Cultura Nacionales

La política norteamericana en el Caribe: La doctrina de Monroe

Written by Debate Plural

Mu-Kien Adriana Sang (El Caribe, 10.2.17)

James Monroe, sin duda alguna el presidente de los Estados Unidos más recordado, a pesar de sus antecesores, los que crearon y le dieron sentido a la nueva nación que nacía. [1]

Monroe nació en Virginia en 1758. Fue capitán a los 19 años y teniente coronel a los 21. Su participación activa en el ejército que el propio George Washington lo definía como un hombre valiente e inteligente. Con apenas 32 años fue electo senador. Y en 1817 fue reconocido como “un oficial valeroso, activo e inteligente”. En 1817 contando con 59 años, fue elegido como el V Presidente de los Estados Unidos.

Uno de los elementos más destacados de su gestión fue el manejo que hizo sobre el tema de la esclavitud. Durante su gobierno intentó que el tema de la esclavitud no fuera una fisura en la nación que iniciaba su formación. El equilibrio era difícil, en 1818, un año después de haber ascendido al poder, los Estados Unidos estaban formados por 21 estados, de los cuales 10 eran esclavistas y 11 libres. Pero con la entrada de Alabama, se recompuso el equilibrio. Estaban parejos a 11.

El equilibrio era precario, más que precario. Pero Monroe no pudo ver cómo se desangraría la nación años después, porque la muerte lo atrapó en 1831.

La doctrina Monroe

Pero James Monroe es conocido por su doctrina proclamada en 1823, que se resume en una frase lapidaria y contundente “América para los americanos”. Esta situación tiene su explicación. Las potencias europeas habían entrado en crisis de dominación. Los procesos independentistas que se originaron a principios del siglo XIX, y que se expandieron como pólvora. Francia, Inglaterra, España y en menor medida Alemania, perdían sus espacios en todos los planos: territorial, financiero, comercial y político.

Se estaban formando naciones libres e independientes con Estados soberanos. Así pues, despejado el camino de la sombra del imperio español, las nuevas naciones se convirtieron en un importante atractivo para las potencias europeas, pues constituían un mercado importante de capital y mercancía.

La expansión de los Estados Unidos, su vocación imperial fue una sorpresa para las potencias tradicionales. Ninguna de ellas logró ubicar correctamente la intención de expansión y dominio de la nación que apenas se había independizado de Inglaterra en 1776.

La política expansionista de los Estados Unidos se orientó hacia la conquista del oeste, la lucha territorial con México y la penetración silente, pero firme, de las naciones latinoamericanas que se habían comenzado a formar en las primeras décadas del siglo XIX.

La expansión continental de los Estados Unidos comenzó en las décadas posteriores a 1815, pues durante la defensa de su integridad territorial, durante la guerra contra Gran Bretaña, procedió a conquistar la Florida, Texas, Oregón y la cesión de una parte de México, obteniendo una importante expansión física de un 1,263,302 millas cuadradas; pero también comercial, con la incorporación de estos nuevos mercados, América Latina incluida.

Esta expansión se refleja en números concretos. Las exportaciones aumentaron de 53 millones de dólares en 1815 a 159 millones en 1847.

Esta expansión respondía a una política clara y definida.

El presidente Jefferson, por ejemplo, decía en 1813, que no había necesidad de generar conflictos con Europa, pues América tenía un continente para sí.

La política expansionista tuvo su máxima expresión con James Monroe en 1823. La Doctrina de Monroe se convirtió en la declaración oficial en la cual los Estados Unidos definen claramente su esfera de influencia.

Esta política expansionista no era más que la puesta en práctica del “Destino Manifiesto”, propuesto por Fiske, Strong y Burges, que declara la superioridad racial de los anglosajones, superioridad que les permitía dirigir la civilización occidental.

Monroe en su doctrina, recoge y expresa toda la ideología existente del pueblo norteamericano. En uno de sus discursos decía:

Lo debemos, por tanto, al candor y a las amistosas relaciones existentes entre los Estados Unidos y esos poderes para declarar que consideramos cualquier pretensión por su parte de extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio como peligroso para nuestra paz y seguridad. Con las colonias o dependencias de cualquiera potencia europea no tenemos que interferir ni interferiremos. Pero con los gobiernos que han declarado su independencia, y la han mantenido, y cuya independencia hemos reconocido con gran consideración con el propósito de oprimirlos, o dominarlos por cualquiera otra manera su destino, por cualquier potencia europea, sino a la luz de una manifestación de una disposición hacia los Estados Unidos. [2]

En la doctrina de Monroe, expresa claramente dos principios fundamentales: el defensivo, pues servía de muro de contención a las aspiraciones expansionistas de los europeos; y el ofensivo, los Estados Unidos, encubiertos bajo el manto de protección y defensa de los nuevos Estados, lo que en realidad buscaban era el dominio y control de esta parte del mundo.

A partir de entonces se comienza a denominar al Caribe como el “Mediterráneo americano”.

El Caribe ocupaba, y ocupa, una posición geopolítica de importancia. El mar Caribe, enlace con el Atlántico, entiéndase con Europa, era un punto estratégico para el dominio de todo el continente americano.

En el siglo XIX el llamado “Mediterráneo americano“ y por ende sus islas, se constituyeron en un centro de actividad, movilidad y contracto. La presencia norteamericana en el Caribe, en especial el Caribe insular hispano (Cuba, República Dominicana y Puerto Rico) y Haití, dio lugar a tensiones importantes entre Estados Unidos con España, Inglaterra y Francia. Los imperios europeos sentían, con justa razón, que peligraba su hegemonía.

La batalla por el dominio del Caribe era fundamental para la política expansionista de los norteamericanos , y los demás imperios intentaron detenerlos.

James Monroe finalizó su mandato y murió en 1833. Y su política expansiva se detuvo con la Guerra de Secesión que comenzó en 1861 y terminó en 1865, y en la cual se enfrentaron los propios norteamericanos, el norte (antiesclavista) contra el sur (esclavista).

En el fondo se enfrentaban dos visiones de la sociedad, pero sobre todo dos modelos económicos. Cuando resolvieron sus problemas internos, la vocación imperial fue retomada. Sobre este tema seguimos en la próxima entrega.

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