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Un mensaje de Navidad crucial para un tiempo de agitación

Escrito por Debate Plural

Francisco Herranz (Sputnik, 21-12-20)

 

Andan agitadas las aguas en España, al aproximarse las fiestas navideñas en tiempos de pandemia. Los medios de comunicación y la clase política española esperan ansiosos la literalidad del tradicional discurso que Felipe VI —el séptimo de su reinado— pronuncia en estas fechas señaladas.

El Ejecutivo socialista presidido por Pedro Sánchez da por descontado que el monarca borbónico hablará de su padre en el mensaje que se emite por televisión el día de Nochebuena (24 de diciembre). Pero, ¿en qué términos lo hará? ¿Hasta dónde llegará?

La vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, afirmó que Felipe es «absolutamente realista» y se mostró convencida de que él lanzará un mensaje «de rigor y tranquilidad», puesto que el rey sabe «lo que demandan los ciudadanos». Calvo recordó que el jefe del Estado español ya tomó «decisiones muy importantes de renovación de la institución» de la monarquía «nada más llegar» al cargo.

De Juan Carlos a Felipe

Felipe accedió al trono en junio de 2014, tras la abdicación por sorpresa de Juan Carlos I, quien venía reinando desde noviembre de 1975. En marzo de 2020 le retiró a su progenitor la asignación anual de 160.000 euros, un gesto de repudio familiar que fue muy comentado en la Villa y Corte.

Lo cierto es que esta reprobación se justificaba por la necesidad de preservar la propia integridad personal de Felipe y la de la institución que representa. Como sostiene el dicho, la mujer del César no solo debe ser honesta sino parecerlo. Antes de eso, el rey se había bajado el sueldo un 20% y había encargado una auditoría externa de sus cuentas a la Intervención General del Estado, un órgano de control gubernamental que asume tareas de gestión económica-financiera del sector público estatal y de gestión contable.

Sin embargo, estas medidas de pretendida transparencia chocaron frontalmente con los escándalos fiscales y financieros que afectaban al buen nombre de su padre, a quien se le descubrió la posesión de grandes cantidades de dinero en Suiza, fuera del alcance de los inspectores de impuestos de España. En concreto se desveló que el monarca había creado en 2008 —y disuelto en 2012— la fundación Lucum, con sede en Panamá, un paraíso fiscal, y cuenta en el banco suizo Mirabaud, con el objetivo de canalizar una donación de 100 millones de dólares que había recibido de forma poco regular y menos ejemplarizante. Estas conductas absolutamente repudiables han puesto en graves aprietos a Felipe VI.

​Juan Carlos I había situado a su hijo y a su nieta Leonor, heredera al trono, como beneficiarios del dinero y el patrimonio de la citada fundación opaca. Felipe conoció esa circunstancia en marzo de 2019 y un mes después le escribió a su padre, subrayando que no aceptaría ningún provecho o rédito de la empresa offshore Lucum. Todos estos detalles se habían mantenido ocultos hasta el 15 de marzo de 2020, apenas sólo unos días después de que la prensa suiza —La Tribune de Genève, del 3 de marzo— hubiera tirado del hilo del ovillo. España entonces estaba comenzando a aplicar un confinamiento muy severo tras la declaración del estado de alarma a consecuencia de los efectos de la pandemia. El estado de shock en que se encontraba la sociedad española redujo el impacto de tal noticia bomba.

Al final, en junio pasado, el Tribunal Supremo abrió una investigación para determinar si el rey emérito tiene responsabilidad penal o no en un caso de presunta corrupción que concierne a la construcción de un tren de alta velocidad en Arabia Saudí por un consorcio español.

Todos estos lamentables acontecimientos desembocaron en su autoexilio. Partió muy discretamente en agosto rumbo a los Emiratos Árabes Unidos. Su abuelo Alfonso XIII y su tatarabuela Isabel II ya tuvieron que hacer más o menos lo mismo en 1931 y 1868, respectivamente, cuando el pueblo se cansó de ellos. Juan Carlos I no volverá a casa por Navidad y se comerá el turrón en tierras árabes. La razón oficial esgrimida para que no regrese: que es una «persona de riesgo» ante el coronavirus.

La decisión de abandonar el país desató numerosas reacciones. Algunos la consideraron una cobardía y un menosprecio hacia los españoles. Y muchos se hacen las siguientes preguntas: ¿cuántas donaciones más de esta clase hubo?, ¿cuánto dinero recibió en total durante su reinado? ¿por qué recibió tales sumas? La figura de Juan Carlos, esencial para la transición pacífica desde la dictadura franquista hacia la democracia, ha quedado manchada irremediablemente.

Guerra mediática

Así las cosas, el mensaje de Nochebuena de Felipe VI será «clave para el devenir de la Monarquía», titulaba en su portada del domingo 20 de diciembre el diario español de centro derecha El Mundo. El discurso suele ser redactado en el Palacio de La Zarzuela —residencia habitual del rey sita a las afueras de Madrid—, avalado por el Gobierno y grabado un par de días antes. «La Casa del rey ha optado por convertir Zarzuela en un búnker donde se cocina la estrategia para tratar de proteger la Corona», escribía El Mundo.

Algunos comentaristas periodísticos abiertamente republicanos hablan de «guillotinar», metafóricamente, al rey emérito para recuperar la credibilidad y la reputación de la institución y garantizar así su existencia futura. No es ningún secreto que una parte del Gobierno de coalición, concretamente la parte alineada con la formación de extrema izquierda Unidas Podemos, apuesta por la república y es firme detractora de la monarquía. El vicepresidente segundo Pablo Iglesias juega un destacado papel a la hora de propagar esta tendencia que cada vez tiene más adeptos dentro de la sociedad española.

Este ambiente de fuerte marejada, unido a la gravedad de la pandemia, ha alimentado la crispación política y la desafección ciudadana. Según una encuesta de opinión publicada por el diario de centro izquierda El País, la mayoría de los españoles considera que sus políticos carecen de preparación, son incapaces de llegar a acuerdos y admitir sus errores. Los últimos debates parlamentarios entre Sánchez y el líder de la oposición, Pablo Casado, cada vez más broncos y fallidos, parecen apoyar esa idea negativa que habla de una creciente «política tóxica».

​La crisis sanitaria ha exacerbado esta desconfianza y ha fortalecido la polarización y el populismo. El caso español sobresale especialmente en Europa por su virulencia y es fácil caer en la tentación de aludir a la legendaria tradición cainita española para explicar esta atmósfera irrespirable.

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