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Precauciones sobre salud pública: la peste blanca y Haití

Written by Debate Plural

Dr. Pedro Mendoza (D. Libre 22-10-16)

 

Las enfermedades infecciosas han atacado a las poblaciones humanas desde la aparición del hombre sobre el planeta, aunque fuera a partir del 1880 cuando el científico Luis Pasteur descubrió que otras causas de enfermedad y muerte eran, además de las degenerativas y hereditarias, las infecciones provocadas por bacterias.

La República Dominicana, cuenta desde hace mucho tiempo con uno de los mejores programas de prevención, tratamiento y seguimiento de una de las enfermedades infecciosas que como epidemia ningún país del mundo ha podido eliminar totalmente: la Tuberculosis. Después de la epidemia de peste bubónica que mató a la tercera parte de la población de Europa un siglo antes de finalizar la Edad Media y que por su alta letalidad fue bautizada con el nombre de “peste negra”, a la tuberculosis, tras haber experimentado un explosivo incremento en la incidencia de nuevos casos a partir del inicio de la epidemia mundial del Sida en 1981, se le empezó a llamar la “peste blanca”.

La tuberculosis es la enfermedad infecciosa crónica, pero evitable, más frecuente en el mundo, al extremo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba hacia el 2005 que había 1,860 millones de personas, es decir, el 32% de la población mundial, padeciendo de tuberculosis. Según la OMS, a pesar de que el número de casos de esta infección ha disminuido en la RD, porque del quinto puesto que ocupábamos en frecuencia en Latinoamérica y el Caribe en 1990, ascendimos al puesto seis, sin embargo, el hecho de que Haití y Venezuela todavía tengan una incidencia y prevalencia más altas que nosotros es muy preocupante porque, precisamente, son de esos dos países de donde proceden más ciudadanos legal e ilegalmente hacia nuestro país sobre los cuales no existe un control sanitario efectivo.

En el 2014, la OMS dijo que nuestro país tenía una prevalencia de casos de tuberculosis de 74/100,000 habitantes y una incidencia de 57/100,000. Pero mientras los dominicanos tenemos una tasa de mortalidad por dicha enfermedad de 2/100,000 habitantes, los haitianos residentes en nuestro país que padecen tuberculosis tienen una tasa de mortalidad varias veces más alta porque va del 5% al 8% y entre el 14 y 21% de esos enfermos abandonan el tratamiento a pesar de que nuestro Gobierno cubre gratuitamente el tratamiento completo tanto a nativos como a extranjeros independientemente de su estatus migratorio. Y quienes abandonan el tratamiento se convierten, generalmente, en enfermos resistentes a los medicamentos antituberculosos y eso significa que todos esos enfermos seguirán contagiando a personas sanas ya que el bacilo tuberculoso sale del pulmón del enfermo cuando éste tose, estornuda, canta o habla y como es tan liviano queda suspendido en el aire por largo rato. Mientras más cercano está usted conversando frente al enfermo, mientras más veces conversa usted con él y más cerrado sea el lugar donde se permanece junto al enfermo, mayor será el riesgo de contagio. Por eso se dice que mientras la pelota es un juego de pulgadas, la tuberculosis es una enfermedad de centímetros.

Cerca del 90% de los que contraen tuberculosis tiene síntomas parecidos: fiebre, pérdida del apetito y de peso, tos, sudoración nocturna y desgano, síntomas que aparecen entre las seis y 10 semanas después de exponerse al contagio. Sin embargo, las personas malnutridas, los bebedores, diabéticos, drogadictos, los presos, la gente que vive y duerme en hacinamiento con poca higiene, los que viven y duermen en la calle, los que cambian frecuentemente de pareja sexual, los que se dedican a la prostitución femenina y masculina, los migrantes ignorantes y pobres, los mendigos y los que viven en cuarterías, están en la mirilla de la enfermedad. Claro, también pueden contraer tuberculosis personas refinadas y adineradas si se expone a ella.

Con lo sucedido en Haití recientemente, sus calamidades aumentarán y, por supuesto, decenas de miles de haitianos intentarán cruzar la frontera. Por eso, nuestras autoridades sanitarias deben extremar los controles sanitarios a fin de impedir que miles de enfermos con tuberculosis en su etapa de mayor contagio o que abandonaron el tratamiento antes de la cura total, lleguen a RD. Si tal cosa ocurre, lo que hemos ganado en el control y disminución de la incidencia de la enfermedad en base a un titánico esfuerzo de nuestro país y a un alto costo, se perdería en pocos meses. Y eso, sería trágico.

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