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La población aborigen y los orígenes violentos del cruce racial (II)

Written by Debate Plural

Franklyn J. Franco (D. Libre, 27-8-12) 

 

El cruzamiento o mestizaje en La Española en principio tomó una sola dirección: el cruzamiento del varón peninsular con hembra aborigen, por la casi total ausencia de mujeres europeas. Además fue originalmente el fruto de la violencia, es decir, de situaciones forzadas por los delincuentes convertidos en expedicionarios; de la unión ocasional o fortuita por el pleno placer o también de la dependencia que originaba el ambiente de sometimiento de la población aborigen, lo que no excluía el miedo y el terror que creaba la situación de esclavitud que comenzaron a padecer los indios.

Esa violencia sexual se inició con el primer viaje de Colón, e incluso, tiene fecha. El 16 de enero de 1593 el Almirante decidió su retorno a España para informar a los monarcas de sus experiencias, dejando en el Fuerte de La Navidad que construyó con los restos de una de sus naves, un nutrido grupo de 39 expedicionarios. En ese mismo momento se inauguró el largo y terrible ciclo de la violencia sexual contra las hembras aborígenes.

Señala Las Casas que «luego que el Almirante se partió dellos, comenzaron entre sí a reñir a tener pendencias, y acuchillarse, y tomar cada uno de las mujeres que quería y el oro que podía haber, y apartarse unos de otros, y que Pedro Gutiérrez y Escobedo mataron a un Jácome, y aquellos, con otros nueve, se habían ido con las mujeres que habían tomado y su hato, a la tierra de un señor que se llamaba Caonabo, que señoreaba las minas (y creo que está corrupta la letra, que había de decir Caonabo, señor y Rey muy esforzado de la Maguana, de quien hay bien que decir abajo), el cual los mato a todos diez u once…».

La información sobre tales hechos no solo provienen de Las Casas. También Oviedo refiere que los españoles de La Navidad habían sido muertos porque «les tomaban las mujeres e usaban dellas a su voluntad».

Los abusos contra las mujeres aborígenes fueron tantos que venciendo la censura de los funcionarios coloniales cómplices, cruzaron los mares y llegaron a conocimiento de la corona. En un documento de aquellos momentos, alarmado por la situación creada por esa conducta aborrecible aún en esa época, el rey escribió a las autoridades coloniales: «Somos informados que algunos cristianos de las dichas islas, especialmente de La Española, tienen tomados sus mujeres e hijos…» y más adelante ordena: «Que evitara que los españoles tomasen a las mujeres indias porque soy informado que una de las cosas que más ha alterado la isla Española y que más ha enemistado con los cristianos ha sido tomarle sus mujeres». En verdad la conducta de muchos de estos inmigrantes alcanzaba la bestialidad. Uno de tales, según documento de la época, que no fue caso único, después de apalear a un indio «lo ató a un palo y trajo a su mujer y en su presencia se acostó con ella».

Es harto conocido que tanto en las islas como en tierra firme, en muchos casos, las mujeres indias accedían a tener relaciones sexuales con españoles con la esperanza de mejorar las terribles condiciones de trabajo que padecían, o para tratar de salvar del ambiente de martirio en que vivían hijos, maridos o familiares cercanos. En consecuencia, el mestizaje en principio fue el fruto de una desgraciada situación de envilecimiento de la dignidad de la mujer aborigen. Condición que en La Española solo pudo superar la total desaparición de la etnia taína.

De ahí las escasas uniones formales matrimoniales entre varones europeos y mujeres aborígenes. Contra el matrimonio mixto de español con india conspiraban además las arraigadas concepciones hispánicas sobre la «pureza de la raza» y las leyes canónicas que consideraban las diferencias religiosas como obstáculo. Por ello solo varones españoles de muy baja condición social contraían matrimonio con indias, a pesar de que desde septiembre de 1514 se legalizó la unión entre españoles e indios. Lo común era el amancebamiento y la utilización ocasional de la hembra como hemos dicho por la violencia y otros abusos y excesos como el que exhibían muchos funcionarios de la colonia que mantenían dos y más indias en supuestos «quehaceres domésticos» en sus hogares. Un caso escandaloso fue el del tesorero de la isla, don Miguel de Pasamonte, denunciado por Las Casas en 1516, por tener «en su casa ocho o diez mozas por mancebas públicas» . A La Española fueron enviadas también esclavas blancas para evitar uniones matrimoniales con las indias, «gente tan apartada de razón». Agreguemos también las directrices trazadas por la corona a fin de que los españoles al momento de la unión matrimonial prefirieran desposar a las hijas de los caciques para así influir más fácilmente en la dominación de las tribus y los grupos relacionados. Subrayamos que el mestizaje se consolidó y amplió después de superada la fase de la violencia sexual generalizada que acompañó a la conquista y los primeros años de la colonización, pero en el marco del amancebamiento, es decir, la barragania, fórmula tradicional tolerada en España desde las Siete Partidas, famosa codificación castellana del siglo XIII.

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