Cultura Nacionales

Haciendo memoria sobre lo pasado

Written by Debate Plural

Maricusa Libertaria

Jose del Castillo (D. Libre, 21-3-15)

 

Como viento fresco que golpea el rostro y oxigena el alma, así nos llegó en la primavera libertaria del 62 la voz dramática de la carismática Maricusa Ornes, quien ya consagrada en el ejercicio de su arte regresaba desde el exilio para cantar a los poetas esenciales de España y América, exaltando con su timbre prodigioso el mensaje redentor de los versos de la patria renacida. Los jóvenes de entonces acudimos jubilosos a la memorable cita concertada en la Librería Dominicana de don Julio Postigo -presentada la artista por el talentoso Marcio Veloz Maggiolo. Al patio de la respetable Logia Cuna de América encabezada por don Enrique Apolinar Henríquez, introducida la declamadora por quien luego sería su esposo, Jaime Álvarez Dugan.

Culminando el ciclo de los recitales del retorno en el Palacio de Bellas Artes. Allí el despliegue formidable del poemario fundamental de Pedro Mir, Hay un país en el mundo, un himno cuyas cadenciosas estrofas aprendimos deslumbrados como un segundo canto nacional, editado por el grupo universitario Fragua y montado por Arte y Liberación en sus sesiones culturales en el Patio del Palacio Consistorial. El programa de Maricusa Ornes incluyó Paisaje con un merengue al fondo, del inmenso Franklin Mieses Burgos. Poema de gran aliento y sensualidad robusta que funde en simbiosis rítmica rasgos de nuestra identidad nacional con la furia danzante del merengue y la pródiga riqueza de la flora tropical. «Bailemos un merengue que nunca más se acabe,/ bailemos un merengue hasta la madrugada;/ entre ajíes caribes de caricias robadas».

El texto de Mir había sido estrenado por la declamadora en La Habana en 1951 en una velada en el Anfiteatro Nacional auspiciada por la Alcaldía Municipal y la Dirección de Bellas Artes, en la cual hizo galas recitando a la Mistral, Juan Ramón Jiménez, Guillén, Neruda, Regino Pedroso, Carmen Natalia, García Lorca, Barba Jacob, Matías Conde y Pellerano Castro.

En la emblemática librería de la calle Mercedes, alados por la magia de Maricusa -en cuya voz «la angustia exprime sus doloridos vasos»-, resonaron los versos condenatorios de Antonio Machado ante el asesinato de Lorca en su lar natal en la madrugada del 17 al 18 de agosto de 1936: El crimen fue en Granada. «Se le vio, caminando entre fusiles/ por una calle larga,/ salir al campo frío,/ aún con estrellas, de la madrugada./Mataron a Federico/cuando la luz asomaba/ El pelotón de verdugos/ no osó mirarle la cara». Consultado el general Queipo de Llano por los captores del poeta granadino, habría recomendado: «Dale café, mucho café». Del mismo «café» le dieron inclemente a los dominicanos en 31 años de dictadura, uniendo en fraternidad siniestra a los dos generalísimos a ambos lados del Atlántico.

De la gestación comprometida de Carmen Natalia, la valiente poeta Martínez Bonilla, su compañera de luchas en Juventud Democrática y en el exilio en Puerto Rico, así como de múltiples jornadas culturales, Maricusa declamó en la venerable logia justo un poema escrito en 1949, La Miseria está de Ronda, excomulgado por la tiranía. Ahora volvían estos versos, retomaban su espacio pertinente en la conciencia ciudadana, enhestados en el recital por esa «voz en carne viva que ha logrado vencer el silencio», como la calificara Carmen Natalia. «Los ojos de la Miseria son áridos y profundos/ Como los pozos vacíos. Sus lagrimales de fuego/ Queman lágrimas de sangre en la pira del silencio.»

Carmen Natalia era junto a Mir la espada encendida de la poesía del exilio, la autora de la Oda heroica a las Mirabal, el Canto al Soldado Inminente, la Elegía a los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, Un hombre tras las rejas, del Réquiem por un cadáver desterrado. La del Llanto sin término por el hijo nunca llegado. Como dijera de ella su compueblano Mir: «Carmen Natalia, canta! El destino y el río en cuyas orillas se meció tu niñez te impusieron la misión de entregar tu voz a millones de seres a cambio de una gloria imperecedera y algunos sufrimientos. Es tu destino. Pero es también el destino de tu pueblo. Y es la fuerza invencible de los dos.» Por eso su mensaje, divulgado por la colección Brigadas Dominicanas que editaba Aida Cartagena, nos llegó hondo.

Para dicha de los mortales que admiramos el arte de Maricusa y disfrutamos ocasionalmente la grata compañía de unos 88 años plenos, el pasado jueves 12 de marzo tuvo lugar en el Auditorio del Archivo General de la Nación la puesta en circulación de cuatro CD’s contentivos de su obra declamatoria correspondiente a 1977. Cuando la artista se asoció al maestro Manuel Rueda en el marco del programa sabatino de la emisora HIJB Poetas de España y América. Material remasterizado con paciente y altruista esmero por Fabio Herrera Roa. Fue una verdadera noche mágica con la maestría de ceremonias de un hada llamada Lucía Amelia Cabral. Quien en la apertura dijo:

«A la puerta de la primavera, esta noche ha querido declararse especial. Nos concita una mujer, un nombre, una estela imborrable en el firmamento de nuestras geografías de mar compartido, una historia de arte y compromiso, de audacia y dignidad. Nos convoca hoy, como durante décadas, a sala llena, Maricusa Ornes. Verso y voz, fuerza y emoción. Mensajera de poetas admirados, dueños del español trascendente e inspirado, Maricusa Ornes es una maestra de la expresión oral. Virtuosa de la palabra declamada. Mujer de principios irrenunciables, en ella la poesía se hizo denuncia, sueño y patria. El teatro, escenario solícito de su luz. Y el exilio, reciedumbre de conciencia.»

Franklin Lithgow -un duende fraterno unido a los Ornes Coiscou, Germán Emilio incluido- ponderó enjundioso la estampa polifacética de Maricusa, su relación personal con grandes poetas de la lengua castellana como Juan Ramón Jiménez y León Felipe, e intelectuales como Alfonso Reyes y Javier Malagón. Sus exitosas actuaciones en México, Cuba, Puerto Rico, Costa Rica, Estados Unidos. La labor educativa desarrollada en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, la Academia de Arte Escénico Santo Domingo, la creación del Grupo de Poesía Coreada a instancias del patriarca del Instituto de Cultura Puertorriqueña, el entrañable don Ricardo Alegría. Así como su interés por incorporar a los niños y jóvenes al mundo maravilloso del teatro a través de Arlequín, un proyecto de fecundos frutos que vinculó a Borinquen y Quisqueya.

Ylonka Nacidit Perdomo, exquisita poeta y formidable investigadora literaria que ha reivindicado el rol singular de la mujer en las letras caribeñas, tuvo a su cargo la presentación central de la noche con la exposición magistral «Maricusa Ornes: Historia de Una Voz». En ella trazó, acompañándola de imágenes, la trayectoria biográfica y artística de esta militante de la cultura que nos llena el alma de orgullo al haber compartido un tramo de medio siglo de su existencia. Esbozó los pasos iniciales de la mano de su instructora Marujina de Farber en el Instituto de Señoritas Salomé Ureña -con la cual se reencontraría en México en los inicios de su exilio- y las presentaciones en el teatro Olimpia. Pasando por su debut en la Librería Dominicana en 1949, alentada por su mentor Sócrates Nolasco, en un recital de poesía moderna de América. Designada por la crítica «la mujer hecha poema».

En julio de 1950 un segundo encuentro con el público dominicano en el mismo local, declamando poemas de Mieses Burgos (Cuando la rosa muere), Domínguez Charro (Yo que no he visto nunca), Coiscou Weber (Presencia del Ángel), Mistral (Intima), Manuel Machado (Mariposa Negra), Juan Ramón (La Cojita), Alberti (Marinero en tierra), D’Annunzio (Un sueño), García Lorca (Preciosa y el aire). La crónica del acto resalta las cualidades excepcionales de la artista y anuncia su viaje al exterior. «Sin coraza y sin cruz, esta frágil muchacha, de personalidad tan recia, derramando la gracia de su isla por la granada viva de sus labios, por sus pródigas y prodigiosas manos, va a conquistar los pueblos de México y de Cuba. Va a revivir, en su voz y en su gesto, el mensaje a la vez tierno y rebelde -acallado por los siglos…».

Y así sería, como lo narró con plasticidad certera Ylonka Nacidit. Estudiante de término de Derecho, en 1949, Maricusa se negó a remitir una carta laudatoria a Trujillo al ganarse la inscripción anual por sus méritos académicos. El 24 de julio del 50 parte hacia La Habana, para embarcarse días después rumbo a México. En la capital cubana «Pedro Mir le hace entrega del manuscrito original de Hay un país en el mundo (poema gris en varias ocasiones) en hojas sueltas. Ornes se hospeda en el Hotel Lincoln. Una tarde, a las tres, luego de cita previa, Mir toca a la puerta de su habitación. No se conocían personalmente, al verse se abrazaron». Entre el poeta y quien sería una médium magistral de su obra mayor en los principales escenarios, se entabló una línea de identidad y admiración recíproca que perduraría en el tiempo. Desde Hay un país en el mundo hasta el Contracanto a Walt Whitman, los versos de Mir alcanzarían cima en la actuación comprometida de Maricusa.

En México «le espera su maestra Marujina de Farber y su esposo el austríaco Ernest Farber para lanzarla profesionalmente». Sócrates Nolasco envió cartas a sus relacionados en Cuba y en la capital azteca para abrirle caminos. Allí encuentra a León Felipe, el gran poeta de Ganarás la luz. Trabaja seis meses asistiendo al historiador del Derecho Javier Malagón Barceló, refugiado español, su profesor en la Universidad de Santo Domingo. En su oficina conoce a Alfonso Reyes. El Ateneo Español le abrirá su sala para ofrecer un recital, introducida por su maestro de la USD Constancio Bernaldo de Quirós, el eximio criminalista, ante una concurrencia formada por intelectuales republicanos y mexicanos. La historia de Maricusa apenas empezaba. Su merecida fama, cincelada en dominio escénico y gracia natural, militancia cultural y talento selectivo, alcanzaría otros escenarios. Para ganar la luz. – See more at: https://www.diariolibre.com/opinion/lecturas/maricusa-libertaria-DXDL1064601#sthash.p39q7RHH.dpuf

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