Nacionales Sociedad

Alarmante aumento de los feminicidios

Written by Debate Plural
Vinicio A. Castillo Semán (Listin, 13-11-17)

El pasado viernes, el decano de la prensa nacional Listín Diario, tituló en primera plana “Por décima vez ponen en marcha plan anti-feminicidio”. Ese excelente titular y reportaje me llevó a salirme de los temas políticos y jurídicos que ordinariamente trato en esta columna todos los lunes, para abordar, lo que sin dudas es una gran tragedia social y humana, los feminicidios que está afectando a miles y miles de mujeres dominicanas.

Creo que el enfoque que se le ha dado hasta ahora al tema de los feminicidios y la violencia contra la mujer no ha sido el correcto, ya que ha privilegiado y hecho énfasis en la parte represiva, y de la normativa penal y procesal penal, dejando de lado hechos fundamentales de la cultura machista que impera en la inmensa mayoría de los hombres dominicanos y, lo que es más importante, en la cotidianidad y hechos reales de la vida que conducen a estas tragedias, que desbaratan familias y marcan para siempre la suerte de éstas y de sus hijos.

Hay actores del sistema judicial que han entendido que la teoría del “tránquenlo” o de “te voy a trancar”, o de la “orden de alejamiento”, va a resolver el problema profundo psicológico entre parejas que tristemente desembocan en tragedia. Lo primero es estudiar cuáles son los patrones vivenciales que ocurren antes de estas tragedias. Primer factor: la mayoría de los hombres que matan a su pareja lo hacen bajo los efectos del alcohol o de drogas, lo que indica que su conciencia no procesa las consecuencias penales que tendrá para él quitarle la vida a su pareja. Segundo factor: en la mayoría de estos casos está el sentimiento de celo (fundado o infundado) frente a su pareja. El hombre celoso se convierte en un desquiciado mental, capaz de atentar contra su pareja y contra su propia vida; por eso, en muchos casos, tan pronto cometen la atrocidad contra la mujer, la idea suicida afl ora inmediatamente en el ejecutor del homicidio.

Todos estos factores han existido desde el inicio de la humanidad misma porque son parte de la vida. Lo que ha venido ocurriendo es que en la medida en que la sociedad moderna le ha ido reconociendo legítimamente derechos de igualdad a la mujer, ésta se siente empoderada a reclamar lo mismo frente a su pareja; en no dejarse abusar, ni ultrajar, ni golpear, advirtiéndole que de hacerlo tomará las acciones que la ley acuerda para protegerle; que se va a querellar, que “lo va a mandar para Najayo”.

¿Cuál es la reacción en la mayoría de los casos, cuando un hombre “tragueado”, “endrogado” y/o “celoso”, recibe en medio de un pleito con su pareja la amenaza de ir preso? Tristemente la realidad indica que, lejos de ser un disuasivo, esa legítima advertencia lo que hace es agravar el problema desembocando el episodio cotidiano en golpes, ultrajes y en innumerables ocasiones en la tragedia de la muerte.

Como podemos apreciar, el fenómeno del feminicidio en la República Dominicana es muy complejo y no es fácil de resolver o de combatir. La única manera efectiva de hacerlo, independientemente del rigor penal imprescindible, es creando conciencia y cambiando la cultura machista con la que se ha formado la mayoría del hombre dominicano. A las mujeres víctimas de violencia de sus parejas hay que orientarlas de que en momentos de gran tensión y pleitos con su esposo, su novio o su pareja no amenacen con “trancarlos” o “enviarlos para Najayo”. Hay que orientarlas y alentarlas a que acudan a las autoridades judiciales en busca de protección antes o después de ocurrir los hechos que la han puesto en peligro, puesto que la advertencia de que lo harán en medio del calor de una discusión, cotidiana o no, con su pareja puede costarle la vida.

Creo que el Ministerio Público y el Ministerio de la Mujer deben instituir visitas de profesionales y terapistas para asistir a las parejas que han tenido difi cultades de violencia intrafamiliar o de pareja.

Hay que invertir en expertos en este campo, que puede ayudar mucho a prevenir tragedias y que muchos niños en campos y ciudades queden huérfanos a temprana edad, marcados para siempre por hechos trágicos entre sus padres. Creo que hay que importar y contratar expertos de fuera; crear escuelas especializadas para este tipo de asistencia vital en la vida de muchas mujeres y familias de todas las clases sociales.

He querido compartir estas refl exiones con mis lectores porque estoy convencido de que, si no se ataca con inteligencia el fenómeno de los feminicidios y sus causas reales en la cotidianidad de la vida en la República Dominicana y seguimos dándole el énfasis fundamental al tema penal contra los hombres, lejos de disminuir las estadísticas, se van trágicamente a duplicar. Es mi humilde opinión y ojalá esté equivocado.

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