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Biden e Irán: infundadas esperanzas para una paz caliente

Escrito por Debate Plural

Nazanín Armanian (Público. 9-11-20)

 

La principal diferencia entre Biden y Trump es la previsibilidad del primero, que encaja dentro del comportamiento «lógico» de una superpotencia que hace y deshace las normas internacionales cuando le conviene, aunque Biden, al igual que Obama, utilizará el chantaje y la amenaza desde los organismos mundiales atrayendo la complicidad de otras potencias.

«No influye en nuestra política quien sea el presidente de EE.UU.», afirmó ayatolá Alí Jamenei, en la víspera de las elecciones de EE.UU. mientras mandaba al Parlamento aprobar una resolución para incrementar al 20% el enriquecimiento de uranio y así forzar a Washington a levantar de una vez las sanciones contra Irán. La política de «Máxima presión» de Donald Trump, -un combinación de amenazas, ataques militares y toda clase de sanciones-, no consiguió un acuerdo bilateral con Irán, pero sí destrozar la vida de toda la nación, mientras protege el sistema y sus élites.

El error del trumpismo

Un megalómano como Trump, que lo sabía todo, seguramente no tuvo asesores iraníes para que le instruyeran en el diseño de una estrategia exitosa con la República Islámica (RI). Barack Obama, además de una secretaria persa, tenía a su lado al yerno iraní de Johan Kerry, el secretario de Estado, para aconsejarle cómo tratar a los ayatolás y evitar una guerra contra los sufridos iraníes: el resultado fue el acuerdo nuclear del 2015 que beneficiaba principalmente a Israel y Arabia Saudí. El enfoque duro de Trump no tenía en cuenta que 1) cuanto más la RI pierde apoyo entre su base social, se vuelca más con los grupos chiitas de la región (políticamente de extrema derecha), como carta para las futuras negociaciones con EEUU, y 2) un pueblo debilitado, sin expectativas que vio cómo su gran revolución fue secuestrada y abortada, no se subleva contra sus mandatarios; en Irak  el criminal bloqueo impuesto por la ONU entre 1991-2003 mató a cerca de dos millones de los ciudadanos más pobres, que no a Saddam Husein.

  • La retirada de Trump del acuerdo nuclear beneficia exclusivamente a Israel y los saudíes (y también a Turquía, que llena Irán de sus productos), privando a las compañías estadounidenses de un vasto mercado y de sus inmensos recursos petrolíferos.

 

  • Al asesinar al general Soleimani lo único que consiguió Trump fue eliminar al próximo presidente de la RI, aunque la gravedad de los actos imprudentes de Trump obligó al Congreso a bloquear el poder del presidente de declarar la guerra a Irán.

Los desafíos de Biden en Irán

Joe Biden, que fue vicepresidente de Barack Obama entre 2009 y 2017, y por lo tanto está familiarizado con el «Expediente de Irán», propone un regreso gradual al acuerdo nuclear, mientras presiona a Teherán para obtener mayores ventajas; si se porta bien en la región -o sea, deja de competir con EEUU y sus aliados en Irak, Palestina, Yemen, Siria, etc.-, empezará a levantar las sanciones sobre el sector petrolífero y financiero iraní que han paralizado la economía del país. Irán, un país monoproductor, que en 1978 vendía cuatro millones de barriles de petróleo, hoy lo hace y de contrabando con unos 250.000, y tampoco puede percibir los ingresos por las sanciones de EEUU sobre la banca iraní. Incluso los países europeos -que afirman estar en contra de las medidas de Trump-, por el temor a sus castigos, se han negado a cumplir con su parte del acuerdo: sus bancos no abren cuentas corrientes a los iraníes residentes en el continente, impidiéndoles trabajar, alquiler una vivienda, matricularse en la universidad, recibir dinero de su país o enviar ayuda a sus familias.

  • La prioridad de Biden será reparar los daños que ha asestado Trump a las relaciones con Europa y recuperar el multilateralismo: Irán no representa una amenaza para sus intereses en la región, por lo que no tendrá prisa en convencer a los ayatolás.

 

  • Joe Biden han anunciado que impondrá a Teherán sanciones específicas por abusos de los derechos humanos, el terrorismo y el programa de misiles balísticos. Su exjefe, Barack Obama, aplicó pesadas sanciones sobre Irán antes de llevarlo a la mesa de negociaciones y después envió un paquete de ayuda militar de 38.000 millones de dólares a Israel, que fue también un mensaje a Teherán. Dado que la política de EEUU en Oriente Próximo está definida por los intereses de éste socio –el autor del sabotaje del acuerdo nuclear con Irán, según John Kerry-, no es ni probable un cambio de estrategia por Washington. La iniciativa del presidente Rohani de «Hormuz Peace Endeavor» (HOPE), invitando a los ocho países del golfo Pérsico a un diálogo de seguridad muestra las preocupación justificadas de Irán por la entrada de Israel en estas aguas mediante la normalización de las relaciones con los árabes.

 

  • Irán no puede deshacerse de todas las sanciones con el presidente Biden: no todas han sido impuestas a Irán por órdenes ejecutivas, sino también por el Congreso o diferentes departamentos, ni tampoco todas son de la era de Trump: las primeras fueron como un castigo a la ocupación de la embajada de EEUU en Teherán (1979); la segunda tanda, un embargo de armas por la guerra con Irak (1984), y así se han ido acumulando tantas y por tantos pretextos (violación de los derechos humanos, desestabilizar la región, terrorismo o la fabricación de misiles balísticos) que incluso durante el mandato de Obama se mantuvieron aquellas que prohíben a las compañías estadounidenses y extranjeras realizar inversiones superiores a veinte millones de dólares en Irán: no se permitió ni a Boeing enviar repuestos a Irán, que ha sufrido unos doscientos accidentes aéreos y la muerte de al menos 1.500 pasajeros en los últimos veinticinco años.

 

  • Que Donald Trump y la RI coincidieran en que «los problemas económicos de Irán se deben a la eficacia de las sanciones de EEUU» era pura propaganda para el consumo interno de ambos. La economía de Irán, un capitalismo con supraestructura feudal (una teocracia totalitaria), padece problemas estructurales y ni el fin de las sanciones acabará con el desempleo de al menos diez millones de jóvenes o rescatará al 45% de los ciudadanos que, según el Gobierno, viven bajo la línea de la pobreza, sin precedente en la historia moderna del país. También Rusia sufre las sanciones de EEUU, pero su tasa de inflación en septiembre fue del 3,7%. La de Irán, del 34,4%, revela el Centro de Estadística de Irán. En 2016 un dólar se vendía por unos 6.000 tumanes iraníes y hoy está en 27.000, lo que se traduce en más hambre para las clases trabajadoras, que no para la oligarquía reinante: el sueldo medio de los trabajadores está en torno a 130 euros al mes, en uno de los países más ricos del planeta.

 

  • El presidente número 46 de EEUU no puede volver a las relaciones con Irán donde Obama las dejó. No todo lo que sucede en Irán, un gigante de Asia, depende de las potencias extranjeras, y las múltiples crisis que padece la RI, en su legitimidad, económica y política, no tienen soluciones «americanas». De hecho, Biden no asumirá el cargo hasta el 20 de enero, mientras Irán renovará presidente en junio del 2015. El «Gobierno extremista» en sombra de Jameni-militares, que controla el Parlamento y el poder judicial, impedirá que el presidente Rohani empezara las negociaciones con Biden: «Cuanto peor, mejor»; quieren que Rohani y los «moderados» sigan hundiéndose, para que los méritos de la posible mejora de la situación con el posible levantamiento de las sanciones se la lleve el próximo presidente, pronóstica del exvicepresidente Ali Motahari; un nuevo jefe del ejecutivo que será posiblemente el doble iraní del general egipcio Al Sisi. Jamenei ha ordenado a los grupos chiitas iraquíes dejar de atacar los intereses de EEUU. La ofensiva del sector «no electo» de la RI a los órganos elegidos se van intensificado: después de que el Parlamento planteara una moción de censura contra Rohani, el clérigo diputado Moytaba Zolnur pidió a Jamenei que enviara al presidente de RI a la horca. Esta lucha por el poder alargará peligrosamente la agonía económico-social de Irán.

 

  • Que Trump incluyera en su lista de «grupos terroristas» al ejército de los Guardianes Islámicos -el único verdadero poder en Irán- y que los sectores económicos que controlan (sobre todo, el petrolífero) estén bajo las sanciones dificultarán aún más el trabajo del nuevo presidente de EEUU.

 

  • En principio, la RI no renunciará a los misiles balísticos, aunque Jamenei podrá utilizar su táctica de «flexibilidad heroica» para convencer a su base de la conveniencia de dar marcha atrás, algo que hizo con el acuerdo nuclear del 2015 y ahora levantando la prohibición a los atletas iraníes de competir con los israelíes ante la amenaza de la expulsión de Irán de las competiciones deportivas internacionales.

Sin duda, la principal diferencia entre Biden y Trump es la previsibilidad del primero (¡y eso tranquiliza!), que encaja dentro del comportamiento «lógico» de una superpotencia que hace y deshace las normas internacionales cuando le conviene, aunque Biden, al igual que Obama, utilizará el chantaje y la amenaza desde los organismos mundiales atrayendo la complicidad de otras potencias, como el «Leading from Behind» (Dirigir desde atrás) de Obama, cuando mandó a Francia capitanear la destrucción total de Libia. De hecho, fue el Partido Demócrata el que descubrió la valiosa alianza con las fuerzas religiosas, capaces de destruir el progreso y las conquistas sociales en los países de interés: ¡será mejor minar al enemigo desde dentro, convirtiendo los regímenes semilaicos en repúblicas islámicas, que lanzar un arriesgado ataque militar! Pero nada podrá evitar que el actual choque bélico «de baja intensidad» entre las potencias regionales, todas gobernadas por la derecha extrema con disfraz religioso (Israel, Arabia Saudí, Irán y Turquía), aumente de tono.

Con la disminución de la amenaza de un ataque militar «sorpresivo» contra la nación iraní, aumentará la posibilidad de que la sociedad civil se organice, y los moderados y reformistas vuelvan a la escena, intentando mantener el sistema, aunque se les escapa un pequeño detalle: sin diversificar la economía, reactivar el Movimiento de Países No Alineados, una plataforma de dialogo con los ciudadanos, la legalización de los partidos políticos (sobre todo los de izquierda, únicos representantes de la clase trabajadora), organizaciones feministas y sindicatos, liberar a los presos de conciencia, suspender las sentencias de muerte y separar la religión del poder, ni Alá podrá salvar a la teocracia chiita.

Durante décadas, EEUU-Israel han asustado a la RI con una guerra para conseguir su obediencia, y la RI ha aterrorizado a los ciudadanos con una «iraquización» del país con el mismo objetivo, dando a elegir a los ciudadanos convertidos en súbditos entre una dictadura religiosa y una guerra; mas lo increíble es que la RI cuente con el respaldo de un sector de la seudoizquierda rancia occidental enfermo de esquizofrenia -tan deshumanizado que es incapaz hasta de condenar las torturas medievales y las ejecuciones en Irán- y que, desde su impotencia en derrotar al imperialismo en su propia tierra, recomienda a los oprimidos del sur no luchar por su liberación: su mente estéril es incapaz de proponer una tercera alternativa. Que considere a la RI un régimen «antiimperialista» solo se debe a su desconocimiento a la historia de la RI y también al sentido de este término.

Irán, el país de las revoluciones sociales (¡tres en el siglo XX: 1905, 1953 y 1978!), aunque todas fracasadas al no ser lideradas por las fuerzas de izquierda, gesta inquietantes acontecimientos y EE.UU. volverá a ser el principal actor.

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