Economia Nacionales

¿Se descascarará la pequeña burguesía dominicana?

Written by Debate Plural

Andrés L. Mateo (Hoy, 23-3-11)

 

La pequeña burguesía dominicana está en salmuera. Cada día retrocede sin remedio hacia la fosa sin fin de la proletarización. El ritmo es galopante y ello tiene consecuencias catastróficas en el orden social. El aumento de la corrupción, los niveles de criminalidad, el cinismo como un valor hegemónico en el orden social, la prostitución en la práctica política, la supremacía descarada de la concepción patrimonial del Estado en los partidos; todo ese tumultuoso mundo que se presenta ante nuestros ojos, tiene que ver con el fenómeno de una pequeña burguesía que se aferra a un clavo caliente y no cultiva más que  su propio jardín, como Panglos, el célebre personaje de Voltaire.

Juan Bosch dedicó toda una bibliografía al estudio de la pequeña burguesía, y previó que los juicios y las prácticas de los pequeños burgueses son paredes contra las cuales  hacen rebotar la pelota de su egoísmo, y que su verdadera naturaleza es proclive al dinero y a las vías de acceso del rango social. Un hombre como Juan Bosch, que no manejó el poder real sino en la brevísima circunstancia de los seis meses del año 1963, no es nada más que el proyecto que esculpió con su vida, no existe más que en la medida en que sus ideas encarnen en las prácticas de sus seguidores; pero como la naturaleza de clase de la pequeña burguesía se mueve a partir de sus intereses, él alertaba en sus estudios sobre el peligro de estas veleidades.

La pequeña burguesía es, sin embargo,  muchas cosas al mismo tiempo. Es canalla y heroica, puede ofrendar la vida por un ideal y ser mezquina al mismo tiempo, hace flamear principios sacrosantos en su discurso y puede ser traidora de sí misma sin inmutarse. En el  caso dominicano desempeña, además,  un papel de amortiguador social, surgido como parte de la estrategia de contrainsurgencia orquestada luego de la guerra de abril de 1965, y la aparición del capital financiero. No era pues el caso de que este particular interés de Juan Bosch por la pequeña burguesía encerrase solamente las concepciones exageradas de un hombre excepcional, sino que en su pensamiento se traducía lo que habría de venir, se configuraba la angustia de la que no se puede escapar, si al final de cuentas, en el partido que él estaba construyendo justamente con pequeños burgueses, terminaba imponiéndose el señorío ideológico de este grupo caracterizado por la necesidad afanosa de ascenso social y de riquezas.

Después de tres períodos de gobierno, y tras el enriquecimiento fabuloso de una pequeña tropilla del discipulado, sabemos que en cada uno de los escenarios  esa pequeña burguesía se jugaba su propio destino individual, respondiendo a una naturaleza de clase para sí que ve  el desarrollo social únicamente  a partir de su propio beneficio. Los sociólogos tendrán que estudiarlo, pero lo que se observa en este momento es que aquella pequeña burguesía surgida en la atmósfera de los años sesenta del siglo pasado se está desintegrando, y recula cada vez que el galón de gasolina aumenta, cada vez que los impuestos disminuyen su poder adquisitivo, en el mismo instante en que la voracidad fiscal le sustrae su capacidad de sustituir sus bienes de consumo, y al segundo  de que la corrupción desvencija el sueño de equidad social que albergamos.

La pequeña burguesía dominicana se está descascarando, en la misma medida en que esa pequeña burguesía que disfruta del poder se ha ido enriqueciendo. No estoy hablando de un problema teórico. Ese papel de amortiguador  de un segmento tan activo de la vida social como lo es la pequeña burguesía, no puede desaparecer o reducirse sin consecuencias previsibles. Y todo parece indicar que se descascarará. Bosch cinceló el perfil escurridizo del pequeño burgués, e insistía como si su obstinación fuera un loco viaje a su propia imaginación. Pero la realidad ha resultado superior.

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