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¿Por qué EEUU adora a Angela Merkel y odia a Evo Morales?

Written by Debate Plural

Vicky Peláez (Sputnik, 7-12-17)

Los globalizadores neoliberales son muy selectivos en la interpretación de la democracia. Resulta que la reelección por cuarta vez de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, se considera como un proceso muy positivo para la democracia en Europa.

«La democracia es una ficción estadística» (Jorge Luis Borges, 1899-1986) 

Paralelamente, el fallo judicial favorable a la repostulación de Evo Morales a la Presidencia de Bolivia en 2019 fue denunciado inmediatamente por Washington, sus satélites latinoamericanos y la oposición boliviana, como una decisión dañina para la democracia que abre camino para una futura dictadura.

urge la pregunta, ¿por qué lo que es bueno para Alemania es malo para Bolivia? La respuesta es muy simple. Alemania es parte sustancial de un sistema globalizado creado por Estados Unidos y es su aliado incondicional en la doctrina estadounidense Full Spectrum Dominance (Dominio Total del Espectro: tierra, aire, mar y espacio, incluyendo el espacio cibernético). Más de 35.000 tropas de EEUU están estacionadas en Alemania y el servicio de inteligencia alemán (BND) se ha convertido en una sucursal de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de EEUU).

Sus medios de comunicación están bajo el control de la CIA, según varias revelaciones de periodistas germanos. Mientras exista esta dependencia, Angela Merkel, llamada popularmente ‘Mutter’ (Madre) de los alemanes o ‘canciller eterna’ es aceptada por el sistema globalizado como lideresa de su pueblo para los próximos cuatro años, que representarán en total 16 años en el poder.

El caso de Evo Morales es completamente distinto porque está identificado con el poder alternativo que ha estado desafiando la hegemonía norteamericana desde 2006 y ha logrado sacar a Bolivia del ‘patio trasero’ estadounidense. Según Evo Morales, «cuando llegamos al Gobierno, el Fondo Monetario Internacional (FMI) tenía su oficina en el Banco Central de Bolivia (BCB). La CIA era un parásito que tenía sus oficinas en el Palacio de Gobierno. Los militares estadounidenses tenían su sede en el Gran Cuartel de Miraflores (GCM) de las Fuerzas Armadas de Bolivia».

Frente a esta situación, el Gobierno de Morales expulsó en el transcurso de estos 10 años al FMI de las oficinas del BCB, la CIA tuvo que abandonar el Palacio Quemado (Palacio de Gobierno), los militares estadounidenses tuvieron que salir del GCM y sus tropas abandonar la Amazonía. También el Gobierno declaró ‘non grata’ la presencia de la USAid por su apoyo a la oposición para fomentar un golpe de Estado.

En 2008, la agencia de antinarcóticos de EEUU, la DEA, fue acusada por el Gobierno de Bolivia por usar un 50% de las ganancias de la venta ilegal de cocaína para pagar «bonos a las autoridades», por «espionaje y conspiración» contra las autoridades del país y por «apoyar económicamente el golpe separatista en los departamentos de Santa Cruz, Pando Beni y Tarija (‘golpe de la Media Luna’). En noviembre de aquel año, la DEA fue expulsada de la nación.

Según el sociólogo e historiador boliviano Juan Ramón Quintana Taborga, «la tarea del sometimiento político del país fue cumplida, prioritaria y proporcionalmente por la Embajada norteamericana». El diplomático Ben S. Stephansky (1961-1963) «ayudó a mejorar el montaje de la CIA en Bolivia». El embajador Ernest Siracusa fue un promotor decisivo del golpe de Estado de Hugo Banzer en 1971. Posteriormente, los embajadores Robert Gelbart (1988-1991), Donna Hrinak (1998-2000) y Manuel Rocha (2000-2002) hicieron todo lo posible por reforzar la presencia de Bolivia en el ‘patio trasero’ de EEUU.

Con la elección del líder populista y nacionalista Evo Morales como presidente legítimo de Bolivia, el departamento de Estado y la CIA tomaron la decisión de acabar con el nuevo Gobierno de Bolivia y en especial con el nuevo mandatario. Para este fin mandaron a la República Plurinacional de Bolivia a uno de sus mejores expertos en golpes de Estado y movimientos separatistas, Philip Goldberg (2006-2008), con experiencia en la destrucción de la República Federal de Yugoslavia.

En 2008, Evo Morales declaró: «Sin miedo a nadie, sin miedo al imperio, hoy 10 de septiembre… declaro al embajador Goldberg persona no grata por conspirar contra nuestra democracia, apoyar a los separatistas y por clara injerencia política».

Desde aquel entonces, Bolivia y EEUU tienen relaciones diplomáticas solo a nivel de representantes de negocios, pero esto no significa que Washington desistiera de la imposición, el chantaje y la creación de condiciones para acabar con el populismo de Evo Morales.

En realidad, Bolivia y su presidente forman parte de una campaña internacional desatada por Washington contra Nicolás Maduro, Rafael Correa, Lula da Silva, Cristina Fernández y Dilma Rousseff para desterrar todos los vestigios del progresismo, de la soberanía nacional y la autoestima social en América Latina.

Desde 2014 el encargado estadounidense de negocios, Peter Brennan, con la experiencia en la lucha contra el Gobierno nicaragüense de Daniel Ortega, está siguiendo la tarea de Goldberg para unir y fortalecer a la derecha boliviana, comprar a los medios, atacar a los partidarios de la reelección de Evo Morales, comportándose, en la definición del embajador de Bolivia en Cuba, Juan Ramón Quintana, «como un verdadero sicario político por encargo del departamento de Estado en Bolivia».

La consigna del imperio es degollar el Estado Plurinacional boliviano como se está haciendo actualmente con la Revolución Ciudadana en Ecuador y con el chavismo en Venezuela. En el caso de Bolivia, el camino más seguro es apartar a Evo Morales del poder en 2019 al no permitir su reelección.

Para cumplir con esta tarea, como lo aclaró Juan Ramón Quintana, el ‘Método Brennan-Goldberg’ es el más efectivo recurriendo a la «galvanización ciudadana, usando cheques/ contratos/ becas/viajes de por medio» para incentivar, financiar, solventar a la derecha boliviana con el fin de crear una «causa justa» y democrática, tratando de convencer a la población de acabar con la «dictadura» de Evo Morales y a su «deseo de perpetuarse en el poder».

La ministra de Comunicación, Gisela López, denunció a la oposición por intensificar la «guerra de baja intensidad» a instancias y con coordinación del «imperio de EEUU y la oligarquía política de Chile» para impedir que la revolución democrática y el proceso de cambio sigan adelante en Bolivia.

Gisela López recalcó que la oposición está apostando nuevamente por la violencia como lo hicieron en 2006, 2007 y 2008, propiciando un golpe de Estado, y en 2009 financiando un grupo terrorista. La ministra dijo también que están tratando de usar violencia hoy, «en el momento que se consolida la profundización del proceso de cambio para fortalecer la democracia boliviana».

El pasado 4 de diciembre, durante el sufragio judicial, el pueblo boliviano eligió 26 nuevas autoridades del Órgano Judicial de la Nación: Tribunal Agroambiental (TA), Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) y Consejo de la Magistratura (CM). Por supuesto, la oposición trató de hacer fracasar las elecciones realizando una campaña masiva para anular el voto en papeletas de sufragio a través de los panfletos y tutoriales mensajes a través de las redes sociales e internet. Cabe decir que los opositores lograron que el 53,7% de los votos fueran nulos y el 12,9% en blanco. Sin embargo, las autoridades judiciales fueron elegidas con el 33,1% y el sufragio fue declarado por la Misión de la OEA como válido mereciendo la felicitación de este organismo por esta experiencia única en la región para designar con el voto popular a los magistrados. Generalmente, los máximos representantes de la justicia son nombrados en América Latina y no elegidos por el voto popular.

Al fracasar el intento de la oposición de boicotear las elecciones judiciales, los opositores concentraron todos sus esfuerzos para tratar de crear consenso popular contra la reelección de Evo Morales en 2019, después de que el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) diera luz verde a la repostulación de las autoridades nacionales y subnacionales debido a la demanda de las organizaciones sociales del país.

Al conocer este veredicto, la oposición desató inmediatamente una campaña contra Evo Morales asegurando que el actual presidente no tendrá chance para ganar las elecciones en 2019 y se frustrarán sus aspiraciones de ser ‘dictador’ y seguir «destruyendo la economía del país». Curiosamente, la misma táctica está usando el actual Gobierno de Ecuador contra Rafael Correa, acusándolo también de llevar el país a la crisis económica.

Sin embargo, la economía de Bolivia ha seguido siendo una de las más dinámicas del continente en la última década y el país goza de plena confianza de los inversionistas extranjeros. Su potencial energético es de 60 TCF (billones de pies cúbicos) de gas natural y lo que no deja tranquilos a los globalizadores norteamericanos es la reserva más grande de litio en el mundo, que asciende a 100 millones de toneladas que yacen en el mayor desierto de sal en el planeta, el Salar de Uyni. El litio es uno de los más codiciados minerales estratégicos, del cual depende el futuro desarrollo de tecnología en este siglo XXI.

Con Evo Morales en el poder, sería imposible para EEUU apoderarse de estas riquezas estratégicas bolivianas, que incluyen no solamente litio, sino uranio de alta ley, cuyas reservas son de 74.000 millones de toneladas. A esto se agregan también grandes reservas de plata, oro, cobre, potasio, antimonio bolivianos protegidos por el Estado Plurinacional creado por Evo Morales, que está frenando las ambiciones de transnacionales de apoderarse de la riqueza nacional del país.

De allí viene la consigna de los globalizadores de evitar a toda costa su reelección en 2019 y así obtener finalmente acceso a los tesoros naturales bolivianos.

En esto consiste la diferencia entre la aprobación internacional de la reelección de la canciller ‘eterna’ Angela Merkel de Alemania, donde Washington ya no tiene nada de que apoderarse y el rechazo a la postulación de Evo Morales en Bolivia, quien representa el mayor obstáculo para EEUU de adueñarse, con la ayuda de la oposición boliviana, de los abundantes recursos estratégicos naturales del país y tener de vuelta a Bolivia en el ‘patio trasero miserable’ estadounidense.

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