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Epistolario íntimo…reencuentros, incertidumbres y horizontes (69)

Luego de la llegada de Pedro Henríquez Ureña a Santo Domingo el 15 de diciembre de 1931 y con los honores a su llegada, visitas, recibimientos oficiales, actos oficiales y otros menesteres, continúa con los problemas de salud y las histerias y escenas de Isabel su esposa que le llevaron tiempo de adaptación y reubicación en su país de origen. Las misivas se redujeron, debido a su nueva función como superintendente de educación, algo que desesperó a su amigo Alfonso Reyes.

Fue el 15 de enero de 1932 cuando encontró tiempo para dirigirse a su amigo mediante carta:

“Desde Nueva York tenía, para enviarte, esos recortes, pero no había tenido tiempo de ponerte unas líneas. De Río recibo continuamente paquetes: muchas gracias. Hace un mes justo que llegamos aquí. Comencé a trabajar el día 1º, oficialmente, pero antes venía ya todos los días a conocer el trabajo de la oficina. El trabajo es enorme, y difícil, porque falta dinero, y mucha gente busca empleo, y se necesitan muchas cosas materiales. El pesimismo de las gentes es muy grande, a pesar de que –con ciclón y crisis y todo- el nivel de la vida es más alto que en 1911, -y entonces todo el mundo estaba contento”. (Op. cit. Ibídem.)

Ya nos hemos referido en otra ocasión a esta impresión de PHU sobre el Santo Domingo que encontró en 1932 y sus escalas de comparación, apreciación y sobre todo su impresión de primer momento con países como Argentina y Estados Unidos y ciudades como New York, Minnesota o Río de Janeiro.

“Lo que sucede es que lo más grave es sentirse descender y lo más hermoso sentirse subir. En realidad, las cosas están aquí mejor que en otros países: no tan bien como en la Argentina, país privilegiado en esta hora, pero mejor que en los Estados Unidos, donde hombres jóvenes y fuertes me pedían diez centavos para comprar sandwichs”. (sn) (Carta de Pedro Henríquez Ureña a Alfonso Reyes de fecha 15 de enero de 1932, p. 433, op. cit.)

Luego de las comparaciones e impresiones el parecer cambia y la realidad es otra:

“Sin embargo, aquí en la capital lo que más deprime es el daño causado por el ciclón: una cuarta parte de la ciudad está todavía en ruinas y lo demás está deteriorado… De la parte vieja, una de las casas destruidas fue la mía, porque le cayó arriba otra medio arruinada desde tiempos atrás. En la mayoría de las casas, el viento destruyó los muebles: la mayor parte de los pianos quedaron deshechos. Mucha gente se ha desmoralizado con el ciclón y han dejado que se venga encima la vejez”. (Ibídem. op. cit.)

PHU encontró que en Santo Domingo, “…intelectualmente hay gran animación: hay tres asociaciones que organiza conferencias y conciertos. He hablado en dos de ellas: en una estoy dando un curso sobre el teatro y Américo Lugo da uno sobre un período colonial ignorado: 1535-1691. La primera lección, crítica de las fuentes, fue admirable: severa, precisa, pero con uno que otro momento de literatura muy expresiva. Cosa muy europea. Nadie en la Argentina, muerto Groussac, podría hacer una semejante”. (Ibídem. pp. 433-434)

AR le responde el 6 de marzo de 1932 aclarándole que:

“Esperé alguna carta tuya, posterior a la del 15 de enero que, por traerme impresiones todavía muy recientes, podía no darme un cuadro definitivo. Pero tardas, y yo ya no puedo tardar en comunicarme contigo”. (Op. cit. p. 434)

AR, como casi siempre, quiere estar informado de su amigo, pero ahora PHU está en fase de adaptación, no solo a su nueva realidad, sino también a su nuevo puesto de superintendencia de Educación en Santo Domingo:

“Sé que le has escrito algo a Alonso, pero me llegó por eco a través de Nieves, y temo que haya cierta exageración inconsciente. Yo sabía que el contacto tenía que comenzar por el dolor. Desearía que encontraras medio y manera de desarrollar una actividad útil: eso te alegraría. Lizaso, en su última carta, no sabe qué habrá sido de ti, y me pregunta dónde andas. ¿No te has comunicado con los amigos de allá?”. (Ibídem. Loc. cit.)

Las noticias de AR enviadas a PHU no son nada optimistas con respecto a la publicación de revistas o proyectos literarios ya establecidos tales como Contemporáneos o Monterrey:

“Contemporáneos está por morir, con la salida de Genaro Estrada de México, y Ortiz de Montellano me proponía un plan quimérico, para hacer cuatro números al año, uno de México dirigido por él, otro de Estrada en Madrid, otro de Torres Bodet en París, y otro mío acá, cada uno costeado por el que lo hiciera. Tú comprendes que esto no sirve para nada ni es siquiera factible”. (Ibídem.)

Las razones que alega Reyes en la presente carta, sobre las posibilidades de hacer publicaciones en estas circunstancias son muy difíciles:

“Aquí, por ejemplo, las dificultades tipográficas son enormes. Sólo yo sé lo que me cuesta sacar mis publicaciones. El nuevo Monterrey está en la imprenta desde el 10 de enero y todavía a esta hora no logro que acaben con las pruebas. Yo tengo material para otro número más”. (Ibídem. Loc. cit.)

Entre una y otra, AR le informa a PHU algo curioso sobre la tradción de Cementerio marino de Paul Valery:

“Una curiosidad: se soltó la fiebre de traducciones del Cementerio marino, después de los de Guillén y Brull. Salió uno de Ibarra, bueno, pero con un prólogo lleno de groserías, y ahora me llega otro de Oribe, el uruguayo. Se hablará en el Monterrey 9, pues ya el 8 está cerrado”. (Ibídem. pp. 434-435)

Es importante destacar que esta carta de AR a PHU, se extiende a una eventología frecuente en la correspondencia de ambos interlocutores. La vida en Santo Domingo para PHU supone, no solo trabajo, sino también, lejanía, soledad, a pesar de estar en su país de origen, pero también conflicto, falta de recursos para hacer cosas, ordenar procesos y soportar intrigas gubernamentales, incomodidades burocráticas y otras que también podemos leer en la obra del historiador y editor Orlando Inoa en su obra Pedro Henríquez Ureña en Santo Domingo, Eds. Ferilibro, Santo Domingo, 2002)

La carta-informe de AR del 6 de enero del año en curso, está conformada por tópicos de interés para PHU, en un momento que, como hemos visto, tendrá consecuencias familiares no muy buenas para ambos:

“Eduardo Villaseñor pasó a Hacienda, con Pani, como jefe de Presupuestos. No sé si el Abate de Mendoza seguirá en Madrid con Genaro, o habrá ido a México con Pani. Castro Leal, encargado de Negocios en Praga, en sustitución de Nervo, que fue llamado”. (Ibid.)

Reyes le comunica a Henríquez Ureña su incertidumbre, a propósito de los nuevos cambios en México:

“Estoy un poco en el aire, sin saber si me afectarán los cambios habidos en el Gabinete en México. Parece que no, hasta ahora. Pero me había yo acostumbrado a despachar en carta privada ciertas cosas, y ahora tengo que tomar el otro carril”. (Ibídem.)

Reyes, sin embargo no pierde la oportunidad de publicar ni colocar sus producciones:

“Te envío el Ventanillo de Toledo, de que me hicieron tirada aparte los estudiantes de Battistessa. En el próximo número de la Revue de Litt. Comparée, de Baldensperger y Hazard, creo que saldrá mi catálogo de traducciones castellanos de Mallarmé, y una colección de traducciones mías”. (Ibídem., p. 436)

En la misma carta AR le dice a PHU que “Nieves cree que tú piensas en volver a Buenos Aires… Supongo que recibes las cosas que continuamente te envío. Habrá mucha paja, pero sólo tú podrás separarla entre buenas, temerarias, oscuras y precisas noticias de un presente que, como lo expresa AR es incierto en cuanto a proyectos, lugares de trabajo y otros puntos de interés y necesidad para ambos amigos.

About the author

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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