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Estados Des-Unidos de América

Escrito por Debate Plural

Randy Alonso Falcón (Cubadebate, 17-11-20)

 

Un presidente electo que no ha podido comenzar oficialmente la transición. Un presidente en ejercicio que, como “niño malcriado” y autócrata de turno, se niega a abandonar la Casa Blanca. La política de Estados Unidos es cada vez más reflejo fiel de las pronunciadas diferencias económicas y los agudos problemas sociales que enfrenta esa sociedad.

Una sociedad que acrecienta las diferencias políticas y sociales entre los grupos étnicos, las grandes ciudades y el campo profundo, los niveles de educación alcanzados.

Un país donde una familia blanca media tiene ingresos netos por más de $181 440, mientras una familia negra media sólo alcanza $20 730, según las estadísticas del Survey of Consumer Finances (SCF) de la Reserva Federal al cierre de 2019. Y dónde las familias con patrimonio superior a 1 millón de dólares posee el 79.2% de todo el patrimonio familiar del país; mientras, la mitad inferior de las familias estadounidense sólo posee el 1.5% de la riqueza.

La actual administración estadounidense ha acrecentado esa diferencia de clases. El politólogo Noam Chomsky demostró los fuertes vínculos entre el gobierno de Trump y los sectores de poder: «Es difícil encontrar un presidente estadounidense que se haya dedicado más a enriquecer y empoderar a los ultrarricos y al sector empresarial, que es, por supuesto, la razón por la que están felices de tolerar sus payasadas».

Opinó que si bien aquellos sectores poderosos no sienten agrado por Trump, lo aplauden porque «es un servidor muy leal del poder privado, la riqueza privada y el sector empresarial».

Las recién efectuadas elecciones estadounidenses expresan las profundas divisiones de un país que casi a partes iguales apoya a un pensamiento de derecha, xenófobo, supremacista y cuasi fascista o a otro de corte más liberal en lo social y esencialmente neoliberal en lo económico.

Más allá de la comunión estratégica en sostener el poder imperial y sus proyecciones de dominación, las fuerzas políticas prevalecientes hoy en Estados Unidos plantean en su discurso dos visiones diferentes de los desafíos sociales de ese país y de su relación con el mundo.

El cambio climático, el acceso a la salud, el enfrentamiento a la pandemia de COVID-19, el aborto, los derechos de la mujer, la discriminación racial, la violencia policial, la migración, las fuentes de energía, el enfoque de las relaciones económicas y políticas internacionales, son temas que hoy dividen las miradas en ese país.

La confrontación política tuvo visos de farsa durante la campaña presidencial y expresiones de tragedia en las calles. El clima de enfrentamiento e intolerancia ha dejado resentimiento y violencia social. Algo muy peligroso en una sociedad forrada de armas y con cientos de milicias supremacistas dispuestas a actuar.

La paridad de fuerzas entre las dos alas del poder y su subordinación por igual a los grandes intereses corporativos puede llevar (tal parece) a que muchos de los desafíos queden sin respuestas de fondo o varios intentos reformistas de políticas sociales queden entrampados en un Congreso dividido también en el control de sus cámaras.

La profundamente injusta distribución de la riqueza y los sentimientos de odio acumulados y acrecentados en la sociedad estadounidense son una bomba de tiempo para ese país. Ya Noam Chomsky advertía recientemente de las posibilidades de una guerra civil.

Una persona apuñalada y otras 10 heridas ha sido el saldo de enfrentamientos entre partidarios y detractores de Trump en las inmediaciones de la Casa Blanca este sábado. Apenas un botón de muestra de lo que pudiera venir.

Y lo peor, es la huella duradera que va dejando el trumpismo, con toda su carga de resentimiento y animadversión por los otros y su fratricida creencia en la absoluta superioridad como nación y como clase.

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