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¡La batalla del puente Duarte!

Written by Debate Plural
Tony Raful (Listin, 9-5-17)

 

En lo que puede denominarse en la  jerga o en el código militar como batalla entre dos fuerzas encontradas en el terreno de la lucha armada, pueden destacarse durante la revolución constitucionalista de abril de 1965, los combates ocurridos la tarde del 27 de abril en la cabeza occidental del puente Duarte. Algunos  oficiales que estuvieron bajo el mando del grupo golpista de la Base Aérea de San Isidro,  han llegado  a negar que ocurriera dicha batalla. Sin el menor asidero ni prueba convincente que pudiesen aportar, intentan rehuir su responsabilidad en los efectos y consecuencias de aquel violento enfrentamiento.

Durante todo el día 26 y  la mañana del 27 de abril, aviones de la Fuerza Aérea dominicana, estuvieron haciendo incursiones de ametrallamiento contra las posiciones constitucionalistas de manera sistemática.

La idea de ablandar o  disolver la resistencia del puente Duarte con los ataques de fuego  continuos, consistió  en preparar el terreno para la penetración de las columnas  militares del Centro de Enseñanza de la Fuerzas Armadas (CEFA), en horas de la tarde.   El primer teniente Rafael Martín Michel Peguero, estuvo al frente de una unidad  militar  integrada por alrededor de cincuenta soldados, que tenía la defensa del perímetro de la cabeza del puente Duarte, desde el mismo 25 de abril de 1965.

Esta unidad militar fue prácticamente aniquilada por los ametrallamientos aéreos, hasta tal grado, que ya, al mediodía del  martes 27 de abril, se había desmoronado la defensa organizada militar. Cientos de civiles perecieron durante las incursiones aéreas. Había una dispersión de las fuerzas constitucionalistas y el camino estaba  preparado para  que las tropas del CEFA entraran a la ciudad de Santo Domingo.

Precedidos de una hilera de tanques o tanquetas de guerra (alrededor de 16), con dos soldados en cada extremo de cada tanque, con la gorra militar virada, hacia atrás, entraron los efectivos mientras ocasionales disparos de resistencia dispersa se producían en el entorno. Llegaron  hasta la avenida Duarte  con la calle Teniente Amado García Guerrero, tomaron la Duarte hacia  arriba y retornaron  al entramado  de las calles José Martí y  Doctor Betances, intentado convertir la escuela pública Perú, que estaba en la misma  calle Amado García, como cuartel general de operaciones. Debido a la estrechez de las calles, los tanques de guerra se movilizaban con cierta dificultad.

Desde diferentes ángulos se iniciaron los ataques a los soldados del CEFA.  Bombas molotov empezaron a ser lanzadas contra los tanques, siendo incendiados  de inmediato e imposibilitando sus desplazamientos, lluvia de balas desde azoteas y callejones obstruían los movimientos militares, los constitucionalistas lograron dividir  los escuadrones militares creando el mayor desconcierto entre las filas de los soldados de San Isidro, varias bazucas lograron ser disparadas y destrozar varios tanques, una de ellas manipulada por el propio Montes Arache.  Gente  saliendo de todas partes, como insuflada de resortes morales y de furia desconocida, acosaron al contingente  militar, y en menos una hora y media, entre  cuatro y  cinco y treinta de la tarde, el escenario de la guerra era conmovedor. 14 tanques capturados, la mayoría incendiados,  cientos de muertos y heridos, y una verdadera estampida   de militares huyendo, unos hacia  la parte baja del puente Duarte intentando cruzar el rio Ozama a nado, y otros corriendo temerariamente hacia el puente Duarte. El  asesor militar del cuerpo de “Hombres ranas” de la Marina de Guerra, el italiano Illio Capocci, le pidió al legendario comandante, Manuel Ramón Montes Arache, que  tomaran a “San Isidro” de inmediato, aprovechando el pánico y la derrota  humillante sufrida. Montes Arache pospuso la acción para  coordinar las operaciones posteriormente.  En un seminario organizado por la Secretaría de las Fuerzas Armadas dominicanas, varios oficiales de “San Isidro”, que estuvieron ese  día allí, confesaron que si los constitucionalistas hubiesen llegado a San Isidro esa noche, hubiesen tomado la Base Aérea sin disparar un solo tiro. Lo que había allí era un sentimiento de derrota y vergüenza.

El propio ex -Embajador Bartlow Martin, en su libro “El destino dominicano”, revela que los oficiales norteamericanos que llegaron  el 28 de abril a la base de San Isidro, encontraron a  muchos oficiales llorando y dispuestos a  entregarse al sector constitucionalista, y a otros desertando.  Esto no puede ser desmentido sin faltar a la verdad. Además, si no se hubiese producido la batalla del puente Duarte y no hubiesen sido derrotadas las tropas del CEFA,  jamás habría ocurrido la injusta invasión militar unilateral del gobierno norteamericano.

La infame carta del coronel Pedro Bartolomé Benoit, pidiendo la invasión de Estados Unidos, es el documento probatorio histórico, de la apabullante derrota de la batalla del puente Duarte. Datos desclasificados del gobierno norteamericano confirman que dicha invasión a nuestra Patria se produjo luego de conocerse la victoria militar de los constitucionalistas, milagro impensable que trastornó a W. Tapley Bennett, arguyendo que la revolución había caído en manos  de los comunistas, ante el asilamiento del  presidente Molina Ureña y sus ministros, así como los principales líderes el PRD,  desconcertados por la negativa terca  del propio embajador norteamericano de acceder a buscar una mediación negociada al conflicto.

El sector de  “San Isidro”  no ganó una sola batalla en los enfrentamientos que tuvo con fuerzas constitucionalistas. La “operación limpieza” de la zona norte de la ciudad, sólo pudo realizarse con la complicidad y asesoramiento técnico y logístico de las tropas invasoras, impidiendo que el grueso de las fuerzas constitucionalistas  pudiesen cruzar el cordón de seguridad, ante el agotamiento de las municiones. Aún así, los combatientes impidieron durante  más de una semana que  los efectivos del CEFA, pudieran  avanzar  a todo lo largo del cementerio y calles aledañas de la avenida Máximo Gómez.

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