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Inicia el populismo de Joaquín Balaguer

Written by Debate Plural

Angela Peña (Hoy, 25-7-11) 

 

A casi un mes del tiranicidio, funcionarios y pueblo seguían leales al recuerdo del dictador, excepto Joaquín Balaguer que aunque asistía aparentemente devoto a  misas y ofrendas, se empeñaba más en preparar su futura base política disponiendo esta semana del 19 al 25 de junio medidas “populistas” que fueron recibidas con  regocijo por la ingenua ciudadanía.

Evidentemente, el Presidente heredero de Trujillo no abandonaba su papel de cortesano frente a los parientes de su “Ilustre Maestro”. Así lo demostró en carta que envió a Ramfis, Angelita y Rhadamés, hijos del sátrapa, respondiendo la misiva de estos del 23 pidiendo que sus nombres dados a puentes, autopistas, avenidas, fueran sustituidos por los de figuras “y acontecimientos de relieve de la historia nacional”, en una fingida postura desinteresada que también elogiaron en editoriales y artículos la prensa y otros aún serviles trujillistas.

“Es un gesto que enaltece la virtud de la cual ustedes han dado notaciones en diversas oportunidades, el desprendimiento cívico… Esa determinación tiene la trascendencia de una actitud solemne para rendir un tributo de acendrada espiritualidad a la memoria del Prócer Inolvidable, cuyo nombre está grabado para siempre en el alma nacional”, contestó Balaguer.

Por otro lado dio paso a una retahíla de rebajas en los precios del arroz, la leche, gasolina, azúcar, servicios de agua y recogida de basura. Ya la semana anterior había bajado el valor de las matrículas de vehículos y ahora también concedía una gracia a los usuarios atrasados del Ayuntamiento.

Pedro A. Cambiaso Lluberes, síndico del Distrito Nacional; Benjamín Uribe Macías, secretario  de la Presidencia, y otros funcionarios, se cuidaban al declarar que eran decisiones del Superior Gobierno en interés de favorecer a las clases media, humilde y a las masas trabajadoras. Los periodistas respaldaban al mandatario entrevistando amas de casa, pulperos, detallistas, ganaderos, cosecheros, mayoristas. “La alegría que vive en estos días el conglomerado con las reformas a tarifas de artículos de primera necesidad aumentó ayer con la rebaja hecha al precio de la leche pasteurizada y homogenizada”, publicó M.M. Pouerié Cordero el 25.

El precio se redujo a trece centavos la botella, en vez de 16 y 17,  como se vendía a domicilio. En la planta de la Industrial Lechera costaba sólo 12 cheles. El azúcar bajó a seis y ocho centavos la libra, parda y refinada, respectivamente. El arroz había sido rebajado el 21 a diez centavos el corriente,  antes entre 13 y 14, y el tipo “de primera”, que estaba a 15 y 17, lo pusieron a 12 para que beneficiara al pueblo “sin perjudicar cosecheros”-

Oficiales de Rentas Internas fueron instruidos para que procedieran “enérgicamente” contra cualquier industrial o comerciante deshonesto” que especulara con las tarifas, decían.

La Nación y El Caribe felicitaron a Balaguer por proteger de esta manera “el interés público” y evitar la inflación y el manejo inescrupuloso en el expendio. George Lockward exaltaba al gobernante cada vez que se producía una rebaja pero con la del arroz fue más fervoroso pues el consumo era tan generalizado en el país, según él, que cuando faltaba en la mesa el pueblo preguntaba: “¿Dónde está la comida?”.

Balaguer sacó en cara a los votantes esta resolución cuando en  la campaña para las elecciones de 1966 usó como eslogan de su candidatura la pregunta: “¿Quién te rebajó el arroz?”.

Intelectuales y legisladores. Comenzando por los miembros de la Academia Dominicana de la Historia que  repudiaron “el alevoso atentado criminal” de que fue víctima su “egregio fundador”, otros intelectuales se sumaron al desfile de los que condenaron el hecho, y los legisladores llegaron a proponer que el 30 de mayo fuese declarado Día de Duelo Nacional. El diputado José Israel Santos Troncoso presentó la moción opinando que la familia dominicana vestiría eternamente de negro crespón. El presidente de la Cámara, José Ramón Rodríguez, designó a Carlos Goico Morales, Digno Sánchez, Federico Max Smester, Domingo Toca Hernández, M. Estrada Medina y Armando Mieses Burgos a estudiar la propuesta que  se aprobó pero no  materializó porque en 1962  el país estaba casi totalmente destrujillizado.

Por su lado, historiadores emitían una  comunicación resaltando la  protección de Trujillo a la Academia y  que él “fue el pródigo Mecenas del buen libro dominicano, y muy especialmente de la investigación histórica”. Anunciaban actividades por el eterno descanso de su alma y para honrar su memoria. Firmaban J. Marino Incháustegui, presidente; Rafael Molina Morillo, secretario; César A. Herrera, bibliotecario; Federico C. Álvarez, José Antonio Hungría, Carlos Rafael Goico, Armando Oscar Pacheco, Sócrates Nolasco, Francisco Prats Ramírez, L. Enrique Franco, Hipólito Herrera Billini.

 Escribieron sentidas glosas por “El Jefe ido”, Altagracia Pérez Peña: “Trujillo, carne de prócer, ha muerto, inútil y lamentablemente…”; José Enrique Aybar: “Sobre el mármol de su tumba podría escribirse este epitafio: “¡Redentor y Maestro! Ni pudo aspirar a más ni conformarse con menos…”; Milcíades Jiménez Castro: “Malignos sentimientos salpicados de sangre y de traición sepultaron al héroe y le cerraron los ojos para siempre. Quien podía imaginarse que ellos, los protegidos, tenían un corazón tan negro…”; Rogelio Vázquez: “Víctima de un traidor y macabro atentado, cayó gloriosamente y con valentía bajo el fuego devorador de las balas disparadas…” y así, muchos.

Monseñor Panal y el general Andrews. Ramfis condecoró a Zacarías de la Cruz con estas palabras: “La lealtad es la más firme manifestación del honor”, y constituyó gran novedad el anuncio del 21 de que lo que había sido el aeropuerto “General Andrews” sería urbanizado de inmediato con un gigantesco parque, erección de barrios residenciales con solares que se venderían a cuatro y cinco pesos el metro cuadrado, ampliación de la calle Barahona. Sería el gran pulmón de la ciudad que uniría el centro con la autopista Duarte, con fuentes, avenidas para peatones, sitios de recreo para niños, bibliotecas y un teatro griego al aire libre. El proyecto, parte de lo que queda del Centro Olímpico y de Miraflores, era entonces “una isla”. Había sido construido en 1944 y bautizado así en homenaje a Frank Maxwell Andrews,  norteamericano que murió accidentalmente siendo jefe de las fuerzas aéreas de Estados Unidos destacadas en Europa.

Causó sorpresa una confesión de monseñor Francisco Panal tan atacado y perseguido en la agonía del régimen, asociándose con sus fieles y clero “al inmenso dolor que siente la nación por la muerte del Padre de la Patria Nueva”. Llamó a Trujillo “ilustre fenecido”, “insigne bienhechor de la Iglesia” y expresaba su aprecio, estima y admiración altísima “por el amigo ido” haciendo votos porque muy pronto se restablecieran en todo su vigor, brillo y lozanía, las mejores joyas que hermosearon en un tiempo feliz “su regia corona de estadista y gobernante cristiano”… opacada “por la insidia y perfidia de sus enemigos que Dios perdone”.

La Iglesia, Balaguer, los Trujillo volvían a sus paños y manteles. Para que no quedara duda fueron todos al templo de San Cristóbal a renovar el cariño al “Benefactor” colocando en la  cripta donde descansaban sus restos la Virgen de La Altagracia que el Perínclito veneraba en la Estancia Rhadamés y a la que encendía diariamente un velón.

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