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Infecciones pre y post COVID-19

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Escrito por Debate Plural

Elsa Claro (Cubadebate, 17-3-21)

 

La casualidad, como “combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar” no parece ser la definición apropiada para tiempos en los cuales la ciencia avanzó lo suficiente como para comprobar holgadamente que todo asunto tiene su antecedente y tendrá consecutivo. Si hay causa, origen o fundamento, habrá también una o más consecuencias, efectos, o secuelas. Hay casos en que  no estimarlo así, resulta demasiado riesgoso.

Que el gobierno de Emmanuel Macron decidiera disolver el grupúsculo Generación Identitaria tiene motivos locales fuertes y pudiera derivar o coincidir con acciones parecidas en otros países.

Según el ministro del Interior francés Gérald Darmanin, “Esta asociación y algunos de sus militantes deben ser vistos como portadores de un discurso de odio que incita a la discriminación o a la violencia hacia algunos individuos en razón de su origen, de su raza y de su religión”.

El dirigente galo no omitió otro detalle en las consideraciones de los motivos para neutralizar ese peligro, aludiendo a la estructura militar en que está organizada esa tendencia.

Sin aparente vínculo, en Estados Unidos afloran datos sobre los impulsores e integrantes del asalto al Capitolio en Washington, entre ellos los de Alt-right, el controvertido «grupo de choque» ultraderechista –así lo tildó la BBC británica-  el mismo que  en el 2017 convocó e hizo un mitin  en Charlottesville, Virginia, con el propósito  de agrupar  en una sola a las múltiples formaciones supremacistas norteamericanas. Con una treintena de heridos y una persona muerta, concluyó aquel evento calificado de terrorismo doméstico por Jeff Sessions, en  ese momento fiscal general. El término fue acuñado por el FBI tiempo antes aplicándolo a individuos o acciones extremistas como las que, en 1995, indujeron a Timoty MacVeith a realizar el atentado con bomba que provocó 168 víctimas mortales y alrededor de 680 heridos en Oklahoma.

La creencia de que EE.UU. se encaminaba hacia el totalitarismo liberal, junto a una mescolanza de teorías esotéricas sobre un Nuevo Orden Mundial a través del  supuesto control judío sobre los gobiernos, las invasiones  musulmanas encubiertas, el comunismo, u otras fuerzas actuando  para efectuar limpiezas en menoscabo de los blancos, a través de la emigración, la fe u otros recursos, son componentes de una enrevesada doctrina muy destructiva. La feroz defensa de poseer y portar armas, insertada en tan descabelladas  creencias, empleados en la retórica de Donald Trump contra las élites -pese a que él pertenece a ellas-, su aparente lucha contra lo establecido, favoreció su ascenso en el 2016 y dio impulso al llamado para el asalto del Capitolio el 6 de enero último, buscando imponer su permanencia en la Casa Blanca, convencidos por el entonces mandatario, quien  incluso fuera de ejercicio, sigue asegurando haber sido objeto de un robo masivo de votos en las elecciones de noviembre 2020.

Las autoridades norteamericanas a cargo de investigar la toma de la sede legislativa en Washington, revelaron la existencia de una treintena de ex militares, incluyendo a uno de los  jefes del escuadrón de helicópteros presidenciales, entre los recién detenidos por aquellos hechos. La presencia de individuos con formación castrense entre los atacantes, ellos y los demás portando armas, tal como los de Alt-right en Charlottesville y otros sucesos,  le otorga un sesgo mayor de peligrosidad a una tendencia de por sí amenazante, forzadamente basada en aspectos étnico-raciales, xenófobos y una intoxicada religiosidad, que acomoda un coctel espeluznante.

En el decreto del gobierno francés para prohibir a los ultras precitados, se concretan sus  “vínculos con otros grupos de ultraderecha que les aportan apoyo logístico y defienden una ideología que llama a la discriminación, a la violencia o al odio en nombre de teorías radicales o supremacistas”.

La experiencia de los franceses tiene incidentes puntuales  en el intento de asesinar al presidente  Jacques Chirac. El homicidio se fraguó cuando el Frente Nacional de Jean Marie Le pen, exponente legal de la extrema derecha gala, logró posesionarse como segundo posible ganador en los comicios del 2002. No ganaron gracias a la alianza de las distintas formaciones de izquierda, unidas en esa oportunidad para impedirlo. Gracias a ello el jefe de estado fue reeligido.

Los actuales herederos de aquellos extremistas franceses emplean a fondo las redes sociales para adoctrinar incautos, con argumentos como el quebranto de sus esencias europeas si permiten el mestizaje. La similitud con sus análogos entre los supremacistas blancos norteamericanos no  es muy casual. Ambas filiales se nutren de fábulas parecidas y asumen “carácter de una milicia privada”, – así les describe la administración  Macron-, y aun cuando en EE.UU. usan otras expresiones, igual se alistan en estructuras y plantillas armadas.

Las cautelas ante el auge de estas formaciones parecen avivadas también en Alemania, donde a inicios de marzo los servicios secretos pusieron bajo vigilancia a Alternative für Deutschland; (AfD) ultraderecha germana que logró entrar al parlamento en el 2017, donde mantiene  90 escaños. Que tengan ese relativo poder, la visibilidad y beligerancia obtenida, inquieta a muchos en  sectores políticos y  ciudadanos, por la extensión  de su influjo, apreciable en campañas anti migratorias y en el empleo de recursos oportunistas para captar adeptos, tal la postura crítica, incluso el negacionismo,  con respecto al enfrentamiento de la COVID-19 por parte del gobierno Merkel. Un tribunal administrativo bloqueó la cautela de supervisión asumida por la inteligencia interna, creando recelos u la pertinente preocupación, toda vez que no hace tanto, fueron descubiertas redes neonazis en las fuerzas armadas y en varios sectores oficiales. 

Ni las gotas de agua son idénticas, pero se parecen, y en el auge de los ultraconservadores en el mundo actual, aparece VOX, el partido político  más extremista de España que también accedió a los viaductos del poder en localidades especificas o en  alianzas en varias autonomías. Precisamente buscando frenar que se posesionen de lleno en la Comunidad de Madrid, Pablo Iglesias anunció el abandono de la vicepresidencia para optar por la jefatura y con ello evitar el ascenso de VOX en esa importante área (casi 7 millones de habitantes y la región autónoma con mayor aporte del PIB a los fondos nacionales). El salto al vacío del titular de Unidas Podemos se justifica, pero implica un riesgo enorme, aunque lógicamente motivado por el empeño  dirigido a impedir  más encumbramiento de esos rígidos intolerantes en un país con sobradas complejidades.

En el relato sobre el auge de la ultraderecha  mundial se ubica también lo recién ocurrido en el Parlamento Europeo con la expulsión de los eurodiputados húngaros integrados al grupo de derechas conformado bajo el nombre de Partido Popular Europeo. Se supone sea un distanciamiento de las controvertidas derivas  del primer ministro magiar, Viktor Orbán, pero quienes expulsan tienen proyecciones políticas parecidas a las que supuestamente condenan y hacen tan difusas las fronteras entre  ambas que cada vez cuesta más trabajo diferenciarlas.

 “Siempre debemos hacer frente a los líderes que difunden su visión tóxica de la superioridad racial, especialmente cuando la utilizan en un lenguaje desinfectado para denigrar a los migrantes y los extranjeros”, dijo sobre este asunto el secretario general de la ONU Antonio Guterres, resaltando que era preciso que estas ideologías extremistas no se trasladen a los jóvenes, conglomerado susceptible de aceptarlas dada su procedencia adulta o como praxis de algunos mandatos de cierto encanto frívolo,  o, igual, el empleo malsano de algunas asociaciones más políticas que religiosas con gran penetración social.

De y en esa combinación de factores surgen y se apoyan los Trump, Bolsonaro o cualquiera de las  versiones equiparables y hasta peores que el llamado integrismo islámico. Estas posiciones de enferma intransigencia y aspiración de enmarcarse en una absurda superioridad, trajo y promete, situaciones trágicamente impuras. Y  no habrá en ello nada de casual.

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