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Crisis migratoria: búsqueda de la bandera norteamericana que hoy es el paraíso perdido para América Latina

Written by Debate Plural
Migrantes cubanos

Migrantes cubanos

A continuación Debateplural.com, comparte con los lectores el artículo de Natasha  Vásquez, titulado «Crisis migratoria», publicado en el portal Sputniknews.com, en fecha 20 de noviembre 2015.

Paradójicamente en los últimos meses han crecido las cifras de aquellos cubanos que se aventuran por cualquier vía a buscar el “sueño americano”, pues creen que podrían desaparecer los privilegios que durante décadas les ha ofrecido la Ley de Ajuste Cubano. 

En un dramático capítulo de esta historia, unos dos mil ciudadanos cubanos, incluyendo niños, mujeres y ancianos, arribaron recientemente a Costa Rica desde otros países de la región con la intención de continuar viaje rumbo norte.

Tras el desmantelamiento de una red de tráfico de personas, quedaron atascados en ese país.

Al intentar pasar la frontera con Nicaragua, fueron repelidos violentamente por las fuerzas del ejército nicaraguense, en un incidente que según informaciones extraoficiales, provocó heridos y hasta algún fallecido.

Esta situación se ha convertido en un nuevo conflicto diplomático entre ambos países centroamericanos, que se acusan mutuamente.

Nicaragua siente violada su soberanía mientras los ticos tratan de quitarse el problema de encima argumentando razones humanitarias, que no esgrimen con ningún otro grupo de posibles migrantes.

Nicaragua siente violada su soberanía mientras los ticos tratan de quitarse el problema de encima argumentando razones humanitarias, que no esgrimen con ningún otro grupo de posibles migrantes.

De momento, las soluciones satisfactorias no están a la vista, y siguen los cubanos durmiendo en improvisados albergues cerca de la frontera, pero en su mayoría sin querer valorar la opción de regresar a su país.

Lo peor es que esta situación forma parte de un fenómeno mayor. El gobierno de Costa Rica asegura que, cada día, unos 200 cubanos intentan ingresar a su territorio, procedentes en su mayoría de Ecuador, a donde pueden viajar desde La Habana sin necesidad de visa.

Otras cifras refieren que en lo que va de 2015, más de 12.000 cubanos ingresaron a Costa Rica desde Panamá. Las cifras se disparan si contamos los que han conseguido llegar a la frontera con EEUU a través de México.

Un conflicto que puede crecer y no podrá resolverse sin la participación efectiva de todos los países implicados, en primer lugar, Cuba y Estados Unidos.

Por un lado, tenemos el doble rasero de EEUU, que mientras iza su bandera en La Habana y dice querer una emigración legal y ordenada, politiza el tema migratorio, mantiene la Ley de Ajuste Cubano, y aplica la llamada política de «pies secos-pies mojados».

Así, los cubanos gozan de un tratamiento diferenciado, al ser admitidos de forma inmediata y automática, incluso si llegan de manera ilegal a territorio norteamericano. Una política que estimula la emigración irregular y es tachada por el gobierno de Cuba de incongruente con el actual contexto bilateral.

Por otro, las autoridades cubanas, que mal y tarde dan la cara a un problema que afecta a sus ciudadanos y del que son en buena medida responsables.

Mientras el gobierno cubano se desentienda de la gente que opta por no vivir en la isla, mientras a pesar de discursos conciliatorios se sigan viendo como enemigos y no como parte activa de la sociedad, mientras no existan políticas que propicien el acercamiento de los emigrados y su inclusión efectiva en nuestra vida, y sobre todo, mientras continúen existiendo las causas reales de esta emigración, se seguirán dando casos como estos y Cuba será también culpable.

En el medio, personas de carne y hueso, que han tomado la difícil decisión de emigrar con todos sus riesgos, a veces de forma irresponsable.

Es sintomático que a pesar de que desde fuera se vea a la isla como la gran oportunidad del momento, muchos dentro no lo perciben así y prefieren la aventura de lo desconocido a la tremenda incertidumbre de lo conocido.

La emigración pasa por la falta de expectativas y esperanzas de futuro, por no ver el final de un túnel demasiado largo, en el que se nos va yendo la vida cada día.

Por esos seres humanos, por los que se van, los que ya se fueron y los que a veces contra todo pronóstico seguimos aquí, es hora de que cambien las cosas.

Las crisis migratorias están hechas de la suma de grandes o pequeñas tragedias personales, sea en el Mediterráneo o en casa. No podemos seguir mirando al otro lado.

 

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