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La llamada Amet contribuye con la corrupción RD

Written by Debate Plural
Felipe Ciprián (Listin, 1-7-17)

Tener la misión de poner orden en el tránsito es una especie de misión imposible para la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet), que con tan bellos propósitos fue creada en el primer gobierno de Leonel Fernández, por el ingeniero Hamlet Hermann y un grupo de sus colaboradores, civiles y policías.

Creada para “vencer el caos” descrito muy claramente por Hamlet en su oportunidad, la Amet es incapaz de ganar el respeto de los conductores y peatones porque en lugar de agentes facilitadores del tránsito, se han convertido en inspectores recaudadores del Estado en una especie de negocio de “capa perro” donde el gobierno cobra mil pesos dominicanos por cada multa que imponen los Amet y paga en dólares la importación de combustibles desperdiciados en los tapones y gasta un dineral curando heridos de accidentes.

Impotentes por estar reducidos a una misión que no les corresponde, los “agentes de Amet” se han acomodado a la rutina de multar a conductores privados de autos y a motociclistas.

Los intocables, pese a que son los culpables del caos del tránsito, del irrespeto a los demás conductores y de la muerte por accidente que ya es una epidemia en República Dominicana, son los conductores de camiones y los choferes de minibuses, autobuses y automóviles de transporte público. ¡Con ellos la Amet no se mete! ¿Por qué extraña coincidencia Amet –desde el general hasta el raso– no se mete con los conductores de camiones, de voladoras ni de carros de concho? Lo he dicho mil veces: La más frecuente y peligrosa violación del tránsito que se registra en República Dominicana es que los camiones y autobuses transitan por todos los carriles de avenidas y autopistas cuando la ley establece que deben hacerlo solo por el derecho. Correr temerariamente por carreteras y autopistas sometiendo a los demás conductores al terror de sus bocinazos y acercamientos peligrosos, es lo que provoca los accidentes con muertes múltiples provocados por camiones y autobuses.

Me gustaría que la Amet publicara sus estadísticas reales de la cantidad de camiones cargados de arena, cemento, varillas, cervezas, gaseosas, furgones… a los que les ha impuesto multas por transitar a alta velocidad y por los carriles centrales e izquierdos de las vías. ¡No hay tales multas pese a que la violación de la ley en ese aspecto es la norma, no la excepción! Lo que sí hay son miles de multas cada día a conductores de automóviles privados que violan la ley –lo cual está bien por la Ametde la misma forma que la violan los camiones y los carros de concho a quien nadie les impone sanciones.

Como el eslabón más débil de la cadena, con los motociclistas la cosa es peor: Hay un ensañamiento feroz de Amet contra ellos, inexplicable por demás, porque además de que son multados en proporción mayor que cualquier otro tipo de vehículo, también los agentes vapulean la ley, los derechos de propiedad y la sentencia 021/15 del Tribunal Constitucional que establece muy claramente que la Amet carece de autoridad para ocupar y llevarse vehículos.

Los agentes de Amet parece que están “muy bien” orientados porque todos retienen motocicletas cuando violan la prohibición de pasar por túneles, elevados y pasos a desnivel, pero se contentan con llenar un formulario y dejar que los conductores sigan en sus camiones y autobuses violando la ley y poniendo en peligro la vida de otros usuarios y peatones. ¿Que diga Amet cuántos camiones ha retenido y llevado al canódromo El Coco como hace cada día con cientos de motocicletas por violar exactamente la misma disposición de no pasar por túneles, elevados y pasos a desnivel? Nadie duda que una parte de las motocicletas que circulan por calles y carreteras estén destinadas a cometer crímenes y deben ser parte de una especial preocupación de la ciudadanía y las autoridades, pero resulta que esa es una atribución exclusiva de la Policía Nacional, no de la Amet, que se erige en tribunal e incauta motocicletas y pasolas en abierta violación de la ley y del derecho de propiedad.

Mientras la Amet siga cortando la soga por lo más delgado en materia de tránsito y orden en las vías, viviremos en el caos y en los incidentes de su abuso y arbitrariedad.

Cuando desde el general hasta el raso metan en cintura a los camiones, autobuses, minibuses y carros públicos, las calles y las carreteras serán transitables, pero hasta el día de hoy eso parece que no le interesa a ninguna autoridad, porque el desorden también deja una rentabilidad asombrosa, de pie a cabeza.

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