sillón; pero el ataque de Luperón es irresistible; la avanzada española pierde terreno, la artillería dominicana empieza a funcionar, y el enemigo abandona el arroyo y se repliega sobre la sabana de San Pedro.

Luperón no le da reposo: le acomete cada vez con mayor audacia y cae también en el Llano, divide sus fuerzas en tres alas, renueva el ataque bajo nueva forma y Santana manda a tocar retirada. Luperón dueño del campo ordena la persecución del enemigo, que tiene lugar hasta la Sabana de La Luisa, y combina acto continuo el medio para cortarle la retirada por el camino de Monte Plata. Sobre el campo de batalla estaba aún dictando medidas de seguridad y organizando la columna que debía ejecutar su nueva operación, cuando se anunció la llegada de Salcedo al campamento general.

Como se puede ver, el general Gregorio Luperón se encontraba en Cevicos y desde que se enteró de las intenciones del General Santana de cruzar el valladar del desfiladero del Sillón de la Viuda -algo similar al Paso de Las Termópilas para los persas en su afán de conquistar a la antigua Grecia-, para luego tomar por asalto la sede del Gobierno Provisorio Restaurador en Santiago de los Caballeros y el resto de la región del Cibao, se dispuso a cortarle el paso con la vanguardia que le acompañaba.

El general Luperón procedió a enfrentar a las tropas realistas que dirigía el general Santana, a derrotarles e inmediatamente después a posesionarse de la loma del Sillón de la Viuda, del Cantón de Arroyo Bermejo, de la Sabana de San Pedro y de la Sabana de La Luisa hasta acorralarlo en su propio Cantón de Guanuma, Monte Plata, con lo cual salvó de forma espectacular  la revolución de la embestida del hatero seibano y de las cuadrillas peninsulares y criollas que le acompañaban.

En un texto reciente, escrito por los españoles Eduardo González Calleja y Antonio Fontecha Pedraza (2005: 135), la verdad resplandece como un rayo de luz en medio de las tinieblas:

En octubre, tras la victoria de Gregorio Luperón sobre el general Santana en Arroyo Bermejo, se procedió al relevo del gobernador superior civil y capitán general Felipe Rivero, que fue sustituido el 23 de octubre por el mariscal Carlos de Vargas Machuca y Cerveto”.

No hay dudas, de que los patriotas restauradores, encabezados por el General Gregorio Luperón, fueron efectivamente los vencedores en la Batalla de Arroyo Bermejo, realizada entre el 30 de septiembre y el 1 de octubre de 1863 en aquella jurisdicción de la actual provincia de Monte Plata. Arroyo Bermejo está muy próximo al municipio de Cevicos, correspondiente a la actual provincia Juan Sánchez Ramírez.

A Cevicos se podía acceder por los desfiladeros del  Sillón de la Viuda o subiendo por las escalpadas lomas de Cuesta Blanca, atravesando la actual sección de Arenoso de Cevicos, lugar donde pernoctaron o por donde pasaron figuras de la talla de Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella, Pedro Santana, José Antonio Salcedo, Benigno Filomenas Rojas, Ulises Francisco Espaillat, Pedro Francisco Bonó, Gregorio Luperón y otras no menos destacadas. Este era el lugar obligado para acceder a las diferentes provincias del Cibao, entre ellas la de Santiago de los Caballeros, donde se había instalado desde el 14 de septiembre de 1863 el Gobierno Provisorio Restaurador, el cual era el objetivo central del derrotado general Pedro Santana.

Los principales líderes políticos y militares de la Guerra de la Restauración fueron Santiago Rodríguez, José Cabrera, Gregorio Luperón, Ulises Francisco Espaillat, Pedro Francisco Bonó, Gaspar Polanco, Juan Antonio Polanco, Gregorio de Lora, Benito Monción, Ignacio Reyes, José Antonio Salcedo, Ramón Matías Mella, Pedro Antonio Pimentel, Máximo Grullón, Benigno Filomeno de Rojas, José María Cabral, Federico de Jesús García y Eusebio Manzueta, entre otros, quienes se dedicaron en cuerpo y alma a la revolución y a la defensa de la patria bien amada, aunque varios de ellos claudicaron posteriormente a sus ideas de redención absoluta de la República Dominicana.

1- Métodos de lucha

Los combatientes de la guerra de la Restauración utilizaron múltiples métodos de lucha para poder vencer a las tropas del Ejército Realista Español, destacándose entre ellos los relacionados con la táctica de guerra de guerrillas y con el incendio de algunas fortalezas.

2.1 Guerra de guerrillas

Las acciones relacionadas con la guerra de guerrillas, guerra de manigua, guerra irregular o guerra de movimientos son las siguientes: emboscadas, guerrillas móviles integradas por grupos pequeños que hostilizan al enemigo de día y de noche, uso de armas blancas como machetes, cuchillos y espadas, derribo de puentes y obstrucción de caminos y carreteras con árboles gigantescos, envenenamiento del agua o utilización de soluciones químicas para provocar vómitos y diarreas entre las filas enemigas, infiltración del enemigo para obtener informaciones y un conocimiento eficaz de sus planes de ataque.

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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