Nacionales Politica

Bosch y el Juego Geopolítico

Written by Debate Plural

José del Castillo (D. Libre, 12-10-13) 

 

En un escenario local fragmentado y minado por conflictos, Bosch identificó a la administración Kennedy como su aliado principal, asumiendo que el éxito del experimento dominicano de reformas democráticas, como efecto demostración alternativo a la Revolución Cubana, era un objetivo de alto interés para su política hacia la región. Que entonces impulsaba la Alianza para el Progreso dirigida por Teodoro Moscoso -miembro del grupo del gobernador Muñoz Marín, un viejo socio en la lucha contra Trujillo, cuyo PPD integraba la izquierda democrática de Figueres y Betancourt a la que Bosch pertenecía. Ellos tres, junto al ex presidente Lleras Camargo de Colombia, formaban un círculo que JFK consultaba en la formulación de su política latinoamericana. En adición a su propio staff, en el que figuraba otro PPD como subsecretario adjunto para asuntos interamericanos, Arturo Morales Carrión -un grato amigo historiador y educador a quien conocí en los 70’s en The Wilson Center bajo la administración Carter, que jugó un rol destacado en la transición dominicana ensamblando el Consejo de Estado.

En el país Bosch no contaba con soporte significativo entre los factores claves de poder (empresarios, hacendados, iglesia, militares, medios de comunicación, élite del Consejo de Estado), como se evidenciaría durante sus siete meses. En el emergente sindicalismo, la influencia del PRD se reducía a Foupsa-Cesitrado, debilitada por el dinamismo de la socialcristiana CASC y la CONATRAL apoyada por la embajada Americana, más el peso de la izquierda en algunos sindicatos (SITRACODE, POASI) y en FENEPIA. Ningún respaldo entre los partidos que perdieron los comicios, a los que ofreció puestos, rechazados, en el gabinete (Jimenes Grullón, de ASD, Moreno Martínez, del PRSC). Hasta su aliada Vanguardia Revolucionaria de Horacio J. Ornes, decidió quedarse fuera. La izquierda (14 de Junio, MPD, PSP y PNR), que llamó a no votar porque «Viriato representaba a la reacción y Bosch al imperialismo», jugaba sus propias cartas pensando en la revolución, con Cuba como espejo.

Bajo una lógica que reconocía el papel gravitante del factor geopolítico y la necesidad de obtener financiamiento y cooperación técnica internacional, Bosch emprendió viaje el 29 de diciembre del 62 hacia EE.UU., nueve días después de las elecciones. Con traje de vendedor, inició en enero del 63 un programa intensivo de encuentros. Sostuvo una fructífera reunión con J.F. Kennedy el 10 de enero, logrando apoyo para rescindir un contrato concertado por el Consejo de Estado con la Standard Oil para una refinería. Discutió planes económicos y la ayuda de la Alianza, el destino de los ingenios y otros bienes de los Trujillo, el tema militar y policial, un proyecto de complejo petroquímico en Barahona con la corporación Meissner de Chicago, para explotar caliza, yeso y sal. El sensitivo asunto de Cuba, a cuatro años del triunfo de Fidel Castro y a dos meses de la crisis de los misiles soviéticos de octubre del 62.

Explicó a JFK que quería complementar el apoyo técnico y financiero de la Alianza y AID con inversión extranjera directa para mega proyectos. Se reunió con el secretario de Estado Dean Rusk, el procurador Robert Kennedy, jueces de la Suprema, el director del Cuerpo de Paz Sargent Shriver -cuñado de Kennedy que luego visitó el país. Tuvo encuentros con el Eximbank, el Banco Mundial y el BID. En Washington y New York conversó con ejecutivos corporativos y empresarios, motivándolos a invertir en energía e industrias, y a la Pan American Airways en turismo. Acompañado por Diego Bordas, próximo ministro de industria y comercio, y su asistente Pedro Juan Laboy, pariente de Luis Laboy, secretario personal de Muñoz Marín, en NYC se le unió el legendario Amadeo Barletta -concesionario de General Motors en Santo Domingo y en La Habana, dueño del diario El Mundo y de Telemundo- , el magnate azucarero cubano Julio Lobo, entre otros.

De ahí partió en vapor al Viejo Mundo, agotando un periplo que lo llevó a Suiza, Francia, Alemania e Inglaterra, recibido por los líderes de Europa occidental. En Suiza concertó financiamiento por US$150 millones con el consorcio Overseas Industrial Construction Ltd., vinculado a General Electric de Inglaterra. Para construir las presas hidroeléctricas de Valdesia y Tavera -con sus obras colaterales de riego y transmisión-, el acueducto de la capital, un nuevo muelle y planta de generación en Puerto Plata, que sería puerto libre. Con el primer ministro conservador Harold Mcmillan negoció la conversión de Samaná en zona libre para la inversión británica. El presidente De Gaulle y el ministro de finanzas Giscard d’Estaing le aseguraron su cooperación. En Alemania fue recibido por el presidente Lubke, el canciller Adenauer y el ministro de economía Erhard, de la democracia cristiana.

Tras este periplo que lo vinculó a los líderes del Primer Mundo, Bosch regresó el 18 de febrero y tomó posesión el 27. Enfocó su gestión a realizar la reforma agraria con tierras ya captadas por el Estado -el Consejo creó la Secretaría de Recuperación de Bienes para controlar el patrimonio confiscado a la familia Trujillo-, recibidas en donación y a ser compradas. El Central Romana, que entró en conflicto por la ley de precio tope, donó 53 mil tareas. El presidente hablaba por TV semanalmente alentando una mística a favor de la RA. Con unos 22 millones retenidos por EE.UU. por las sanciones a Trujillo, se daría créditos a pequeños y medianos agricultores, se fomentaría cooperativas e invertiría en caminos vecinales, acueductos rurales, bacheo de calles, a fin de crear empleos.

En salud se llevarían campañas de vacunación y atención preventiva, a cargo del Dr. Samuel Mendoza, un médico exiliado que venía del departamento de salud de Puerto Rico. En educación, formación de maestros y plan de alfabetización con radios portátiles. Con el dinero de la ley de precio tope del azúcar, se levantarían las «villas de la libertad» en los ingenios, suplantando los bateyes inhóspitos que tan mala fama todavía nos agencian a nivel internacional -último episodio la misión de inspección del Departamento del Trabajo de EE.UU., a instancias del padre Christopher Hartley, bajo los términos del DR-CAFTA en materia de normas laborales.

John Bartlow Martin, embajador de JFK en el país, al cumplirse los primeros dos meses de la gestión de Bosch, reportó a su gobierno un balance evaluativo analizando las razones que llevaron al presidente dominicano a concertar el financiamiento con la Overseas, criticado ácidamente por los líderes de la oposición -entre los que destacó Jimenes Grullón- y por medios de prensa de Estados Unidos. Resaltaba Martin que a pesar de la elevada tasa de interés, Bosch necesitaba recursos urgentes para emprender las obras que se proponía realizar y mover la economía. Algo que ni la Alianza ni AID podían proporcionarle, atadas ambas a engorrosos protocolos que hacían sumamente lentos los procedimientos de financiamiento, sumado a las limitaciones en cuanto a los programas mismos a ser cubiertos. Martin, quien compartía este enfoque, llegó a solicitar con vehemencia una excepción mundial con el país para agilizar los desembolsos, saltándose trabas burocráticas. Agregando que con la Overseas Bosch buscaba también resaltar su independencia respecto a EE.UU.

Algo que se mantuvo como una constante en su administración, renuente a manejarse como una marioneta de los intereses geoestratégicos de EE.UU. en la región. Así se evidenció en la resistencia que Bosch opuso al insistente embajador -«procónsul del Imperio» le llamó Jimenes Grullón en una obra destinada a refutar otra de Martin-, quien le reiteraba en sus visitas la necesidad de suprimir garantías consagradas en la Constitución que amparaban derechos políticos, de asociación de los ciudadanos, libertades de tránsito, expresión y difusión del pensamiento. Todo ello orientado a evitar la inminencia de «una segunda Cuba» o un «golpe comunista». Las charlas de Manolo Tavárez en los locales de los ayuntamientos, la circulación de periódicos de izquierda, los viajes a Cuba, el funcionamiento del Instituto de Ciencias Sociales y Planificación Económica que dirigía el profesor Dato Pagán, que Martin calificaba como «la maldita Escuela de comunismo».

Asimismo figura la negativa de Bosch a permitir el uso del territorio dominicano como plataforma de entrenamiento de fuerzas anticastristas y como punto de salida para incursiones armadas hacia la isla. Tal como le fuera solicitado por destacados líderes del exilio cubano, con algunos de los cuales tenía deudas de gratitud por el apoyo solidario que le fuera dado en su propio exilio antitrujillista, como reportan informes del FBI y de la CIA ahora desclasificados. En todos los casos, Bosch invocó la necesidad de mantener a al país al margen de este tipo de contingencia, dada la proximidad de ambas Antillas. Una actitud que le granjeó malquerencia entre los grupos más radicales del exilio, algunos de los cuales se sumaron a las acusaciones de pro comunismo o de tolerancia ante los comunistas.

Otra señal equidistancia relativa en materia de política exterior, en un contexto de tensiones polarizadas y quemantes en la región del Caribe, en medio de embates de grupos armados de izquierda contra el gobierno democrático de Rómulo Betancourt -tomado como modelo por Martin para que Bosch definiera una política anticomunista fuerte-, fue la visita oficial que realizó el presidente dominicano a México, en la víspera de su derrocamiento. Invitado por el presidente Adolfo López Mateo, el programa estuvo cargado de simbolismo e identificación de propósitos. México y su revolución institucionalizada fue uno de los referentes fundamentales de los líderes de la izquierda democrática latinoamericana. Y Bosch era uno de ellos. Horas antes del golpe, fue a una recepción ofrecida al almirante Ferral de la armada americana, mientras el ballet folclórico de México actuaba en el club naval de Sans Soucí.

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