Educacion Nacionales

La revolución educativa de Hostos y el cambio de mentalidad en República Dominicana (1)

Eugenio Maria de Hostos
Written by Juan de la Cruz

El maestro Eugenio María de Hostos llega a la República Dominicana por primera vez en el año 1875 a Puerto Plata, como parte de las relaciones que sostenía con el patriota puertorriqueño, Dr. Ramón Emeterio Betances, donde permanece hasta abril de 1876, cuando se ve compelido a viajar a Venezuela y Nueva York por diferencias con el presidente de entonces, Ignacio María González, hasta su regreso nuevamente al país en marzo de 1879, ocasión que aprovecha para proponerle al pueblo dominicano una profunda revolución del sistema educativo, que incluye la creación de la primera Escuela Normal de Varones.

Entre el 13 y 20 de mayo de 1879 el Congreso Nacional, presidido por los patriotas Francisco Gregorio Billini, como Presidente del Senado, y Federico Henríquez y Carvajal, como Secretario; Manuel Piña como Presidente de la Cámara de Diputados, y Augusto Franco Bidó, como Secretario, aprobó la Ley 1776 que estableció las Escuelas Normales en la República Dominicana, la cual había sido formulada por el maestro Eugenio María de Hostos. Esta ley fue promulgada el 26 de mayo de 1879 por el entonces presidente de la República, Cesáreo Guillermo, y refrendada por el Ministro de Hacienda y Comercio, así como Encargado de la Cartera de Justicia e Instrucción Pública, Apolinar de Castro.

No obstante, fue en el marco del gobierno provisional que presidía el general Gregorio Luperón desde Puerto Plata, cuando la Escuela Normal de Varones dirigida por Eugenio María de Hostos abrió sus puertas al público el 10 de Febrero de 1880 mediante una convocatoria abierta a todos los alumnos que desearan inscribirse entre el 14 y el 18 de febrero de ese año para que tomaran un examen de admisión, en el local situado en la Calle de los Mártires (hoy Padre Billini) No. 34  esquina S.O. (hoy Avenida Duarte) de la Plaza del Convento de los Dominicos.

Aunque la Ley de las Escuelas Normales establecía un máximo de 40 alumnos, fueron admitidos 58 estudiantes después de tomar los exámenes de admisión correspondientes, de los cuales Hostos manifestó que diez se retiraron sin anunciar los motivos y seis faltaban con frecuencia, manteniéndose de forma constante únicamente los 40 alumnos que estipulaba la legislación, cuya primera graduación se produciría en el año 1884.

Con esta legión de 40 alumnos se inició la Revolución Educativa capitaneada por el maestro Eugenio María de Hostos, que no solo se puso de manifiesto en el campo pedagógico, sino que constituyó esencialmente una revolución total de la conciencia, una revolución intelectual, una revolución en los métodos de enseñanza-aprendizaje, una revolución en el plano ético-moral y una revolución racional, sin renunciar a los sentimientos y las emociones propios del diario vivir. Esto implicó una transformación integral de las formas tradicionales de enseñanza y de la conciencia dogmática que había prevalecido en el país desde finales del siglo XV hasta finales del siglo XIX.

Eugenio María de Hostos con sus propias palabras explica en qué consistió la revolución educativa y de la mentalidad que puso en marcha a partir de 1880 en las Escuelas Normales de la República Dominicana:

“1…El propósito de las Normales, no es solo formar maestros, sino especialmente reformar la educación mental y preparar reformadores de ella y de la razón común”.

“2. Romperá sin rodeos con la llamada instrucción clásica, y se ceñirá al plan de estudios prescripto en la Ley de las Normales, y al orden con que se ha ido desarrollando en la Normal de esta Ciudad (Santo Domingo)…”

“3. En la Normal se combinan tres sistemas de educación mental: el de Froebel, objetivo, no ya en el sentido estricto y meramente etimológico del autor, sino convirtiendo en objeto (ya por medio de diagramas o de la misma naturaleza viva) todo conocimiento que haya de transmitirse; el de Pestalozzi, consagrándose a hacer funcionar la inducción, función que opera siempre de lo conocido a lo desconocido; y el de Lancaster, por medio de la enseñanza mutua, pero no para que los alumnos se transmitan caprichosamente las nociones adquiridas, sino para que aprendan, bajo dirección y vigilancia, a transmitírselas”

“4. El método es rigurosamente positivo, es decir, el empleado por las ciencias positivas; la naturaleza, hecho, suministra el objeto de conocimiento en un fenómeno o serie de fenómenos: el relacionamiento razonado y racional de los fenómenos con fenómenos, de todos y cada uno de ellos con el hecho universal que se trata de interpretar, es decir, con la naturaleza que nos rodea y que se nos impone, eso es lo que se llama ciencia…Ahora bien ¿qué método hay que seguir para iniciar el entendimiento infantil en ese método de las ciencias positivas?.-El mismo de la naturaleza: aplicar la ATENCIÓN, para examinar el hecho concreto que se ofrece; ejercitar la OBSERVACIÓN, para descubrir las partes del todo y el enlace con que se manifiestan; estimular la ASOCIACIÓN DE IDEAS, no sólo para relacionar partes con partes del todo que se trata de conocer, sino para establecer generalizaciones, sin las cuales no hay organización científica”.

“5. Abolición de la memoria mecánica, no sólo por perniciosa para todo organismo intelectual (en donde jamás la memoria es facultad, por ser función y operación de varias facultades), sino porque además desvirtúa y pervierte la imaginación; y, sobre todo, porque en ella está fundada la pésima dirección actual de los entendimientos infantiles; porque en ella se basa la erudición inane, fofa, momia, que da apariencias de todo y realidad de nada a educandos y a supuestos educados de toda nuestra raza en ambos mundos; y finalmente, que en ella radica aquel vago especular de la razón ociosa que toma por espejo de la realidad las imágenes de la fantasía o las recomendaciones inconexas de la realidad, y funda en ellas uno y otro sistema que, por más amor a la sabiduría que demuestren, pugnan sin saberlo contra la sabiduría y dilatan el saber científico, en donde ha de fundarse, y de donde ha de surgir, una nueva humanidad”.

“6. Sustitución de la memoria mecánica con la verdadera, buena, útil y natural memoria de ideas; o lo que es lo mismo, desarrollo de la asociación de ideas, empezando en la lectura y concluyendo en la sinopsis…”

“7. Para el desarrollo indirecto de este método, es indispensable empezar todo estudio, o más bien, cada uno de los tres primeros cursos –los dos prácticos y el 1° teórico- por la geometría práctica, la demostrativa.” A esto se puede agregar que Hostos tuvo como centro de todo saber a la geometría, tal como hizo Pitágoras en su escuela y Platón en la Academia, en cuyo frontispicio rezaba: Aquí no entra nadie que no sepa geometría”. De la geometría Hostos derivó el resto de los conocimientos que se enseñaba en la Escuela Normal: aritmética, álgebra, dibujo, cosmografía, astronomía, geografía, biología, física, química, fisiología, historia natural, historia de los pueblos, historia de América y de las Antillas, historia dominicana, pedagogía, historia de la pedagogía, sociología, gramática, lectura, ortografía, prosodia, moral social y urbanidad, entre otros.

“8. Es necesario iniciar inmediatamente a los niños, no en el conocimiento, sino en la concepción de un orden en el universo, y en la idea exacta del planeta que habitamos, y del suelo en que él nació”.

Y “9. Entienda que en el sistema de la Normal no hay nada ocioso, y que, si se ha invertido el orden seguido universalmente, no ha sido sino con sujeción al propósito final de la reforma. Así la geometría práctica se aplica a la escritura y a la lectura, y no se empieza de ningún otro modo a enseñar a escribir y a leer…”. (Raymundo González, 2007, Tomo II, pp. 79-82).

Estos postulados sustentados por Hostos, a propósito de la Escuela Normal, y puestos en práctica a partir de febrero de 1880, constituyen la piedra angular sobre la que se ha edificado la revolución educativa, intelectual y ético-moral desarrollada por el Maestro, siendo compromisarios de ésta, figuras del talente de la poeta Salomé Ureña, los educadores e intelectuales José Pantaleón Castillo, Francisco Henríquez y Carvajal, Emilio Prud’homme, José Santiago de Castro, Rafael M. Moscoso, Federico Henríquez y Carvajal, José Joaquín Pérez, Francisco José Peynado, Luisa Ozema Pellerano, Félix Evaristo Mejía, Andrés Julio Aybar, Francisco Raúl Aybar, Miguel Ángel Garrido, Eugenio Deschamps, Enrique Deschamps, Arístides Fiallo Cabral, Américo Lugo, Emiliano Tejera, Rafael Justino Castillo, Leonor Feltz, Eva Pellerano, Luisa Ozema Pellerano, Anacaona Moscoso de Sánchez, Mercedes Laura Aguiar, Ana Josefa Puello, Antera Mota de Reyes, Mercedes Mota, entre otros/as.

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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