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El País: una olla de presión

Written by Debate Plural

Hamlet Hermann (Hoy, 13-5-12)

La inmensa mayoría de los dominicanos dedica gran parte del tiempo a analizar qué candidato podría ganar las elecciones a celebrar este 20 de mayo de 2012. La discusión a nivel de votantes se mueve alrededor de las encuestas. Que si son creíbles o no.

Que si están contaminadas por el abundante soborno desde todas las partes involucradas. O si en su diseño y elaboración ha predominado el interés particular de quienes comercian con la opinión pública. Me atrevería a decir que en este momento todas estas investigaciones tienen una credibilidad discutible y poco confiable. Ni siquiera Félix Bautista se ha desacreditado tanto como los encuestadores que han participado en esta campaña electoral. El que esté libre de pecado debía tirar la primera piedra.

Gran parte de la multitud involucrada directa o indirectamente con la campaña limita su análisis hasta el día de las elecciones. Apenas un pequeño grupo de personas está pensando un poco más allá, en el futuro mediato de República Dominicana. Éstos, condicionan su voto o su abstención y hacen un estimado de lo que podría suceder en el primer semestre del 2013, cuando ya el próximo gobierno esté en marcha.

Históricamente, en República Dominicana, el primer año posterior a una elección tiene la tendencia a ser más violento que el anterior. Diferentes métodos de evaluación social así lo comprueban. Una investigación descubrió hace años un enfoque racional sobre el comportamiento cíclico de la política y la sociedad dominicanas. Gráficamente puede verse allí cómo el pueblo tiene su mayor intensidad de movilización y de protesta durante el primer semestre de cada año. Las segundas mitades del año siempre han sido más tranquilas. Esos ciclos no se han alterado. Siguen respondiendo al patrón que hace tiempo fueron comprobados.

El deterioro moral de la sociedad dominicana ha provocado una búsqueda más intensa de las raíces de sus padeceres. La degeneración ética de los principales dirigentes partidarios, tras la traición a las ideologías que pregonaban, han provocado una concentración de fuerzas sociales, no partidarias, que por mucho tiempo estuvieron dormidas. La acumulación de capital de los principales funcionarios, gracias a las vinculaciones con el narcotráfico y la corrupción administrativa, son demasiado evidentes.

El enriquecimiento súbito bajo el manto de la impunidad absoluta exacerba el deseo de acumular más cada día mientras genera mayor rabia y desprecio en amplios sectores populares. A los sectores sanos les preocupa que quienes administran el Estado dominicano no sean capaces de percibir que el país es como una olla de presión que ha venido acumulando energía en la medida de sus frustraciones al reclamar el cumplimiento de las leyes y la Constitución. La acumulación de inconformidades y el agravamiento del nivel de vida del dominicano común son enormes así como impredecibles son sus consecuencias.

Si el elegido como Presidente de la República fuera el candidato oficial, el grupo corporativo gubernamental interpretaría esto como una ratificación de los métodos y procedimientos utilizados hasta el momento. La corrupción y el despilfarro no se detendrían. Para ellos, las votaciones cuatrienales lo santifican todo en esta democracia de la trampa constante. Esto así, la corrupción desenfrenada que los ha enriquecido súbitamente pasaría a ser “palabra de Dios”. Los modelos de consumo y de distribución de la riqueza que han establecido son insostenibles si se administrara el Estado dentro de la legalidad. Nada se interpondría en el camino hacia el saqueo absoluto del erario.

El endeudamiento del Estado dominicano aumentaría, no sólo con el aval de las pirañas brasileñas, sino con otras fuentes extranjeras que dan facilidades financieras y miran hacia otro lado para simular que desconoce el uso que dan a esos fondos. Por eso se han esmerado tanto los dirigentes del grupo corporativo PLD hasta lograr el control absoluto de los máximos órganos constitucionales, judiciales, legislativos y electorales.

En las elecciones presidenciales de 2012, al igual que en 1966 y en 1978, parece que hay un candidato que presagia explosión social, mientras otro parece tener la oportunidad de un período tranquilo ante la inevitable crisis que amenaza este país plagado, hasta el momento, de grandes corruptos y enormes corruptores.

Los que vayan a votar el 20 de mayo, tienen la palabra.

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