Cultura Nacionales

La política norteamericana en el Caribe ¿Una política de Trump en el Caribe?

Written by Debate Plural

Mu-Kien Adriana Sang (El Caribe, 3-2-18)

El futuro es espacio,
espacio color de tierra,
color de nube,
color de agua, de aire,
espacio negro para muchos sueños,
espacio blanco para toda la nieve,
para toda la música.

Atrás quedó el amor desesperado
que no tenía sitio para un beso,
hay lugar para todos en el bosque,
en la calle, en la casa,
hay sitio subterráneo y submarino,
qué placer es hallar por fin,
subiendo
un planeta vacío,
grandes estrellas claras como el vodka
tan transparentes y deshabitadas,
y allí llegar con el primer teléfono
para que hablen más tarde tantos hombres
de sus enfermedades.

Lo importante es apenas divisarse,
gritar desde una dura cordillera
y ver en la otra punta
los pies de una mujer recién llegada.

Adelante, salgamos
del río sofocante
en que con otros peces navegamos
desde el alba a la noche migratoria
y ahora en este espacio descubierto
volemos a la pura soledad. El futuro es espacio.
Pablo Neruda

Al iniciar el artículo me preguntaba qué poesía elegir, pues veo el futuro difícil. Demasiados conflictos existentes, y otros que surgirán con los nuevos enfrentamientos que se van a originar, y se están originando. Entonces pensé en mi poeta preferido, Pablo Neruda. Había leído hacía tiempo esta hermosa poesía y la recordé. El futuro es espacio, el futuro es un río que corre y debemos ir tras él, aunque cueste, aunque nos cansemos y aunque nos llegue el desasosiego. Y reconozco que el ascenso de Trump al poder, además de sorprenderme, me inquieta, me inquieta mucho.

El tema obligado en los corrillos académicos y sociales es el ascenso del muy atípico presidente recién juramentado: Donald Trump. Mientras escuchaba su discurso, pensaba qué estará pasando por la mente de este señor empresario, ahora investido de presidente, con respecto al área del Caribe.

De su discurso inaugural que dijo mucho y no dijo nada. Solo repitió, con un poco más de decencia, lo que había venido diciendo durante los largos meses de campaña.
He estado atenta a sus medidas, a sus alocuciones. Todo parece indicar que sus principales funcionarios adoptarán su estilo de comunicación: agresivo, sin tomar en cuenta la forma. El tono es imperativo. No se aceptan cuestionamientos. Basta con ver al director de Prensa, o la embajadora ante la ONU, que aún antes de tomar posesión amenazó a los aliados.

Hasta el momento, la administración Trump no ha dicho nada con respecto al Caribe. Está claro que su objetivo es atacar al terrorismo y a los migrantes indocumentados de los Estados Unidos.

Ahora bien, el hecho de que la administración haya declarado que la misión y la visión del nuevo Gobierno es recuperar “la grandeza de los Estados Unidos”, aún hay temas pendientes como Cuba. ¿Qué pasará con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas que fue uno de los grandes logros de Obama? ¿Será capaz Donald Trump de eliminar finalmente el embargo?

Existe otro tema pendiente y es Puerto Rico y su gran deuda pública que lo consume. Había una comisión negociadora que todavía no ha hecho una propuesta definitiva. Está el tema de Haití, un país con profundos problemas político-económicos, donde Estados Unidos y Naciones Unidas han intervenido directamente.

Mi inquietud sobre si la nueva administración de los Estados Unidos tenía una posición con respecto al Caribe me puso a pensar, a reflexionar sobre la política imperial de la nación norteña en la zona, me obligó a ver hacia atrás, reflexionar la política desde la historia.

Al pensar sobre la política de Trump, me atrapó mi condición de historiadora, no de ciudadana. Y recordé que desde el siglo XIX el Caribe ha sido una zona de influencia de los Estados Unidos. El nuevo imperio se impuso a los imperios europeos tradicionales, como Francia, Alemania, Holanda, España e Inglaterra. Llegó la Doctrina de Monroe, el acuerdo entre el imperio español y el norteamericano mediante el cual Estados Unidos tomó posesión de Puerto Rico, después vino la Política del Buen Vecino, la Política del Garrote, la Enmienda Platt con respecto a Cuba, la Alianza para el Progreso, la Iniciativa de la Cuenca del Caribe… En fin, cada administración ha definido una política para la región basada en la convicción de sus gobernantes y las circunstancias políticas del momento.

Y, al ver que Trump no ha dicho nada sobre su política con respecto al Caribe, decidí hacer una reflexión histórica sobre el tema.

Así pues, que inicio una serie sobre la política norteamericana fundamentalmente hacia el Caribe insular. Quizás este recorrido me ayude a entender un poco mejor la política de la nueva administración, aunque lo dudo. A veces la historia te ofrece pistas para entender el presente.

Ahora bien, pienso que el recorrido a través de casi dos siglos de historia de política internacional de Estados Unidos hacia el Caribe ayudará a entender el presente. Pero, pero, pero, pero… Con esta administración nada es seguro.

En el evento en el que estuve participando en La Habana, un profesor de una universidad canadiense planteaba que a su juicio la nueva administración no tenía al Caribe dentro de sus prioridades y que había que pensar en el peor de todos los escenarios. Porque la administración Trump más que un aliado del Caribe, será un adversario.

En el discurso de Trump se refleja una clara visión proteccionista. Estados Unidos debe bastarse a sí misma. Los aliados son circunstanciales. Me pregunto ¿qué pasará con el G-7, que ahora es G-11?

Así pues, este artículo será más corto de lo acostumbrado, pues he hecho un anuncio sobre mi decisión de revisitar la política norteamericana en el Caribe desde el siglo XIX cuando Monroe gritó a los cuatro vientos en 1811 la lapidaria frase: “América para los americanos”.

Nos vemos en la próxima. El futuro sigue siendo nuestro. El futuro está en nuestras manos. Pero para luchar por un mundo mejor al que heredamos debemos conocer, conocer, pensar y pensar para entonces tener la capacidad de proponer.

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