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El otro marxismo sin Marx (1)

Written by Debate Plural

Miguel Ángel Llana (Rebelion, 18-6-18)

 

Creo que es necesario realizar algún comentario sobre este libro que, para el propósito de este análisis, es suficiente con ceñirse solamente a su introducción titulada:

“A modo de introducción Marxismo y feminismo: historia y conceptos”.

Es ya tradicional referirse a Marx, no solo para reinterpretar lo que dijo o no dijo en su momento, sino también para criticar los temas que él no trató o por no prever acontecimientos futuros, como esperando que ejerciera de vidente. Por si esto no fuera ya suficiente, ahora nos encontramos con un nuevo modo de interpretar a Marx, como es afirmar justamente lo contrario de lo que él ha dicho, mientras el nuevo marxismo-feminismo se apunta el invento y acierto de corregirlo. Podría afirmarse que se trata no de un marxismo-feminista sino de una especie de fobia que podríamos denominar antimarximo-feminista. De tal modo está planteado este (anti)marxismo-feminista que no se sabe bien hasta qué punto es aconsejable rebatirlo dada su falta de rigor falseando lo más esencial del marxismo, mientras, en cambio, lo relevante y las claves de la aportación marxista quedan anuladas.

Revolución feminista

Todos coinciden en que estamos ante una “crisis sistémica” que, por supuesto, afecta profundamente a nuestra vida y a nuestras relaciones a todos los niveles. Inevitablemente esta crisis económico-social va a marcar nuestra conducta para mal porque, como es de esperar, cuando el “sistema” es perverso en sí mismo y en sus fines, sus resultados también lo serán, salvo que pudiéramos poner freno a sus desmanes de inmediato aunque, de momento, parece difícil cambiar el modelo. El capitalismo acorralado por sus contradicciones, se vuelve tremendamente agresivo, necesita expandirse y lo hace a sangre y fuego tal como estamos viendo en tantas situaciones y en tantos países. Sencillamente necesita rentabilizar el capital acumulado y, no solo esto, sino mantener la tasa de ganancia e incluso incrementarla. También necesita recursos, mercados, mano de obra más y más barata, eliminar competidores (el mayor enemigo de un capitalista es otro capitalista) y, para ello, importa el fin, no los medios. Pensar y pretender actuar en esta jungla de modo unilateral -sectario se podría decir- desde solo el punto de vista feminista creyendo que la revolución puede hacerse en los números pares y no en los impares, o viceversa, no es más que estar del lado del despiste y no del lado de buscar una trasformación del conjunto de esta sociedad capitalista-neoliberal. Desde luego no estamos hablando de la misma crisis ni tampoco vemos que haya coincidencia en las soluciones.

El Capital y marxismo

Cada cuál puede leer e interpretar El Capital como mejor le parezca. El Capital es de los libros más citados y, sin embargo, es de los que menos se han leído (La primera edición en España data de 1931 y su precio era exorbitante). El estudio de la circulación de mercancías y del dinero, la transformación de dinero en capital, los conceptos de valor (valor de uso y de cambio), el plusvalor absoluto y el relativo, la tasa de ganancia y su relación con el capital orgánico (capital constante y variable), la acumulación de capital y el capital originario, la lucha de clases, etc., se pueden pasar por alto, por supuesto, pero entonces no sé bien de qué estamos hablando, pero desde luego no solo no estamos hablando de marxismo sino de algo que es todo lo contrario, de la particular interpretación que Silvia Federici da al marxismo, de federicismo. Como en las facultades que, en general, si se estudia a Marx es para su desprestigio sin más análisis, cuando no con tergiversaciones que contribuyen a crear confusión o a favorecer expresamente al neoliberalismo y a la economía del llamado libre mercado. En este sentido, la aportación y la interpretación que Silvia Federici da en esta introducción es un ejemplo de lo dicho e incluso va más allá, con este “marxismo-feminista” para nada hacen falta los antimarxistas.

Las etiquetas

Están de moda las etiquetas y su utilización sin especificar su contenido. Así no tenemos modo ni de saber qué pasa, por qué pasa y, mucho menos, intentar resolver lo que no sabemos en qué consiste. La lucha, ciertamente, va mucho más allá del feminismo y del patriarcado. La lucha ha de ser contra el “sistema” que es el que origina –y hasta le conviene- las diferencias existentes y estos conflictos internos. Siguiendo con las etiquetas, francamente, no se ve significado alguno a lo de “teoría marxista-feminista”, “patriarcado del salario”, “jerarquías patriarcales”, “patriarcado capitalista”, etc., que no solo no nos conducen a nada positivo, sino que enmascaran la verdadera lucha, la lucha de clases, contra el capitalismo devenido ahora en neoliberalismo y principal causante tanto de la situación de crisis como de las diferencias sociales, incluidas las de género.

Reinterpretando El Capital

Está claro que Silvia Federici está por el cambio y contra la crisis, pero lo que no se ve bien es qué cambio pretende, aunque sí parece que la crisis lo es solo para las feministas y que el enemigo a batir no es la “crisis sistémica” sino el “patriarcado capitalista” y las “jerarquías patriarcales”. De El Capital dice que solo es aprovechable una parte mientras que rechaza otra y, en general, lo reinterpreta para que el marxismo se acomode y ajuste adecuadamente a las necesidades predeterminadas de este particular modelo feminista recogido en la “teoría marxista-feminista” e, incluso, pone en boca de Marx justamente lo contrario de lo afirmado por éste y por los marxistas más relevantes. Desde luego de Marx (no solo) no aprovecha nada sino es para tergiversarlo y sumarse con ello a los interesados detractores.

Tres clases

Apostar por un “marxismo feminista” o incluso sin marxismo es una opción, pero al mismo tiempo es ponerse al lado de este sistema. Conviene no olvidar que la crisis sistémica es completamente democrática y nada sectaria, no hace distinciones, trata a todos por igual, solo le interesa sacar el máximo beneficio con el menor coste posible, le da igual que trabajen blancos o negros, hombres o mujeres, niños o ancianos. Es más, el capitalismo, si pudiera, prescindiría de lo que Marx denomina “capital variable”, de los salarios. El eslogan de que la revolución será feminista o no será, no hace más que perjudicar y confundir a los movimientos sociales, porque la revolución o lo es para todos o para nadie. Y si pudiera serlo para solamente la mitad de la sociedad ¿qué revolución sería? Tal parece, para Silvia Federici, que la sociedad se divide en tres clases -no en dos como señalaba Marx-, en los poseedores de los medios de producción, las feministas y el “patriarcado capitalista” y que la lucha se ha de librar entre feministas y el “patriarcado capitalista”, todo ello plagado de matices pseudomarxistas pero olvidando al enemigo común, mejor dicho, al que debiera ser el enemigo común.

La propiedad garantizada

No se trata de dividir el mundo en buenos y malos sino en los que poseen los medios de producción y los que no tienen nada más que su fuerza de trabajo que han de vender como mejor puedan, si pueden, y si no al paro en el que ya hay millones. Parados que son muy necesarios al sistema como amenaza latente al empleo de los que trabajan y, también, para mantener su precariedad. No podemos olvidar que las constituciones de los países neoliberales (incluida la impuesta en el 78) aseguran y garantizan la propiedad pero, para el trabajo, la vivienda, prestaciones sociales, etc., solo aseguran el derecho, mucho derecho, pero nada de garantizarlo.

Pero si la situación ya está muy complicada, Silvia Federici considera “que a nivel mundial se siente la necesidad de un cambio, económico, social y cultural” y, añade, que es importante “tener presentes los principales problemas de la relación entre marxismo y feminismo” como si el marxismo distinguiera de géneros. Olvida Silvia Federici que, desde el punto de vista marxista, la idea de clase es más que esencial para entender de qué va El Capital, el marxismo, y en qué consiste realmente el conflicto político-económico de la sociedad de modo que si olvida que la esencia del conflicto es de clases, entonces no está hablando de marxismo.

Acumulación / precariedad

La crisis sistémica se traduce en una precarización de las condiciones del trabajo asalariado acompañada de crecientes recortes en el conjunto de las prestaciones sociales y de un incremento del paro, todo ello debido a la sobreproducción, por un lado, y a la acumulación de plusvalías (ganancias) que, de ser reinvertidas, tendrían un bajo rendimiento, es decir, un descenso en la tasa de ganancia, tal como predecía Marx. Con la ruina y el cierre de empresas y los correspondientes despidos, que conduce a una mayor concentración de las mismas, se resuelve la crisis de modo provisional y hasta la próxima, sin olvidar un incremento del paro y una mayor precarización de toda la sociedad sin distinción ni de edades ni de género.

Causas y efectos

En la introducción del libro no queda nada claro qué pretende Silvia Federici cuando intenta aclarar los conceptos del marxismo y del feminismo. Pero menos claro resulta aún saber cuáles son las causas originales del malestar, las causas de fondo de los problemas que cita. Una cosa son los efectos y otra son las causas. Por mucho que apostemos por eliminar los efectos nada conseguiremos, nada que no sea obtener una satisfacción tan efímera como engañosa porque todo va a seguir igual, o incluso peor, porque estamos empleando nuestras energías y recursos en dirección equivocada cuando apuntamos a señuelos más que al objetivo real.

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