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Raíces, injertos y genética

Written by Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 22-7-16)

 

La ambrosia. Mucho hemos escuchado la palabra ambrosía. En poemas y prosas de amor los labios de la amada saben a ambrosía. La palabra deriva de la lengua griega antigua y significa, bebida de los inmortales. Pertenece la ambrosía a los alimentos llamados míticos, que en muchas religiones son las bebidas y comidas de los dioses.

Entre los dioses hindúes la amirta era la bebida que confería la inmortalidad. Se trataba de un hongo alucinante llamado Amirta Moscaria, el cual, como tantos otros hongos de este tipo, al ser ingerido propiciaba la entrada a mundos que los hindúes del pasado consideraban ligados a las cosas divinas.

La ambrosía, alimento mítico, debe su nombre muy posiblemente al ámbar gris, al que los pueblos orientales atribuían condiciones milagrosas. El ámbar funerario era usado para ofrenda de los difuntos, y debido a su color era emparentado con el hidromiel, bebida amarilla lograda a base de miel gruesa y agua que fermentada tenía el efecto de las bebidas espiritosas y embriagantes.

Según el libro del Éxodo, que narra la salida del pueblo judío de las tierras de Egipto, el llamado maná fue el alimento mítico que sirvió para que los israelitas atravesaran el desierto y las aguas del mar rojo hasta su llegada al río Jordán. El maná, caído del cielo, se molía y se horneaba, se comía con miel. Algunas se sus tortas se amasaban con aceite. La verdad es que el maná dejó de producirse cuando la crisis de la huída de Egipto desapareció.

El árbol llamado tamarisco, para muchos relacionable con el famoso maná judío, produce una cera dulce, una resina, que es común y se le llamaba maná celestial. Sin embargo, el tamarisco es abundante en azúcar y posee pocas proteínas, por lo que no podría ser alimento principal por largo tiempo de un grupo humano. Al parecer el maná llegó a existir y fue descrito en documentos como Ketuvim, un alimento del año 1050 antes de Cristo.

Licopersicone esculentum, es el nombre que el cultivador español ha dado a un fruto que es un hibrido de las plantas de tabaco y tomate. El tomate y el tabaco forman parte de la misma familia llamada solanácea, el fruto producido con el injerto es exhibido como una obra de arte de frutos no comestibles.

El uso del injerto está cada vez más extendido y los experimentos hechos por científicos y curiosos crecen y cada vez sorprenden. Los llamados tomaccos, los creó el aficionado Homer Simpson por medio de radiación en su huerto. Es una mezcla de planta de tabaco y tomate, que produce un fruto de sabor ligero, suave, refrescante, pero que provoca cierta adicción. El experimento fracasó porque los animales se hicieron adictos al llamado Laramie, tomate hibrido, y dañaban las cosechas.

Se conoce como Raphanobrassica la planta hibridada entre el rábano y la col o repollo. La primera de estas plantas fue obtenida por el cocinero ruso Georgi Karpanchenco, que esperaba conseguir con ella la nutritiva raíz del rábano con las sabrosas hojas de repollo o col. Karpachenco tenia objetivos sociales, pues intentaba producir una planta con dos usos. La planta no produjo los sabores originales y sin embargo siendo hibrida mantuvo sus características de reproducción.

Con los cítricos las mezclas e hibridaciones han sido abundantes. La llamada citrofortunella es una mezcla de cítrico con plantas del genero fortunilla, que producen frutos muy ácidos, naranjillas y limones de concentrada acidez que se usan ya en la industria. La fortunela se llama kumquat, y ha sido hibridada con lima, limón, la tangerina y otras plantas de similar genética, lográndose sabores muy eficaces en la creación de bebidas, siropes, dulces y conservantes.

Uno de los grandes negocios del plástico, la cerámica y las diversas lacas, es la concreción de los llamados alimentos ficticios. En las navidades y otras fiestas, manzanas, peras, naranjas y frutos que halagan el paladar son producidos industrialmente para decorar banquetes, mesas, su nombre industrial es el de alimentos ficticios, o réplicas alimentarias.

El uso de los genes en muchos alimentos acompaña el crecimiento, la maduración, la coloración y hasta el sabor de los mismos. La ingeniería genética ha logrado, para fines comerciales, detener, por ejemplo, la maduración del tomate. El objetivo es hacer plantas comestibles y de otra característica, más productivas y resistentes. Algunos están en contra del proceso, pero en términos generales cuando se puedan vencer los peligros, tendremos una más firme población de productos vegetales.

Un caso de floración precipitada por la biotecnología es el del naranjo chino, el cual tarda de 5 a 7 años en producir. En la actualidad cientÏficos chinos, conjutamente con investigadores españoles, donde la industria naranjera es fundamental, han logrado la floración de este tipo de naranja en solo un año.

Uno de los objetivos de los ingenieros genetistas es el logro de árboles de tamaño menor que produzcan lo mismo que sus similares de tamaño mayor, manteniendo las características originales de los frutos. Así con menor tamaño y menos fronda, la planta dirigirá sus esfuerzos genéticos hacia el fruto, haciéndolo más grande y rico. Las llamadas hormonas vegetales están llamadas a cambiar el sistema agrícola mundial.

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