Nacionales Sociedad

178 aniversario de la fundación de la Sociedad Secreta La Trinitaria

Written by Debate Plural

Cesar A. Rosario (El Universitario,  junio 2016)

 

Las garras políticas del colonialismo haitiano en la parte Este de la isla La Española encontraron serios desafíos que culminaron en una guerra fratricida que logró dar un nuevo giro al poder político imperante, al doblegar la voluntad del dominio que durante veintidos años laceraba los derechos civiles y políticos comunes de los ciudadanos y sepultaba el derecho inherente del ejercicio de la soberanía. Para modifi car el autoritario régimen opresor se emplearon mecanismos ideológicos de subversión implementados a través del órgano de dirección, que creó las condiciones y las unidades humanas para disolver el sistema político dependiente y componer un espacio político democrático donde el gobierno pudiera ejercer sus funciones soberanamente, sin limitaciones y sin intromisión extraña.

Como paradigma, el libertador Juan Pablo Duarte asimiló el Romanticismo, movimiento cultural europeo de la primera mitad del siglo XIX, que transformó las costumbres a través de grandes aportes a la ciencia, las artes y la fi losofía. Esa tendencia ideológica enarbolaba la bandera del nacionalismo y los derechos inherentes de los ciudadanos a regir sus propios destinos, contra las imposiciones, la dominación y el terror imperial. Esa doctrina de inclinación por la voluntad del bien común fue valorada en su dimensión por el rebelde patriota dominicano, marcando en su pensamiento el idealismo político revolucionario que luego introdujo a su patria enajenada para impulsar sus sueños de liberación. Sus ansias emancipadoras lo estimularon a recoger con receptividad los cambios que generaron las luchas de las naciones europeas que manifestaron su oposición a la opresión e hicieron variar el panorama político para fortalecer las instituciones estatales en favor de la mayoría.

El radicalismo de los pueblos europeos por no dejarse oprimir es el modelo ejemplar de referencia política con el que se educó el fi lántropo independentista, pues el pensamiento romántico de confraternidad y libertad invitaba a las naciones dependientes a la agitación popular para desmontar el esquema sumiso de arbitrariedad que imponían las potencias más poderosas. Es ese prontuario testimonial de escenas políticas de subversión el que con visión liberadora trae a su patria amada el ilustrado inspirador del fuero dominicano.

Prudentemente, las ideas adquiridas de los escenarios polí- ticos occidentales y el impregnado nacionalismo radical que caracterizó al progenitor y celoso protector de su terruño, sin escatimar esfuerzos, fueron puestas al servicio de una causa común, la independencia de su patria, a la que dedicó su existencia, su fortaleza, sus recursos y su corazón. Tales sacrifi cios merecen ser ponderados con entusiasmo y con vigor. Convencido de su acérrimo abolicionismo de los pueblos mancillados por las huestes extranjeras, incorporó a sus propósitos los ideales de una plé- yade de sus coetáneos, con la que fundó el movimiento democrático separatista conocido como Sociedad Secreta La Trinitaria, órgano de liberación que encendió la chispa de la fragua revolucionaria redentora, y sobre el cual descansaron las directrices políticas, estratégicas y militares que lograron inculcar en el seno del pueblo la necesidad de organizar un país soberano e independiente, donde la toma de decisiones no estuvieran vinculadas a la merced y el criterio de los extraños.

El laureado precursor de la dominicanidad fue capaz de aglutinar la diversidad del pensamiento urbano de la clase media, a la que logró inculcarle un conjunto de ideas transformadoras que fortalecieron los vínculos de su proyecto político liberal para cristalizar las aspiraciones comunes del acontecimiento de mayor trascendencia de la historiografía dominicana que marca el inicio de la historia republicana, la Independencia Nacional.

La libre determinación por la libertad era su legado. Para ello, emprendió la titánica labor de reunir prosélitos que se sumaran al equipo que empuñó entre sus manos y su conciencia levantar con honor el pabellón tricolor, como garantía de una “nación libre, soberana e independiente de cualquier tipo de protectorado, intervención o infl uencia extranjera, aunque se hundiera la isla.”

La Trinitaria, ejército de notables patriotas emancipadores, tenía la noble tarea de esparcirse de en toda la geografía de la isla para persuadir con ánimo los adeptos que debían sumarse con fi rmeza a las acciones que buscaban concretar las aspiraciones libertadoras, las cuales se fundamentaron en despojar el mandato vejatorio de la administración política haitiana en la parte Este de la isla.

Apéndice a la labor consagrada del movimiento liberador jurado ante el Altísimo Omnipotente y a la conciencia y la moral de sus miembros, fue organizada la entidad cultural la Filantrópica, cuyo propósito era la difusión de las ideas patrióticas y la exaltación de los principios de libertad, mediante los cuales se promovieron escenas representadas por obras teatrales para atraer al público a presenciar los libretos de personajes cargados sutilmente de sentimientos liberales con los que interpretaban e imprimían en el ánimo de la gente el compromiso de deponer el esquema sumiso de dominación y ultraje que padecía el lado oriental de la isla.

El teatro constituyó el medio ideológico más idóneo de promoción de las ideas de separación propuestas por el nú- cleo político- militar que vendió a precio de sacrifi cio material y espiritual la independencia de la nación dominicana.

Hacer colapsar la administración traidora y parricida del colonialismo haitiano que se añejaba hegemónicamente por más de dos décadas de tropiezos conminó a los patriotas duartianos a introducir comentarios subversivos en los contenidos de sus obras de teatro, para convencer a los conciudadanos las razones de autonomía del pueblo dominicano.

Causó impacto de coraje y fervor patriótico la conformación accesoria de la sociedad La Dramática, en la que los trinitarios ejercieron el papel de actores de los guiones preparados para difundir los ideales de liberación e irritar con sus enseñanzas la población, para levantar el sentimiento nacionalista del pueblo contra la ignominiosa dominación haitiana.

Los jóvenes trinitarios ejercieron su práctica redentora en momentos políticos de horribles incertidumbres, donde las actuaciones de subversión requerían sigilosamente actuar sin calentura emocional y con pies de plomo, en el entendido de que para las autoridades haitianas era una afrenta cualquier tipo de reclamo que pretendiera socavar el esquema político de dominación colonial que mantenían los haitianos en el lado Este de la isla de Santo Domingo, otrora colonia española y espacio natal de los patricios.

Los próceres de febrero incidían sobre su accionar político en franca clandestinidad, debido a la permanente persecución y asedio de las autoridades haitianas, que no vacilaban en reprimir cualquier evento que entendieran lesivo o que pudiera quebrantar el poder dominante que habían instaurado en el suelo quisqueyano del siglo XIX. A pesar tantas humillaciones, la patria quedó sellada de gloria con el papel desempeñado por los trinitarios… Cientos setenta y ocho años después, la sedición patriótica vale la pena.

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