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El final de una era en tiempo de Navidad

Written by Debate Plural

Ángela Peña (Hoy, 19-11-11)

 

Con la formación de un Consejo de Estado el 31 de diciembre concluyó el año 1961 pero la crisis que consumía a los dominicanos se prolongó más allá de la creación de este gobierno colegiado propuesto por Balaguer en un desesperado discurso que pronunció el 17 de ese mes.

“El país se halla en uno de los momentos decisivos de su historia: o el pueblo sigue por el camino que le han trazado los agitadores hasta caer en brazos del comunismo, o hace un alto en esa senda de perdición para estabilizar su vida”, expresó el mandatario desentendido de que el blanco de lo que denominaba “agitación permanente” era él, precisamente.

Propuso seis “ciudadanos eminentes, respetados por sus virtudes cívicas”, que conformarían la junta provisional que él presidiría: Rafael Bonnelly, monseñor Eliseo Pérez Sánchez, Vicario general de la arquidiócesis de Santo Domingo y senador de la República, José María Cabral Bermúdez, Nicolás Pichardo, Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barreras. Balaguer conservaría como prerrogativa exclusiva, la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas y ejercería plenamente atribuciones que le conferían incisos del artículo 54 de la Carta Magna, entre otras. Prometió renunciar cuando la OEA levantara las sanciones, Bonnelly le sustituiría y su posición la ocuparía Eduardo Read Barreras, presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Monseñor declaró que aun cuando el cargo le restaría tiempo a sus múltiples ocupaciones se sacrificaría y Cabral Bermúdez externó declaraciones similares reconociendo que la posición estaba “llena de dificultades y entrañaba para él verdaderos sacrificios”. Pero el 24 renunció alegando que no era político ni tenía ambiciones en esa actividad. Había puesto condiciones en una misiva, pidiendo principalmente garantía de que las Fuerzas Armadas no intervendrían en la “cosa pública”.

Su titular, Pedro Ramón Rafael Rodríguez Echavarría, le contestó días después de la dimisión.

Rodríguez Echavarría era como un Jefe de Estado paralelo. Pronunciaba discursos retransmitidos en cadena, escribía comunicados, lanzaba mensajes en volantes, convocaba ruedas de prensa. Había negado que existiera alguna posibilidad de que tomara el poder, aunque “somos suficientemente poderosos para hacerlo”. UCN consideraba lo contrario pues “su vanidad parece empujarlo hacia el resbaladizo campo del mando absoluto”.

Le llamaba “el militar que gusta en llamarse “El Hombre fuerte de la República Dominicana”. Cabral renunció, dijo, porque Rodríguez tenía el poder y quería retenerlo y “por eso se niega a integrar un Consejo de Estado que desde antes de nacer siente ya en sus entrañas la fría presión de acero que detenta en sus manos totalitarias el aviador de la suerte prodigiosa”.

Triste Navidad. En esa incertidumbre se encontraba el país pese a que el Presidente Kennedy y el secretario de Estado Dean Rusk se sentían alentados por el proyectado Consejo. La oposición y la sociedad civil, en cambio, no ocultaban sus temores. La UCN, incluso, dudaba que éste llegara a constituirse. El 14 de Junio escribió que sería el mismo gobierno que combatieron “en las sombras aleves del año 1959 y en la claridad artificial que despuntó después de la aurora del 30 m a yo”. Su condición número uno era la sustitución de Balaguer.

Fue memorable la respuesta de representantes de agrupaciones de Santiago a la oratoria balagueriana diciéndole que el gesto más gallardo que podía ofrecer era alejarse del poder.

El gobernante trató de atraerse simpatías y despejar el clamor colectivo de su renuncia. Extendió la regalía pascual hasta los que ganaban 400 pesos y la entregó el 15. Los sueldos se pagaron el 22. Anuló el grado de generalísimo, puso bajo control del Gobierno empresas de los Trujillo, libró de impuestos frutos de consumo en Pascuas y el ayuntamiento abrió el tradicional concurso de adornos navideños. Canceló los rangos militares a Petán, Rhadamés, Luis R. Trujillo, Luis Trujillo y César Oliva. Sacó de circulación los billetes de 20 pesos con la efigie del fenecido “Je f e” y los sellos del ahorro escolar con miembros de la destituida familia.

La Asamblea Nacional, además, disolvió el Partido Dominicano que sirvió de soporte político al dictador, los restos de José Trujillo Valdez fueron sacados de la Catedral, se inició la sumaria del crimen de las hermanas Mirabal, fincas de los Trujillo fueron regaladas a los agricultores y el 30, Balaguer entregó el periódico El Caribe a Germán Emilio Ornes. “La mano oficial ha salido de la sala de redacción de este diario que, por primera vez, desde su fundación, se publica libre de injerencias extrañas a su dirección”, escribió el ejecutivo de la comunicación.

Igualmente se destacó la llegada de Nassima Diná de Amiama Tió y Guarina Tezón de Imbert que venían desde Puerto Rico a reunirse con sus héroes salidos de sus escondites, ahora convertidos en poder desde el Consejo de Estado.

Pero el ambiente no disipaba el dolor. El 27 se dio cuenta de una masacre en San Pedro de Macorís atribuida al “tristemente célebre mayor Herrand” y el mismo 24 de diciembre, “el segundo teniente Germosén Vásquez” la emprendió a tiros contra jóvenes del ensanche Ozama que gritaron “¡Abajo el pedacito de gobierno de Balaguer!”, en el colmado “Los Banilejos”.

Más que pesebres y guirnaldas, se observaba en los diarios las fotos enlutadas de las viudas de Ismael Estrella Núñez, hermano de los Estrella Sahdalá, aclarando que su esposo no se suicidó, sino que lo asesinaron; de los ayudantes del general José René Román, todos desaparecidos; de Pedro Aníbal Fuentes Beras y de otros, reclamando bienes, justicia, ayuda.

“¿Dónde están los presos políticos?”, “Conozca los calies”, “Álbum negro de La 40”, eran titulares que se unían a la búsqueda de cadáveres de la tiranía y a las misas por las víctimas. Por eso escribió Unión Cívica que “Jamás vivió el país una Noche Buena más triste que la de este conturbado 1961… Nuestra vieja Ciudad Primada luce una paz de cementerio… Hasta los niños se mantuvieron callados, conscientes de la gran tragedia que vive aún el país”.

El 14 de Junio se preguntaba si debía celebrarse la Navidad con Balaguer en el poder. “Ahí están los muertos, cuya sangre, todavía tibia, clama justicia contra los asesinos”.

Tenía razón. Aunque este fue lema que adoptó el 14 de Junio, la Unión Cívica tampoco se equivocó con Rodríguez Echavarría quien el 16 de enero depuso el Consejo que se había juramentado el día primero de 1962. Constituyó una Junta Cívico-Militar compuesta por Armando Oscar Pacheco, Imbert, Amiama, el contralmirante Enrique Valdez Vidaurre y el mayor piloto Wilfredo Medina Natalio. “Pero en menos de 48 horas quedaron condenados al fracaso los planes del ambicioso militar que intentaba erigirse en árbitro de los destinos de este sufrido pueblo, instituyendo un nuevo régimen dictatorial”, escribió El Caribe. Donald Reid Cabral sustituyó a Balaguer y Bonnelly presidió el Consejo hasta el 27 de febrero de 1963, cuando tomó posesión Juan Bosch.

La UCN tuvo razón, también, porque Rodríguez Echavarría y Balaguer terminaron juntos en el hotel “Co l u m b u s”, de Puerto Rico, informó El Caribe en marzo. Uno amparado en salvoconducto después de su asilo en la Nunciatura Apostólica, el otro arrestado y deportado después del Golpe.

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